No me dejan dormir.
jueves, 19 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
DEMASIADAS NOCHES (DE MOMENTO, ONCE DE CATORCE)
La noche es para dormir. O, si se tercia, para emborracharse.
A estas alturas, me hago cruces con la misma inercia con la que tecleo una visita, respondo a la siguiente llamada o intento solucionar cualquier problema de mierda (a cada cual más estúpido e inoportuno).
He perdido la cuenta, no puedo pensar con claridad. Cuando lo hago, un río de billetes verdes inunda mi sistema límbico. Sólo sé que ya llevo demasiado tiempo aquí.
Y ya no me quedan más muecas en mi disfraz.
sábado, 7 de agosto de 2010
NUEVO ORDEN MUNDIAL
Hay procesos que, una vez iniciados, no se pueden detener. Un acontecimiento concreto será el encargado de acelerar o marcar el cambio delimitándolo, como en el caso del asesinato del archiduque de Austria en Sarajevo.
Así es como se escribe y como se ha escrito siempre, pero... ¿cómo puedes llegar a tener consciencia de que estás metido de lleno en uno?
En un momento único y diferenciado. Y antes del hecho concreto, antes de que se encienda la luz de alarma. Por una vez estaría bien poder tomar decisiones a sabiendas de lo que hay, me dijeron ingenuamente.
A veces es como oír una palabra concreta -puede que dicha por una voz cercana-, que resuena como un eco extraño, lejano, como si fuera imposible descifrar el código que se le supone: Pan es 'alimento' a la vez que el nombre del antiguo Dios griego de los payeses, pero si la escuchas detenidamente, esta palabra no significa un carajo. Alguno pensará que eso tiene un nombre: accidente vascular cerebral transitorio. Vuelvo a nadar más lejos de la realidad; es como si llevara allí toda la eternidad y no tuviese que significar un carajo, ya que no hay nada que no acabe cayendo por su propio peso y el que es malo, en el infierno acaba. Ningún término médico puede explicar eso.
A estas alturas, debería ser capaz de volver a darle otra media vuelta de tuerca para poder compartirlo todo, absolutamente todo. Y pese a que lleve tanto tiempo aquí fuera, en la puerta, tanto que ya ni siquiera recuerde cuál era el jodido detonante.
La cuestión es que he llegado a un punto en el que necesito que haya cierto retorno. O posibilidad de retorno mejor. Me duele pensar que, desde hace algún tiempo y en adelante, sea incapaz de abrir un puto libro. Estoy perdiendo vocabulario. Memoria. Recursos. No puedo ni cantarle al oído aquella melodía tan sobada. ¿Son cosas que quedaron atrás? Yo lo vengo achacando a la pérdida de la capacidad de concentración y me pregunto por ello, pero ya no me quedan asuntos por resolver ni me asusta ninguna Gran Guerra, por lo que sé que lo tengo claramente coloreado.
No quiero volver a ser la persona que era entonces. Además, eso es imposible y ni siquiera lo pretendo. Si miras atrás es porque no te gusta lo de hoy o porque estás cagado de miedo, chaval. La verdad es que no veo más allá ni escucho esa pesada voz, y lo que tradicionalmente me ha parecido simple, hoy me resulta mucho más atractivo y adecuado. Después de todo, quizá no sea capaz de hacer dos cosas a la vez. Será que estamos asistiendo ante un Nuevo Orden Mundial, pero ya que pasaba por aquí parafraseando a Lampedusa, algo tendré que cambiar para que todo siga igual (de bonito). No necesito acicate alguno para darme cuenta de que estoy viviendo una época dorada {porque es así como me hace sentir ella}, comprobando día tras día que es así como hay que vivir, y que no hay huecos permeables a los que les cueste poco sentirse reemplazables.
Mantener ese estatus junto al caudal del mismo río como un butrón en mi memoria, pasa a ser un asunto de prioridad total y absoluta, ya que no puedo ni quiero asaltar el bajel que recién atracó en Nueva España.
Así es como se escribe y como se ha escrito siempre, pero... ¿cómo puedes llegar a tener consciencia de que estás metido de lleno en uno?
En un momento único y diferenciado. Y antes del hecho concreto, antes de que se encienda la luz de alarma. Por una vez estaría bien poder tomar decisiones a sabiendas de lo que hay, me dijeron ingenuamente.
A veces es como oír una palabra concreta -puede que dicha por una voz cercana-, que resuena como un eco extraño, lejano, como si fuera imposible descifrar el código que se le supone: Pan es 'alimento' a la vez que el nombre del antiguo Dios griego de los payeses, pero si la escuchas detenidamente, esta palabra no significa un carajo. Alguno pensará que eso tiene un nombre: accidente vascular cerebral transitorio. Vuelvo a nadar más lejos de la realidad; es como si llevara allí toda la eternidad y no tuviese que significar un carajo, ya que no hay nada que no acabe cayendo por su propio peso y el que es malo, en el infierno acaba. Ningún término médico puede explicar eso.
A estas alturas, debería ser capaz de volver a darle otra media vuelta de tuerca para poder compartirlo todo, absolutamente todo. Y pese a que lleve tanto tiempo aquí fuera, en la puerta, tanto que ya ni siquiera recuerde cuál era el jodido detonante.
La cuestión es que he llegado a un punto en el que necesito que haya cierto retorno. O posibilidad de retorno mejor. Me duele pensar que, desde hace algún tiempo y en adelante, sea incapaz de abrir un puto libro. Estoy perdiendo vocabulario. Memoria. Recursos. No puedo ni cantarle al oído aquella melodía tan sobada. ¿Son cosas que quedaron atrás? Yo lo vengo achacando a la pérdida de la capacidad de concentración y me pregunto por ello, pero ya no me quedan asuntos por resolver ni me asusta ninguna Gran Guerra, por lo que sé que lo tengo claramente coloreado.
No quiero volver a ser la persona que era entonces. Además, eso es imposible y ni siquiera lo pretendo. Si miras atrás es porque no te gusta lo de hoy o porque estás cagado de miedo, chaval. La verdad es que no veo más allá ni escucho esa pesada voz, y lo que tradicionalmente me ha parecido simple, hoy me resulta mucho más atractivo y adecuado. Después de todo, quizá no sea capaz de hacer dos cosas a la vez. Será que estamos asistiendo ante un Nuevo Orden Mundial, pero ya que pasaba por aquí parafraseando a Lampedusa, algo tendré que cambiar para que todo siga igual (de bonito). No necesito acicate alguno para darme cuenta de que estoy viviendo una época dorada {porque es así como me hace sentir ella}, comprobando día tras día que es así como hay que vivir, y que no hay huecos permeables a los que les cueste poco sentirse reemplazables.
Mantener ese estatus junto al caudal del mismo río como un butrón en mi memoria, pasa a ser un asunto de prioridad total y absoluta, ya que no puedo ni quiero asaltar el bajel que recién atracó en Nueva España.
viernes, 23 de julio de 2010
AMADA DEPENDENCIA (BIEN ENTENDIDA)
Nunca llegué a leerlo, pero sí que me quedé con la idea de los vampiros emocionales, una raza peligrosa de cojones. Seguramente no iba de eso, pero tampoco voy a averiguarlo. La cuestión es que todos y cada uno de nosotros sabe perfectamente a qué tipo de gente hemos podido estar expuestos en algún momento de nuestras vidas.
Siempre he pensado que esa gente tiene que recibir su merecido o, como mínimo, sonrojarles, hacerles ver qué clase de personas son (Justicia de la Conciencia). Porque si no, pensarán que no les cuesta nada salirse con la suya y volverán a matar impunemente, aprovechándose cruelmente de la debilidad del prójimo. Y eso, amigo mío, no se puede consentir. Alguien tiene que pararles los pies.
En pareja o en una relación amorosa, sentirse dependiente (que vas a destiempo) y comprobar que la otra persona, la persona que tú amas, se aprovecha de ello. Alguien dirá: 'será que no te quería del mismo modo'. 'Siempre puedes elegir', dirá otro. Pero es un tema de frecuencias y niveles de intensidad. Incluso puede que tú hayas sido uno de esos vampiros también. Porque cada persona que te encuentras en la vida está marcada por un momento emocional y un contexto. Y al inrevés. No se puede explicar la obra de Lorca sin entender la época que le tocó vivir. Entonces... ¿qué diablos pasa con la idea romántica del amor? Amor incondicional total. ¿Se puede llegar a ese punto?
No creo en la suerte. En la suerte de encontrarte a alguien en el momento adecuado y en el lugar exacto. Hay que persistir o saber abandonar el barco a tiempo. ¿Cómo se consigue eso? Con el tiempo, quitándole hierro a todo, incluso a tí mismo. Sobre todo a tí mismo. No esperando a que aparezca ningún redentor.
Respecto a las situaciones de poder, hay que saber gestionarlas. Si no te interesa, lárgate antes de que el diablo sepa que estás disponible. Para que eso no ocurra, un principio puro es la base de todo buen puerto. La sinceridad. La confianza. Valores difíciles de compartir por el miedo a quedar al descubierto y con el culo al aire. Prolongar esas sensaciones, junto con cierta vulnerabilidad que se les supone, parece casi imposible. Yo lo estoy logrando.
Pese a todo, a veces me pregunto cuál es la frontera entre amar o depender. ¿Qué diablos significa amar? ¿Hay algún manual para eso? Un día te despiertas al mediodía y descubres que tu primer pensamiento es ella. La llamas. Y así día tras día, sumando momentos, sumando tiempo. No ha habido ni un solo día en que no la hayas encontrado o sentido de alguna manera, y, de ahí, inevitablemente te vas al desastre. Sientes miedo. Miedo a la soledad, al desamparo, a caer otra vez al maldito pozo oscuro de siempre. No puedes obviarlo porque forma parte de tí, aunque tampoco te impide disfrutar el momento en todo su esplendor, cosa que te corroe sobremanera.
No creí que esa idea, la del amor romántico, estuviese hecha para mí, la verdad es que no. Sigo, otras muchas veces, esperando mantenerme fiel conmigo mismo y no errar el camino. Incluso ni se discute el trecho recorrido, ni el que queda por recorrer.
Estamos a finales de julio y ya estoy bastante bronceado, aunque tenga mi ordenador en el taller todavía. Hay mucho en juego, pero por primera vez, no me importa reconocer que aquella pesadilla era muy real: la vida está hecha para vivirla con otra persona, y, depender amando y ser correspondido, un lujo güeno al que someterse sin pensar en qué cojones vas a perder.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

