martes, 28 de febrero de 2023

LA SÚBITA DECAÍDA Y EL INNATO E INDOLENTE BOTE SALVAVIDAS

 

Como no alcanzo el bote salvavidas, como lo olvidé, como no pensé en traérmelo y justo solo después de un mes, qué cojones, dos ya, y como siempre voy lento en esto que llamamos vida, devenir, existencia, día a día or whatever, he caído en el maldito influjo emocional de creer algo que podría ser y no es. Y eso es porque nadie está dispuesto a ceder ni un puto centímetro y porque el hype es muy difícil de gestionar incluso si el puto salvavidas lo llevas incorporado de serie y ni siquiera te habías dado cuenta.

No todo lo que reluce se relame. Seguiré mi camino y si encuentro el momento para hablar con un maestro zen, todo el mundo se comportará como toca y no habrá que maldecir heridas ni herramientas que no encajen en una parte de la sociedad que no pretendo salvar (como la gota de agua de una chica que casi me hizo llorar de emoción).

Estos días posteriores a San Remo escucho a Le Endrigo en bucle (y añado a favoritos las que me van diciendo las mías) mientras trato de encajar todas las piezas del puzzle, que son muchas y todo el que me conoce ya sabe cómo odio los putos puzzles... Y todo por no preguntar, por no querer parecer idiota o, simplemente, por no querer ceder ni un centímetro de lo que soy y hacia donde estoy yendo aunque haya cosas más grandes que yo mismo (como dice esta canción).