domingo, 22 de abril de 2018

PASAR INADVERTIDO (Y QUE TODO SIGA GIRANDO)

Al amparo del bastión que he creado, se reduce a pequeños conatos como el de hoy, esa debilidad intrínseca mía digo, y no quiero ponerte en antecedentes antes de decir que acabo de ver la serie de Unabomber y de que estoy releyendo Caballo de Troya, de J. J. Benítez mientras busco mi momento y lugar en este circo. La relación entre ambos, entre Ted Kaczynski y Jesucristo -con el que sigo obsesionado*-, dos personas frágiles a su manera, me han devuelto a ese estado en que las noches vuelven a ser tan interminables como irritantes.

¿Cómo puedo pasar desapercibido? Pasar inadvertido, pasar inadvertido... ¿es eso a lo que tú le llamas pasar inadvertido? ¡Pasar inadvertido no es lo que haces, no es coger a dos chicas de rehenes, no es matar a policías y desde luego no es incendiar un edificio!, como le diría Clooney a Tarantino en la celebérrima Abierto hasta el Amanecer.

Son tantos los días en los que quisiera desaparecer... Uno descubre con cierta gracia, por suerte, cómo ha aprendido a manejar semejante mierda interiorizándola hasta convertirla en una pequeñez digna de salir a flote de vez en cuando y va que te estrellas. Convivir con tus traumas, según me dijo una amiga recientemente, puede ser una arma de doble filo: te puede convertir en inmortal o te puede matar. El cáncer, ese enemigo invisible pero letal y amenazante como pocos -sobre todo a medida que vamos cumpliendo años- tiene mucho de psicosomático, me decía mi amiga. Y todo venía porque a una conocida nuestra, compañera de trabajo, le han diagnosticado un colon. Y me ha dado que pensar porque ya empiezan a ser muchos, caídos o no, los que se ven sometidos a largas temporadas de médicos, pruebas y tràngols parecidos. Eso sí, si lo superas o consigues asumir lo inevitable, te conviertes en inmortal, como decía antes. Y es ahí donde entran Ted y Chus; ambos, incomprendidos, con un mensaje por difundir y una misión vital que nada (ni nadie) puede detener. Ni la ciudad, ni la enfermedad ni ná.

Todo sigue girando, por lo que también bajé a Barcelona a ver a Isalen. ¡Dos años lleva ya trabajando en la Casa del Libro, dos malditos años! Y haciendo la cuenta no me llegaban los dedos para contar cuánto hacía que no nos veíamos. Creamos un nexo sin fecha de caducidad allá en nuestra isla (de eso no hay duda), y ver cómo se sonreía porque era incapaz de aguantar mi mirada estrábica me dio tranquilidad porque me trasladó a ese lugar en el que no hace falta fingir. Cómo añoro nuestros largos paseos por las callejuelas de la vieja ciudadela marítima... sin ellos mi erasmus no hubiera tenido sentido. Pero yo, que soy estúpido, no hacía más que contemplar con asombro la ciudad y sus influjos, una ciudad que no solo aborrezco sino que además me molesta. Y lo hice como tic nervioso, como para tener algo de que hablar (¡ni que eso fuera necesario para con ella, necio de mi!). Y nos hicimos unas pocas fotos con su móvil chulo y me hizo una en modo retrato con una calidad altísima justo enfrente del Verkerke, la tienda de pósters, y pensé que la colgaría en algún sitio y retomar, y por qué no, mi abandonado blog (prometo tardar en volver a airear mierda política como la que vomité en mi último post).

Y antes de Sant Jordi salía el disco de A Perfect Circle, Eat the Elephant, y ese día miré a todo el mundo extrañado porque nadie corría a la tienda de discos a hacer cola, pero claro, no lo sé, ya no estoy en la ciudad, aquí no hay tiendas de discos; en mi casa nadie me lo recordó, mis amigos iban tarde y los profesores de mis hijos estaban demasiado ocupados como para pensar en tal nimiedad; los padres, que deberían mostrar nervio y ansia, hacían como si nada mientras colgaban las chaquetas de primavera de sus retoños entre bostezos matutinos y una desidia atroz. Nadie hablaba del disco, nadie hacía ningún comentario al respecto; nadie paseaba por la avenida del pueblo con los cascos puestos y, la panadera, por supuesto, no lo escuchaba mientras despachaba a los clientes comentando lo bien que ya se estaba en la calle a las nueve de la mañana...
Entré en un bar del pueblo, en el que por cierto hacen un café buenísimo, a hacer un cortado rápido y el autómata trajeado de la tele sufría ante la impasible audiencia lo absurdo de las noticias, como el profesor que no consigue captar la atención de sus jóvenes alumnos. Seguí mi camino hasta el supermercado, a ver si allí sabían algo del tema, ¡a ver si estaban desesperados por oír al nuevo Maynard!, pero nada: las abuelas no recibían llamadas de sus nietos ("¿Maina? ¿Y ese quién es?"), los empleados no se escaqueaban al office a escuchar el disco y los repartidores sí que iban y venían a toda hostia, pero no por conseguir el cedé, no, sino más bien por alargar la hora del bocata y el descanso...
No, señoras y señores. Niente. Mi mundo avanzaba ajeno al acontecimiento musical del año (de momento), y a nadie parecía importarle una mierda. Pensé: qué cojones, si ellos no tienen prisa, yo tampoco. Y me fui a correr y luego ya me lié y me olvidé hasta última hora de ayer, cuando justo antes de ir a currar volví a entrar en trance y a sumirme en ese estado de ensoñación que tanto me gusta tras hacerme con una copia y conducir a todo trapo en dirección a Manresa, mi ciudad.

Las prisas, me dije, las prisas no son buenas consejeras. Ni los tatuajes, ni escurrir el bulto, ni exagerar mi fragilidad. Y si tengo que dar explicaciones, pues las doy. Ríete si quieres. Lo único bueno, aparte del abrigo familiar, son los playoffs y la idea de volver a coger el coche hasta Huesca. Oh, cómo estoy disfrutando con Utah Jazz y Ricky Rubio (resucitado también), qué final de temporada más épico, joder (y cómo me gusta ese uniforme/tramonto tan Twister de antaño)...
Ni siquiera me comentan lo roído de las zapatillas de mi hijo, así que qué coño importa. Le hemos comprado otras Diadora para que las destroce pero hasta que no se le salga el puto dedo y salude no le pienso cambiar las viejas. Y Albert viviendo en Salt Lake City, tiene guasa.

Jesucristo, en un acto de humildad y en su afán por quitarse importancia, era un simple mandado, un mensajero, y ya sabéis a quién se cargan primero... Ted Kazcynski pensó que para salvaguardar su legado no podía alegar locura ante el tribunal: eso le convertiría en un enajenado y toda su carrera, todo su pensamiento ("la tecnología y la evolución van en contra de la naturaleza humana") sería desprestigiada y vilipendiada. Y yo, que todavía ando buscando mi propia voz, solo aspiro a pasar inadvertido y a que todo siga girando. Más que nada para que cuando llegue mi momento me pille despierto, pendiente y sosegado. Por si consigo encauzar mis mierdas y me reconocen como lo que en verdad soy.


* He escrito dos relatos sobre su figura este año y leo y escucho todo lo que pillo sobre él. No me preguntes por qué, pero me tiene loco su figura. El Hombre, la construcción de su leyenda, la manipulación de la Iglesia, el rollo divino, la fe... todo eso me interesa y me atrae mil.

domingo, 25 de marzo de 2018

DE MAL EN PEOR (HARTAZGO TOTAL)

¡TODOS A LA CÁRCEL!*
Políticos, raperos y cualquiera que se meta en medio... ¡Ah! Y secuestremos libros también si eso (FARIÑA).
No había bastante con inhabilitarlos -a los políticos del procés-, quitarles el pasaporte, multarles... no, había que meterlos entre rejas y privarles de libertad... Eso sí, preventivamente. Como los que llevan cuatro meses entre rejas, camino de una CONDENA (eso sí, preventiva). Es una puta broma, joder.
Torrent, partits d’aquí i d’allà... paremos esto, por favor. Volem un virrei governant-nos? Porque es lo que harán desde el Gobierno Central. El 155 es una broma con lo que nos espera... y la purga total a todos los implicados en un procés que, por cierto, solo da palos de ciego.
Al Parlament se le está escapando de las manos cuando lo único que hay que hacer es formar un puto Govern, joder. Me disgustan, pero Ciudadanos fueron los más votados. Salió mayoría de partits indepes, con los que no comulgo, pues de acuerdo. ¿Tan difícil es ponerse de acuerdo unos y otros -junto al resto de partidos minoritarios-, me pregunto yo, para formar un puto gobierno? ¿Tan difícil es, joder? Cada uno con sus ideas y p’alante, coño, que hay un país que gobernar (¡con una Sanidad y Educación que palidecen, entre otras cosas!). Vale... país, región o lo que coño queráis... ¿¿y qué mierda importa eso?? Solo son palabros, vocablos tan vilipendiados que perdieron su sentido original hace tanto que yo, como historiador, lector compulsivo, libre pensador y escritor de pacotilla, aborrezco. 
¿Por qué quieren llevarnos irremediablemente a ese choque de trenes? ¿Podemos bajarnos de la burra unos y otros y actuar con armonía, serenidad y responsabilidad? (Eso sí, sin entrar en el New Age, eh, no hace falta). Y me vuelvo a retrotraer a mi escrito del pre 1-O.
Y en cuanto a lo del libro... pues no sé, podría escribir aquí los términos LIBERTAD DE EXPRESIÓN, LIBERTAD DE OPINIÓN, DE PENSAMIENTO... pero para qué... Sí diré que el autor habla de hechos probados, corroborados por un juez (aunque quizá esto último, con la evidente judicialización de la política, no tenga mucho sentido hoy en día) mientras el ex alcalde de O Grove, Bea Gondar, condenado por blanqueo (!), se pavonea por los media ni con medio sonrojo... Es increíble, joder.

(Creo que la masificación de la utilización de las RRSS, internet y otros medios como los tradicionales hacen que la información no se corrobore y sea más fácil manipular a la gente ya que se puede escribir y decir lo que a cada uno le salga buenamente de los güevos y claro, si no tienes un poquito de cabecita te conviertes en un blanco fácil, alguien susceptible de ser engañado y dirigido hacia... hacia donde le convenga al grupo de poder de turno, por supuesto. Estoy harto del 'todo vale', qué asco joder...)

Dejemos lo del Gürtel y la corrupción para otro día, que me da un síncope. Tratado con la mismita rapidez y diligencia que los dos casos que comento en estas líneas, desde luego.

Las dos Españas, como decía Machado: una de ellas ha de helarte el corazón. Mejor las dos, porque de las dos estoy ya hasta los cojones, joder; no me van ni a dejar disfrutar del Mundial, me cagüen...

Escribí esto, arreglado y ampliado esta mañana de 26 de marzo, después de cenar anoche, mientras cagaba. Y lo hice pensando en los políticos catalanes que envió a prisión el juez Llarena esta semana, no en Puigdemont y su detención en Alemania (de la cual, por cierto, me he enterado hoy al levantarme).
¿Tan necesario era poner el cartelito? ¿Es que no veis que no hay República ni Govern ni ná? ¿Es que queréis que venga la Poli Nacional o la Guardia Civil a detenernos a todos? ¿Es que no veis la realidad de lo que está pasando, joder? ¡Si lo que quieren es venir a gobernarnos directamente! ¡Ni Parlament ni Generalitat ni ná! ¡Un virrey como en los tiempos del 'Gran Imperio Español'! ESTAMOS TODOS EN PELIGRO

martes, 30 de enero de 2018

RESQUICIOS (DE LA NUEVA ERA)

Tú solo dame la mano, que yo te la apretujo fuerte. Pienso romperte los putos huesos si hace falta.
¿Cuándo cojones piensas irte? Porque yo no quiero que te vayas.

Yo no soy el culpable. No es mi jodida culpa, pero sé a quién acudir. Le haré una visita de esas TRASCENDENTE. Una que no olvidará. Como en El Padrino. (Nadie se va a ir de rositas aquí).

Nos vamos de viaje. Ella vendrá con nosotros. Lo hacemos por ella. Y surgirá una nueva edad, a falta de un par de sobrinos para completar el círculo. Mis hijos crecen y, con ellos, nuestra esperanza.

Yo solo quería que me diera la mano y me mirara una última vez, ya que, cuando llegue el circo, a mi no me encontrarán. De la hipocresía como estilo de vida, decían. Todos saben que soy un puto rencoroso y que es mejor darme de comer aparte.

Vuelve pronto, oh, mi musa querida. Me insuflaste la vida y yo, con mi camisa hecha jirones, jamás te rendí pleitesía, no vaig gosar. Hasta ahora.

Tu solo dame la mano, que yo me encargo del resto. Este es nuestro turno. Entramos en una Nueva Era.

jueves, 7 de diciembre de 2017

LA QUÍMICA



Solo cuando escuchas algo así, cuando te dejas envolver en ese sonido que estimula el nervio vago, es cuando te das cuenta de que has estado viviendo entre tinieblas demasiado tiempo.

💥AMÍGDALA ACTIVADA💀

Es algo químico y elemental que ya echaba de menos.

¡Malditos condenados!






jueves, 23 de noviembre de 2017

RECETAS DE LA YAYA LUMI: POTAJE DE MONCHETAS Y ARROZ (II)

Ingredientes para 5 personas y media:

300 gr de panceta seca
4 dientes de ajo
1 hoja de laurel
3 tomates
1 cebolleta pequeña
1 pimiento verde
1 cartelilla de azafrán en rama
5 tacitas de arroz normal
5 patatas
150 gr de monchetas blancas

En una sartén grandecita, freír con aceite los 4 dientes de ajo y la hoja de laurel. 
Añadir pimiento verde cortado + una cebolleta cortada.
Añadir azafrán en rama y los 3 tomates cortados sin piel. Sofreír todo en la misma sartén. 

Cubrir con agua. Al hervir, echar arroz y las patatas cortadas a tacos. Dejar cocer de 45' a 1h a fuego lento-medio según cocción patatas (pincharlas, que no se deshagan).

Añadir monchetas blancas cocidas. 20' + a fuego lento y voilà.

Servir a discreción.

Perfecto para mediodías de invierno de manta.

sábado, 4 de noviembre de 2017

EL TIBURÓN ROBOT MORDEDOR*

*UNA ADAPTACIÓN LIBRE Y PARA NIÑOS DE MÁS DE 4 AÑOS DEL CUENTO DE DINO BUZZATI, "EL COLOMBRE" (1966)



Era un espléndido día de sol; el mar estaba tranquilo. Stefano nunca se había subido a un barco, por lo que paseaba feliz y curioso por la cubierta, preguntando a los marineros esto y aquello y sonriendo por todo. Al llegar a la popa, la parte de atrás del barco, Stefano se detuvo curioso a observar una cosa que sobresalía del mar. Estaba a unos doscientos metros y siempre llevaba el mismo rumbo, como siguiendo la estela del barco. Stefano se preguntaba qué sería aquello, una especie de animal marino que no podía dejar de mirar. Su padre, que era el capitán, le preguntó:

-Stefano, ¿qué haces ahí plantado?
-Ven a ver, papá, allí, una cosa oscura que de tanto en cuanto saca la cabeza -dijo señalando al mar.

Su padre no veía nada, por lo que fue a por un catalejo. Al mirar a través de él, se puso pálido de golpe.

-¿Qué es? ¿Papá, por qué pones esa cara?
-Ojalá no me hubieras dicho nada, hijo mío. Eso que ves allí no es una cosa, es un Tiburón Robot Mordedor, el pez que los marineros temen más que a nada. Es un tiburón terrible, y no se sabe por qué, pero elige a sus víctimas y las persigue durante años, toda la vida, hasta que consigue comérselas. Y lo más curioso es que nadie más puede verlo, solo la víctima elegida y las personas de su misma sangre.

-¿Y no es una leyenda?
-Desgraciadamente, no, hijo. Yo nunca lo había visto pero lo he oído describir tantas veces, que al verlo ahora no hay duda: ese hocico oscuro, esa boca gigante que se abre y cierra sin parar, esos dientes metálicos espantosos... Stefano, no hay duda, es el Tiburón Robot Mordedor.
Escucha, esto es lo que haremos: ahora mismo desembarcaremos en tierra y nunca más volverás a subirte a un barco. El mar no es para ti, hijo mío.

Dicho esto, el barco volvió a puerto dejando a Stefano en tierra. Luego volvió a partir. El chico se quedó en la orilla mirando hasta que desapareció de su vista, aunque a lo lejos, revoloteando de aquí para allá, se podía distinguir un punto negro que aparecía sobre las aguas: era "su" Tiburón Robot Mordedor, empeñado en esperarlo.

*****

Desde entonces, se hizo todo lo posible para alejar a Stefano del mar. Su padre lo mandó cientos de kilómetros a una ciudad del interior a estudiar y el chico se olvidó del monstruo durante una temporada. Sin embargo, durante las vacaciones de verano, lo primero que hizo al regresar a casa fue ir al muelle a hacer una comprobación -aunque en el fondo pensase que era una tontería: seguro que el monstruo marino había desaparecido después de tanto tiempo, y ya no pensaría en comerse a Stefano.

Pero Stefano se quedó allí de pie, petrificado, puesto que a unos doscientos metros del muelle, el oscuro pez iba arriba y abajo con lentitud, sacando de vez en cuando el hocico del agua, como diciéndole "eh, aquí estoy".

De esta manera, la idea de que aquella criatura enemiga lo esperaba día y noche se convirtió para Stefano en una secreta obsesión. De noche, en la lejana ciudad, se despertaba preso de una inquietud que lo atormentaba, sabiendo que semejante tiburón lo esperaba. Stefano, con el paso de los años, se hizo un hombre. Su padre había muerto y él hizo fortuna trabajando lejos del mar, hasta que un día regresó a su casa y le dijo a su madre que tenía intención de seguir los pasos de su padre: quería ser capitán de barco. Su madre le apoyó aunque también se preocupó.

Grandes son las satisfacciones de la vida laboriosa, holgada y tranquila, pero aun mayor es la atracción del abismo. **

El pensamiento del Tiburón Robot Mordedor lo perseguía y, con el paso de los días, parecía hacerse más insistente. Y Stefano se hizo marinero experto, navegando entre tormentas y días soleados, y con él, su tiburón, que no le dejaba ni a sol ni a sombra. Y en el barco nadie más lo veía:

-¿Han visto aquello? -preguntaba a sus compañeros de barco.
-No, no vemos nada, ¿por qué? ¿No habrás visto un Tiburón Robot Mordedor, verdad? -se reían y burlaban al tiempo que tocaban madera (símbolo de la buena suerte).

La amenaza constante del monstruo hizo que el mar le gustase aun más y fuera mucho más valiente en momentos de peligro y cansancio. Y se hizo millonario, ganó mucho dinero y consiguió comprar un barco nuevo en el que sería el capitán, como su padre. Stefano solo quería navegar y navegar. A la que llegaban a puerto y tocaba tierra, solo quería volver a embarcarse preso de una impaciencia casi febril. Tenía la necesidad de ir de un océano a otro sin descanso.

*****

Hasta que de pronto un día Stefano se dio cuenta de que se había hecho viejo, y nadie entendía por qué no dejaba la vida en el mar, siendo tan rico como era. Viejo y amargamente infeliz, porque se había pasado toda la vida en aquella especie de loca fuga a través de los mares para escapar de su enemigo.

Y una tarde, mientras su barco se hallaba en el puerto de su ciudad, se sintió próximo a morir. Entonces llamó a un marinero de su confianza y le explicó la historia del Tiburón Robot Mordedor, el monstruo que durante cincuenta años lo había perseguido sin cesar.

-Me ha seguido por todo el mundo -le dijo-, y ahora él también estará terriblemente viejo y cansado como yo.

Dicho esto, cogió un bote y un arpón y se despidió.

-Ahora voy a encontrarme con él. Lucharé con las pocas fuerzas que me queden.

Remó con dificultad hasta el horizonte. En el cielo, como el anzuelo de Maui, brillaba la luna. De repente, el horrible animal salió a la superficie justo al lado de su barca:

-Aquí me tienes -dijo por fin Stefano-, ahora estamos solos tú y yo. Y con sus últimas fuerzas levantó el brazo para tirarle el arpón.

-Ah -se quejó el tiburón-, ¡qué largo camino hasta encontrarte! Yo también estoy cansado y viejo. Me has hecho nadar mucho, pero tú solo huías y huías. Y nunca has comprendido nada.
-¿Por qué dices eso? -dijo Stefano sorprendido.

-Porque no te he seguido por todo el mundo para devorarte, como tú creías. El único encargo que me dio el Dios de los mares, Poseidón, era entregarte esto:
El tiburón se sacó de la lengua una bola brillante. Stefano la cogió. Era una preciosa y valiosa perla; era la mítica Perla del Mar, que otorga fortuna, poder, amor y paz de espíritu a quien la posee. Pero ahora ya era demasiado tarde.

-Ay de mí -dijo meneando tristemente la cabeza el viejo capitán-. Qué horrible malentendido. Lo único que he conseguido es desperdiciar mi existencia, y he arruinado la tuya.

-Adiós, hombre infeliz -respondió el Tiburón Robot Mordedor. Y se sumergió en las oscuras aguas para siempre.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

** No es una frase para niños, evidentemente, pero me dolía eliminar semejante mantra del texto. A ver cómo se la explicamos a nuestros peques...

P. S. : La idea de "adaptar" este precioso cuento de Dino Buzzati surge del afán de encontrar nuevas historias que contarles a mis hijos, que empiezan a demandar -sobre todo el mayor- algo más que lo que ofrece lo estrictamente tradicional y adecuado... 

La foto es de un tramonto en la costa de Croacia (2009).



domingo, 1 de octubre de 2017

1-O

Hoy se ha roto algo definitivamente entre Catalunya y España.
Solo espero que esa temida fractura social no acabe de llegar al ciudadano de a pie y sepamos hacia dónde volcar todo nuestra mierda tras esta jornada represiva aciaga; políticos, ambos gobiernos, YO OS MALDIGO. Sobre todo al responsable directo de la violencia miserable e injustificada, el gobierno nacional del PP de Rajoy.
Ya nada volverá a ser igual.

viernes, 29 de septiembre de 2017

CATALUNYA, ESPAÑA: SER O NO SER

Llevo varios meses dándole vueltas al asunto, queriendo escribir unas líneas sobre el proceso de autodeterminación catalán, pero me es muy difícil abordar el tema desde una perspectiva que no pueda ser utilizada de una manera partidista. Llegados a este punto de manipulación y confrontación entre ambos contendientes, la situación es tan insostenible que necesito expresar parte de la mierda que llevo dentro.
Lo primero de todo: soy catalán, y español. Ya lo he dicho, podéis bombardearme. Ciudadanos, no hace falta que os abalancéis sobre mi y me mostréis todo vuestro amor. PP, no tan deprisa, aquí no tenéis un aliado más. Podemos, Catalunya en Comú, ERC, Junts pel Sí o Partit Demòcrata y el resto de fuerzas políticas de este país que tanto cambian de nombre como de alianzas y que ya no sé ni qué postulados defienden... absteneos. No me identificáis. No me siento identificado por ninguno de vosotros.
¿Acaso una bandera puede decirte quién eres? ¿De dónde surge toda esta necesidad imperante de sentirse parte de algo que nos trascienda, algo que trascienda al individuo? Puedo entenderlo en el caso de Estados Unidos. Recurriendo al tópico, son un país sin historia. Pero nosotros, España, la España de los Conquistadores, del Siglo de Oro y del Quijote, la desdichada España que resultó de la Guerra Civil... ¿es que no hemos aprendido nada?
Pero hablemos de fractura social. Bueno, de las ganas de que exista tal cosa. Y voy a hacerlo exponiendo dos casos personales, a ver si consigo quitarle hierro al asunto. El primero data de mis días en la escuela, aquí en Manresa. Yo iba a La Salle con los hijos de la alta sociedad manresana y había un profesor que me tachaba el nombre así: avier y me lo corregía con un Xavier en rojo debajo como si fuera un error más del ejercicio en cuestión. ¿Consiguió hacer mella en mi autoestima, este hecho, marginándome del resto de compañeros? Lo único que hizo el hermano Cesc, y aquí dejo su nombre escrito, es afinar mi capacidad de adaptación. Yo no era inferior a nadie, y ningún cura/profesor no iba a decirme en qué clase de persona me iba a convertir. "Em dic Javier", y no tienes más remedio que ponerme un 10 porque he bordado el ejercicio.
En el otro caso era yo más talludito, tendría unos dieciséis o diecisiete. Estaba en Aragón, concretamente en la provincia de Huesca, en un pueblo bañado por el Cinca. Eran unas fiestas locales, había alcohol, todos perseguíamos a las mismas chicas y todo era jauja. En un momento dado, un chico local me embistió, preguntándome con grandes aspavientos y evidentes signos de embriaguez que por qué nosotros, siendo yo catalán, nos habíamos adueñado de la senyera, de la bandera de Catalunya -que evidentemente también era la suya-, a lo que yo respondí: "eh, colega, pues toda vuestra, eh, ¡que va a ser solo nuestra!" Y tan amigos.
Pero volvamos al principio. Si he decidido tomar parte por fin es por un hecho concreto: el empapelamiento del parque infantil de mi pueblo con octavillas y pósters relativos al referéndum; estaba yo jugando en el parque con mis dos hijos y, en un momento dado, agarré al pequeño para subirlo al tobogán, y justo cuando puso los pies en la repisa o pasarela que da a la rampa, descubrí un papel Din A4 enganchado con celo en todo el medio: VOTEM PER SER LLIURES. Hasta entonces no había reparado en que los padres de los niños que van a clase con los míos estaban repartiéndose carteles mientras sus hijos jugaban ajenos al traqueteo de sus progenitores. La educación y el futuro de nuestra progenie deberían estar blindados. ¿O que clase de sociedad aspiramos a construir?
Fue el 20 de septiembre, día en que el gobierno de Rajoy traspasó la línea con los actos represivos de las detenciones y registros masivos llevados a cargos por la Guardia Civil por orden del juzgado de instrucción número 13 de Barcelona con absurdos cargos como desobediencia, prevaricación y malversación (en la llamada operación Anubis) y terminología bélica como "sedición" o "aplicación del artículo 155" (suspensión de la autonomía) para amedrentar a propios y extraños.
Respeto que haya gente que actúe ante tales injusticias, que tenga fuertes sentimientos de nación o patria y que dirija sus pasos en ese sentido, pero... ¿hacerlo en el parque en el que juegan los niños? ¿En serio?
Mi hijo mayor está empezando a leer, a identificar letra por letra, ¿qué le tengo que decir ante la pregunta de papi, qué pone aquí? ¿Por qué me obligan a enfrentarme a esa encrucijada ahora, con cuatro años que tiene la criatura? ¿Por qué alguien querría educar a sus hijos en sentimientos de país o nación en vez de en el amor, la educación y el respeto al prójimo? O tal vez me refiero a que me molesta que sea algo visible y no permanezca en la esfera de lo privado, ya que, aun y a riesgo de dar a alas a los que mayoritariamente desde fuera hablan de esa factura social que comentaba antes, la nueva República Catalana podría ser claramente excluyente: es un hecho que los independentistas están hartos y ya no quieren saber nada más de España. Y a fe que se están llenando de razones, y no solo por estos últimos días; el reparto económico sobre lo que generamos y lo poco que recibimos fue, en su momento, el origen de las desavenencias entre Catalunya y España (el famoso "Pacto Fiscal"). ¿Dónde quedamos, pues, "los otros", los que nos sentimos desamparados y alarmados por la falta de sentido común? ¿Los que creemos que la existencia es demasiado preciosa como para perder el tiempo en tales disputas? Temo que sea demasiado tarde.
El govern que salió de las elecciones al Parlament en 2015 fue, por primera vez en la historia, netamente independentista, y el gobierno español no ha hecho NADA al respecto desde entonces. Su inacción es, como mínimo, escandalosa. La Generalitat lo único que ha hecho es seguir adelante con el legítimo encargo de los ciudadanos de Catalunya, aun y con malas artes como hicieron con la aprobación exprés de la ley del referéndum que nos ocupa estos días. Rajoy y su ejecutiva y el resto de partidos del establishment nacional no han sido capaces de abrir una línea de diálogo responsable para hacer frente a semejante desafío y nos han abocado hacia el inevitable choque de trenes.
Retrocedamos, pero, un poco más. Mi padre es aragonés, mi madre andaluza. He vivido toda la vida con la coña de que, aquí, soy un charnego y, cuando salgo fuera, soy catalán, y no estoy traumatizado por ello, como intentaba desdramatizar con los ejemplos anteriores. Me he criado en catalán, pienso en castellano. Tengo amigos castellanos y catalanes y, en Catalunya, usamos ambas lenguas indistintamente. ¿Por qué mierda iba a cambiar eso? ¿Por qué nos abocan irremediablemente al pozo de la confrontación, obligándonos a tomar parte, renegando de semejante riqueza cultural y haciendo de la excepción la norma? La razón es tan simple que asusta: para tapar sus propias miserias.
La clase dirigente, como ha hecho históricamente, manipula a las masas hasta puntos insospechados, utilizando desde los mass media hasta la retórica política tergiversada y retorcida hacia el límite de lo humanamente aguantable junto al torrente de las redes sociales, auténticos árbitros de la cuestión como reyes del "todo vale", para llevar a cabo sus maléficos planes. Parece una peli de villanos y sin embargo no lo es; en España gobierna el PP, herederos directos de la dictadura fascista que azotó al país durante 40 años hasta 1975... Muy joven es, por tanto, la democracia en este país, tanto que ni siquiera sabemos qué significa esa palabra en estos turbulentos tiempos.
Democracia... ese gran término vilipendiado tanto por unos como por otros, que se llenan la boca en su nombre para dirimir el destino de millones de ciudadanos de a pie que lo único que aspiran es a vivir una vida tranquila y a cobrar un sueldo digno.* Los escándalos de corrupción del gobierno, innombrables y que en cualquier país del mundo harían caer al ejecutivo de turno con el estruendo de un imparable alud, son la vergüenza de nuestros políticos y el hazmerreír de Europa (y por ende, del mundo). Aquí, en Catalunya, el actual govern no responde ante los mayores recortes presupuestarios en sanidad, educación y ayudas sociales de la historia, por no hablar del alcance de los oscuros tentáculos de Jordi Pujol y sus 23 años en el poder. ¿A quién quieren engañar? ¿Tan tontos somos?

Sé que un último llamamiento a la calma y al diálogo podría caer fácilmente en saco roto pero, por favor, ténganlo en cuenta. Aun no es tarde. Paren los motores. Ambos. Políticos y ciudadanos de a pie. Todos. Eviten esta aceleración histórica tan imparable como inquietante. Déjennos vivir en paz. Dejen de plantearnos si la verdadera cuestión es ser o no ser.

P. S. : Por si interesa o quedaban dudas, SÍ, estoy a favor de un referéndum de autodeterminación para el pueblo de Catalunya. Pero acordado entre los dos gobiernos, el catalán y el español, o en su defecto por la autoridad competente. Ah, y votado SOLO por nosotros, los catalanes (ciudadanos de Catalunya, censados). Y NO, votaría NO a la independencia. Los motivos, aunque bastante obvios tras esta parrafada, me los guardo para mi, no sea que alguien acabe haciendo un eslogan o consiga un titular a toda página. Ya les dejo, ya pueden vilipendiarme a su gusto.

*Ejemplos del escrache a un guardia civil en su casa, finalizado con olés por los presentes tras arrancarse con un fandango, o el vídeo de un policía nacional quejándose del camarote donde se tendría que alojar, destinado a Catalunya como refuerzo operativo para el 1-O (fecha del referéndum).

lunes, 11 de septiembre de 2017

PRISIONERO

Ella estaba en la esquina de su antigua casa, enfrente de la iglesia, hablando sottovoce con alguien que no conseguía distinguir. Él iba conduciendo en medio de un tráfico infernal y no pudo frenar; ella le vio pasar, sus miradas se cruzaron: todo pasó a cámara lenta, como en una película. Era ella, pero... ¿qué carajo hacía en su ciudad? 
Él quiso dar la vuelta a la manzana rápido, ver quién era el afortunado con el que compartía confidencias, así que pasó con el coche a toda hostia pero el semáforo del mercado estaba en rojo y resultaba imposible avanzar. Había gente por doquier, debía ser martes y no había manera, se le iba a escapar... 
Por fin dejó atrás la luz verde y giró a la izquierda quemando rueda casi atropellando a una jodida abuelita con su carro de la compra y, al llegar de vuelta a la esquina, ella ya no estaba, se había desvanecido, la calle estaba vacía, no había con quién batirse el cobre... 
Él se volvió loco buscándola, convertido en una especie de ente flotante entre una burbuja de ansiedad y un fuerte anhelo, y no la encontraba por ningún sitio, no puede haberse tele transportado, y pensó que había perdido su oportunidad de volver a hablar con ella, de volver a verla de nuevo cerca, de dejar de ser su prisionero. 

lunes, 14 de agosto de 2017

LA LOGÍSTICA DEL TIEMPO

¿Crees que quiero perder el tiempo pensando en la logística y en los tejemanejes que tenemos que soportar si queremos hacer algo? ¿Que quiero sufrirlo ni siquiera un segundo? Mientras lo estoy viviendo, en ese mismo instante, soy capaz de darme cuenta pero no puedo cambiar esa oleada de negatividad. Justo al explotar, siempre demasiado tarde, me llevo las manos a la cabeza y pienso: mierda, me ha vuelto a pasar.

La vida verdadera, esa sobre la que pocas veces nos paramos a pensar, la que apenas entendemos ni valoramos, es demasiado valiosa. Pero... ¿cómo aprovecharla? ¿Cómo llevar a la práctica aquello de vive cada instante como si fuera el último? Estamos tan encadenados a nuestra mierda diaria que las señales que nos harían despertar para poder vivir con plena conciencia la suerte que nos ha tocado en gracia se nos escatiman, están veladas. Mejor dejar de tratarla como si fuera un tesoro, pues, y asumir que, en realidad, la vida es solo un mero trámite. Nuestros niños no tendrán por qué ser los grandes damnificados.

Aquellos convencionalismos sociales de antaño que yo nunca asumí me persiguen hoy. ¡Y no paro de crearme nuevos enemigos! ¿Crees que quiero perder el tiempo relacionándome con gente que aborrezco? Prefiero no fingir y ser honesto conmigo mismo. Incluso si son legión los que no me tragan. El otro día estuve con mis amigos, nada, una hora y media mientras los peques jugaban, bebiéndonos un par de cervezas: no me reía tanto desde nuestro último encuentro en aquella cena ya mítica en que la policía nos detuvo. Lloraba, joder, se me desencajaba todo. La gran mentira de todo el embrollo, de ese contrato social que yo no firmé, está a una distancia insalvable.

He estado hablando largo y tendido con mi amigo Gnöit estos días. Bueno, hablando, no, ese es el tema también; parece que he estado a punto de quedarme aislado y con el móvil luego solo hay equívocos. Él no entiende mis arrinconamiento voluntario y me pide descargos con razón. Pese a todo lo que ha vivido, tiene una envidiable visión positiva del asunto. Él sabe lo que me bulle dentro y trata de quitarme presión de encima, justo como siempre ha hecho.

Viendo The Leftovers he recordado una conclusión a la que me hicieron llegar hace algún tiempo: no todo tiene que ser trascendente.
No puedo aspirar a entender todo lo que se cuece a mi alrededor, pero necesito que ellos hagan lo mismo y no me obliguen a estar todo el rato pendiente o no quedará títere sin cabeza.

lunes, 31 de julio de 2017

¿ENTONCES?

Y entonces -dijo la muy puta-, ¿qué coño te has creído?
La situación era ya muy tensa cuando apareció un gorila de dos por dos directo hacia mi. Sin apenas tiempo de reacción, braceé entre el gentío intentando no caer al suelo; por suerte, el tipo no tuvo tiempo de llegar hasta mi y acabó engullido por la masa. Salí corriendo de la mano de aquella zorra mientras detrás se iba formando un corrillo de hombres vestidos de negro que se reorganizaban para darme caza. Sentía la adrenalina fluir por mi cuerpo y el corazón golpearme la puta sien.
-¿Pero qué coño haces? ¡Suéltame!
Encontré refugio en un callejón oscuro y la chica, extenuada, se calmó. Yo no paraba de dar vueltas, nervioso, aquello no había acabado. Levanté la vista y me topé con un letrero luminoso y una enorme cruz roja. Vamos, le dije a la ingrata. Un orondo vigilante de seguridad salió a mi encuentro y, en el estado de agitación en el que me encontraba, le asesté un puñetazo con todas mis fuerzas: se desplomó en el acto como un saco de patatas. Entramos en el hospital y, entonces, con aquella enorme panza arrodillada, con lo abatido que estaba... con la zorra de los cojones... pero a ver, y... ¿¿...entonces...??

sábado, 1 de julio de 2017

LA INSEGURA MULTITUD


Esta última semana de junio en que prácticamente me he visto de vacaciones he hecho un par de escapadas a la city. Como ya sabes, afamado lector de esta bitácora, ya no me gusta Barcelona. Podría incluso decir que hasta la detesto. Me siento inseguro y frágil cuando recorro sus calles atestadas de gente mientras me pregunto si siempre ha sido igual.
El martes estuve en el CCCB en la charla con Karl Ove. Nos habíamos bebido dos cervezas para combatir el calor con mi amigo Ace y la vejiga me iba a reventar. La hora que duró el insípido encuentro lo pasé fatal, pero estábamos en medio de la sala y no era cuestión de levantarse nada más empezar.

La verdad es que no sé que esperaba yéndole a ver. No me iba a cambiar la vida verle de cerca ni oír sus palabras de propia boca. Ni siquiera me puse el pinganillo, demostrando así a todo el mundo que mi nivel de inglés era la leche; me reía cuando todos se reían, asentía cuando tocaba... y eso que apenas podía mostrar interés. Capté conceptos claves ya leídos en entrevistas y en el trabajo de investigación que hice tras descubrirlo hace años con La Muerte del Padre (tomo 1 de Mi Lucha), y eso fue suficiente. Incluso el mismo autor, psicópata donde los haya, reaccionaba de la misma manera autista a preguntas que no venían a cuento: un escritor no debería conceder entrevistas, pensaba. Sus palabras deberían hablar por sí mismo. Y los asistentes, la mayoría sin pinganillo también, parecían disfrutar de lo lindo escuchando las sandeces del fenómeno noruego.
Su lucha es mi lucha. A la que pude escaparme al baño, entre bambalinas, y lo vi de cerca respondiendo a las preguntas del público, me liberé hasta las siguientes cervezas que nos esperaban antes de volver a la campiña y dejar atrás toda esa multitud; sin duda, había aprendido a desenvolverse a la perfección en semejantes apuros, y yo de esas debía tomar buena nota.

El jueves llegaría una segunda oportunidad también en el barrio viejo y más concretamente en el Jamboree, una mítica sala de la Plaza Real. La compañía variaba, iba de féminas. Mi cantantessa venía a la ciudad y era una oportunidad única para verla en directo. Mi esposa, que la había escuchado sin dejarle huella, alucinó con la energía que mostró la catanesa. Yo le iba diciendo: imposible que aguante este ritmo. Pero la Consoli es mucho Consoli: se rodeó de un violín y un violonchelo de altura (Emilia Belfiore y Claudia della Gatta) y ofreció un show de hora y cuarenta y cinco minutos para el recuerdo.
La comunidad italiana, tan presente en la Ciudad Condal y efusiva como pocas, sufría para mantener la compostura en la tradicionalmente fría -musicalmente hablando- Barcelona. Eran mayoría, por lo que es de agradecer que la cantante se dirigiera a nosotros, los nativos, en un castellano con un acento de lo más gracioso, para hacernos partícipes de la serata. Luego a pie de pista tuvimos que hacer de tripas corazón para soportar a los fanáticos que cantaban por encima del tono de la entrada que habían pagado, resultando de lo más desagradables. En cuanto al tema móviles, nada que hacer. Seguimos en el siglo XXI, ¿no? Algún ragazzi, i cellulari! me sorprendió, eso sí.
Suerte del aire acondicionado, aunque teníamos espacio de sobra. Había dos parejas de esas en que el hombre, macho alfa por antonomasia, no deja ni respirar a su chica;  uno la agarraba por detrás, rodeándola con sus brazos, empitonándola, dirigiendo el baile a su antojo y los gritos de Carmen! El otro, con aspecto y pintas de surfero, se movía a destiempo y como pez fuera del agua: debió hacérsele largo de cojones. A la hora, de hecho, se empequeñeció tanto que hasta pude llegar a vislumbrar a su partenaire femenina.

No se me hizo pesado. Quizá una sobrecarga en la zona lumbar y cervical, pero poco más. Vendrían la Pizza Pazza y una Peroni para poner la guinda al pastel de la serata mezzogiorniana. Se me puso la piel de gallina y me abstraje completamente escuchando varios temas, pero sobre todo con uno: L'Ultimo Bacio. La miraba, observaba los gestos de esa comedida bestia, esa dulce y frágil rockera convertida en madre, sabedora de tener un público fiel ganado a pulso, y disfrutaba. Y de vez en cuando abrazaba y besaba a mi esposa, tan fuerte como el escenario que teníamos delante, tan mujer.
El paseo hasta el coche por la calle Ferran, la plaza Sant Jaume y la Catedral, fue como un soplo de aire fresco para nuestras almas. Paseábamos ligeros, contentos, libres. Lejos de la inseguridad y la multitud que hace que los espacios de siempre ya no nos pertenezcan y valoremos lo que tenemos en casa.







viernes, 16 de junio de 2017

GRACIAS, KARL OVE, TAKK

Cuando leo a Karl Ove es como si volviera de golpe a recuperar la fe perdida.
Me transporta a la época de las primeras y más grandes aperturas, ese lugar en el que creí hibernar para siempre y al que suelo recurrir últimamente como si ya hubiera cerrado la compuerta.
Entonces todo era nuevo y esponjoso y yo anhelaba esa sabiduría por encima de todas las cosas. Ellas, las chicas,  quedarían en un rincón, apartadas en espera de mi abrupta y deslumbrante aparición. Así de iluso era yo.
En el fondo sigo pensando como entonces, solo que ahora todo ha cambiado; esta máxima encierra una verdad tan atronadora que ha de tenerse en cuenta sí o sí. No puedo obviarlo, y eso es algo que mi testigo de boda no alcanza a entender. En contradicción con mi yo social -que no familiar-, son muchos los días en que no salgo para acallar las voces ni el runrún, y lo mejor es que no me importa una mierda. No necesito que me vean como soy en realidad.
Lo que me asusta es saber que yo soy así. Bueno, que puedo llegar a serlo. La cuestión es el cuándo, la única cuestión, infatti (de hecho). El mientras tanto, pues, se convierte en una pesadilla interminable, en un culebrón donde casi todo es baladí (lo que podríamos denominar existencia, vamos). Equilibrismo puro, cuando yo solo querría leer libros y criar a mis hijos un poco a lo Capitán Fantástico.
Luego está el hecho de mi amistad con Kristian, compatriota de K. O., y los lugares comunes. Me veo en las veces que he estado allá arriba con ese puto frío, emborrachándome, siguiendo las huellas de un mundo ya no tan extraño. Yo podría, joder. Y tanto. 
Qué hacía Kevin Durant celebrando el anillo, qué esperábamos, yo no iba a celebrarlo. Sentí el picorcito, lo reconozco, pero no fue suficiente para aliviar el tema galáctico del acaparar y no dejar ni las migajas.
Son estos putos últimos días, tan calurosos ya, en que todo me molesta. La compuerta se resiste a agrietarse. Suerte de Karl Ove y mi cantantessa, a la que pronto voy a conocer. Y mis islas... ah, las muy jodidas, ¡no se me fueran a mover!

P. S.: Un recuerdo especial para nuestro amigo Chris Cornell, que nos dejó en estas fechas y todavía seguimos traspuestos. Una voz para el estremecimiento. DEP.

miércoles, 10 de mayo de 2017

SER MADRE

No podéis ni imaginar lo que siento por vosotros. 
No tengo palabras para explicar el torbellino de emociones que recorren mi cuerpo cuando os miro desde aquí, apenas unos metros atrás.
Mis días son los vuestros, mi sudor es mi alegría.
Nadie os querrá tanto como yo, que estaré siempre cerca; os proporcionaré calor y cobijo durante las tempestades, y también cuando el mar esté calmo.
Sois mi don más preciado, mi aportación a la vida. Yo os lanzaré al espacio exterior, a recorrer los vastos caminos que surjan en vuestro sino (incluso si no hay más remedio).
El aire me resulta pesado, soy incapaz de fijar la mirada. 
Aquí sigo, sentada. Ojalá el tiempo no pasara.

miércoles, 15 de marzo de 2017

TRAPPIST-1


Si hay vida más allá de nuestras fronteras, si de verdad hay vida y quieren relacionarse con nosotros o seguir en su anhelada oscuridad, sin conocernos, pues olé, de veras, ole y olé y bravo bravissimo. Lo de aquí abajo ya no es primordial, estaros tranquilos.
Es primavera total, ¿qué más da? Qué importa si hace un año que A. cruzara al otro lado y justo me encuentro a la viuda, la pobre, al minuto de poner pie en suelo manresano. Y me dice que lo que no quiere es que nadie se olvide de él, y nosotros vamos con prisas y me tengo que despedir cuando ella no puede ni acabar la puta frase siquiera.
Sinceramente, no sé por qué coño buscamos vida ahí fuera. A veces es mejor no saber, incluso para algo tan aparentemente trascendental como la maldita peculiaridad cósmica. No nos engañemos, es mejor que no encontremos nada, por nuestro bien.
Los hijos de nuestros hijos, aunque no se relacionen entre ellos,  tendrán que lidiar con los pasos que estamos dando al respecto.
Me pregunto si no sería mejor cuidar nuestro planeta, pero luego está el crecimiento de la población a un ritmo completamente insostenible y me obligo a pensar en otra cosa. Pura ciencia ficción.
Así que de momento está Trappist-1, la flor de la primavera. Como Mat en su primer aniversario: todo esperanza.

viernes, 3 de marzo de 2017

APAGÓN


Le preguntaba a mi esposa, antes de subir a acostarme, sobre si la gente estaba muy loca o era yo. Le digo: esa está muy loca o soy yo? Y me dice, sin dudar, está muy loca. Pero luego lo entronca con mis nulas capacidades sociales y todo se nubla. Lo que cuentas es ser sociable, sentencia. Y claro, yo ahí no puedo decir nada.
Eso me ha dado que pensar y luego me ha costado mucho dormirme. Y he pensado -ya que no es algo nuevo-, al carajo: apagón social. Empezaré con el móvil, borrando todas las aplicaciones. Dejando de publicar. Me he preguntado: ¿por qué publico cosas en mis redes sociales? ¿Por qué retuiteo mierdas? Si tengo algo que decir, fotos que colgar, ¿por qué no hacerlo solo en mi blog, el lugar que me define desde hace más de una década? Si es que tengo algo que decir.
No es que el programa de Salvados sobre el tema me hiciera pensar más de la cuenta, no. Hace tiempo que le doy vueltas, yo diría que desde que me paso las tardes en el parque con mi hijo mayor. El puto móvil me resulta agotador y necesito quitarme.
Mokadelic, Gomorra. Saviano. Mi ensoñación se debe en parte gracias a ellos. Llevo una maldita semana con la colonna sonora sonando sin parar, p'arriba y p'abajo. Y después de la habitación de juegos, los marrones de turno en el trabajo y el poco tiempo productivo, me he vuelto a ver en perspectiva -como una poción para la autoestima; en esa reflexión, como la necesidad de emborracharme, hallo cierta cuestión cíclica que acaba explotándome cuando la acumulación de mierda se hace insoportable. Ahí vivo estos días, si te digo la verdad. Debo superar el apagón y cierto estrés para empezar a abrir el cascarón primaveral que se nos viene encima.
No necesito saber lo que se cuece a cada instante, ni actualizar las putas redes. ¿Por qué sentimos esa imperiosa necesidad de mostrarnos? ¿Por qué nos atrae tanto la vida digital, de chismes y agachar la cabeza enganchados a ellos?
La vida de verdad no está online, la vida de verdad es otra.

sábado, 28 de enero de 2017

EL CUARTO

APERTURA XVII
Recuerdo toda la parafernalia, las dudas, el verano en Pompeya. Las clases preparto, las prisas por tenerlo todo a punto, lo bien que le sentó el embarazo.

La final de la Eurocopa en la Costa Amalfitana, y que casi tuvimos que irnos por patas tras el 0-4.
Mis últimos pitis (oficiales y regulares). La gordita pululando, la reacción de mi suegro.

Recuerdo que no había manera. A mi compañero de tantas noches Z. empujando la camilla, el llegar a la habitación en esa eterna madrugada.

Mi príncipe. Lo recuerdo todo muy bien, 
y hoy es el cuarto año de aquello ya.

sábado, 31 de diciembre de 2016

EL TORREÓN

Desde el torreón pude distinguir con claridad aquella dulce figura que parecía bailar con el orgulloso sol del mediodía.

Y vi la pureza reflejada en sus ojos -los ojos de la única criatura que ha permanecido a mi lado hasta ahora, brillando en la inocente sonrisa que le siguió después; una sonrisa que deformó su fino rostro transformándolo en una mueca de amor único e indivisible, una mueca de imperfecciones orgullosamente ocultas a otros ojos.

Como destinatario de tales confidencias, un abrupto estremecimiento recorrió mi cuerpo, preludio inequívoco de un oscuro silencio que, fotograma a fotograma, trasformó mi pensiero* hasta transportarlo -ya mutado- hacia la excesiva conciencia de estar vivo.

Lo siguiente que recuerdo es un miedo paralizador y la sensación de pérdida envolviéndolo todo con su asqueroso manto. Lo había perdido todo y, sin embargo, podía ver el futuro con absoluta precisión: un futuro con ella y, como no, desde el antiguo palomar.

*pensamiento

martes, 27 de diciembre de 2016

CLAUSURA XVI (DOBLETE)


Un año más, un año menos.
2016 será recordado por el nacimiento de mi segundo vástago. Nuestro proyecto vital, en marcha y a toda mecha.
Las ranuras de la mente y el declive del máximo ser querido pusieron el contrapunto amargo a la sensación de plenitud de semejante proyecto. La lucha a ese nivel, junto con la sublevación del sueño y sus incoherentes estadios, está siendo la mayor sfida (desafío) de estos tiempos.
Íbamos a ser cinco, pero la gordita se nos quedó en el camino. Son el contrapunto negativo, ambos, a un año de celebración.
Culturalmente no sé qué decir. Año de pocos sobresaltos. Como fue año olímpico y, en consonancia con los tiempos actuales de modorra tecnológica, destaco el vídeo del espadachín francés al que se le cayó el teléfono móvil en plena confrontación. Para mear y no echar gota.
Deseos: mucha salud. Todo lo demás es insignificante y puede irse al carajo. 
¡FELIZ 2017!




domingo, 18 de diciembre de 2016

ACTIVAR FONDO CON FORMA

Venía en el coche a trabajar escuchando mi lista de música delicatessen, no la que me hizo Dani para la boda, no, si no la mía, en modo aleatorio, y las tres primeras canciones, Los colores de una sombra, de LOL, Hoy por ayer, de Piratas, y Londra brucia, de Negramaro, me han devuelto otra vez a una época que ha quedado grabada a fuego en mi.

Antes la música era muy importante en mi vida, pero parece que, en ese sentido, algo se detuvo en 2006. Coincide con el último disco de Tool, el siguiente deseado de Deftones tras la magia del White Pony -que resultó ser un truño y el desvío de mi foco de atención-, y el Amputechture de The Mars Volta, el grupo que sustituyó esas carencias hasta bien entrada la treintena.
Todavía sigo esperando el disco de Tool. De hecho, es como una especie de búsqueda interior, como la del Grial. 

Aprovecho para recomendar aquí Enigmas de nuestra historia, una serie de documentales de Discovery Max dirigidos por el magnífico periodista del misterio Lorenzo Fernández Bueno. Rigor, datos y ganas de preguntarse porqueses.

Siempre me he guiado, de alguna manera, por los símbolos. Y es curioso porque, cuando trato de activar mi posible fondo de escritor, es como si hubiera dejado de lado todas aquellas cosas que un día me identificaron. Restan aquí al lado, latentes, esperando a ser accionadas de nuevo. Esos resortes van desde la música, que transporta recuerdos, hasta vivencias de todo tipo, incluso las malas. De hecho, las malas son las que más he valorado porque tradicionalmente me han dicho quién quiero ser y en qué clase de persona me he querido convertir, aunque esto ha ocurrido casi siempre a posteriori, cuando el mal anidaba.

Intento superar aquello de que una vida plena seca la tinta. En cierto sentido, es como si pretendiera profesionalizar algo con lo que antaño, joven y sin las ataduras típicas del dolce far niente, me salía brotando de la nada.
Supongo que es una cuestión de edad. Ya no estoy sujeto a los cánones de la permeabilidad; no quiero decir, con ello, que haya eliminado el elemento sorpresa en mi vida, ni mucho menos. Es más bien que, a medida que me hago más viejo, le doy menos importancia a las cosas y soy menos impresionable mientras sigo luchando contra el talibán que llevo dentro. He tratado este tema con anterioridad en esta bitácora, y es porque me preocupa haber perdido esa capacidad de retener nuevos referentes culturales, aunque menos que antaño. Ahora es solo una mera cuestión estilística, de orientación futura.

Dejé la ciudad hace mucho. Llevo cinco años alejado del bullicio y las tentaciones que conlleva y no lo echo de menos. Disfruto cuando me desmarco y no me importa trampear mi tiempo en familia rebuscando mis filias entre los escombros de los llantos de mi bebé y las peleas amorosas con mi salvaje primogénito. Debe de ser un tema de autoestima -como mi calva-, como si percibiera con claridad que esa batalla no necesitara ser ganada ormai ('ya').

¿Quién hubiera dicho que yo tendría hijos? Y dos, para más inri. Siempre me visualicé como un lobo solitario, una especie de eremita antisocial, psicopático perdido. Todo el mundo sabe que llevaba ese camino, y a fe que lo cultivé durante algún tiempo. Nunca he querido ser parte del rebaño ni he escondido esa parte mía, quizá algo oculta hoy en día, como decía. Pero siempre acaba volviendo, la puta oscuridad, sieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeempre. 
Mi amigo Xavi dice que no se puede extirpar. Que no vale la pena luchar. Que hay que construir a partir de eso. No puedo estar más de acuerdo. 

Es como si la viera en mis sueños, premonitoriamente, persiguiendo una idea de justicia que nada tiene que ver con la auténtica poesía. Como la tormenta que no ceja en su empeño y amenaza a los agotados marineros de una desvencijada embarcación, con los arrecifes y la agitación del adorable silencio cerca, en un encuentro casual sospechosamente programado de antemano y destinado al más terrible de los finales: la muerte por congelación.

lunes, 10 de octubre de 2016

EL SISTEMA (SEGÚN LAS SERIES DE TV): DE BLACK MIRROR A MR. ROBOT (PASANDO POR STRANGER THINGS Y THE NIGHT OF)

Aquí viene una entrada sobre TV shows, ahora que parece que he recuperado cierto ritmo y vuelvo a disfrutarlas.
Escribiendo el título me doy cuenta de que hay una temática común y algunas ramificaciones que se derivan de la misma y que se pueden relacionar; para empezar, mi serie favorita de este año es o ha sido The Night Of, y os diré por qué: porque me encanta la estética HBO y me recuerda a The Wire (con ese pequeño homenaje a Los Soprano que no voy a desvelar aquí).
Vale, lo he reducido a una lógica demasiado simple, voy a tratar de explicarme:
The Night Of está hecha con mimo, como casi todo producto HBO, y tiene un elemento de denuncia importante que no me desagrada; su factura atrapa, con su densa fotografía gris ceniza y la sensación de que la trama importante subyace al envoltorio, cosa que vas descubriendo progresivamente. El protagonista, y he aquí otro punto en común con las otras sereis de las que quiero hablar, representa a una minoría racial en la cuna del mundo contemporáneo (USA), el otro brazo en el que se sustenta la trama (¡son sus ojos y sus silencios y su evolución radical!), Riz Ahmed. Luego está John Turturro que, aunque con una visión algo estereotipada sobre la abogacía, es todo carisma. Y Omar Little, desde luego, como prueba viviente de que el sistema está podridísimo. En resumen: me gusta por el cómo sobre todo, por ese slow down tan agradecido.

Mr. Robot. Es la serie que estoy viendo en este momento. Es la prueba evidente de que no hace falta hacer nada nuevo para gustar, sorprender o hasta sentirse identificado si cabe; El Club de la Lucha, Anonymous, Snowden, Orwell y el Big Brother si retrocedemos, V de Vendetta, Matrix... las referencias son interminables, pero no por ello resulta menos válida. El protagonista también tiene su historia étnica, pero al igual que Ahmed, Rami Malek destaca por su expresividad para acabar regalándonos un papelón como pirata informático marginado y revolucionario. En cuanto al contenido... pues que está muy bien hacer pensar a la gente, que funcione o esté desprovisto de sustancia o fondo real ya será otra cosa...
No, en serio, reflexionando un poco sobre la pérdida de la privacidad, en el cómo hay una fina línea cada vez más tenue entre la esfera pública y la privada; en cómo la tecnología rige nuestros pasos, unos pasos en los que la inmediatez lo es todo; en el control que ejercen sobre nosotros las autoridades y otros poderes fácticos con chismes que nos venden en nuestra puta cara como ávidos consumistas obsesionados con el éxito social y económico y en no envejecer que somos; en la exhaltación de unos valores carentes de toda ética y, qué cojones, de algo de moral también... pues, en ese caso, si sirve para remover alguna conciencia... pues genial.

Siguiendo esta línea, aunque un tanto irregular en su resultado final, englobo a Black Mirror, la serie que, por antonomasia, avisa sobre algunos de los peligros mencionados antes. Bajo la fórmula de capítulos independientes entre ellos (tres en las dos temporadas que han hecho hasta la compra de Netflix)*, trata casos extremos aunque escandalosamente probables -en un futuro no muy lejano. La primera temporada ya tiene algunos años, y he de decir que no sé cómo no llegué antes a una serie así; el primer episodio, el del Premier y el cerdo, es muy llamativo pero exgerado en su desenlace, como si quisiera llamar la atención sobre lo que estaría por llegar. No voy a desgranarlos todos, solo diré que mis favoritos, los que realmente mi hanno colpito, como se dice en italiano, son: Tu Historia Completa (también de 2011), Ahora Mismo Vuelvo (2013) y, en menor medida, el 15 Millones de Méritos (2011) o cómo ser absorbido -cómo desear esa comodidad de la que hablaba en mi anterior post de John Banville- por un sistema que en un principio quisiste hacer saltar por los aires, devolviendo así mis pensieros a esas ramificaciones comunes de las que he ido hablando: revolución, apenas, sí, pero desde el sofá (no penséis en la situación política española, por favor) y arañando solo la superficie, no nos vayamos a romper en mil pedazos (y hay que seguir viviendo del cuento).
Al menos los protagonistas de estas series no son convencionales, las tramas tienen un poso que debería, como mínimo, hacerte reflexionar; su factura es impecable -qué buena televisión se hace ahora, eh- y, en última instancia, son entertainments puros, que es de lo que se trata al fin y al cabo.


Acabo, al hilo de esto último, con Stranger Things, los niños que han revolucionado el cotarro; un bonito ejercicio melancólico -parece que los ochenta fueron la leche-, una gran actriz recuperada para la causa (Winona) y abundantes dosis de misterios y conspiranoias para deleite de mis entrañas (¡esa música!).
Ahora sí: si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Hablar sobre otra sociedad, sobre la posibilidad de que otro mundo esté en boga, uno justo y sin desigualdades basado en el respeto, la educación y con un adecuado uso de los chismes tecnológicos, me provoca una sonrisa de oreja a oreja al pensar en el carácter de los sicilianos y en esa frase de El Gatopardo (adaptada a la política sobre todo), y al hecho de que nos ofrezcan estos temas en bandeja de plata como signo de la seguridad y el confort que desde el poder tienen aquellos que sin ningún reparo ni pudor nos muestran cómo podrían ser las cosas en realidad (ya que son perfectamente conscientes de nuestra incapacidad para dar un paso al frente).

* ¡olvidaba el especial de Navidad de Black Mirror, que todavía no he visto!

sábado, 8 de octubre de 2016

TRASTORNOS



Los fines de semana que trabajo tengo la sensación de que el tiempo se me escapa de las manos como el viento abrasador del Sáhara, que en julio agita las cabelleras del vecindario con una promesa de calor tan efímero como el rato que acabo pasando en la calle.

La noche, que trae tan pérfidos presagios como los nubarrones que avanzan por poniente estos días, tiene elementos superficiales como los arañazos de una herida apenas audible. ¿Qué hice yo, con la noche, ahora que volví a toparme con ella?

Y entonces me cruzo con John Banville y no sé qué hacer ni cómo seguir intentando escribir cuando mi esposa ha vuelto a trabajar y a mi se me acumulan los achaques;

Se supone que la vida, la auténtica vida, es una lucha, una afirmación inagotable, la voluntad embistiendo con su cabeza roma contra la pared del mundo, cosas por el estilo, pero cuando vuelvo la vista atrás me doy cuenta de que la mayor parte de mis energías se dedicaron siempre a la simple búsqueda de cobijo, de comodidad, de, sí, lo admito, un rincón acogedor. Comprenderlo se me hace sorprendente, por no decir escandaloso. Antes me veía como una especie de bucanero, enfrentándome a todo el que se me ponía a tiro con un alfanje entre los dientes, pero ahora me veo obligado a reconocer que me engañaba. Esconderme, protegerme, guarecerme, eso es lo único que realmente he querido siempre, amadrigarme en un lugar de calor uterino y quedarme allí encogido, oculto de la indiferente mirada del sol y de la severa erosión del aire. Por eso el pasado supone para mi un refugio, allí donde voy de buena gana, me froto las manos y me sacudo el frío presente y el frío futuro. Y, no obstante, ¿cuál es la verdadera existencia del pasado? Después de todo, no es más que lo que fue el presente una vez el presente ya ha pasado, no más que eso. Pero vaya.

Espero que estos trastornos del sueño sean pasajeros o voy a acabar mal. 


sábado, 24 de septiembre de 2016

APUNTES Y ACLARACIONES SOBRE MI CASAMIENTO


Quería dejar escrito aquí en mi blog unas consideraciones acerca de mi boda con Laura, acaecida el pasado tres de septiembre, en vista de algunas reacciones que no se han acabado de entender.
Lo primero: la idea inicial era que fuese una boda sencilla. Subestimé el poder de sugestión familiar. Firmamos por lo civil y luego lo celebramos en una masia de la campiña bergadana, resumiendo mucho, lugar que era demasiado pequeño como para acoger a tanta gente.
Vamos, que se nos fue de las manos. Y ya era tarde para invitar a personas que quizá deberían haber venido; un dato, solo uno: no vino ningún amigo de Laura. ¿Qué os dice eso? La cosa era bastante desigual, por decirlo de un modo light, y el espacio era el que era.
Lo segundo: fue estresante. Visto con perspectiva, incluso muy estresante. Muchos dicen lo mismo de sus bodas, sobre todo cuando hay hijos de por medio. Yo no podía pedirle a ningún familiar que vigilara a mi primogénito, así que no di abasto. Lo hice con gusto, pero si me preguntan, no puedo decir que disfrutara del día.
Lo tercero: no era una boda. Todavía hoy lo sigo diciendo, supongo que como para justificar la falta de elementos tradicionales o ligados a tales celebraciones. Craso error. Reconozco que no he sabido llevarlo, cosa que aprovecho para volver al primer punto; entiendo que algunos puedan haberse sentido molestos o enfadados al no invitarles o darles la buena nueva (la noticia de nuestro enlace). Otro gran error, pues: no informar o contar con absoluta normalidad -sin tener que conllevar una invitación a la fuerza- que me casaba, que Laura y yo nos casábamos.
Sinceramente, pensaba que lo de cerrar el círculo tras juntarme, vivir juntos y tener dos hijos en común era lo de menos. Me di cuenta de ello justo antes de entrar a la Església Vella, al ver todo aquel mogollón (por no hablar de lo del sudor posterior), de cuán equivocado estaba...
Una boda, por lo visto, no sólo pertenece a los dos enamorados que deciden celebrar semejante unión, sino que es un compendio de intereses que giran alrededor de la pareja en teoría protagonista; algunos pululan como abejorros, ávidos de regocijarse en la mierda o de meter cullerada, como se dice en catalán, ávidos de meter baza. Comúnmente se acepta el dicho de que hay gente que te quiere bien y que solo quiere compartir un día tan especial con la pareja que lo celebra, sin otras pretensiones, oh, qué gran mentira...
Cuarto, y sigo: yo no he necesitado gritar a los mil vientos que me casaba. Para mí casarme era un festejo muy personal que sobre todo quería disfrutar con mi esposa y familiares. Acepté el jaleo que suposo organizar tal evento como un acto más de mis vacaciones y de cesión voluntaria ante algo que yo jamás he disfrutado: la familia (en su sentido más amplio), algo nuevo para mi. 
Gocé más del fin de semana entero en la casa, digo, con Xavi y Lluís, Ace o mi hermano Ricky, por ejemplo, que en la jornada del casorio en sí. Y lo digo por ahí sin problemas, puede que con cierta ingenuidad, porque no tengo que rendir cuentas ante nadie y soy libre para hablar de mis cosas con quien quiera: por eso no puedo pedir perdón a los que se han molestado o enfadado por alguna de las razones mencionadas en este escrito u otras (aunque sepa que el mundo no funciona así).
Aclarado esto, sí, mi mujer es mucho más práctica que yo, que me hago sangre por nada, podríais preguntarle a ella; lo único que hice fue jurarle amor y fidelidad eterna en público y, lo único que pretendo, es ser merecedor de su compañía y su gracia cent'anni como mínimo.
Estaba deslumbrante, joder.
He dicho.


jueves, 8 de septiembre de 2016

MENSAJE PARA LOS PADRES DEL MUNDO

No! No quiero hacerme amigo vuestro! No quiero compartir vuestra mierda! No quiero comparar el nivel de estrés que llevamos encima!
Que nuestros hijos se relacionen, no lo puedo controlar. Vale, lo asumo. PERO NADA MÁS! No quiero nada de vosotros! Me suda la polla que penséis que soy un puto rancio! Que os den, joder. Preocuparos por lo vuestro.
No os necesito.

ALGUNAS PEQUEÑAS CONSIDERACIONES A TENER EN CUENTA PARA PADRES DE DOS HIJOS QUE LLEGUEN MUERTOS A LAS PUTAS ONCE DE LA NOCHE TRAS UNA CENA COPIOSA Y UN INTERMINABLE DÍA EN DANZA CON UN LINGOTAZO DE JÄGERMEISTER COMO COLOFÓN

Joder, tengo dos hijos. Mi mujer va con uno, normalmente el pequeño, y yo persigo al otro, un puto salvaje de tres años y medio. Buscamos el equilibrio.
Hoy cenábamos aquí en Tossa, y solamente os pongo un ejemplo: la pareja de al lado, jóvenes, italianos -con lo que alguna expresión dejamos ir por cercanía, porque nos mola-, tras un salto loco de Luca al irnos:
-(no puedo reproducirlo con una palabra, pensad en el emoticono ese que somiglia pánico según la momia de Munch).
Es difícil ser un equipo, sobre todo cuando estás agotado. Nosotros nos damos cuenta rápido e intentamos cambiar la tendencia al momento. Hoy he visto una bronca de órdago de una mujer embarazada a su marido por no controlar al niño de tres años al tirarse al agua y tal. Es podria ofegar! Decía.
Sé que no somos así y eso me alegra. En un juego que me recuerda a Jóvenes Prodigiosos, diría que el hombre debe de ser comercial o viajante, la mujer con los cojones cuadrados funcionaria o profe de inglés. Él todavía conserva intacto su grasiento pelo negro pero su cuerpo no moldeado y sus tatus de hace veinte años lo delatan: solo piensa en beber y pasárselo bien. No sabe lo que le espera con el segundo, con Olivia...
Sí, porque hablamos. Los padres de otros niños y nosotros. Te relacionas, aunque no quieras o seas yo. Tengo suerte de que Laura sea como yo. Odio hablar con otros, relacionarme en vacaciones. Parece que es lo habitual comunque. Laura tiene un problema añadido: le encanta. Tiene don de gentes, if you know what I mean. A veces me pregunto qué coño pensarán de mis tatus...
Joder, tengo dos niños. Cómo coño voy a estar de luna de miel... Quiero a mi familia. Sobre todo porque les importa un carajo cómo me deje. Lo viejo que me vuelva o si mis ojos son los de Andy Garcia.
Lo importante es el equipo. Brindo por ello, no por sentirse mierda como tantas putas otras veces. Ponme otro, anda, que hoy, con suerte, voy a llegar a las once y media...