miércoles, 21 de marzo de 2007

IL CIELO SOPRA CAGLIARI

Se resiste el sol. He estado algo liado. Solitudine significa “finalmente sono tutto”.
O puede que no signifique nada, pero cada vez que la veo es como si yo fuera otra persona, una persona nueva, mientras que ella sigue igual. Con la misma ropa, impertérrita a los devenires del tiempo y a mis pensamientos, con el antídoto en mano el hechizo no surge ningún efecto, totalmente desalentador. Qué sensación tan extraña… si por mi fuera, no haría nada más ya por ella, no tengo ganas de nada. Como si buscase llamar su atención, cambiante según las lunas, le diría que soy único y “hola qué tal, cuanto tiempo”, sin parecer forzado. Renovarme cada vez para no cansarla, hasta que sea definitivo, coge mis llaves y haz lo que quieras, cualquier cosa, que sé yo…
Il cielo sopra Berlino. Bruno Ganz. Nacido en el 41 en Suiza, con 45 o 46 años (según el mes) en el momento del estreno del film. Allá por mis 7. Tardé una media hora en desembarazarme de su Hitler de El Hundimiento, no podía dejar de ver sus duras facciones de cabrón despotricante en el búnker. Cuando lo conseguí y en la escena del circo, por ejemplo, no podía dejar de emocionarme. El rubio me recordó a algún bailarín ruso de los que hablaba Angie, tan cercano y perecedero de un abrazo como pocos. El blanco y negro, el color después de ángel, una imagen abierta y soñada de la Berlín castigada por la guerra y el jodido muro… y un alegato humano de esos que dejan la piel de gallina, que es donde siempre voy yo. Pensé rápidamente en verla en castellano para quedarme bien con todo, que hay mucho. Señor Wenders, ¿dónde estuvo? Veo… veo… planos secuencia por doquier, City of Angels… maldigo la cultura pop-televisiva o lo que sea que te hace tener una idea preconcebida antes de gozar del original y auténticamente bello, cazzo. Colombo convertido, cine moderno en los confines de los 80, años harto vilipendiados, ¿debo revisar ya acuradamente ese decenio?
El amor. Qué no he pensado ya sobre “eso”… A las chicas: que hay un ángel para todas y cada una de ellas. A los chicos: que somos nosotros y que queremos ser nosotros. A la humanidad: que hay esperanza, que en cada esquina aflora esa dulce melodía que ahoga nuestras voces y nos hace suspirar, perder el aliento. Y que hay que amar, que se puede. Haz lo que digo y no lo que hago.
Voy a salir a la calle a ponerle la mano encima a todos los hombros que me encuentre…

1 comentario:

  1. Es curisoso hablar del amor y de un jodido muro - que separa dos realidad que en realidad son la misma - en un mismo texto y sin pretensión. Hay que amar, sí. Pero sin brebaje ni poción y mucho menos con antídoto. Hay que amar. Y arriesgarse a todo lo que ello conlleva. Y respecto a lo de la mano en el hombro, cuando te pases por la ciudad Condal o por la Manresa esporádica y refugio de los astiados de la gran ciudad, acuérdate de que por aquí hay gente que necesita esa palmadita en el hombro.

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