martes, 23 de mayo de 2006

MENSAJE A LOS DÁIMONES

 Protegerme en esta mi hora más sombría. Si cierro los ojos y sigo adelante, ¿podrá alcanzarme esa oscura guadaña? A qué cosas puedo hacer frente y a cuáles no. ¿Cómo saberlo?
¿Espero que sople el viento? La Historia nos enseña a encontrarnos de cara con nuestros demonios. Nos ha demostrado que lo que te corroe seguirá ahí a no ser que pongas tierra de por medio. Pero también se puede tensar la cuerda hasta límites insospechados, aunque ese final sea cruel. El choque puede ser brutal sino aprendes a aceptarlo, y puesto que ya lo conoces, ya lo sabes, la caída no debe ser tan dura. Eso es la teoría (para vivir feliz), ¿o es un modo de vida?
Los días pasan y yo sigo aquí. Si ahora me paro a reflexionar no noto en demasía el cambio respecto al pasado (pongamos 5 años). Dirían que he ganado experiencia, en madurez. Pero Dios mediante en breve me largo a otro país. ¿Qué he logrado? Relaciones fallidas y una certeza: algo no funciona dentro de mí. No hago lo que debiera y el tiempo se va, me tortura esta sensación, me asaltan mil temores que atenazan mis sentidos y agarrotan mis músculos (mientras voy buscando alguna absurda justificación por ahí).
Reconozco, pues, la causa de la anomalía. De hecho, la anomalía en sí soy yo. Soy listo, incluso inteligente, pero también soy incapaz de sacarle provecho, con lo que todo tiempo vivido pasa a ser tiempo perdido. Cual Prometeo osado, robé el fuego sagrado de la humanidad y me condenaron duramente por ello. Mi agrio carácter o personalidad difícil (a elegir) se explican en un principio por ahí. Amargado por tropezar con un poder estéril y vacío...
Estos últimos tiempos he intentado hacer un ejercicio de humildad (con lo patético que suena eso), pero sólo lo he intentado. Es difícil salir de ese círculo contradictorio si no consigues concentrarte en nada concreto más de un minuto. Cuando lo he hecho he fracasado; me sirve para aprender más de mí, claro, pero mentiría si no dijera que moriría por consagrar mi vida a algo mucho más grande que yo mismo...
El amor. ¡Y la ciencia! Es curioso ver los sistemas por los que se rige el hombre. No puedes leer ni una página sin pensar en otra cosa y cuando pones toda la carne en el asador y te lo juegas todo a caballo ganador resulta que la banca no salta...
He estado realmente seguro de mi triunfo, como tantas otras veces. La conclusión es que hay cosas a las que no puedes llegar, almenos no por los métodos tradicionales. Ahí soplo a ver si cambia el aire, te centras en otros objetivos, reajustas tus políticas (con tacto para que no haya grandes sobresaltos) reconociendo algunas cosas y... pasando de otras. Diplomacia pura.
No me lo puedo creer. Un tipo con tanto complejo suelto y tantos pájaros en la cabeza jugando a Todopoderoso. Soy como el ojo que todo lo ve. En realidad heme más cerca del pastor Argos que pese a sus múltiples ojos no pudo evitar a la muerte.
Es un defecto de fábrica creer que te conoces. Cada persona que te roza, cada libro que ojeas o cada nota que escuches puede cambiar eso. Una imagen. Pero eso ya lo sabemos. La naturaleza humana debería regirse por esos valores, ¿no?
Aceptar esta premisa de entre tanta mierda y tan poco nada...
3.25 del 23 de mayo del 2006. La certeza de la muerte es peor que la propia muerte.

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