martes, 23 de febrero de 2016

LA BUHARDILLA


esta canción dice exactamente cómo me siento estos días

Si tuviese que apostar, me gustaría que fuera por el 15, uno de mis números. Pero por suerte hace tiempo que dejé de pretender que las cosas pasaran según mi voluntad.
Perdí el control justo cuando mi mente dejó de procesar la vida por el filtro de las drogas y el alcohol. Sin ser nunca un depredador nocturno, sí que me sentí depravado demasiadas ocasiones en las que acabar solo no era una decisión voluntaria, y he estado en todos los rincones de la soledad lo suficente como para saber que no quiero volver a pasar por esa mierda.
Conozco la sensación de desamparo tanto que todavía inunda mi pluma las noches como éstas, en las que mirar el cielo estrellado desde mi atalaya me estremece como si me despedazaran lentamente a trocitos, dando paso a un vértigo tan atronador que tengo que calmarme a mi mismo diciéndome estupideces como es redonda pero no se cae o todo sigue una lógica.
Voy a volver a fumar. Estoy a un paso de comprar whisky del bueno. Vosotros no habéis visto mi refugio, en la buhardilla, como donde Íker habla de nada en su nuevo proyecto New Age (Universo Iker, en radioset), todo un género en sí mismo. Me veo de mayor con mis hijos correteando y yo y mi lámpara de aceite y mi calva y mis plumas y mi papel desgastado con mi montaña de libros y muebles por doquier. Sí, y tanto que me veo, aunque de momento es solo un proyecto..
Me han dado un premio secundario por algo que escribí. Mi compañera de viaje sabe que voy a ir bebido y lo acepta sin más. El miedo hace que busque reedios para deshinibirme y recibir una visión de la realidad trastornada pero efectiva para salir del paso. Lo único que me ha pedido es vale, pero no te pongas muy paposo. Le encanta sentir vergüenza ajena conmigo. Iremos sin el niño, por supuesto.
Creo que voy a apostar por el 15, pero seguro que cae en otro día. Falta un mes, joder. Por suerte hace tiempo que dejé de pretender dormir del tirón.

domingo, 31 de enero de 2016

VUELVO A CUMPLIR

Considerar nuestra mayor angustia como un incidente sin importancia, no sólo en la vida del universo, sino en la de nuestra misma alma, es el principio de la sabiduría. Considerar esto en la misma mitad de esa angustia es la sabiduría entera. En el momento en que sufrimos parece que el dolor humano es infinito. Pero ni el dolor humano es infinito, pues nada humano hay que sea infinito, ni nuestro dolor vale más que el ser un dolor que sentimos nosotros.
Estoy vivo y tengo buena salud. Mi mujer y mis hijos tienen buena salud. Doy gracias por ello, y por amarles y que ellos me amen a mi como si no hubiera un mañana.
Quería recordar esta cita de Fernando Pessoa en este día que ya no es tan especial para mi -puesto que hay otro cumple que copa toda mi atención- como tributo a la mutación pasada del verdadero ser que subyace al tipo de treinta y seis años que teclea esta mierda en este mismo instante.
La filosofía siempre fue la misma (como en Tool y el resto de referentes culturales), ya que siempre supimos que la lucha era jodidamente irreal, algo tan abstracto como las divagaciones dedicadas al tiempo ocioso pertinente sobre el que edificamos nuestro modus vivendi.
Nunca existí.
Hoy doy gracias por ello.
(Sobre esto mío ya encontraré la manera de trampearlo).



jueves, 21 de enero de 2016

POSTAPOCALIPSIS

Los restos de un paisaje urbano postapocalíptico en una carretera abandonada me recuerdan lo efímero que es todo.
Luego intento hacer la vieja campiña como antaño y me cuesta, sufro entre el vaho helado y una baja forma que duele y revienta por igual.
Cuando me conecto a la enormidad de la naturaleza y a la actuación del ser humano no puedo más que sentir una gran humillación que me atormenta por las noches, cuando intento actualizar a Pavese y encontrar mi sitio.
No siento la Fuerza. No siento más que el peso de mis piernas que se quejan por unas jornadas tan largas como innecesarias. Y el olvido... si ella supiera... No hay curación. Y para la culpa, ay, amore, para la culpa... No hay medicina que palie semejante desazón.
He pensado en volver a delinquir. Puede que sea la clave que me permita volver a hilvanar aquellas maniobras locas de antaño. Y por qué no, dormir del tirón un montón de horas.
Los restos de un paisaje postapocalíptico -a una semana de los cumpleaños- nos guiarán.

sábado, 9 de enero de 2016

A PAVESE Y LA MALDICIÓN

Una de las cosas que más me está gustando del aparcado Pavese, recuperado para la causa para empezar bien el año, es su absoluta falta de dialéctica trascendente para con los otros. En su afán interior, demasiado poderoso como para poder vivir tranquilo, es imposible no recordar a nuestro amado Pessoa, adalid de una soledad esfereïdora por antonomasia.
Su historia es tan trágica como la propia naturaleza humana, condenada al fracaso de antemano. En esta línea, los problemas de desamor que tuvo el piamontese, a la postre desencadenante de su triste final, no tienen ningún sentido para estos días de aceleración y perversión social. 
El miedo a quedarse solo ha desaparecido entre las causas del dolor mundano y, en cuanto a rapporti sentimentali, está como de moda escupir las relaciones mal cultivadas así de sopetón. En estos casos siempre la entidad más débil es la perjudicada, viendo traspuesto todo su sistema de valores y obligado a cambiar radicalmente de vida (sovint con una mano delante y otra detrás). Lo jodido es que suele haber hijos de por medio, aunque una voz autorizada me dijo hace poco que nuestra generación no notará los efectos de tamaña variable, y eso me temo.
Es cierto que la sociedad ha cambiado sobremanera y lo que antaño era un modo lógico de relacionarse, basado en unos postulados excesivamente marcados por una mojigatería propia de ambientes cerrados y privados de libertad, es hoy un anacronismo que nada tiene que ver con la velocidad a la que se mueven el mundo y la tecnología. Incluso con suerte pronto apartaremos definitivamente la visión de la mujer esclava equiparando los sueldos y las tareas del hogar. 
El origen de estos males está claro: los nuevos adultos somos unos críos. No hemos necesitado subsistir porque, cuando hemos estado al límite en estos años de carestía, una entidad supra familiar ha ejercido de cojín salvador. Es contradictorio con mi modo de ver el mundo, sin duda, algo que en todo este embrollo reconozco que me atemoriza y alerta por igual: yo quiero formar una familia tradicional. De hecho lo estoy haciendo, solo que no sé dónde me deja eso, si en lo anacrónico de antaño o en lo estúpido de la limitación de recursos que supone una crisis eterna como la actual que lo dificulta todo. A este último respecto, hace poco un vecino de mi barrio que no suele prodigarse me dejó una perla con un he vist a la teva dona, ets molt valent, eh!, dejándome así anonadado y sin respuesta. Luego hueles escletxes que te retrotraen a una maldición atávica que no quieres ni visualizar más de un segundo.
Como suelo decir, la soledad, aparte de un estado de ánimo, es necesaria. Yo lucho por reconquistar mi solitudine sin renunciar al amor de un núcleo vertebrador fuerte. Y ahí se tienden puentes entre mis autores preferidos y mi amigo noruego.
Pavese escribe tanto al desamor que es imposible obviar esa tinta que tanto apuré. Es un exiliado, un expatriado de la libertad y su añorada tierra. Sea como fuere, parece estar contento con su aislamiento y lo mismo me pasa a mi, sobretodo cuando, en esos días en que oyes silbar al viento helado fuera como al acecho de algo más perturbador, enciendo el fuego mientras mi hijo toca la batería y jugamos a escondernos en el castillo y mi compañera de viaje reposa con los pies en alto, no sin antes encerrarnos a cal y canto y pensar un momento en que no hay maldición que tanto pueda pesar.

jueves, 31 de diciembre de 2015

... Y EN CUANTO A ESTE BLOG...

... diez años completos nos contemplan ya. He amenazado tantas veces con dejarlo que mejor paso esta vez. Me gusta dejar constancia, a mi manera, de las cosas que hago. Como si esperara algún tipo de recompensa.
¿Quedará esto para siempre, en los anales? ¿Qué significará, en nuestra historia?
Continuará...

martes, 29 de diciembre de 2015

CLAUSURA 2015: EL SEGUNDO YO

Llegamos a final de año y esto vuelve a acabarse. El año de la consolidación del terror a nivel internacional y de la locura (ISIS, Germanwings).
La lucha entre el tiempo ocioso y el tiempo fuera de mi ha sido la nota predominante en la primera parte del año y, cuando la primavera asomó y mi retoño empezó a volar, el cuerpo dijo basta y tuvieron que pincharme para asegurar un verano italiano a pleno rendimiento. Entre medias hubo el cambio laboral tan sonado que hizo que me destacara por fin entre los murciélagos y las sombras de la noche, no sin antes detonar una bomba relojera que hizo tambalear los cimientos de la parte vieja. La ira ha sido la lamentable protagonista demasiadas veces y esto es algo que he de cambiar.
En verano volví al Sur, y ya sabes cómo me gusta eso. Recuperar cierta normalidad a estos niveles es el reto, sabiendo que jamás aspiraré a recuperar la osadía del dolce far niente de antaño, ¡ni lo pretendo siquiera! La gran noticia es todavía una incógnita. Surgen ideas sobre el segundo advenimiento del que debe completar el círculo, pero menos porque la experiencia es un grado. Imaginar su faz y su personalidad todavía no puedo aunque solo sienta un amor desmesurado que soy incapaz de controlar.
Construyen al ladito nuestro mientras yo lo único que pienso es en preparar un caldero con aceite hirviendo.
Lo que saco de este 2015 que cierro aquí son las ganas de hacer cosas con mi familia al completo. Quiero ver el mundo entero con las ocurrencias de mi primogénito y los primeros aullidos del pequeño bribón que espera entre bambalinas. Mi prole, con mi compañera de viaje, mi amor después de un lustro juntos ya. Y p'alante y hacernos viejos y todo.
Culturalmente, dos nombres: Camilleri y Knausgård. En música hace tiempo que me dejé ir -si bien volvieron dos musas como la Consoli y Florence-, y este año no disfruté en cine ni descubrí nada nuevo en televisión.
Poco más que añadir. De ahora en adelante, no pido nada más que salud para poder despertarme cada día con alegría y ilusión. Y os deseo lo mismo para todos.
Salud y paz. Y que le den a la política.
¡Feliz año nuevo 2016!


lunes, 21 de diciembre de 2015

AGUANTAR AL 'YO' SOCIAL

Es difícil lidiar con el 'yo' social como una oda al dios Jano ahora que está apunto de abrirse una nueva puerta y las dos caras de una misma moneda son tan fáciles de confundir.
Empezaré con un ejemplo sencillo: no puede ser que tildes de enferma mental a una compañera de trabajo, criticándola y discutiendo sus capacidades, para luego hacer bromas con ella, haciéndola partícipe de una conversación banal de grupo.
No me gusta la hipocresía. En mi trabajo hay un tipo que no me habla y tiene buenos motivos para ello. Respeto su silencio -conviviendo con el mismo silencio atronador- sin evitar encenderme por dentro cada día un poco más, deseando explotar para revelarle los verdaderos motivos por los que le destripé en público (no estando él presente). 
Hay una razón de fondo: no puedes decidir cómo tiene que ser la gente. Aunque haya cosas que consideres obvias, he aprendido que tener opinión hoy en día es insoportable. 
Muchas veces me siento como si estuviera en una encrucijada constante, reservando mis verdaderos pensamientos para no aumentar la tensión y esperar que el sentido común acabe imponiéndose en un simple diálogo entre hermanos. El problema es que bullo por dentro, ardo, y se me nota; soy incapaz de dejar salir victorioso al que cree tener la razón sin herramientas para ello, al que falsea y contamina, al que juzga y contempla a otros seres humanos desde arriba por su mera condición o porque es guay reírse con los compis de turno. Lo fuerte es que creo que algún día yo fui así.
Lo peor es que te conviertes en alguien molesto si decides actuar en consecuencia. En un gruñón o un amargado. Y todo por no reírse de las mismas mierdas por las que todos se ríen, por no ir a las cenas donde gente con un sentido del humor deleznable se juntan para jactarse de su puto modus vivendi. Otro ejemplo: De copas, siendo 5 o 6 personas, hace unos años, una chica decía: ... Y te levantas por la mañana con cuidado para no horrorizarte según con quién hayas acabado en la cama... Y lo que tenía que ser un lugar común se convierte en una pesadilla tras, entre carcajadas generales, dirigirse a mi preguntándome: A quién no le ha pasado, verdad? Y yo decir: pues a mi no me ha pasado, yo suelo saber con quién me acuesto, cortando el rollo y la excitación general.
Algunos no saben hacer la con un canuto y creen poseer la verdad universal, otros pueden tildar a ésos mismos de ser 'cortos' o de tener pocas luces; unos por no tener los medios y otros por no saber cómo gestionar esa superioridad intelectual... Resulta jodidamente inaguantable, como los resultados del 20D y lo que vendrá después: un galimatías de mucho cuidado y la imposibilidad de ver las noticias hasta finales de enero.
Alguien dirá: no puedes llevarte bien con todo el mundo y no hay más remedio que relacionarte con todos en el trabajo. Y yo digo, ya, OK, pero hazlo con menos aspavientos, ten un poco de dignidad contigo mismo.
Hay que saber estar, joder. Sé un poco consecuente, no te pongas a dormir con tu enemigo si solo persigue tu mal.
Y yo me pregunto: dónde están los valores?
Por qué se premia la estupidez de la inmediatez, hoy en día?
Por qué no puedo pasar de toda esta mierda, simplemente, y vivir tranquilamente a mi bola, con los míos?
Cada x tiempo me entra una reválida del tipo, algún choque que me recuerda que he tirado demasiado del hilo y que toca apartarse antes de salir mal parado. Por suerte no vuelvo al trabajo hasta el 28, ya pasada Nochebuena, así que no voy a tener problemas para soportar a mi tarado 'yo' social, pero sí que me revienta soportar cada vez menos a mis semejantes y no te diré que me costará dar la puta espalda a todo aquel que venga a por mi.



sábado, 19 de diciembre de 2015

VENTANA AL MAÑANA


Es duro hablar sobre todo aquello que cambió. Y cómo cambió, debo decir.Nunca nos acostumbramos a crecer sin estar demasiado lejos los unos de los otros. A la que empezamos a tener hijos, un halo de desconfianza recorrió nuestros habituales senderos.Llegó la hora de dejar de llorar y asumir que hay que madurar.
A las puertas de la Navidad y el tió, reconozco una ilusión desmesurada puede que ligada al despertar de la Fuerza y ese mundillo mágico que mi progenie tanto disfruta. Sus emociones son tan auténticas que me conmueven profundamente. Hacen que encuentre el verdadero sentido de la vida, que me desviva por sus intereses hasta que respire mi último aliento y que me aparte un poquito de mi mismo, que ya toca.
Es cierto, todo cambió. Llegó la hora de asumirlo. ¡Y qué!

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL ADVENIMIENTO

Con algo más de dos semanas de invierno el frío es mortífero de cojones. Odio el frío, com o odio trabajar y saber que no voy a tener todo el día para tumbarme a la bartola.
Eso es lo que más echo de menos: pasar el día sin hacer nada.
Es difícil no tener la sensación de estar perdiéndose algo. Va a épocas, desde luego, pero hay días en que sobrevivir psíquicamente sin sentirte como una mierda cuesta lo suyo.
Ya no sé si es el hecho de trabajar de cara al público o si es el público en sí el origen de mis males sociales: la gente, las personas, tú. Como una auténtica guadaña. 
No sé cómo me convertí en semejante monstruo. Hoy (por ayer 8) cuando me levante montaremos el árbol de Navidad. Habré olvidado toda la mierda que me como y los apósitos habituales para esta época del año. El bailarín de los Warriors, el virtuoso Curry, seguirá jugando contra niños y mis estudios, esos pequeños pinchazos que me atormentan, pasarán a un dulce y consentido segundo plano.
De la escapada a la montaña, tras horas de curvas y una almohada para olvidar, un sincero pensiero: amo a mi familia. Y ese filete... mmmh... a joderse OMS (qué ganas tenía de escribirlo).


viernes, 27 de noviembre de 2015

EL ÚLTIMO BASTIÓN

El último bastión que permanecerá irreductible ante el horror de continuar viendo como nos matamos entre nosotros mismos costará que no esté delimitado por cuatro paredes, únicas bridas a las que aferrarse en estos tiempos de tempestades y tribulaciones varias.
Entonces me dejo bigote y fortalezco mi musculatura como Tom Hardy por si hay que defender el fuerte. Lo mejor es vivir en el campo, dijo en su italiano en desuso mi amigo Le Art. Él, que es francés un tanto apátrida, sabedor de lo que se cuece en la sala de máquinas del país vecino, ni se inmuta. Yo, que asisto asqueado al confronte político de mi tierra y que ansío una respuesta de más allá del cielo, le respondo: como tú y como yo. Luego me envía fotos de unos parajes abandonados, desérticos, en los que el ISIS jamás se atrevería a enviar a uno de sus suicidas (de hecho, en mi calle no llega ni internet). 
Me acordé después de mi amiga Isalen. Me enfadé con ella. Se ha mudado a Barcelona, hace un mes ya. Busco un hueco para pasar un día con ella y hacer lo que solíamos hacer hace ocho años pero claro, ha llovido demasiado. Al final, como siempre, solo pude cabrearme, y todo porque me revienta aceptar que cada uno tiene sus prioridades y que somos hijos de nuestras circunstancias. 
Tardo como una hora en reaccionar por las mañanas. ¿Cuál es nuestra guerra? Me preocupa cómo criar a mi prole. Cómo los voy a enviar a ahí fuera. En el bastión de nuestra casa, en la agradable campiña bergadana, no siento la presión del aislamiento social que me pide el cuerpo. Pienso, muy a menudo además, en que se jodan todos. Es el último bastión que nos queda, nuestro auténtico experimento mientras envejezco y trato de no incomodarme demasiado cuando me visto para ir de caza.

martes, 10 de noviembre de 2015

FÁBULAS RELATIVAS

Al final, lo que de verdad importa es medible solo cuando llegas a casa. La vida se rige por el momento en que abandonas tu 'yo' social y metes la llave en la cerradura.
La ciudad suele recogerse entonces y, con ella, sus atribulados ciudadanos.
Si te encuentras contigo mismo y, en la soledad de una ducha relajante, en el silencio de la nocturnidad de tus cuatro paredes en las que eres tú al cien por cien, actúas como eres en realidad sin costuras ni máscaras de ningún tipo, pues cojonudo. Eso sí... cuánto tiempo podrías aguantar así? Está hecho el ser humano para vivir en soledad? Si excluimos a los sociópatas de la ecuación, la respuesta está clara.
Si llegas a casa después de un día agobiante y nadie te espera, puedes suspirar, respirar profundamente y servirte un escocés apoyando los pies en el cheslong. Ver una buena peli, seguir con tu serie o buscar porno del malo. En cambio si llegas a casa y dos animales que no levantan un palmo del suelo se abalanzan sin compasión sobre ti, tirándote y recordando que tu espalda ya no está para muchos trotes, arrancándote una sonrisa que parece más una mueca de dolor que otra cosa, pues entonces diría que sí, que eso sí que es vida. Qué puedo decir?
Antes no tenía a nadie que se preocupara por mi, ahora tengo a tres personas y un perro que seguro que no solo se preocupan sino que además me quieren y, en parte, dependen de mi y de que yo esté ahí para ellos.
Al final, lo que de verdad importa es la cantidad de besos y abrazos que das al día. Las personas necesitan cariño, todos necesitamos cariño. Somos seres de carne y hueso, las conexiones de nuestro cerebro que llevan el tema de las emociones son las más importantes: tú no respondes igual si al cabo del día no te han dado ni un beso. 
Ser una jodida oveja es tan agotador como impersonal; la vida, qué cojones, era muy triste sin besos ni abrazos, por eso empalago a los míos todo el día. Creo un vínculo que espero alargar en el tiempo, y no solo basado en la sangre o en las compañías. El trabajo, el día a día, tu jodida vida espiritual y la carrera laboral... son apenas las costuras de lo que subyace a la herida de la consciencia de saber que uno está vivo. Porque cuando menos te lo esperes volverás al hoyo y, cuando le veas las orejas al lobo y eches la vista atrás, lo único que querrás saber es si fuiste capaz de amar, y de si lograste ser correspondido en algo tan relativo como el tiempo y el espacio. 

domingo, 8 de noviembre de 2015

TIRA FICHAS

Soy un tira fichas. Recuérdalo.
Yo no gestiono nada. A mi no me llaméis. 
Soy la primera cara. Una 'i' pequeña y nocturna. Preguntar lo básico, responder educadamente.
Tirar fichas. Poner la cara, no la otra mejilla. Aguantar el sueño. Ver series, encerrarme.
Contestar al teléfono. Enviar faxes. Estar despierto, aguantar lo justo.
Aislarme y tirar fichas, una tras otra. Esa es mi faena.
Y aguantar los domingos.
Suerte que tenemos a Florence.

martes, 3 de noviembre de 2015

EL EVANGELIO



Yo creo que es el cambio de estación.
El punto débil, lugar de tránsito hacia el pecho, ese talón que te recuerda pacientemente que la noche de las almas está al caer, y que es en esa misma debilidad donde hay que esconder que los días son tan largos como las dietas y el comer.
Es la puta tos. Y el fin de la escritura, de dejar de leer mierda. Ahora que el frío llegará volveré a engancharme al idioma catorce semanas. Luego año nuevo, navidades a la vuelta de la esquina y los problemas para salir de casa con dos evangelistas y una carlino.
Hicimos la castanyada de la familia Raya en Cal Ramons. No había visto antes esa canasta y fue un digestivo muy apreciado, lo pasamos bien. Pero para cosas como el cine a veces pienso que falta un poco de distensión, un Stephen Curry desacomplejado.
Yo creo que es el cambio de estación. 
Y usar el C4 no como explosivo. 

viernes, 30 de octubre de 2015

ZACARÍAS

Los días se suceden entre anhelos estelares de mil quinientos años luz y mi segundo ingenio esperando turno


lunes, 28 de septiembre de 2015

UN USURPADOR

Hijo mío, hay un usurpador.
Ve con cuidado, oh mi Príncipe, pues hay un extranjero merodeando.

martes, 22 de septiembre de 2015

EL OLVIDO

Qué duro es el olvido. Buscar entre tus células dañadas la respuesta correcta cada vez, a cada puto segundo que pasa.

La desconexión es lenta pero letal. Olvidas poco a poco y sin darte cuenta mientras el que está ahí contigo no entiende por qué, los mecanismos de esta traicionera muerte, las fisuras de una vitalidad esfumada por algún gen hijoputa.

Todo es dolor. Yo intento sufrirlo solo un día a la semana y me doy asco por ello. 

Qué mierda de vida. Lo peor del existir. Y no poder hacer nada, no poder luchar contra el deterioro que inexorablemente nos lleva hacia la orilla.

Yo te quiero. Y por cada puto segundo que pase en este planeta no pienso olvidar.

jueves, 17 de septiembre de 2015

YO, PAU

Recuerda la noche de hoy de Pau Gasol. La enésima.
Cuarenta puntos, once rebotes y treinta y cinco años como yo.
Veintisiete mil franceses mudos y vendetta por el Mundial de casa... voilà!
Sin el mejor equipo (faltaron Marc, Ricky, Navarro e Ibaka), con el mejor corazón.
Cuando parecía que estaba muerto, que ya no podía ser el jugador dominante de antaño, exhibición hoy. Grande, Pau.
Cuántos años llevas en la élite, manteniéndote arriba?? Cuántas veces te han criticado por blando??
Cuántos títulos has ganado, amigo??
Hay preguntas que solo los almanaques podrán responder.
Brutal, señoras y señores. Y jodidamente adrenalítico.
He vuelto a vibrar con el deporte. Bravo, Gasol.
LEGEND. Historia viva.
I gràcies per tot!

miércoles, 19 de agosto de 2015

NO TE HE OLVIDADO, TONI

No te he olvidado, Toni. Siento tu presencia tantos días que todavía pienso que estás de vacaciones y aparecerás en cualquier momento.
Anoche soñé contigo. Recordaba dos momentos clave y no pude preguntarte si le tenías miedo a la muerte. Conozco la respuesta de antemano, jodido cabezón, no hace falta que me lo digas.
Hoy he visto a Txema. Ha tenido otra niña, G., y ambos estamos enfrascados en los devenires de una existencia familiar múltiple. No me he acordado de que hoy era tu puto día, ese puto día que  no podré quitarme de la cabeza jamás. Como juré mantener vivo tu recuerdo, aquí me hallo, otra vez sentado en el lugar donde empezó todo. Siento pena por haberme alejado de Ana y no haberme acercado a tus niñas. Estoy pasando por un momento de desapego general que espero acabe rápido.
Por lo demás todo bien, viejo zorro, este verano hemos vuelto a Italia. Te chiflaría la jodida Apulia, se come que no veas. Y sus playas no tienen nada que envidiar a las mejores.
No te he olvidado, Toni. Siento que el verano se acaba y eso me entristece, sin embargo tú todavía sigues aquí. Suelo sentir tu presencia y no puedo más que mantener vivo tu jodido recuerdo, puto egoísta de mierda.
Te mando un abrazo allí donde estés, mentor mío.
Sé que estarás sonriendo.  

domingo, 16 de agosto de 2015

RECETAS DE LA YAYA LUMI: ALBÓNDIGAS CON GUISANTES (I)

Ingredientes para cinco personas y media:

-carne (botifarra, para 20 albóndigas), sal, pimienta, ajo y perejil
-mollas de pan, 2 huevos
-una bolsa grande de guisantes congelados
-harina, aceite de oliva
-medio kilo/un kilo de tomate entero o confitado, una cebolla pequeña 

Primero, aliñar o sazonar la carne con sal, pimienta, perejil y ajo y revolver todo en un cuenco con dos huevos y mollas de pan.

Segundo, al mismo tiempo, cocer los guisantes en agua durante 10-15 minutos. Poner harina en un plato y preparar las albóndigas que pondrás a hacer en una sartén con abundante aceite de oliva.

Tercero, trocear y triturar el tomate entero o confitado junto con una cebolla pequeña con parte del aceite de las albóndigas en otra sartén.

Cuarto y para acabar, retirar los guisantes, escurrir y mezclar todo en la sartén un buen rato hasta que haga chup-chup para que coja sabor (7-8 minutos).

Servir a discreción.

Perfecto para cualquier época del año, más apetecible en otoño o primavera.

viernes, 24 de julio de 2015

DIGERIR LO EXCLUSIVO

La familia tradicional se desmorona. Mientras no decaen los veraneantes que se pasean con sus camisetas grotescamente grandes, souvenirs de sus vacaciones en algún lugar exótico -hoy vi a uno con una de Veracruz, MX, con motivos aztecas por doquier-, este caloret parece que es más llevadero con algo de sexo ajeno, con gotas de infidelidades que cuestan matrimonios y parejas de hecho demasiado jóvenes. De los libros del verano no queda ni rastro.
La vida es corta, tenga una aventura y, si es en verano, mejor (que las hormonas andan peligrosamente sueltas). Vi el anuncio como si nada, nadie se hizo eco de lo absurdo que es crear agencias que vayan a joder la estabilidad de la existencia. En el mundo del todo vale, el ego es el principal escollo a superar si quieres trascender, si quieres triunfar; yo no me opongo, eso es muy cierto y todos lo saben, pero el tema eslóganes hay que intentar cuidarlo un poco más.
Hoy acabé de ver Birdman y apenas me inspiró. No hay control contra el exceso de comunicación. Sin embargo, el choque que tuvo mi compañera R. aquí en el trabajo, en un principio dentro de lo banal, acabó por despertar en mi ciertas fuerzas ocultas, rabiosas por combatir estas putas obscenidades con las que nos bombardean a diario.
Tiene gracia que yo no sea un tío para nada tradicional. Tampoco soy el paladín de la justicia o del orden social, joder. Vivo indignado porque no sé digerir que siga habiendo tanta desigualdad entre unos y otros, porque no soporto que me tomen gato por liebre. Malauradament, creo que a medida que te haces mayor y las responsabilidades aumentan, es imposible librarse del listo de turno. Del hijoputa que no paga a sus acreedores -un caso de unos pobres marmolistas, conocidos míos, a los que deben 40.000€ por un trabajo de 2012- hasta el que no cumple las normas básicas del baño en nuestras costas y hace ir de culo al pobre socorrista que no cobra ni mil euros y que sudó tinta para conseguir el curro tras el concurso de la administración local.
Lo mejor es ser rico. Mirar por encima del hombro, desconocer las más básicas reglas de educación y respeto, no tener que rendir cuentas ante nadie. O ser puto médico y estar en la cúspide de la pirámide hospitalaria, y llevar una horrenda corbata con la bata abierta y la tarjeta identificativa en el bolsillo. Dios, qué derroche. ¿Te acuerdas de ese momento en Brindisi, perdidos por la bacanal de la amargura, en que nos paramos a hacer esta foto? Tuvimos dos minutos iguales en Ibiza, la misma puesta de sol metálica, gris industrial. Y me pregunto quién cojones se detiene un momento, aunque solo sea a posteriori, y reflexiona desde la casilla de salida. Por eso me hizo ilusión que, en la entrevista de trabajo definitiva, mi amigo G. utilizara el texto que le envié para acabar su redacción final tras horas de testos psicotécnicos farragosos. Lo tenía guardado en una foto del Whatsapp y, como tenía el teléfono encima de la mesa y no era un examen del cole, pudo hacer uso de mis artes escénicas y salir airoso.
il tramonto
¿Lo ves? Al final la peli sí que me ha influenciado. Vivimos en un mundo exclusivo, con sus playas privadas, sus doctores incultos que no diferencian una v de una b, sus putos nuevos ricos, sin jodidas reglas. Sin amistad más allá de un pasado que no conviene remover desde la comodidad del sofá, sin estabilidad emocional. Es más, se premia el dongiovannismo. Al ser hijos, en muchos casos, de familias enteritas pero desestructuradas en su privacidad sesentera, no estamos capacitados para aguantar a alguien más allá de nosotros mismos; cómo coño voy a aguantar las mierdas de una pareja, aunque tenga dos hijos con ella, si mi yo vive enterrado, adormilado, como si estuviera esperando el momento de salir y estallar y aprovechar las bondades del sistema pantagruélico que nos domina. Puedo perfectamente compaginarlo todo, incluso la educación y el bienestar de mi estirpe. El futuro de mis hijos, dos mujeres y todo el dinero que necesite. ¿Asusta la falta de perspectiva, verdad?
A la mierda. Yo no necesito volver atrás. La noche me importa una mierda: las copas, las drogas, las chicas, el paliqueo, unos dancings 'pasaísimo', cruzar la ciudad al salir el sol como en las pelis de Ben Affleck y El Indomable Will H. mientras ésta se despereza y tú vuelves de fiesta.
Podría hacerlo, pero no tengo ganas. Puede que lo haga una o dos veces al año porque, al fin y al cabo, no estoy muerto ni soy de cera.
Sobre lo demás y la oscuridad latente, sin tocar el constitucionalismo y la cuestión catalana nada más que para decir que yo solo quiero vivir tranquilo y hacer uso del seny, necesito tiempo para digerir todo eso circo. Temo quedarme atrás, temo no entender bien lo exclusivo y este agobio por no envejecer.
Ya no hay libros que leer en verano, así que, amigo mío,no se corte, ¡tenga una aventura!

domingo, 19 de julio de 2015

COMISARIO MUNDANO


Montalbano, sabe que le digo... ¡me voy a tirar!
¡Que siga el verano, por favor, dottore!


(Vuelta al trabajo en un contexto de necesitar más espacio futuro para la pared o, en su defecto, aprovechar de otra manera el que haya. Con ilusión).

jueves, 9 de julio de 2015

DEL ESPOLÓN DEL DRAGÓN A LA CASA DE LOS MIAUS Y LOS GUAUS-GUAUS

Aquí abajo tutto è molto più affollatto, crowded de verdad. Las playas son demasiado bonitas como para estar tan solos y tranquilos como en el querido Gargano que nos recordaba tanto a Ischia.
Quiero hablar sobre los ombrelloni y los sdrai y los lettini, insistir en su exclusividad. En Torre dell'Orso vimos un gran espacio desocupado, unos metros entre las tumbonas y la orilla. Desembarcamos allí y a los 30 segundos un chico muy amable nos emplazó a irnos con un scusi ma non si può... Ni siquiera delante del tinglado privado, por mucho espacio que haya, puedes plantar tu bandera. Esto los italianos sí lo respetan; la suciedad por doquier, con los márgenes de las carreteras llenos de mierda y los bosques llenos de botellas de alcohol que podrían provocar un incendio en cualquier momento, ni de coña. Lo raro es que oigo poco sobre incendios forestales por aquí, no lo entiendo muy bien. En España ves un par de botellines tirados cerca de matojos de hierbas secas y te pones las manos a la cabeza.
Benvenuti al sud. No sé si es cosa de las adjudicaciones de las basuras en clave mafiosa. Nos miran como si fuéramos del norte, y es en parte culpa por el acento milanese de Laura. En la ciudad de los árboles bellos, una tendera me preguntó si era argentino, yo le dije: peggio. Spagnolo, lo cual pretendía sonar a broma pero al decirlo me di cuenta de que estaba fuera de lugar.
Disfruto de los olivos y de este maravilloso paisaje mediterráneo, con sus higos chumbos y sus pinos que acarician las costas adriática y jónica, mientras recorremos las maltrechas carreteras secundarias que a las playas nos han de llevar. Oímos un zumbido, mira papa, un avión, y miro, dos súper cazas haciendo piruetas como locos bien cerquita de nuestras cabezas. Aquí el ejército convive con la población civil y nadie se pone las manos en la cabeza.
Italia tiene sus cosas, desde luego, puede que sea ese aroma añejo, el recuerdo de una dolce vita que en España no existiría por culpa de la transición, lo que me hechiza de esta tierra. Su gastronomía, como la nuestra, es tan excelente que la boca nos hace agua solo al repasar el listino. Anoche en Brindisi, una vez más sin oír ni gota de castellano, disfrutamos de una buena mesa en el paseo marítimo mientras L. jugaba con el gatito del local, de nombre Gaetano.
No lo sé, Puglia es la gran desconocida. No hay turismo de fuera, apenas hay estructuras para explorarlo... resulta curioso. Por eso lo recomendaría a todo el mundo. Vivir una experiencia 100% italiana.
Después de tantos días, tantas Peroni y tantos zanzare, toca recoger los bártulos y volver a casa, no sin cierta pena. Aquí nos sentimos como allí, y duele no saber cuándo volveremos. Tenemos un proyecto demasiado grande como para pensarlo y, en la casa de los miaus y de los guaus-guaus, ya no van a limpiar la piscina (con el tute 13-8, gran derrotado en el verano de, en eso sí de acuerdo, el joven Marco Mengoni).

jueves, 2 de julio de 2015

LA CADENCIA DEL MEZZOGIORNO


Siempre vuelvo a las playas del sur, siempre disfrutando con la cadencia del Mezzogiorno italiano y ese Mediterráneo que nos baña.
Me gustan algunas pequeñas diferencias, cosas que aquí nunca cambian y que en España puede que cambiaran, como por ejemplo las playas privadas. Aquí cada chiringo tiene su espacio con sus ombrelloni y su porción de mar.
Las playas de acceso público están debidamente señalizadas, separadas de la ostentación del que posee y no muestra ningún reparo en dividir. O puede que sea lo normal. Para los rusos sí que será normal, protagonistas del auge del este de Europa en nuestras costas, poco enemigos de los excesos. Muy poco español y tengo que escribir que a Dios gracias, estamos en un lugar muy poco publicitado (porque parece que el dinero, si bien puede entrar por estos lares, poco tarda en salir hacia otros destinos). Y me viene Saviano a la cabeza porque soy igual de apátrida que él (quizá yo por elección).
El rollo católico. Bueno, la religión, quiero decir. Está por doquier, si bien no debería sorprenderme en un país en el que convive encajonado nuestro amigo Francesco; en la entrada de nuestro camping, la madre de todas las madres gobierna desde un lugar de privilegio, con su altar ornamentado y su brillo nocturno incluido. Hay que decir que este villaggio lleva el nombre de un santo también, y que la hipocresía de la separación de lo público y lo privado aquí es más que notoria. El Papa y Roma sigue teniendo mucho poder, y está tratando de validar ese impulso que el sucesor de Pietro insufló con su llegada al Vaticano. Personalmente, más que un baño de moralidad es educación lo que necesitamos, y no tanto móvil ni tanta mierda tecnológica.
El italiano es un hombre que vive de las apariencias. Hablo de generalidades, como las poses y los aires de las mujeres desepocadas que no tienen ningún pudor en mostrar sus chichas al aire, con esa actitud casi arrogante propia de las familias patricias del Imperio. Como diría Tony S. a la pregunta de dónde está el antiguo esplendor romano, de dónde están los romanos, 'los tienes delante, gilipollas'. Qué puede decirse de las gentes que provienen de semejante imperio... Comunque me gusta esa grandeza decadente, me recuerda a la nuestra española y los constantes recuerdos a lo preCuba1898 y el señorío y toda esa mierda que nos impide avanzar.
Hoy estábamos en la playa tranquilamente, y entre todos los vendedores ambulantes, aquí no tan presentes debido a la escasez de estructuras y el olor a otra época, un señor in his fifties pretendía vendernos un artilugio para hacer mejor el agujero de la sombrilla, con su certificado de invención y todo. Mi italiano, perdido entre los albores de una isla a la deriva, daba como para congratularle por ello y decirle que en Barcelona no lo necesitaríamos, 'nunca he estado en Barcelona pero supongo que es lo mismo, es como con los griegos, somos lo mismo, mediterráneos lo stesso'. Joder, yo pensaba, los putos griegos no, pero bueno, amén a eso. Se ha ido con una sonrisa el tío, con su aspecto de Tony Bennett desvencijado a otra parte, a venderle su dentifrico a otro.
Me encanta la amabilidad de los italianos. O puede que sea el lenguaje, su manera de expresarse. Es sumamente pulcro, sofisticado, bello. El 'podría decirme cortésmente' suena fatal al lado del empalagoso 'scusi signore, mi farebbe la cortesia di...', por ejemplo. Laura me corrige con un 'se è cosí gentile mi potrebbe dire...', y así hasta el infinito. En el sur puede que haya demasiado terrone, sonrío, y los clichés aparecen de nuevo con toda su fuerza. Yo me siento más cerca de lo de abajo que de lo de arriba pero qué puedo decir, si vivo en el interior catalán. Supongo que es cosa de cada uno.
Este espolón me recuerda a Ischia. En mucho, en su poca oferta, en su tranquilidad, en su color de otrora. Me siento en mi ambiente, y esto solo acaba de empezar.

Oigo un karaoke a lo lejos, alguien canturrea Cuore ingrato como puede. Mierda, pienso, es como cuando fumaba en esos lugares mágicos de antaño. Esos momentos que hacían único el mero hecho de vivir esa conciencia cósmica, joder. Algo de aquí debí de ser en otra vida, no sé. Es esta cadencia, es este sabor de siempre.


domingo, 21 de junio de 2015

A CIASCUNO IL SUO



Me pregunto qué clase de persona soy.
A medida que pasan los años, pienso, mi yo va mutando; la esencia, evidentemente, permanece inalterable, son algunos detalles los que hacen que mi ser se sienta atraído por otros factores. 
He dejado de preguntarme muchas cosas pero a veces, de vez en cuando, sufro ataques del medio ambiente, por llamarlos de alguna manera. No soy inmune al dolor, evidentemente. Todo el mundo sabe que mi talón de Aquiles es mi excesiva conciencia sobre lo absurdo.
El otro día vi una especie de cervatillo moribundo en el arcén de la carretera camino de casa. No es que viva en la puta Minnesota, desde luego, pero sí que distinguí una cornamenta que me sobrecogió en el momento. Sentí un zumbido intenso, he tenido esa imagen en mi retina toda la jodida semana. 
Luego vi un anuncio de una ONG que me llegó al alma, joder, y pensé: ¿qué hago yo por mi planeta? ¿Qué hago yo por mis congéneres? Pero ambas eran cosas contradictorias, ya que el sentido común me dictaba que el mismo ser humano es el culpable de cargarse la naturaleza, los bosques tropicales y los malditos bambis atropellados en la jodida autovía que recorro a diario. Somos un virus, una especie que ha crecido demasiado para habitar en este pequeño planeta. ¿Cómo puedo proteger a mi hijo, o dejar de pensar que tengo que protegerlo?
A cada uno lo suyo. La indiferencia sigue siendo la respuesta. Y la menos humana (la más difícil).
Consigné una asignación de X € trimestrales a cierta organización porque no puedo seguir omitiendo la parte sufridora que en los malos tiempos me atormenta sin parar y hace que quiera cerrar fuerte los ojos y no saber nada de lo que ocurre fuera. En realidad eres un cobarde, no tienes lo que hay que tener para cambiar las cosas, oigo que me dicen. Yo respondo: no es por eso, es por mi perra, mi carlina, es por mi hijo, mi primogénito, mi compañera de viaje, mi amor, mi madre y la decadencia... ¡qué puto desastre!
Tiene gracia el argumento de Utopia, la serie británica de televisión. Yo no tengo fuerza apenas. Plantea una molesta realidad y ofrece una solución radical: hay un exceso de población, pues hay que esterilizarnos. Luego se me cae la lágrima al ver a un niño sufrir mientras veinticinco han muerto en la patera de turno y no se sabe cuántos yacen en el fondo del mar por lo precario de la embarcación o las condiciones insalubres de la chabola, o la dificultad para acceder a agua potable todos los días de la jodida semana en un remoto poblado africano.
Cuando escuché el Drones de Muse entero pensé: el disco de verdad empieza en la cuatro y acaba en la cinco (Reapers y The Handler). Lo otro son reminiscencias de la extensa discografía de la banda británica, parecen retazos sin conexión con el tiempo presente. No puedo soportar el peso de tener que explicar una y mil veces el por qué de mis actitudes, el por qué de mi exilio autoinflingido. Ellos seguramente ya no dan más de sí, pero el poderío de esos dos temas dejan una puerta medio abierta, un resquicio del yo que no tiene miedo a mostrarse como es. Ya no hay música que valga la pena escuchar, me dice mi amigo Ace, demasiado asqueado para el divertido verano alemán pero no tanto como para volver nadando a casa. No sé quién coño querría irse a vivir a Alemania.
No veo a mis amigos. Cada uno hace la suya, solemos justificarnos hasta el punto de que la duda, tras lo transcurrido, convierte una época sin historias nuevas en lo único verídico sobre las relaciones humanas. 
Llevo ya muchos días abrazando demasiado a mi hijo, besándolo como si cada minuto fuera a el último y siento una gran desazón al comprobar cómo retumba en mis oídos el aburguesamiento de esta cómoda posición. Me pregunto si inyectarme tinta de vez en cuando solventa algo.
Me pregunto, siempre que critico algo o a alguien o me agobio en el trabajo, en qué tipo de persona me he convertido. ¿Sigue siendo la ira el principal motor de mi yo social? Tengo suerte de contar con un equilibrio familiar incondicional. Es mi principal apoyo; donde antes reinaban los excesos, se posa ahora un halo de tranquilidad sin igual. Cuando intuyo a mi amigo T. lejos mientras se alía con K. por estar pasando una situación similar, ya no me preocupa no querer solventarlo, al igual que con P., al que puede que haga fácilmente dos años que no veo. Cada uno hace la suya, y ya se solucionará, o no. ¿Qué puedo decir? Se supone que llega un momento en que todo el mundo sigue su camino. ¿Qué dijo Tony Soprano, Ace? Recordar es la forma más baja de conversar. Los amigos son un bien sobre el que hay que saber pesar sin poder pasar.
Un día, solo uno. Y A ciascuno il suo (a cada uno lo suyo) como diría el maestro Sciascia -en el verano que voy a arrancarme con Camilleri-, que ya hace un calor de playa y este año volvemos al sur... ¡qué buen botín!

martes, 2 de junio de 2015

BARNEHAGE* SIN BANDERAS



Cuando veo a mi amigo K., noruego de Oslo, hijo de exiliado republicano barcelonés, siento una ternura casi familiar.
En los últimos 18 años nos habremos encontrado no más de 10 o 12 veces. Al despedirnos en la flor de nuestra juventud más bizarra, nos dijimos: amigos para siempre, eh, no lo olvides.
Éramos inseparables. Nos unen lazos difíciles de explicar; aunque por sus venas corra sangre española, él es un puto vikingo, un hijo de Ragnar Lodbrok. Y allí arriba son fríos, hace un frío del carajo, y beben como putos cosacos. 
Lo primero que aprendí en noruego fue drekka mer (bebe más). Luego deseé fervientemente ser noruego al entender las motivaciones del jodido Edvard Munch mientras paseaba ensimismado por el parque de Vigeland a menos 18 putos grados. 'Allí he tenido muchas citas', recuerdo que me dijo una vez. Voy a obviar lo de las 8 semanas de permiso de paternidad y otras bondades del sistema escandinavo para centrarme en la épica sentimental sin más.
Hemos bebido mucho juntos. Borracheras de calidad, espaciadas en el tiempo. Cada nuevo encuentro era como si lo retomáramos de la vez anterior, como si no hubiera pasado el tiempo. ¿Hay acaso mejor sensación? En una relación, eso es algo impagable.
K. me vio en mis épocas afligidas y, desde la distancia, supo entenderme. Recuerdo una comida en casa de mi madre, en la que ella le mostraba su preocupación ante mi futuro mientras él le decía que no se preocupara, que yo saldría adelante porque era inteligente y capaz. Ese día comimos arroz blanco con tomate y un huevo frito.
No era un problema de idioma. A la mística pertenece ya la pregunta que le hizo un profesor, sobre si había aprendido alguna cosa en su estancia en Manresa, sobre todo porque no solo dominó el castellano, si no que también chapurreó y utilizó con cierta soltura el catalán.
Aquello me ofendió. Yo siempre iba con él, me estaban tildando como una bad influence. Él siempre lo recuerda con rencor. Nuestra imagen de borrachuzos, por aquel entonces, era ya legendaria, y eso no gustaba demasiado en el instituto.
Han pasado 18 años desde entonces. K. ha perdido toda su cabellera pero mantiene la misma actitud física. Tiene dos hijos, una Sigrid de Thule de casi 3 años, C., y un pequeño troll balbuceante de 10 meses, A. Con niños era la segunda vez que quedábamos, allá en el apartamento familiar en Platja d'Aro (Girona). Yo, que siempre estoy atento a lo que acontece en su tierra, esperaba ansioso el momento. Quería sacarle a Knausgård, el tema de la inmigración y el petimetre de Ødegaard. Quería beber codo a codo con él y volver a oír aquel brindis una vez más: skål! 
Al final del día, todo se traduce en vitamina para el alma, acaba desembocando en una inmensa plenitud. El esfuerzo de hablar inglés con C., la madre de sus hijos, y la espina por no hacerlo mejor, son el único pero en unas jornadas breves pero magníficas; siempre nos quedamos con ganas de más mientras observamos a nuestra progenie relacionarse libremente pese a la diferencia cultural. Cada uno con su idioma, L. le decía a C., 'vine, vine' (ven, ven) , y le hacía gestos con la mano. C. acudía rauda y veloz y luego se ponían a correr riéndose uno detrás del otro. Yo pensé: mierda, esto es plenitud. Fue un momento de esos que recuerdas.
No critico a mi tierra, no pienso en emigrar. No es mejor el norte que el sur, ni nuestro modo de vida mediterráneo, sin apenas ayudas y con el sueldo congelado. Es un tema de educación, como no; ¿no es mejor incluir y no excluir? Cuando veo a dos niños entenderse así vuelvo a aquello de l'home és un llop per l'home. El hombre está sometido y no hay herramientas para superar semejante obstáculo, al menos no a grande escala. En nuestro microcosmos, miro hacia afuera con orgullo por una vida no limitada a las pequeñas enclosures, aceptando concesiones a la tradición como La Patum de estos días y sonrío al pensar en la etiqueta #bolquersoff y me digo ¡mierda!, como para cohibirse con las putas miradas ajenas.
Cada vez que veo a mi amigo K. pienso: que se jodan. No tengo por que ser de aquí si esto sigue así**.

*jardín de infancia

**si entras en el enlace, verás un canal de Youtube ('saber y potar') donde se retrata  a la juventud actual.

miércoles, 6 de mayo de 2015

AHORA QUE NADIE ME LEE...

... voy a escribir que me encanta beber.
Soy un puto borracho y un sociópata convencido. Ya no fumo ni me drogo y no te pienses que no lo echo de menos, no.
Odio a la gente y la gente me odia a mi. Ahora que nadie me lee, voy a explayarme.
Me importa una mierda no permanecer. Desde que me metí en el rollo de la astronomía, todo me importa una puta mierda.
La gente no tiene ni puta idea de nada. Suelo mentir diciendo que todo el mundo tiene algo que decir cuando en realidad no lo pienso así ni de coña. Lo paso mal en los conciertos, doy gracias a que no tengo ninguno a la vista. Ni bodas, gracias a Dios. Luego me emborracho y la lío y le hago pasar una vergüenza de la leche a L.
Ahora que me lee menos gente que nunca -total, para qué, y además me importan todos ellos un carajo-, solo quiero decir que no tengo nada que decir y que no leo una mierda. Nunca he sido un hombre cultivado y ya ni siquiera tengo memoria para intentar volver al sendero de los libros.
Ahora que nadie me lee, quiero que sepáis que he perdido la fe en la amistad. La exclusión social que la nueva familia provoca es una mierda, una puta jodienda. La pérdida de fe en mi mismo cabalga al mismo ritmo que el deterioro físico no tan propio de la edad. No puede ser que mis amigos, mi círculo, sufran por ello.
No puedo hacer deporte por culpa de la puta hernia. Estoy hasta las cojones de vivir con dolor, un dolor que vive al amparo de enfermedades mortíferas y casualidades e imprevistos varios. Tiene guasa la cosa, con la de mierdas que hay por ahí. Podría tocarme a mi, joder.
Ahora que nadie me lee, sabes qué, que a la puta mierda todo. Yo solo quiero escribir, pero escribir con calidad. Y encontrar la paz. Y ver desaparecer a mi padre, joder, ¡sueño con esa mierda! Sueño con su puto entierro oscense ahí, rodeado por paletos, con mis gafas de sol y mi postura más hierática.
Ahora que nadie nos ve, quiero decir que no necesito a nadie fuera de mi núcleo. Iros todos a tomar por saco, ya me dirás qué cojones hago yo escuchando a los putos Mumford and Sons.
Total, nadie te lee, tío, ¿qué más te da?
¿He dicho ya que me encanta beber?