lunes, 5 de agosto de 2013

PERCEPCIONES A CARCAJADA LIMPIA



La carcajada. Esa sonrisa extrema y ruidosa que me eleva hacia los cielos del encaje.
Tres grandes momentos distinguí recientemente:

Primero; al ir a trabajar el último lunes de julio -último día del mes para mi también-, tarde y con las prisas para variar. Con el coche a todo trapo, esquivando moscas al ritmo del último de Queens of the Stone Age. Surcando los aires -cayendo la noche- poseído por la adrenalina de la velocidad y sus límites.

Segundo; la serie Hannibal. O mejor, el actor Mads Mikkelsen y su juego de equilibrios, tan refinado como terrorífico en este Lecter superior y renovado. He tenido que controlarme para ver sólo un par de episodios diarios (para disfrutarlo mejor en el tiempo, se entiende).

Tercero; hoy por ayer domingo en la piscina de plástico de nuestra terraza. Me fui al tumbarme, pude percibirlo claramente (un auténtico momento de joya y bienestar). Era un apoteosis fugaz como el nirvana, cercano a la ostra desde la que mi Príncipe pavoneaba el equilibrio.

Esta semana partida de inicio del mes de agosto, con sus tormentas de tarde frenadas y un sofoco abrumador, pensaba en esa risotada como el sonido más maravilloso que había oído jamás. Y eso me creó una ansiedad terrible y amenazadora por si se apagara y el llanto inundara la habitación sin remedio, ya que antes de ese derroche -como en el Big Bang- no había nada, todo era oscuridad.

Todavía no estamos de vacaciones y ya pasamos de los seis meses y una semana. Lo de las 6 de la mañana no se lo tendré en cuenta, así como mi absoluta falta de bronceado. El jodido danés. Qué pulcritud, qué saber estar...
Paseando con Chloe por la campiña se me coló en un agriturismo vecino, tan desobediente y acalorada ella. Estaban preparando la cena según su horario y pocos aspavientos excepto por cuatro banderines daneses estratégicamente situados. Pensé: jodidos daneses. Jodidos noruegos. Jodido Mads Mikkelsen...

La carcajada. Ese canal directo entre la excelencia de la felicidad y el desarraigo del deseo efímero (por suerte pude percibirlo en toda su amplitud).


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