lunes, 15 de abril de 2013

DESFIGURACIÓN DE UN GENIO

Me da vergüenza no poder proclamar con voz firme y sincera que el alud nos dejó sin aliento y que mi suegro es un tío cabal y capaz al que hay que seguir a tientas.
Las mujeres como Sara Montiel o la Thatcher sí que sabían divertirse, por no hablar de la incomodidad de una garantía impostada y la estrechez de la resbaladiza costa de la fotografía (mis piernas no soportan tanto peso); para cuando el protocolo no baste, el alcohol es el culpable de causar estragos en las aceras de enfrente, y eso ya cansa.
Falta reciprocidad. Porque claro, ahora no fumo. Una falta de empatía latente, eso que resta, y unos recursos que rozan lo alarmante (por ausentes). El tabaco, dos meses y medio después, mezclado con hojarasca, si pudiera; mientras salgo con Chloe, deprimida ella, levanto la cabeza  para esquivar a un tipo delgado con camiseta de Superman y aspecto alicaído en general, desaliñado -tan habitual en estos tiempos de crisis-, su pelo enmarañado le delata: es un hijo de la casa de la esquina, esa con unas enormes placas solares y extraños adornos.
Sólo quedan doce clases y mi niño ya tendrá cuatro meses. El dominio del tempo es clave, si bien se escarba, aunque haya un esqueleto en la cuneta y hasta Londres quede tan poco; los celos, inexplicables desfiguraciones que despistan y desvisten hasta dejarme sin respuesta, no son tan fácilmente combatibles como debieran, y sigo sin entender el por qué. Nunca he dado mal ejemplo y Dios me libre de blasfemar: la soledad es un estado de ánimo que no rinde cuentas jamás. ¿Y el ansia de saber? ¿Cómo se combina? ¿Cómo se rechaza?
Me da vergüenza no poder proclamar con algarabía que ya es primavera, que se necesitan recargas y los polos se derriten y que de la fotografía esa ya no queda nada. Que un genio te tocó y me dejó a mi el maletero abierto y cosas por cargar mientras bajo escaleras, jodida Matilda.
Las mujeres como mi madre son únicas, por no hablar del tío cabal y capaz que no pueda ser. *


* Feliz cumpleaños, mami: ¡carpetazo!

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