martes, 23 de agosto de 2016
RECARGADO
Empiezo la semana de fiesta mayor recargado, como nuevo, y todo gracias a recuperar la confianza respecto a lo que criticaba la semana pasada: la amistad.
El viernes me levanté de currar antes de las 4 p.m. Comí con la calma, me duché... y al salir del baño me encontré con mis amigos en el terrao de casa. Me quedé ipso facto.
En un primer momento pensé que algo malo pasaba. Una mala noticia, no sé. No me chillaron '¡sorpresa!' ni nada al verme, hicieron como si nada, jugando con mis hijos y charlando con mi mujer, conspiradora por antonomasia. Tras unos instantes de duda, fue mi amigo Gnöit, el ancla, el que tuvo que decir: 'bueno qué, espabila, que esto es una despedida'. ¿Cómo? Le dije yo. 'Que nos vamos, tío'. Yo todavía llevaba la toalla puesta en la cintura.
Se ve que costó organizarlo. Es difícil unirnos a todos para una mañana o una tarde, imagínense para pernoctar una noche. Me trataron sin aspavientos, como fue mi deseo -de hecho yo no quería hacer nada-, y acabó siendo memorable. La excusa de que uno de los nuestros se casara sirvió para liar una de nuestras salidas nocturnas locas: de eso se trataba. Y a fe que, sin entrar en detalles, fue brutal. Solo diré que me siento yo mismo cuando estoy con esos tíos, y eso no tiene precio.
Me siento algo culpable por haberme desconectado de ellos. Mentalmente, me refiero.
Es indudable que los devenires del día a día absorben a uno y los límites no siempre quedan claros, ya que el tiempo, cuando creas una familia, es más relativo que nunca; pensad que a mis amigos Tognâo y Pakâo no los veía desde la cena que hicimos en Navidad... Y luego mis charlas con Gnöit, en las que ambos anhelábamos los tiempos en que no existía nada más, habían dejado crecer una desconfianza tan impropia como vergonzosa. Solo puedo dar gracias por haber podido invertir esa tendenciosa tendencia, reconociendo además que estaba equivocado: la Ælacena no puede morir. Pero ya no por autoconvencimiento o por falsas creencias cimentadas en mitologías de antaño, no, si no por convicción real basada en hechos concretos.
Me siento recargado y agradecido.
jueves, 18 de agosto de 2016
LA HUIDA
El pasado ya no existe y el presente choca con el ansia por descubrir el futuro, un desasosiego que parece no tener fin.
Lo único que cuenta es anticiparse, llegar antes que los demás para salir indemne y que nada te sorprenda tanto como para que tus vergüenzas destruyan todo aquello que te identifica.
He estado pensando mucho estos días en que he vuelto a recuperar cierta rutina física deportiva; he corrido por los caminos que desde hace cinco años he hecho míos, siguiendo la moda de correr que empecé entonces, y he hecho sprints como un loco sudando tanto que no recordaba que mi cuerpo pudiera supurar tanto.
Las vacas han vuelto a pastar por estos campos míos y he visto más animales que nunca: una ardilla que subía por un árbol, como en Alvin y las ardillas, y muchos conejos, por lo menos cinco o seis. Uno incluso lo vi perfectamente delante mío, hasta que no menos de a dos metros retrocedió y se escapó a toda leche por una frondosa arboleda. Parecía que me esperaba, el jodido. No tuvo miedo a mi llegada -no es que sea Usain Bolt, entiéndanme- y me aguantó la mirada unos segundos y todo, con esos profundos ojos negros. El hombre y la naturaleza en comunión, pensé. Luego me sobrevino un escalofrío que me ha costado abandonar, un brivido cercano a la conspiranoia gracias a los amigos de Stranger Things, la serie del momento.
Sea como fuere, después de un año en el dique seco por culpa de mi espalda, recuperar el empeño en conseguir una buena forma física -quizás también con el agravio de la boda de septiembre- me ayudado a ver las cosas con un poquito más de claridad. Es como si el ejercicio físico extenuante aclarara mis pensamientos, consiguiendo perspectiva donde antes solo había oscuridad o bloqueo. O puede que solo me ponga contento y de buen humor volver al ruedo, no sé.
Tengo a mis endorfinas revolucionadas. Es que también tengo ganas de casarme, joder. No por el día, porque sé que lo voy a pasar mal aunque insista en que no hay nada tradicional como pastel o baile o regalos o esas gilipolleces de salón. No me gusta no pasar desapercibido pero tampoco puedo beber esta vez, así que no sé cómo diablos voy a hacerlo. ¿Conocéis algo que mi organismo pueda segregar artificialmente y no me deje muy paposo?
Es en estos acontecimientos cuando no se abre la boca solo para comer: todo son contratiempos, para los que organizamos, todo son demandas y caras largas. Siempre hay algún familiar o amigo despechado que siente la necesidad de hacerse notar, como la invitada que acude de blanco al convite, pretendiendo así eclipsar a la novia.
Siempre estoy huyendo, sobre todo cuando llega mi hora en el curro. A veces no saludo, seguro que algunos piensan que soy un borde. Solo cuando me atrinchero en mi palomar, con los míos, me siento seguro, ya que mis costras no me hacen sentir mal por mierdas sociales o convenciones creadas con bases de barro; la amistad pierde escalafones a medida que pasan los años, pierde fuelle, hablábamos esta noche con mi colega Raúl: las decepciones son cada vez menos frustrantes porque es demasiado fácil acostumbrarse a ellas. Te tomas con naturalidad un desaire que antaño te hubiera parecido la ofensa del siglo porque, qué cojones, ya somos grandecitos y tampoco pretendes poner en apuros a nadie. En cuanto a mi, cada vez siento menos aquella necesidad imperiosa de dar explicaciones y acabar imponiendo mi punto de vista. Intento simplificar mis relaciones para centrarme en lo verdaderamente importante: la familia. No es una cuestión de vida o muerte, la amistad y el sociopatismo digo, con el paso de los años.
jueves, 4 de agosto de 2016
lunes, 1 de agosto de 2016
CARTA ABIERTA A LOS PADRES TREINTAÑEROS*
Queridos padres treintañeros:
No os veo en el supermercado porque normalmente, en una familia nuclear, uno de los miembros se queda en casa pringando y esperando con ansia el regreso del otro, que hará lo que sea para dilatar esa 'escapada' aunque en casa haya un incendio y arda Roma entera.
Os veo, pues, empujando un carrito con aire distraído, disfrutando de uno de esos momentos de soledad perdidos y, cuando nos cruzamos en el pasillo de los productos de limpieza, nos miramos con una mezcla de picardía y orgullo secreto, como si ambos fuéramos cómplices de una misma ofensa inofensiva, valga la redundancia.
He pasado casi todo el mes de julio en la piscina pública de mi pueblo y, si hay un espejo de lo que es ser padre ahora en verano -con este jodido calor-, es una piscina pública con unos lifeguards deseosos de usar su silbato y suplantar nuestra autoridad. Ahí vamos: saltando de la pequeña a la grande y a la mediana indistintamente y según vayan apareciendo estímulos para nuestros pequeños, sin tiempo para maravillarnos con sus payasadas porque estamos demasiado estresados concentrándonos en evitar leñazos y males mayores. No estamos distraídos, estamos pendientes y agradecidos si podemos turnarnos la vigilancia y los juegos para nadar unos largos y conseguir así unos minutillos extra de tranquilidad.
Es cierto, estamos cansados. Nuestro cuerpo no es el que solía ser pero no es solo debido a nuestros hijos, ya que el paso de los años y la pereza de algunos hábitos adquiridos -nocivos, se entiende- han hecho mella en nuestros torsos antaño tonificados.
No pasa nada. No voy a ofenderme porque me llamen gordo (¿fofisanos, dirían?) o porque se ensañen con mi blanco nuclear o mi progresiva pérdida de pelo. No son heridas de guerra. No le voy a echar la culpa al hecho de haber querido formar una familia, al hecho de haberlo ELEGIDO.
Puede que los veinteañeros estén cerca o al otro lado, yo qué sé. Yo no los veo. No creo que ojeen revistas, más bien deben estar pegados a las pantallas de sus smartphones buscando algún Pokémon o de postureo con los dichosos selfis, eso sí. No creo que piensen en el mañana ni en lo que se van a convertir.
Hemos dejado de pensar en nosotros mismos, desde luego, pero no por eso mi mujer o yo mismo vamos a dejar de lavarnos el pelo cuando toque. Ellos son la prioridad, está claro, y lo de perder horas limpiando, cocinando o contando cuentos no puede suponer una tortura. Nosotros lo asumimos como parte del proceso con una naturalidad fingida aceptada sin resquemores.
Aquí ya somos bilingües por nacimiento y podemos llegar hasta ser trilingües si hace falta. Los niños no son solo esponjas, sino que son como una tienda de esponjas con almacén y todo, como diría Fernando Pessoa. Los dibujos animados como Peppa Pig o La Patrulla Canina, todo un fenómeno global en este mundillo de padres, servirán como estupefaciente y como preludio para las aventuras que sean capaces de imaginar en sus brillantes e inocentes cabecitas. ¿Negociar con terroristas? Jamás. Si cedes o te comen la tostada, estás muerto. No pueden salirse con la suya: es una lucha que, por nuestro bien, no nos pueden ganar. Nos va nuestra capacidad de ejercer cierta autoridad y disciplina cuando sea necesario.
Así es nuestra vida. Claro que no es fácil... ¿y qué?
No creo que estén relajadamente leyendo un libro, tumbados al sol que más caliente, los cuarentones. Yo alargo mis intervalos en el baño con el libro que esté leyendo en ese momento, y así voy trampeando; en vez de cagar en diez minutos, lo hago en veinte y nadie se queja (ni a nadie le importa).
Ser padres forma parte de un proceso inextricable que, dentro de la propia existencia, asume unos condicionantes propios que requieren cierta adaptación; cosa que, así mismo, precisa TIEMPO.
Los cuarentones, en realidad, están aburridos, eso es lo que les pasa. Los cuarenta son como el invierno: aunque se acerquen y sean inevitables, yo los quiero lejos.
¿Cómo iba a dejar de pensar en mi durante toda una década? La paternidad no puede ser para nada excluyente.
Queridos padres treintañeros:
Disfrutar de vuestros peques. Vivir la vida. Y dejad los putos móviles de lado, por favor, que parecéis unos simples veinteañeros...
Con cariño,
Javi.
*una respuesta simpática al artículo de Catherine Dietrich, del mismo título, publicado en El Huffington Post.
No os veo en el supermercado porque normalmente, en una familia nuclear, uno de los miembros se queda en casa pringando y esperando con ansia el regreso del otro, que hará lo que sea para dilatar esa 'escapada' aunque en casa haya un incendio y arda Roma entera.
Os veo, pues, empujando un carrito con aire distraído, disfrutando de uno de esos momentos de soledad perdidos y, cuando nos cruzamos en el pasillo de los productos de limpieza, nos miramos con una mezcla de picardía y orgullo secreto, como si ambos fuéramos cómplices de una misma ofensa inofensiva, valga la redundancia.
He pasado casi todo el mes de julio en la piscina pública de mi pueblo y, si hay un espejo de lo que es ser padre ahora en verano -con este jodido calor-, es una piscina pública con unos lifeguards deseosos de usar su silbato y suplantar nuestra autoridad. Ahí vamos: saltando de la pequeña a la grande y a la mediana indistintamente y según vayan apareciendo estímulos para nuestros pequeños, sin tiempo para maravillarnos con sus payasadas porque estamos demasiado estresados concentrándonos en evitar leñazos y males mayores. No estamos distraídos, estamos pendientes y agradecidos si podemos turnarnos la vigilancia y los juegos para nadar unos largos y conseguir así unos minutillos extra de tranquilidad.
Es cierto, estamos cansados. Nuestro cuerpo no es el que solía ser pero no es solo debido a nuestros hijos, ya que el paso de los años y la pereza de algunos hábitos adquiridos -nocivos, se entiende- han hecho mella en nuestros torsos antaño tonificados.
No pasa nada. No voy a ofenderme porque me llamen gordo (¿fofisanos, dirían?) o porque se ensañen con mi blanco nuclear o mi progresiva pérdida de pelo. No son heridas de guerra. No le voy a echar la culpa al hecho de haber querido formar una familia, al hecho de haberlo ELEGIDO.
Puede que los veinteañeros estén cerca o al otro lado, yo qué sé. Yo no los veo. No creo que ojeen revistas, más bien deben estar pegados a las pantallas de sus smartphones buscando algún Pokémon o de postureo con los dichosos selfis, eso sí. No creo que piensen en el mañana ni en lo que se van a convertir.
Hemos dejado de pensar en nosotros mismos, desde luego, pero no por eso mi mujer o yo mismo vamos a dejar de lavarnos el pelo cuando toque. Ellos son la prioridad, está claro, y lo de perder horas limpiando, cocinando o contando cuentos no puede suponer una tortura. Nosotros lo asumimos como parte del proceso con una naturalidad fingida aceptada sin resquemores.
Aquí ya somos bilingües por nacimiento y podemos llegar hasta ser trilingües si hace falta. Los niños no son solo esponjas, sino que son como una tienda de esponjas con almacén y todo, como diría Fernando Pessoa. Los dibujos animados como Peppa Pig o La Patrulla Canina, todo un fenómeno global en este mundillo de padres, servirán como estupefaciente y como preludio para las aventuras que sean capaces de imaginar en sus brillantes e inocentes cabecitas. ¿Negociar con terroristas? Jamás. Si cedes o te comen la tostada, estás muerto. No pueden salirse con la suya: es una lucha que, por nuestro bien, no nos pueden ganar. Nos va nuestra capacidad de ejercer cierta autoridad y disciplina cuando sea necesario.
Así es nuestra vida. Claro que no es fácil... ¿y qué?
No creo que estén relajadamente leyendo un libro, tumbados al sol que más caliente, los cuarentones. Yo alargo mis intervalos en el baño con el libro que esté leyendo en ese momento, y así voy trampeando; en vez de cagar en diez minutos, lo hago en veinte y nadie se queja (ni a nadie le importa).
Ser padres forma parte de un proceso inextricable que, dentro de la propia existencia, asume unos condicionantes propios que requieren cierta adaptación; cosa que, así mismo, precisa TIEMPO.
Los cuarentones, en realidad, están aburridos, eso es lo que les pasa. Los cuarenta son como el invierno: aunque se acerquen y sean inevitables, yo los quiero lejos.
¿Cómo iba a dejar de pensar en mi durante toda una década? La paternidad no puede ser para nada excluyente.
Queridos padres treintañeros:
Disfrutar de vuestros peques. Vivir la vida. Y dejad los putos móviles de lado, por favor, que parecéis unos simples veinteañeros...
Con cariño,
Javi.
*una respuesta simpática al artículo de Catherine Dietrich, del mismo título, publicado en El Huffington Post.
domingo, 31 de julio de 2016
UN PRETEXTO PARA LAS RAZIAS VIKINGAS
¿Habéis oído hablar sobre las andanzas de los vikingos? ¿Sobre la fiereza de sus incursiones, los pillajes?
Os voy a dar una exclusiva: es todo real. Creo que incluso llegaron incluso hasta América, fíjate.
{...}
Nosotros tenemos al Capitán Trueno, y aquí en el vídeo de más arriba lo vemos luchando con Sigrid de Thule...Ya sabéis de mi predilección por Noruega, los asiduos a este blog, y estos días asistimos a una nueva entrega de los encuentros interculturales que vienen sucediéndose desde hace 19 años, esta vez en mi casa, en mi territorio.
Es un privilegio ser amigo de K. Y ver crecer a sus hijos mezclándose con los míos en el idioma universal, todo un orgullo.
Nuestros encuentros son dichosos y divertidos, aunque esta vez había el riesgo de que A., con casi 2 años, podría ser un bicho de mucho cuidado; mi hijo, L., tan desafiante que no ha habido más remedio que empezar a poner límites en su educación, no le iba a ir a la zaga: mi casa iba a ser un jodido campo de batalla, y así ha acabado siendo. Días después, todavía hoy he encontrado una foto enmarcada mía y de Laura ¡en una rejilla detrás de un calefactor! en la buhardilla, manchas en el suelo de la escalera de la entrada que no se van con ningún producto de limpieza conocido y la sensación de que una horda de salvajes vikingos había arrasado con todo cuanto había hallado a su paso...
No, en serio, les adoro. Escribo esto con una gran sonrisa. Me gusta ese caos tan auténtico que les caracteriza -y les produce 0 preocupaciones por cierto- y me siguen sorprendiendo esas 'pequeñas diferencias' culturales respecto a nosotros; el tema horarios, por ejemplo, incluso con la chicharra que ha caído estos días. Ese 'dejar hacer, dejar pasar' me tiene alucinado, porque luego cuando hay que ponerse en plan poli malo lo hacen sin dudar ni un segundo.
Verles juntos de aquí 10 o 12 años en plena adolescencia (en 2026 o 2027, hay que joderse), relacionándose, siendo amigos, me emociona. Porque sus padres establecieron un vínculo que se perpetua en el tiempo y la distancia y, al final, la vida no es mucho más que eso. K. y yo lo sabemos y por eso precisamente seguimos ahí, en la brecha. Aunque luego esté pendiente de sus meetings por roaming (¿cómo lo harían antes?) para 'tratar unos precios' cuando nuestras preocupaciones son mucho más terrenales y haya esos momentos en que se pueda compartir un silencio que no huela a desaire o a una convicción excluyente sobre la familia y la existencia en general.
miércoles, 20 de julio de 2016
EL (FALSO) VERANO DE DOS MIL DIECISÉIS
El falso verano de dos mil dieciséis, marcado por otro ingreso no deseado, la ausencia del ser querido y los viajes a los mares meridionales; la boda, la masia de septiembre y mi pequeño bimbo, lo recordaré por ser más largo de lo esperado.
Está siendo un verano atípico, este. Tampoco he visto a Albert, muy poco a mis amigos y la necesidad loca de antaño que muta por momentos. Ésta va a ser la cuarta semana de calor intensa sin apenas lluvia. Como dije, me recuerda mucho a aquel verano de dos mil seis -hace ya diez años-, con nuestro bañito en Villasimius el 31 de octubre.
Un verano, este de dos mil dieciséis, sin viaje. Perdón, creo que ya lo he dicho. Una auténtica locura, en este año de locos valga la redundancia, más si cabe por no poder recuperar ni un centavo al final del día. En realidad, desde luego, sí que pensamos en el jodido dinero. De hecho veo el sobre y la mano extendida, unas breves palabras al oído tipo una ayudita para empezar, que Dios os bendiga. Y por qué no.
Mi hijo L. empieza a desobedecer sin ningún pudor. Me desafía a situarme en la disyuntiva de tener que elegir qué clase de padre quiero ser. Si descarto ser el padre-amigo, que es lo más probable, ¿cuán cerca me hallo de convertirme en un padre como el que yo tuve? Necesito unas vacaciones de L., desintoxicarme de él. O me desapego o me la pego, como me dijo mi vecino.

Este falso verano, marcado por una aceleración histórica evidente, más largo de lo esperado, sufrimos esta canícula sin apenas salir de casa y conectados a la red, calculando ese día de septiembre para escribir unos votos. Qué cojones... ¿y por qué no? Ya veréis mi traje. Una auténtica locura.
lunes, 11 de julio de 2016
HABLEMOS DEL CALOR Y DE LA PUTA AGUA HELADA
Llegó el verano y nos fuimos a casa como predijimos. Supongo que el ganador saldrá del Francia-Alemania, al menos eso espero.
Pero hablemos del calor y de Richard Ford. En un año sin largas estancias fuera, el año más caluroso de los últimos diez -aniversario del erasmus-, ya nos hemos escapado un par de días a la piscina y un fin de semana largo a la playa. El agua está helada, no acabo de entender por qué, si es siempre por estas fechas que nos perdemos por nuestros mares. Puede que, al perder ese espíritu viajero este año, percibamos la realidad de una manera tan poco conocida que sorprenda; qué julio tan extraño, caray.
O cómo explicar mi constipado. Mi habitual tos de dos semanas -llevo una larga- en plena ola de calor. El aire del coche, el ventilador del llit dels papis mientras nos dejamos el sudor grunchando como locos, el puto mecánico (pareja de la prima de mi mujer) y, pese a ser buena gente, sus sablazos. Mi no-traje, con agosto cerrado y la novia ya vestida... Como para no agrietarséme el carácter.
El 4 celebramos el cumple de mi amigo Ace en Sant Pol de Mar. Está cerca, ninguno lo conocíamos; bueno, yo estuve con Gnöit como más de diez años atrás pero no me acordaba de nada, y queríamos comernos una paellita al lado del mar. Al no encontrar precios razonables -invitaba yo-, nos pedimos una ración de patatas fritas con algo de carne para engañar al estómago y seguir un rato más. Tengo muchos gastos, le dije, pobre paladar. A las cuatro y media ya pensaba en las tareas propias del ocaso y se me quemaba el rancho.
Luego están las pérdidas, una de las cuales es recuperable en cierto grado. Y eso me pone mucho menos triste que hace una semana, cuando no podía dejar de llorar a mares. No sé si he llorado tanto por alguien antes.
La verdad es que no me importaría ser americano. Leo a Richard Ford con la disimulada envidia de una vida como la de Albert, que serviría para llenar un buen par de guiones ahora que se ha acabado la sexta temporada de Juego de Tronos y no consigo comunicarme fluidamente con él. Leo todos esos nombres de calles, costumbres absurdas y el jodido way of life relacionado con la monotonía universal, con la falta de objetivos vitales y la aceptación-negación del propio ser y me digo... joder, ese soy yo.
Es raro que me refleje en dos norteamericanos y un noruego a mis treinta y seis años. Pero me llegan, Carver y Ford y Knausgård. Aunque de verdad, me gustaría dejar de estar constipado y gozar de este mes de julio sin curro ni viajes, de este calor asfixiante y del agua, que sigue fría de cojones pero me recuerda que este año es atípico, boda incluida. Y que no gane Portugal, gracias.
lunes, 27 de junio de 2016
domingo, 26 de junio de 2016
BEBERTE LA MAR
Una de las cosas que nunca te he dicho es cómo amo el mar. Perdón, la mar.
Incluso si es de noche, como hoy, y he bebido hasta quedarme solo, como ahora, y la percibo allá en el fondo no tan lejos desde el terrao de mis amigos aquí en la Costa Daurada.
Oteo sus luces pálidas que no consigo enfocar, huelo el aroma a arena y sal que lo inunda todo dándole una pátina de circunstancialidad y aventura a estos días de verano.
Porque todo es posible en la mar, hasta desaparecer si hace falta. Es San Juan y todavía arden los corazones de la noche más corta y el aire transporta partículas físicas que al entrar en contacto con mis desnudos pies me sorprenden dejando el rastro tiznado de una pólvora que muy cara no debe ser.
Aunque no te veo, sé que estás ahí. Puedo sentirte. Me llega el rumor del oleaje como una necesitada letanía para mis viejos oídos. Cuánto te he echado de menos, mi amor. Porque el que no tiene la mar cerca, ya sea a una hora en coche o a cinco minutos andando si tienes que hacer el esfuerzo, anhela el tesoro de no tenerla más que otra cosa. Porque la mar es amar, es placer, es dolor... y es silencio roto en estos lares poco nostálgicos por el puto tren de cercanías...
La mar es querer vivir, es la llama que está encima nuestro, un grito imperceptible que reclama obediencia y humildad desde el secreto de los cofres perdidos que reclaman su porción de legitimidad en una esquina, de la misma manera que mis retoños y mi futura esposa descansan sabedores de que son amados mientras escribo como yo siento la mar en estos momentos aquí, sentado, entre mi copa y mi soledad que me produce la mar, mi debilidad.
miércoles, 22 de junio de 2016
EURO'16: ANCORA LORO!
El lunes nos enfrentamos a Italia en octavos de final de la Eurocopa. Ancora loro, todavía ellos.
Nuestra historia de amor viene de lejos, concretamente desde el codazo del hijoputa de Tassotti a Luis Enrique en USA'94. Costó quitarnos esa espina nada más y nada menos que 14 años. Y sufriendo, ya que tuvimos que esperar a los penaltis para batirles. Entonces, un imberbe Fàbregas que hoy lleva el acento cerrado en la zamarra y lidia con las voces que reclaman su puesto en el once, engañó al mejor portero del mundo en el último y decisivo penal de cuartos de la Euro'08. Y a partir de ahí empezó nuestra historia de amor con gli italiani del cazz... y con los grandes torneos (hasta la infamia de Brasil'14), ganando dos Euros y un Mundial e imponiendo el tiqui-taca dappertutto, allende los mares.
Sin embargo, nada es para siempre, y menos en deporte (que le pregunten a chef Curry que se veía ganando el segundo anillo seguido); la competición hace que tengas que ir renovándote si quieres sobrevivir, aunque la mayoría de las veces se aprende a base de hostias -como nosotros en Brasil-, que es lo que te hace reaccionar. La cuestión, aquí, llegados a este punto, es si la Roja está en ese impasse, si hemos completado esa necesaria transición. Ya dije en mi anterior post que creía que nos habíamos quedado a medias, al ver la lista, y que no daba un duro por llegar lejos. Los dos primeros partidos demostramos ganas de enterrar el desastre del Mundial siendo fieles a nuestro estilo, pero ayer los croatas nos dieron bien pal pelo en una segunda parte para olvidar...
Vayamos por partes:
1.- Ya estábamos clasificados, y si jugaron con el freno de mano echado? Es cierto que los cruces como segundos son mucho más chungos pero puede que el inconsciente nos jugara una mala pasada.
2.- Del Bosque repitió alineación. Aunque sea una competición corta, el equipo lo notó. Con 4 o 5 cambios hubiera bastado (Bellerín, Koke, Aduriz, San José por Juanfran, Fàbregas, Nolito y Ramos). Para que traer 23 si no?
3.- El doble pivote. Está claro que a Del Bosque le gustaría no dejar siempre solo a Busquets. Bruno Soriano es bueno pero no sabe vascular. Es demasiado medio-medio y sufre cuando tiene que caer a banda. Apuesto por Koke para dar más consistencia ahí.
4.- Temas Fàbregas y Nolito. Cesc está corriendo mucho pero no aporta nada excepto por la asistencia de ayer. Koke, como decía, abarca más campo y podría ser el encargado de chutar faltas y córners, lo veo. En cuanto a Nolito, ha empezado bien por el tipo de jugador tan raro que es: se ofrece, combina bien, intenta encarar, tiene pase, calidad y gol... Una mezcla entre Villa y Onésimo. No obstante, le veo nervioso. Le quema el balón, parece cansado... Apostaría por tirar a banda a Morata y hacer entrar a Aduriz a pegarse con la defensa de la Juve y a esperar que cace alguna, aunque Morata está tocado (3 goles ya) y no sé si sería buena idea ponerse ahí a luchar con un Candreva al que Alba va a tener que secar sí o sí si no queremos problemas...
5.- Italia. La Azzurra suele jugar con 5 centrales con carrileros fonderos que habrá que parar, como decía. Llenan el medio campo con jornaleros como Parolo, De Rossi, Motta o Giaccherini por la banda ante la ausencia de los cracks Veratti y Marchisio. Arriba tienen un tocho como Pellè, un Luca Toni, y la incógnita Eder. El banquillo tiene alternativas que me encantan y que pueden ser armas importantes: calidad en Bernardeschi, Insigne e il Faraone El Shaarawy.
6.- Italia (2). La Italia dei coglioni. Son todo voluntad, arrojo, fuerza, ganas... sobre todo tras las bajas, que le han restado calidad. Y Conte, que me parece un técnico brutal, todo un estratega. Y las ganas que nos tienen tras la desfeta de la Euro de 2012 y el 0-4 que les metimos en la final...
Va a ser duro, vamos a ver cómo contrarrestamos todo esto el lunes. Aunque siga viéndolo jodido (le sumo la mierda extra deportiva sobre el portero o las declaraciones inoportunas de Pedro, que no auguran nada bueno), hay que creer en los campeones, se lo han ganado. Con nuestro estilo y algo de consistencia y con un Morata enchufado que intentará liarla ante sus ex compañeros, sé que podemos. Y no menospreciemos a esta Italia que aparentemente nos tiene miedo (nos lo hemos ganado), que sono ancora loro...
lunes, 13 de junio de 2016
EURO'16: NOS VAMOS A PIQUE
Mañana debutamos en Toulouse contra la República Checa en la Eurocopa de fútbol, título que defendemos desde 2008, año en que rompimos un histórico gafe de cuarenta años.
Voy a ser claro: nos hundimos. No hay nada que me haga pensar que hemos superado la debacle de Brasil'14. Empezando por la lista de 23, enumero jugadores que sobran y sus sustitutos: Azpilicueta, Bartra, Fàbregas, Pedro, Casillas y San José; Albiol, Denis, Saúl, Callejón y Williams (el tercer portero me da igual). Tema Casillas: su tiempo ya pasó. Es el mejor portero de la historia de España, pero ya no. Punto.
Digo que nos hundimos porque Del Bosque no ha hecho la revolución que tocaba, ya que ha respetado jerarquías y servicios prestados en demasía. Y eso que es el entrenador más laureado de nuestra historia, pero su tiempo también pasó.
Es una evidencia muy dolorosa, la del paso del tiempo, y la Roja está en ese periodo intermediario, indefinido, en una transición que podría haber sido menos dolorosa con un equipo joven y completamente renovado.
Va a ser un torneo muy físico y con pocas diferencias en el marcador, por lo que estamos viendo. Los equipos se defienden con uñas y dientes y hasta la selección más débil está hiper trabajada tácticamente. Y ahí nosotros sufrimos, al intentar abrir la lata. Todavía no hemos sido capaces de encontrar alternativas al fin del tiqui-taca, a este regreso al catenaccio más bizarro.
Al primer cruce caemos. Dicho esto, por nombres y pese a la poco satisfactoria lista, somos los mejores. Por eso me joroba y me va a jorobar aún más hacer la crónica de una muerte anunciada. Un poco como al Barça de Pep y siguientes: 80% de posesión y 0 ocasiones de gol. Y Busquets sufriendo.
Mañana empezamos. Voy con el freno de mano echado, no puedo negarlo; además, con esos comentaristas/periodistas/forofos de Mediaset dan ganas de pinchar los partidos por internet y enviarlos al carajo pero bien...
Mis favoritos para ganar la Euro: Francia, Alemania y Bélgica. Sin embargo, eso no quiere decir que no anime a mi selección porque, si empezamos bien, ojito, que somos los actuales campeones y merecemos estar en la terna por méritos propios.
Como me gustan estos grandes campeonatos...
domingo, 5 de junio de 2016
EL ANILLO Y LA NOSTALGIA
Aquello que veo a mi viejo amigo Míkel en la tele mientras disfruto de la paz de la casa dormida -excepto por los ronquidos de la gordita Chloe- y recuerdo aquel verano interminable de 2006, aquel gran verano del cambio...
Ese año fue mi segunda huída hacia adelante. Necesitaba el dinero para empezar con buen pie un erasmus que, a principios de año, solo tenía claro que quería que fuera en Italia, en una ciudad tranquila y a ser posible costera.
Volví a Mallorca, pues, a lo conocido; tres años después, el hotel Luna Park ya no era un vergel novedoso de chicas y oportunidades infinitas. Los compañeros de trabajo también habían cambiado y acabé internacionalizando mis contactos hasta puntos insospechados. Así a bote pronto, recuerdo al Samurái y a Sicario, apodos ambos, y a Miguel, nativo. Samurái era sudamericano y Sicario portugués; Miguel era un trozo de pan y me dio lástima perder el contacto con él en su momento.
Luego estaba Míkel, un vasco de Bera, Gipúzcoa, un busca vidas entrañable. Hasta Cagliari me siguió, el tío, buscando su camino y su lugar en el mundo.
2006 fue un gran año, muy caluroso. Diez años hace ya, joder. Mundial de Alemania. Recuerdo que nos bañanamos el 30 de octubre en Villasimius. Íbamos Míkel, David, Arthur y yo en aquella tartana naranja que tardó una hora y media hasta la playa desde la Piazza Matteotti. Luego tengo innumerables recuerdos en la casa de via Logudoro y con Isalen y Julia y aquel giro por la península y las escapadas e incluso alguna borrachera; visto en perspectiva, fue una gran experiencia en un momento en el que necesitaba encauzar mi carrera y olvidarme de relaciones tóxicas.
Todavía no he visto a Isalen. Se ha venido a vivir a Barcelona y trabaja en la Casa del Libro de Paseo de Gracia. También he pensado en ella después del documental del Catalunya Singapore donde vi a Míkel, aunque nuestro contacto es casi semanal. Es sobre una vida pasada, fotogramas de una manera de hacer que siempre creí que perpetuaría como mi pazzo amigo; sin embargo, cierta estabilidad me llegó cuando tuvo que llegarme. Y a fe que la abracé con entusiasmo.
A mi amigo Arthur, todavía en la Guayana Francesa, le noté una lígera decepción al escribirle por lo de mi primer hijo. Aquello significaba terminar con un modo de vida, liquidar una época gloriosa de nuestras vidas en que lo único que importaba era lo que sucedía en el momento concreto; lo que pasa en Logudoro se queda en Logudoro. Chirico Devoto, los viajes, la playa... retazos de una primera edad adulta sin responsabilidades ni penalidades de ningún tipo, excepto las que cada uno arrastrase por su propio bagaje.
Perdí la inocencia al quedarme sin un chavo. Tuve un gran fin de fiesta en Roma pero perderme el regreso de Héroes en otoño de 2007 a causa de mi vuelta al mundo laboral fue la constatación de que mi liga era otra y que, si quería optar al anillo de campeón, tendría que arrastrarme por el puto lodo sin remedio, aunque es aquello que veo a mi amigo Míkel por la tele brindando a 13.000 kilómetros de distancia y me viene una nostalgia tan bonita que no sé yo...
domingo, 22 de mayo de 2016
ARRIVEDERCI, MITO*
Cuando los viejos referentes caen y uno intenta aferrarse a lo que sea con desespero mientras el otro pierde la fe en el futuro.**
¿Dónde están los mitos? ¿Dónde están nuestros referentes, nuestro guía y amparo?¿Tan difícil es hacer buena música aunque sea sin innovar porque ya esté todo visto y hecho?
¿Ha muerto la cultura o somos nosotros los que estamos tiesos y no soportamos la idea de hacernos mayores ya que, al hacernos viejos, perdemos la ilusión por las cosas?
De todas formas he de decir que yo no soy tan cenizo como mi amigo Ace, supongo que debido a la paternidad. Lo que sí que el efecto de esa magia que otrora duraba semanas ahora apenas alcanza, y eso jode porque crees que nada podrá volver a arrancarte un efecto como el del deseo y las reacciones químicas que éste produce en tu cabeza -como la adrenalina- estallando en tu cuerpo de manera descontrolada y febril.
* Título inspirado por el disco de Luciano Ligabue, Arriverci, mostro! (2010), después de leer esto suyo:
"Ognuno di noi ha i propri mostri, i propri fantasmi. Li si possono chiamare ossessioni, paure, condizionamenti, senso di inadeguatezza, aspettative e chissà in quali altri modi ancora. Sappiamo, però, che sono vivi e sono il filtro attraverso cui chiunque matura la propria, personale visione del mondo".
sábado, 7 de mayo de 2016
DESCONECTANDO
A veces, cuando cierro los ojos y me dejo ir, tengo la sensación extraña de querer no pertenecer a este mundo e imaginarme cómo sería la vida sin mi.
Veo las cosas desde fuera y el apoyo paterno que tendrían mis hijos no existiría, tal y como nos pasó a nosotros, abandonados a nuestra suerte a no tan temprana edad.Reconozco que me puede el sueño y que la conexión que he establecido con mi hijo mayor, mi luz, es tan fuerte como el amor lactante y desesperadamente psicótico de una madre.
Mi hijo pequeño ya sonríe y yo me veo conduciendo de noche por la ciudad desierta con la banda sonora de Drive a todo trapo; no hay nada original en pensar en la soledad que otros llevan como una pesada losa y a mi me eleva hacia lugares en los que estuve y que invariablemente forman parte de mi ser.
Siento una desconexión hipnótica irreverente que hace que, a veces, quiera ser ese puto caracol que tiene la paciencia suficiente como para llegar a buen puerto. Y me arrastro por la campiña buscando cierta decencia para mi condena, ésta que se desarrolla en la dualidad del mundo que envejece y se desgasta con las palabras que trato de utilizar mientras ubico a cada militar en su lugar.
domingo, 24 de abril de 2016
EL ATAÚD
Ayer fui a Terrassa a la entrega de los premios del VII certamen de relatos cortos del diario de la misma ciudad.
Me llamaron el lunes desde un número largo y pensé, mierda, alguien me quiere joder. Pero no; eran los del diario que me notificaban que había quedado finalista y querían que confirmara mi asistencia a la ceremonia del 22, día antes de Sant Jordi, en la Nova Jazz Cava.
Qué puedo decir... me puse nervioso de contento. Se presentaron 1403 relatos inéditos, de los cuales 931 en castellano (mi categoría) y 472 en catalán. Seleccionaron 20 finalistas así que, joder, había para fliparse. ¡Para ser la segunda vez que me presentaba a un concurso no está mal!
Llegamos tarde, por lo que no pude beber nada antes. Fue todo muy serio y breve pero al menos lo pasamos bien con mi amigo Ace, que ya tocaba. Y luego hasta nos fuimos a descubrir la ciudad y todo.
Dejo mi relato a continuación:
EL
ATAÚD
El
tanatorio estaba atiborrado de gente. A muchos no los conocía y
además sonreían y hablaban en voz alta como
si estuvieran en un funeral irlandés; había en el ambiente un
jolgorio generalizado difícil de entender.
El
lugar era enorme, con un estilo barroco un tanto recargado y flores
por doquier. Pese a que no había ningún símbolo religioso, pensé
que no sería mala idea darme una vuelta y observar de cerca el
panorama antes de proseguir mi camino.
Mis
amigos acudieron al entierro con poco tiempo de antelación. Con
ellos no iba la cosa, sabían de mi generosidad. Mi mujer, que lucía
un velo negro y un sencillo tocado de plumas, lloraba sin consuelo y
se tambaleaba agarrada al ataúd, que aparecía cubierto con una
bandera local dejando el suficiente espacio como para verme bien
arregladito -con aspecto cerúleo, eso sí. Me sentí aliviado.
Al
otro lado, en la entrada, los de la funeraria repartían
recordatorios con aire distraído y trajes de tonos claros. A poca
distancia, mis hermanos les observaban con desdén, atentos a
cualquier posible maniobra mientras mis dos socios, dos tipos con los
que hacía barbacoas y salía en bicicleta los domingos, discutían
sobre cómo recoger los pedazos de la exitosa multinacional que, con
mi fallecimiento, había dejado de ser un triunvirato; apartados, en
el fondo de la sala, urdían su complot sin esconder una evidente
agitación que haría palidecer al mismísimo César.
Dentro
de la algarabía general, una figura aislada destacaba sobre las
demás por su discreción. Todos querían su parte del pastel menos
él, que permanecía impertérrito, ajeno a la inquietud de los
conjurados. Me deslicé con cuidado por si percibía mi presencia;
desanimado, decidí acabar con mi excursión poco después. Era la
única persona a la que siempre temí, la única a la que dejé fuera
del testamento pese a darme la vida primero y quitármela de
improviso después.
martes, 19 de abril de 2016
ENEMIGO ESPACIAL HUSMEANDO
El otro día fue el cumpleaños de mi madre.
Lleva veintitantos días alejada del mundo, a resguardo de pérfidas influencias y una realidad obsoleta; yo ya vuelvo a estar como si nada si no fuera por lo agotadas que me resultan las noches.
Hay tres factores que me han hecho pensar, volver atrás: la película Enemy, la canción de Bowie Space Oddity y las cajas y recuerdos que quedaron en el piso de mi madre.
No suelo regresar al pasado para regodearme. Me gusta volver porque intento encajar las piezas del puzzle que soy; a través de cartas, escritos u objetos de todo tipo, mi personalidad se ha ido formando a lo largo de los años con absoluta sensación de continuidad, como si adquiriera conciencia de necesitar toda esa mierda inútil para más adelante. Lo jodido es que, tantos años después -tanto Diógenes adquirido, pregúntenle a mi mujer-, no tengo respuestas para explicar quién soy; sin embargo, la buena noticia es la claridad con la que vislumbro los acontecimientos de mi pasado. Me he reído con la mierda que sufrí entonces hasta el punto de preguntarme ¿en serio? ¿Eso hice? ¿De veras fui tan gilipollas? y cosas por el estilo. Luego hay cartas que esperan pacientemente ser releídas, misivas que sonrojarían hoy a más de uno... Es mi vida, y me gusta verla a través de la mierda que conservo.
Decía que la peli Enemy me dio que pensar también. Está claro que el director de Prisioneros tiene algo que decir. Y Jake Gyllenhaal, un actor brutal que si no fuera por su constante cara de osito sería uno de los grandes. La jodida araña y los recovecos de la mente...
Aunque me dejó una sensación agridulce, me pilló desprevenido y me impactó; en términos artísticos, tiene todo lo que le puedo pedir a un film: una dirección brillante (con una fotografía sepia muy atrevida), una historia original e interpretaciones geniales.
El tercer factor que quería destacar, así en este desorden como si reinara el caos este que no anda tan lejos, es la canción de Bowie, pero lo es más Bowie si cabe en general: nunca he explorado su universo, y tenía el disco Space Oddity muerto de risa apartado en alguna esquina. El hecho es que el videoclip de Blackstar, título de su último disco también, junto con el de Lazarus, me tocaron la fibra en su momento; al estar repletos de referencias ocultistas y cierto oscurantismo, era cuestión de tiempo que, aunque ajeno al fenómeno universal del artista, me interesara puntualmente por el genio neoyorquino recientemente fallecido. Y lo hago poco a poco porque, después de todo, reconozco que su música me resulta difícil de digerir. No obstante, la absoluta veneración que mi amigo Albert le profesa -se casó en Las Vegas con su célebre rayo maquillado o lo que sea eso rojo y su peluca-, ayudó a que, en un mix de temazos para las travesías que nos pegamos en coche, no dudara en incluir el tema homónimo del disco que comentaba al principio. Y la sorpresa es que, sin comerlo ni beberlo, ¡mi hijo va y la canta y se sabe la puta letra! Y me la acabo aprendiendo también y resulta que el tío es un náufrago espacial y que podría relacionarse el rollo con su último disco pero no sé si con toda su discografía o su arte en general, y a mi que me hace un tilín que no sé yo...
En esas circunstancias pienso estos días. Todavía me quedan cajas por abrir. Estoy centrado en los #playoffs. Y mi madre estará bien porque amar es querer sentirse vulnerable, si no fuera porque estoy tan agotado que la jodida primavera y todo su circo -después de la nieve de Ensija y sus buitres al acecho- podría irse tranquilamente al carajo mientras intento no caerme.
Aunque me dejó una sensación agridulce, me pilló desprevenido y me impactó; en términos artísticos, tiene todo lo que le puedo pedir a un film: una dirección brillante (con una fotografía sepia muy atrevida), una historia original e interpretaciones geniales.
El tercer factor que quería destacar, así en este desorden como si reinara el caos este que no anda tan lejos, es la canción de Bowie, pero lo es más Bowie si cabe en general: nunca he explorado su universo, y tenía el disco Space Oddity muerto de risa apartado en alguna esquina. El hecho es que el videoclip de Blackstar, título de su último disco también, junto con el de Lazarus, me tocaron la fibra en su momento; al estar repletos de referencias ocultistas y cierto oscurantismo, era cuestión de tiempo que, aunque ajeno al fenómeno universal del artista, me interesara puntualmente por el genio neoyorquino recientemente fallecido. Y lo hago poco a poco porque, después de todo, reconozco que su música me resulta difícil de digerir. No obstante, la absoluta veneración que mi amigo Albert le profesa -se casó en Las Vegas con su célebre rayo maquillado o lo que sea eso rojo y su peluca-, ayudó a que, en un mix de temazos para las travesías que nos pegamos en coche, no dudara en incluir el tema homónimo del disco que comentaba al principio. Y la sorpresa es que, sin comerlo ni beberlo, ¡mi hijo va y la canta y se sabe la puta letra! Y me la acabo aprendiendo también y resulta que el tío es un náufrago espacial y que podría relacionarse el rollo con su último disco pero no sé si con toda su discografía o su arte en general, y a mi que me hace un tilín que no sé yo...
En esas circunstancias pienso estos días. Todavía me quedan cajas por abrir. Estoy centrado en los #playoffs. Y mi madre estará bien porque amar es querer sentirse vulnerable, si no fuera porque estoy tan agotado que la jodida primavera y todo su circo -después de la nieve de Ensija y sus buitres al acecho- podría irse tranquilamente al carajo mientras intento no caerme.
lunes, 11 de abril de 2016
25 DÍAS DESPUÉS
Veinticinco días después, vuelvo al tajo. Y lo hago con amargura, pero no con la amargura del tipo que os imagináis: sé que voy a descansar más que ahora.
Mi compañera de viaje, a la que debo lealtad y por la que siento auténtica devoción, se está tirando de los pelos en alguna esquina de la casa. Y es porque sabe que esto empieza de verdad.
Hoy fuimos de boda por si acaso, y es gracioso porque me viene el tiburón robot mordedor, con toda su terminología no sé de dónde sacada, y me pregunta la juez si siento algún tipo de coacción; a la hora de tomar la decisión tan importante, se entiende, pero yo no pude no soltar una carcajada aturdida mientras miraba de reojo esos viejos archivos y trataba de no pensar en primeras ediciones de William Shakespeare.
Siento un amor profundo. Los residentes, pobres ellos, pocos incentivos tienen para tirar p'alante con cada día nuevo que se les plante. Son como ese tiburón, que solo se mueve por los desplantes de mi hijo, resortes como los muelles de las colchonetas de las ferias. No tienen un objetivo, solo tienen que ESTAR. Ser y estar, como la jodida gran miseria del ser humano y su puta conciencia...
Veinticinco días después, y ya estoy harto aunque en principio todo esté donde tiene que estar. Lo de SER ya no está en mis manos -que no son las de Curry-, y si la primavera empieza a afectar a la peña pues allá ellos.
Hoy fuimos de boda por si acaso, y es gracioso porque me viene el tiburón robot mordedor, con toda su terminología no sé de dónde sacada, y me pregunta la juez si siento algún tipo de coacción; a la hora de tomar la decisión tan importante, se entiende, pero yo no pude no soltar una carcajada aturdida mientras miraba de reojo esos viejos archivos y trataba de no pensar en primeras ediciones de William Shakespeare.
Siento un amor profundo. Los residentes, pobres ellos, pocos incentivos tienen para tirar p'alante con cada día nuevo que se les plante. Son como ese tiburón, que solo se mueve por los desplantes de mi hijo, resortes como los muelles de las colchonetas de las ferias. No tienen un objetivo, solo tienen que ESTAR. Ser y estar, como la jodida gran miseria del ser humano y su puta conciencia...
Veinticinco días después, y ya estoy harto aunque en principio todo esté donde tiene que estar. Lo de SER ya no está en mis manos -que no son las de Curry-, y si la primavera empieza a afectar a la peña pues allá ellos.
domingo, 3 de abril de 2016
UNA HORA TARDE
Esta semana he ido una hora tarde a todos lados. El cambio horario me ha sentado fatal, con una sensación de que voy mal y no remonto ni aunque quiera. No había pensado en ello hasta que Xavi lo soltó ayer volviendo del restaurante, en esa carreterucha tan especial de los Rasos, tras una comida de lo más pantagruélica. Disfruté del día junto a mi amigo, su pareja y mis hermanos y luego el clásico lo estropeó todo.
Estoy leyendo a Raymond Carver, ese punto en que puedo ser productivo y pasar de el ataúd -un microrrelato basado en la muerte de mi compañero A. y la peli Enter the void que publicaré en su momento- a otras cotas; en mi última semana de permiso, siento que la libertad y la presión de querer ser algo y un buen padre al mismo tiempo pueden ser compatibles.
Esta semana ingresamos en la casa de campo los restos del olvido y, joder, no necesito tantas emociones. No voy a negar que es duro y que hay desencuentros que debilitan, incluso si no sé cambiar la puta hora del coche una semana después y voy una hora tarde a todos lados -con influencias e influjos de miei bimbi.
jueves, 31 de marzo de 2016
LOS CEREZOS DE MARZO
Ya es primavera, fíjate. Los cerezos están en su apogeo y los bichos sobrevuelan la campiña buscando flores nuevas a las que aferrarse.
Va a empezar a hacer calor, aunque es cierto que este año no ha hecho mucho frío. Me cuesta respirar con el calor mortífero del interior catalán, y me temo que este año será aún peor.
Hay otro ser vivo en casa. De momento solo llora. Espero que no piensen en jubilarme. Yo sé que me quieren pero no sé si van a poder con todo; cuando apareció el rubio ni yo misma creí que fuera a crecer tanto. Era una amenaza, ahora nos queremos un montón y de vez en cuando jugamos a perseguirnos.
Ya tengo cinco años. No estoy preoccupata. Son bonitos los cerezos. Tendré que ir con cuidado, es época de alergias y la campiña va a engalanarse, fíjate.
sábado, 19 de marzo de 2016
LOS IDUS DE MARZO
En verdad os digo que si el cielo se cayera como lo está haciendo estos días en el corazón de Europa, yo solo pediría que me dejaran cerrar los ojos rodeado de mi familia en espera del catacrash final.
No tengo miedo, pero no pongo la tele. No quiero saber nada de lo que pase fuera. Estoy ignorando al puto Twitter, apenas entro en internet y, desde luego, no sé qué mierdas es el Periscope. Bastante tengo con dar el callo en casa como para pensar en lo de fuera. Si nos hundimos, pues a la mierda, pueden los conjurados empezar a afilar sus cuchillos.
César pensaba que la República estaba obsoleta y que la única manera de mantener un estado fuerte era aglutinando poderes. Más de dos mil años después, vamos para atrás; volvemos a caer en la misma piedra una y otra vez, así que, como raza, solo nos queda esperar.
Ni los más poderosos pueden salvarse.
En verdad os digo que me importa tres cojones.
domingo, 13 de marzo de 2016
AL CRUZAR
Esta semana nos han vuelto a arrancar de las fauces de la tierra a otro compañero caído en desgracia. Esta semana ha muerto A., mi segurata de tantas noches de guardia: la plaga de nuestro tiempo, el cáncer, se lo ha llevado a la otra orilla apenas cumplidos los sesenta años.
No era un vigilante de seguridad al uso. Venía de Barcelona tras una mala experiencia empresarial y llevaba años agachando la cabeza a causa de ello. Le gustaba el buen comer y sabía de la ars culinaria más de lo normal; era frecuente que intercambiáramos ideas sobre platos y lugares de la city donde encontrar un buen filete o la mejor pasta italiana como esperando ir cualquier día de estos a disfrutar de un banquete.
Amaba Barcelona. Era de Les Corts, uno de los barrios con más solera de la Ciudad Condal. En su fuero interno albergaba la ilusión de volver a recorrer sus calles como habitante de la urbe y no como turista, si bien la realidad era otra al salir de la ronda y ver el letrero de MANRESA con Montserrat al fondo como pétrea frontera incapaz de prometer un invierno cálido y hacerle sentir un poquito partícipe de lo de aquí.
En cuanto a la faena, era demasiado impetuoso -ir a destiempo le acarreó más de un problema: yo siempre lo achaqué a esa desubicación que nunca le abandonó. Algunos lo llamaban sheriff pero yo veía más bien a un De Niro fuera de forma. Evidentemente y aunque muchos no lo vieran, tenía una actitud atípica con respecto a su gremio, y uno no podía dejar de sentir cierta lástima viéndole sufrir en situaciones en las que nadie desearía estar envuelto.
Siempre me preguntaba por Luca. No puedo ni imaginar lo que habrá sufrido su mujer, un encanto de persona, tras más de mes y medio de fulgurante caída. Compartimos otras casualidades, como que su hijo fuera amigo de conocidos pasados míos. Chismorreábamos al respecto y, con cierto deleite, pasábamos las horas entre conexiones y balas perdidas en este ambiente tan ajeno a nuestros propósitos iniciales de vida.
Le apreciaba. La conmoción ante la noticia de su pérdida ha sido tremenda. Y ya van unas cuantas.
Pero ahora A. ya ha cruzado al otro lado.
Vaya en paz.
No era un vigilante de seguridad al uso. Venía de Barcelona tras una mala experiencia empresarial y llevaba años agachando la cabeza a causa de ello. Le gustaba el buen comer y sabía de la ars culinaria más de lo normal; era frecuente que intercambiáramos ideas sobre platos y lugares de la city donde encontrar un buen filete o la mejor pasta italiana como esperando ir cualquier día de estos a disfrutar de un banquete.
Amaba Barcelona. Era de Les Corts, uno de los barrios con más solera de la Ciudad Condal. En su fuero interno albergaba la ilusión de volver a recorrer sus calles como habitante de la urbe y no como turista, si bien la realidad era otra al salir de la ronda y ver el letrero de MANRESA con Montserrat al fondo como pétrea frontera incapaz de prometer un invierno cálido y hacerle sentir un poquito partícipe de lo de aquí.
En cuanto a la faena, era demasiado impetuoso -ir a destiempo le acarreó más de un problema: yo siempre lo achaqué a esa desubicación que nunca le abandonó. Algunos lo llamaban sheriff pero yo veía más bien a un De Niro fuera de forma. Evidentemente y aunque muchos no lo vieran, tenía una actitud atípica con respecto a su gremio, y uno no podía dejar de sentir cierta lástima viéndole sufrir en situaciones en las que nadie desearía estar envuelto.
Siempre me preguntaba por Luca. No puedo ni imaginar lo que habrá sufrido su mujer, un encanto de persona, tras más de mes y medio de fulgurante caída. Compartimos otras casualidades, como que su hijo fuera amigo de conocidos pasados míos. Chismorreábamos al respecto y, con cierto deleite, pasábamos las horas entre conexiones y balas perdidas en este ambiente tan ajeno a nuestros propósitos iniciales de vida.
Le apreciaba. La conmoción ante la noticia de su pérdida ha sido tremenda. Y ya van unas cuantas.
Pero ahora A. ya ha cruzado al otro lado.
Vaya en paz.
viernes, 26 de febrero de 2016
EL PREMIO
Hacía días que sabía que los premios se entregarían en el hall de un hotel del pueblo vecino aquí, en el Berguedà.
Llegó el sábado y fui incapaz de dormir siesta como acostumbro, presa de los nervios. Vendimos al niño y nos vestimos de negro pese a que hacía un sol resplandeciente; Laura se estuvo como media hora arreglándose en el baño, ya mismo como la Preysler, niña le oigo decir al teléfono. Yo solo me cuelgo la cadena de mi abuelo y en vez del anillo de compromiso elijo el gótico que nos compramos al principio en aquella feria medieval, aunque dudo entre camisa o jersey. Me preparo un Martini rápido y busco el DNI por si hay que identificarse para recoger el premio.
Llegamos diez minutos antes de la hora al lugar y hay no más de diez personas.
Después de unos instantes de duda, una mujer de unos cuarenta años y el pelo teñido de violeta se nos acerca para preguntar quiénes éramos: benvingut i felicitats!, dice con sinceridad. Le digo a Laura de ir a la barra del bar que no aguanto más, será un momento. No puedo no pensar en Menos que Cero, el libro que me estoy leyendo de Easton Ellis, y me siento un poco mal pero si no bebo algo voy a ser incapaz de relajarme. Me tomo otro Martini y volvemos al hall a sentarnos en unos sofás color crema muy cómodos. La sala se ha llenado de gente, cuento unos cincuenta. Un grupo de blues o jazz ameniza la velada mientras la señora de violeta va de un lado a otro con desenfreno, preocupada por que todo salga bien.
No hay gente joven pero claro, yo tampoco lo soy. Las manos empiezan a sudarme y localizo rápido al fotógrafo por si me tiene que enfocar: hoy no estoy para salir en el Hola!. Laura está disfrutando mientras yo no sé cómo ponerme. Noto la mirada tan caída que no sé si alguien lo notará pero por suerte la entrega de premios avanza rápidamente y los camareros empiezan a desplegarse con decisión.
Hay tres chicas jóvenes de entre todo el gentío, no reparan en mi presencia. Supongo que el bombo de mi mujer ejerce de paraguas y yo no dudo en cobijarme en él como cada cinco o diez minutos, buscando restarme trascendencia. Una de ellas lleva un abrigo larguísimo y unas zapatillas plateadas brillantes. Luce un tatuaje de un sol o una estrella explotando en su antebrazo izquierdo, convenientemente arremangado. Su melena rojiza y rizada es tan larga que parece un complemento de su estrafalaria vestimenta. No creo que sepa hablar, se pasea con el mismo aire ausente que un fantasma. La otra chica ojea un libro o folleto en la barra de la recepción del hotel y no mueve ni un pelo. Está como disimulando o esperando a alguien, ya que de vez en cuando levanta el mentón para mirar hacia la calle como esperando una señal.
La tercera chica es una ganadora, nos cruzamos un par de veces pero esquiva el contacto. Es un nervio, no para de moverse de un lado a otro y conoce a todo el mundo y habla con todos. Sale a fumar cada poco. Va vestida medio hippy medio fashion, y no puedo no pensar que no se llevaría fenomenal con mi amiga Maria, la que emigra a Costa Rica.
Los viejos pasan de mi. No soy de su círculo. Muchos se conocen, como en un club de lectura. Me llama la atención un hombre con chaqueta de tweed y jersey de cuello alto con pinta de profesor. Le digo a Laura, mira a Walter White, pero antes de ser Heisenberg, eh. La organizadora insiste en que me encuentre cómodo incluso mirando de reojo a Laura, pero yo ya solo pienso en el cóctel y el alcohol que voy a ingerir.
Subo a por el premio como un robot, mi mujer me graba. Hay aplausos, luego un instante de '¿y éste quién es?' y aparecen los camareros justo a tiempo para traerme mi medicina líquida. Hay entrevista de televisión y radio y yo no he preparado nada. Me dice Laura: ¿por qué no has dicho que iba sobre ovnis?, pero yo solo quería salir del paso intentando que el entrevistador, una mezcla de Jabba el Hutt y Watto, no me aplastara contra el banco que tenía detrás. Me sorprendo insistiendo en les relacions humanes y de ahí no salgo. Después nos movemos un poco por la sala y yo me tambaleo, Walter White viene a mi encuentro y me da la enhorabuena, se la devuelvo aunque no sé qué premio ha ganado y Laura, que parece que está a punto de explotar, me dice ¿por qué no le has hablado? Era tu oportunidad de meterte en el rollo, pero ella no sabe que las opciones que nunca se dan no son.
Finalmente, nos despedimos tras dos agradables horas en el hotel Cal Marçal de Puig-Reig más contentos que unas castañuelas y con la sensación parcial -irreal- de querer desaparecer siendo invencible, lo cual es raro de cojones.
martes, 23 de febrero de 2016
LA BUHARDILLA
esta canción dice exactamente cómo me siento estos días
Si tuviese que apostar, me gustaría que fuera por el 15, uno de mis números. Pero por suerte hace tiempo que dejé de pretender que las cosas pasaran según mi voluntad.
Perdí el control justo cuando mi mente dejó de procesar la vida por el filtro de las drogas y el alcohol. Sin ser nunca un depredador nocturno, sí que me sentí depravado demasiadas ocasiones en las que acabar solo no era una decisión voluntaria, y he estado en todos los rincones de la soledad lo suficente como para saber que no quiero volver a pasar por esa mierda.Conozco la sensación de desamparo tanto que todavía inunda mi pluma las noches como éstas, en las que mirar el cielo estrellado desde mi atalaya me estremece como si me despedazaran lentamente a trocitos, dando paso a un vértigo tan atronador que tengo que calmarme a mi mismo diciéndome estupideces como es redonda pero no se cae o todo sigue una lógica.
Voy a volver a fumar. Estoy a un paso de comprar whisky del bueno. Vosotros no habéis visto mi refugio, en la buhardilla, como donde Íker habla de nada en su nuevo proyecto New Age (Universo Iker, en radioset), todo un género en sí mismo. Me veo de mayor con mis hijos correteando y yo y mi lámpara de aceite y mi calva y mis plumas y mi papel desgastado con mi montaña de libros y muebles por doquier. Sí, y tanto que me veo, aunque de momento es solo un proyecto..
Me han dado un premio secundario por algo que escribí. Mi compañera de viaje sabe que voy a ir bebido y lo acepta sin más. El miedo hace que busque reedios para deshinibirme y recibir una visión de la realidad trastornada pero efectiva para salir del paso. Lo único que me ha pedido es vale, pero no te pongas muy paposo. Le encanta sentir vergüenza ajena conmigo. Iremos sin el niño, por supuesto.
Creo que voy a apostar por el 15, pero seguro que cae en otro día. Falta un mes, joder. Por suerte hace tiempo que dejé de pretender dormir del tirón.
domingo, 31 de enero de 2016
VUELVO A CUMPLIR
Considerar nuestra mayor angustia como un incidente sin importancia, no sólo en la vida del universo, sino en la de nuestra misma alma, es el principio de la sabiduría. Considerar esto en la misma mitad de esa angustia es la sabiduría entera. En el momento en que sufrimos parece que el dolor humano es infinito. Pero ni el dolor humano es infinito, pues nada humano hay que sea infinito, ni nuestro dolor vale más que el ser un dolor que sentimos nosotros.
Estoy vivo y tengo buena salud. Mi mujer y mis hijos tienen buena salud. Doy gracias por ello, y por amarles y que ellos me amen a mi como si no hubiera un mañana.
Quería recordar esta cita de Fernando Pessoa en este día que ya no es tan especial para mi -puesto que hay otro cumple que copa toda mi atención- como tributo a la mutación pasada del verdadero ser que subyace al tipo de treinta y seis años que teclea esta mierda en este mismo instante.
La filosofía siempre fue la misma (como en Tool y el resto de referentes culturales), ya que siempre supimos que la lucha era jodidamente irreal, algo tan abstracto como las divagaciones dedicadas al tiempo ocioso pertinente sobre el que edificamos nuestro modus vivendi.
Nunca existí.
Hoy doy gracias por ello.
(Sobre esto mío ya encontraré la manera de trampearlo).
jueves, 21 de enero de 2016
POSTAPOCALIPSIS
Los restos de un paisaje urbano postapocalíptico en una carretera abandonada me recuerdan lo efímero que es todo.
Luego intento hacer la vieja campiña como antaño y me cuesta, sufro entre el vaho helado y una baja forma que duele y revienta por igual.
Cuando me conecto a la enormidad de la naturaleza y a la actuación del ser humano no puedo más que sentir una gran humillación que me atormenta por las noches, cuando intento actualizar a Pavese y encontrar mi sitio.
No siento la Fuerza. No siento más que el peso de mis piernas que se quejan por unas jornadas tan largas como innecesarias. Y el olvido... si ella supiera... No hay curación. Y para la culpa, ay, amore, para la culpa... No hay medicina que palie semejante desazón.
He pensado en volver a delinquir. Puede que sea la clave que me permita volver a hilvanar aquellas maniobras locas de antaño. Y por qué no, dormir del tirón un montón de horas.
Los restos de un paisaje postapocalíptico -a una semana de los cumpleaños- nos guiarán.
sábado, 9 de enero de 2016
A PAVESE Y LA MALDICIÓN
Una de las cosas que más me está gustando del aparcado Pavese, recuperado para la causa para empezar bien el año, es su absoluta falta de dialéctica trascendente para con los otros. En su afán interior, demasiado poderoso como para poder vivir tranquilo, es imposible no recordar a nuestro amado Pessoa, adalid de una soledad esfereïdora por antonomasia.
Su historia es tan trágica como la propia naturaleza humana, condenada al fracaso de antemano. En esta línea, los problemas de desamor que tuvo el piamontese, a la postre desencadenante de su triste final, no tienen ningún sentido para estos días de aceleración y perversión social.
El miedo a quedarse solo ha desaparecido entre las causas del dolor mundano y, en cuanto a rapporti sentimentali, está como de moda escupir las relaciones mal cultivadas así de sopetón. En estos casos siempre la entidad más débil es la perjudicada, viendo traspuesto todo su sistema de valores y obligado a cambiar radicalmente de vida (sovint con una mano delante y otra detrás). Lo jodido es que suele haber hijos de por medio, aunque una voz autorizada me dijo hace poco que nuestra generación no notará los efectos de tamaña variable, y eso me temo.
Es cierto que la sociedad ha cambiado sobremanera y lo que antaño era un modo lógico de relacionarse, basado en unos postulados excesivamente marcados por una mojigatería propia de ambientes cerrados y privados de libertad, es hoy un anacronismo que nada tiene que ver con la velocidad a la que se mueven el mundo y la tecnología. Incluso con suerte pronto apartaremos definitivamente la visión de la mujer esclava equiparando los sueldos y las tareas del hogar.
El origen de estos males está claro: los nuevos adultos somos unos críos. No hemos necesitado subsistir porque, cuando hemos estado al límite en estos años de carestía, una entidad supra familiar ha ejercido de cojín salvador. Es contradictorio con mi modo de ver el mundo, sin duda, algo que en todo este embrollo reconozco que me atemoriza y alerta por igual: yo quiero formar una familia tradicional. De hecho lo estoy haciendo, solo que no sé dónde me deja eso, si en lo anacrónico de antaño o en lo estúpido de la limitación de recursos que supone una crisis eterna como la actual que lo dificulta todo. A este último respecto, hace poco un vecino de mi barrio que no suele prodigarse me dejó una perla con un he vist a la teva dona, ets molt valent, eh!, dejándome así anonadado y sin respuesta. Luego hueles escletxes que te retrotraen a una maldición atávica que no quieres ni visualizar más de un segundo.
Como suelo decir, la soledad, aparte de un estado de ánimo, es necesaria. Yo lucho por reconquistar mi solitudine sin renunciar al amor de un núcleo vertebrador fuerte. Y ahí se tienden puentes entre mis autores preferidos y mi amigo noruego.
Pavese escribe tanto al desamor que es imposible obviar esa tinta que tanto apuré. Es un exiliado, un expatriado de la libertad y su añorada tierra. Sea como fuere, parece estar contento con su aislamiento y lo mismo me pasa a mi, sobretodo cuando, en esos días en que oyes silbar al viento helado fuera como al acecho de algo más perturbador, enciendo el fuego mientras mi hijo toca la batería y jugamos a escondernos en el castillo y mi compañera de viaje reposa con los pies en alto, no sin antes encerrarnos a cal y canto y pensar un momento en que no hay maldición que tanto pueda pesar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






















