jueves, 18 de abril de 2013

SUPERHÉROES


Algunos recuerdos tiñen la primavera de amor al prójimo y ansias de salir a comerse el mundo.
Ser melancólico va con los cambios de estación -con los cambios de temperatura-, y un nuevo uso y descubrimiento de las herramientas del gigante de la manzana mordida fomentan el reclamar del destierro algunos archivos inconexos y algo confusos.
Son seis años desde que volví dispuesto a centrarme y labrarme un futuro a pesar de la crisis (esta eterno crash), antes de que aconteciera. Me fui para reencontrarme por segunda vez tras la caída de 2003 -mi primera huída- y gran parte de los meses que estuve en esa tierra tan querida los pasé refunfuñando y maldiciendo mi mala suerte. Recuerdo que al volver de año nuevo todo empezó a ir sobre sobre ruedas y hubo tregua y que fue un invierno muy suave.
A la postre, Batman siempre ha sido mi superhéroe favorito si excluimos al tebeo español de la ecuación (en esas, El Capitán Trueno no tendría rival). Me sentía atraído por la oscuridad de un personaje dramáticamente atrapado por el asesinato de sus padres de pequeño, pese a ser multimillonario, y cómo el manto de la noche y una máscara servían para dar forma y sentido a su existencia al hacerse adulto (y vivir así atormentado).
Hoy en día hay mucho superhéroe suelto por ahí. Hay que serlo, viendo cómo está la cosa, o al menos creérselo para no derrumbarse y coquetear con el abismo más de lo deseado. Según oigo, todavía me pregunto qué clase de educación voy a darle a mi hijo, si bien soy perfectamente consciente de que tanta frivolidad apesta, o puede que fuera ayer: no tengo delirios sobre qué clase de mundo le voy a legar ni nada por el estilo, al menos no antes de que las anginas me delaten. Mi miedo es más frugal y versa sobre las auténticas posibilidades de alcanzar el éxito que yo pretendo sin vomitar mis frustraciones más profundas y oscuras ya que, por desgracia, carezco de todo súper poder.
La oscuridad, otra vez. Boston y nosotros, los maratonianos. El amor al prójimo se impone a las tinieblas del borracho que lucha por mantener el equilibrio y se aferra a la vida como un bufón sin gracia; 'es la actitud', alcanzo a oír claramente, 'no eres tú, soy yo'. El problema de desembarazarse de uno mismo trasciende lo comúnmente aceptado y hace que me torture una y otra vez... ¿y si el mundo no quiere ser cercenado ni compartido con nadie? ¿Lograré despertarme con ímpetu?
No sé si encender la televisión, es una cuestión que se remonta milenios atrás.
Estaba dispuesto a centrarme y a enterrar la máscara pero, ahora que no huyo, no me hace falta teñir mis recuerdos ni aspirar a ser un puto superhéroe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

No seas indiferente.