POSIBLE MANUAL DEL ENFERMO MENTAL
Los que le conocían de antes no dejan de hacerse cruces a día de hoy.
Nadie es capaz de explicarse ese cambio súbito de humor general.
Es como si se tratara de otra persona;
asisten atónitos al nacimiento de un nuevo ser, afable y completo.
Agradable, arrebatador, bromista con clase. Se le escucha cuando habla, tiene una personalidad marcada y resulta atractivo a ambos sexos.
Totalmente receptivo y dispuesto a todo, con tal de sacar adelante cualquier menester.
Altruista, como indica su horóscopo. Dispuesto a ayudar al prójimo.
Solucionador de problemas, mediador, hasta incluso fuera de sus competencias, intentando abarcar el máximo de trabajo, aliviando de parte del suyo a los demás sin que se percaten ni se sientan especialmente mal. No se otorga medallas. Tiene un alto nivel de concienciación y visualización en referencia a situaciones y personas concretas,
pero fuera del trabajo vuelve a ser el de siempre,
encogido en su rincón.
Así surge un enfermo mental, así se prepara un brote psicótico en forma de estallido como la jodida bomba atómica Hiroshima Nagasaki y los malditos cañones de Navarone.
Buenas noches,
y buena suerte.
SÁLVESE QUIEN PUEDA
Hay muchas cosas escritas a lo largo de tantos años de Historia.
Muchas evidencias;
como también muchas que no hizo falta plasmar jamás sobre el papel, para desgracia de los historiadores que, como ratas enfermizas de laboratorio, se las vieron y se las desearon para desenmarañar jodidos puzzles del carajo.
De entre lo escrito y lo oral, del inconsistente Manetón al Homero más burlón, se tejen auténticas hileras vacías, huecos de tiempo y lugares sagrados en que se respira un aire diferente en el que prácticamente flotas;
no queda más remedio que poner en entredicho, pues, el trabajo tanto de unos como de otros. Desde el puto recolector de memorias hasta al analista mamón de las gafas.
Aquí no se salva ni el gato: para desamparo de muchos, hay recovecos de realidad irreales por todas partes sin registrar, aunque hasta de aquí mucho no nos juzgarán;
en esos habituales y vagos espacios se mueven todo tipo de injusticias que resultan jodidamente dolorosas, como que te llame tu mujer para decirte que se ha follado a otro con total naturalidad: "tenías razón, si bebo hago cabronadas".
La sensibilidad no se hizo, como vemos, para casos así. En este mundo hiperglobalizado, mineralizado y descarado no hay sitio para los débiles. La poesía está en duda, el talento bajo sospecha; el amor verdadero no pasa de los cuentos y ya no hay lugar que valga para proteger a estos malditos seres desvalidos de antaño. Hay cierta intriga en algunos comportamientos que descolocan, cosa que, a la postre, no será tan de extrañar. Quizá aplicaste alguna vez el ojo por ojo y ya no te acuerdas, opción sumamente apetecible de ahora en adelante para los casos con asterisco,
aunque nunca es suficiente la emoción de la caza porque, como todo, ¿qué cojones haces cuando se acaba?
- No podría decirte mentiras, no a tí. No quería hacerlo. No quiero perderte.
Ni tan siquiera importa que haya más de 4,000 años observándonos: corazones impávidos o sálvese quien pueda;
es el enésimo apunte que dio tinta de nuevo a luces vírgenes, o sucias olvidadas, quedando de manifiesto la verdadera naturaleza del ser humano, que es la jodida y maldita desgracia llegada con una sonrisa de oreja a oreja, repetida atronadora en el estómago como un mal trago, una vez más y para celebrar el año nuevo, ahora sí.
No es tarea fácil admitir que los 30 están tan cerca ya.
El hecho de viajar, en este caso, adquirió un cariz desbloqueador importante: se trataba de torpedear una circunstancia como esa. Cumplir años lejos -lo más al norte que pueda visitar jamás- era una gran medicina para esta maldita enfermedad incurable; sabiendo que la vida será una sucesión de años similares, basada en el contacto que puedas llegar a desarrollar con otros seres humanos -la eterna dicha, que no por eterna menos dolorosamente real- como único acicate o novedad, o los sitios que puedas ver, mezclarme entre los fiordos en estas fechas ha sido una experiencia única.
He estado en Oslo también para ver acabar el invierno, para finiquitarlo. Días después, y con ese espíritu un tanto lejano, hoy vuelvo a sentir el frío de mis manos congeladas al querer hacer una jodida foto.
¿Es visible lo invisible?
Lo jodido es que el mundo está hecho de gente anónima que piensa que sólo se ve lo que se quiere ver sin conocimiento de causa.