martes, 28 de julio de 2009

JUSTO ENFRENTE MÍA

SERIE B
Justo enfrente mía
y después de medio año,
observo mi actual desdén, mi agonía;

Justo enfrente mía
y viajando, craso error,
¿acaso fueron las palabras medicina tardía?
"No es nada de tu incumbencia", dictando cruel sentencia.

Fuera lo que fuese ya se fue;
una sola cara, cara mia, debo dejar pasar.
¿Tan pronto descubriste mi desaire crepuscular?

Justo enfrente mía
se halla mi enferma flor favorita;
ocultar sin desentonar,
jugar a nada si el tiempo se va.

Justo enfrente mía
apareció el verdugo croata;
"no se apure, no hay corbata,
olvídelo y sonría".

Justo enfrente mía,
no supe como acallar las voces de esa jauría,
y aunque debería,
no pienso ceder mi autoría.

lunes, 27 de julio de 2009

SI EL VOLAR CERCARA

SERIE A
Si el volar cercara el espacio que me separa de tí,
poco quedaría si no me dejasen sufrir.

Si el volar cercara y pusiera coto cerrado, lucha aislada,
jamás encontraríamos la respuesta más acertada;

si el volar cercara y acojonara mi halo más profundo,
ten por seguro que si respiro ya es todo un mundo.

Si el volar cercara a las luces de emergencia y la cabina pierde presión,
recuerda que una cerveza tal vez dos,
no garantizan obviar tal sofocón.

Si el volar cercara y escondiera o pospusiera malos aires, agárrate,
tiembla,
y hazme un favor, ¿quieres?
Deja las quejas para la vuelta.



21.09 del 15 de julio, volando y pactando.

miércoles, 24 de junio de 2009

DOS AÑOS DE TOLERANCIA (EN TRAVESÍAS POR DESIERTOS MOVEDIZOS)


La tolerancia es un bien que escasea en nuestra sociedad moderna actual.
Las migraciones masivas del nuevo milenio (y la Era de Acuario) han destapado una cruenta realidad -aquella que pregonaba Fukuyama y no sé porqué recuerdo hoy- basada en el choque de civilizaciones; en vez de hacer un frente común para darle cierto sentido a la palabra "global", la mayoría de habitantes de este planeta han/hemos decidido barrer hacia nuestro propio territorio sin escrúpulos ni lavarse/lavarnos las manos antes. Cualquier novedad es recibida como una amenaza de lo más temida, justo cuando otro término, el tan manido "cambio" (change mejor), no paraba de invadir los salones de nuestras moradas. ¿Qué elegir, pues?
Que con qué nos quedamos (si decidimos obviar burdas demagogias). Demasiada responsabilidad resulta, si ambas vías siguen por los mismos derroteros y no pretenden ni aspiran a contraer matrimonio (por más que nos sigan intentando vender la moto y no podamos huir de la guerra entre realidad y/o ficción).
La reacción primigenia es el pánico. Tenemos miedo. Miedo al otro y a lo desconocido, miedo a cambiar de verdad y sin gastar su única y originaria acepción (que nos acercaría al movimiento), punto de inflexión necesario cada cierto tiempo y para cada época; miedo a que el Real fiche también a Ribéry pese al triplete, miedo a no poder dejar de mirarnos el ombligo y, en una postrera consumición, miedo a morir. Pero basta ya de cháchara. Sin el individuo no hay gracia ni desgracia, ni flechas, ni Croacia. Ser tolerante en un conjunto como el que versionamos es tarea harto difícil, ya que tendemos a enclaustrarnos; a más de uno lo enviaríamos a la puta mierda sin dudarlo ni un instante, ya que no hay nada como el volcar tus insatisfacciones en una espiral de violencia y agresividad. Asomarse a la azotea es un riesgo que se tendría que asumir sin grandes aspavientos. Añádase la crisis económica más grave desde el crack del 29 (del siglo pasado), y nos toparemos con una auténtica bomba de relojería en las calles día tras día.
Ser condescendiente, pues -tanto como paciente o hijo del ser más elocuente-, es una virtud que, al igual que el resto de sus congéneres, Enzo parecía no poseer. Como buen regente en Acuario, el aire no le traía ni buenos recuerdos ni impulsos altruistas de ningún tipo. Era el único error de su carta astral, pero esto no generaba conflicto alguno para su actual mecenas, perdida la musa de antaño, néctar prohibido del árbol de la vida.
Llevaba dos años en el barrio comprándole sus podridas manzanas a Omar, el hombre de la eterna sonrisa. Sobrevolando las moscas -dura es la vuelta-, acusado por sus más íntimos. ¿Que de qué lo acusaban? De ser intransigente, entre otras cosas. Él siempre respondía a la defensiva -incluso yo misma le advertí cierto desespero-, siguiendo los mismos patrones que aquí escribo. "Tenías que haberme visto hace cinco años, aquello sí que era auténtico canguelo", antes de que empezara a moverse (para certificar lo genuino y pregonar con el ejemplo) y no hubiese ni siquera contemplado el mero hecho de regresar.
Es cierto que a cada persona unas cosas le afectan más que otras, y que, de manera inexorable, esto no se manifiesta de la misma forma con respecto a unos u otros; puedes vivir más de diez vidas al mismo tiempo, no hace falta fortuna alguna, y en todas y cada una de ellas ser un ser distinto. Suele divertir, pero no tanto como para transitar por estos desiertos movedizos durante dos malditos años(sin absolutismos de por medio). Si dos de las personas que más le conocían coincidían en su diagnóstico -él se escuda siempre en que jamás le hicieron pruebas y que resultaba superficial y arbitrario, pero yo lo achacaría más al hecho de haber acudido a las personas equivocadas-, pese a sus múltiples intentos por demostrar o parecer lo contrario, es que algo no andaba bien. Si la actual coyuntura, como decía, no le era muy favorable -si seguimos teniendo en cuenta el inconsciente colectivo de Jung como punto de partida- ni halagüeña, y ya no le quedaban recursos para bucear en su interior más de lo necesario sin autolesionarse ni respirar artificialmente, es que se había metido en un buen aprieto. Y vaya uno para decirle nada, que poco le hace falta para hacerse una montaña e imaginarse enfermedades secretas, menudo negocio...
Él seguía pensando que, en realidad, no tenía nada que cortar. No obstante, no hizo falta demasiado para que de una charla informal saliera una profunda disertación animada; una de las cosas que sin ninguna duda podría asegurar de Enzo es que, si invitas tú y le ofreces un cigarrillo tras otro, te cantará hasta el himno italiano como si fuera el mismísimo Gattuso (el obtuso) crecido, pero me temo que de esto ya dije algo y no quiero apestar.

Lo achacaba todo al tedio, arma sedentaria de doble filo. Si no existe el tiempo y no hay posibilidad de rendición en esta vida, es que no tenía intención/interés en salirse del guión establecido; había echado raíces como siempre había temido, pero no fue conmigo ni cerca de mí.
Creo que detestaba esa dualidad que torturaría a cualquiera al irse a dormir por las noches (sin excepción), albergando inalcanzables deseos que le oscurecerían el rictus y le harían castañear los dientes al mediodía y sin previo aviso -para mí, la última vez que yací con él, como si de un muerto en vida se tratase, asquerosamente apático-. Porque cuando uno cree que lleva dos años navegando por tierras baldías y promesas vacías, cediendo cada pulgada de una boca en situación de leve y poco franca sonrisa, pasito a pasito, y no halla recompensa ni amparo en nada palpable, es que debe volver a la casilla de salida urgentemente.
Creo que él lo sabe y quiere ponerle remedio y un pequeño apósito temporal -como sin duda diría-, porque ni la tolerancia ni la más rancia propuesta que tenga que llevar a cuestas le provoca consuelo, estoy segura.
Sobrevalorar la capacidad individual de transportar pedacitos de tolerancia y miedos infundados implica preguntar y preguntarse, quizá lo mismo que volver a ver a un persona que conociste una vez con la que te llevaste realmente bien. Y cito literalmente, "para mí es muy fácil matar al mensajero, criticar sin piedad o llorar a la mala suerte, pero, que yo sepa, todavía nadie ha encontrado aún la piedra filosofal de los cojones".
Ya no creo que San Juan sea el día perfecto para invadir un país,
al menos no el mío, desde luego.

martes, 19 de mayo de 2009

LA MUERTE DE MICHAEL CORLEONE


Hoy la muerte se acercó para comunicarme personalmente que se llevaba a uno de los míos. Le pregunté el por qué, pero no quiso atender a razones. Por un momento pensé que era un sueño, pero por desgracia la realidad no se escabulle tan bien como yo.

Hoy la muerte ha cerrado un capítulo de mi vida que quedaba pendiente, pero no me ha dado la oportunidad de resarcirme, ni de salvarme, por lo que vuelvo a las andadas otra vez; hoy no he ido a trabajar, me han dado dos días de fiesta. Siento un vacío inmenso mientras pienso en un montón de ideas estúpidas para las próximas horas. Sé cómo va a reaccionar la gente, sé que le desterramos, sé que no debería pensar en toda esta mierda.

El día en sí ha sido muy extraño y no pintaba bien; desde que me he enterado, he caminado en un estado ausente, melancólico y lleno de reproches durante toda la jornada. Reproches contra mí mismo. No tenía ganas de verte, duelo obliga, pero mi mente va mucho más allá de estas líneas. Hubiese hablado por los codos, y ya estoy harto de eso; es difícil olvidar u obviar 18 años de existencia, acicalado con un sentimiento de culpa precoz y casi único con respecto al resto de los míos. Cómo mantener la calma cuando no se sabe salir de un entuerto semejante, flotando sobre el mundo de los vivos, cerca del hambre de unos cancerberos nada halagüeños; aunque haya escuchado la misma canción una y otra vez, esta canción que estarás tú escuchando en este mismo instante, aspirando profundamente las cenizas del viejo ser. Recordaba que tenía
En el Nombre del Padre para acabar de rematarlo, y así finiquitar el jodido día de hoy buceando en mi interior, preguntándome una y otra vez un millón de cosas que no tienen respuesta, cosas que le diría para tratar de arreglarlo todo. Pero ese tren ya pasó, y yo, como siempre, llegué 4 minutos tarde a la estación del silencio.

Decir que la muerte no avisa sería apropiado pero escaso; a estas horas de la noche -no espero dormir-, poco me queda ya. Siento que la palabra "dolor" trasluce el verdadero sentimiento de todas estas almas dolientes que concibo. No hice mucho, nunca hice gran cosa. Triste desgana frotando mi teléfono con una sola raya de batería. Una llamada de mi madre más y estallará. Ese fue mi gran error. Sólo pensé en mí, como hoy. Es como si hubiera muerto yo, Giuseppe o hasta Mario. Todos yo. Todos mis "yo". Para los demás -mis cercanos-, no les ofrecí espacio para tratar, y sentencié a todos aquellos que quisieron joderme, como a mi propio padre.

Esta noche, aquí, en mi cama, la estoy pasando buscando respuestas, buscándole a él, recurriendo a antiguos tópicos que permitan alargar y alcanzar una indiferente realidad que puede que algunos llamen "vida". Esta puta indiferente realidad que no deja aire para que el yugo de todo un planeta deje de aplastarme y señalarme con el dedo. No voy a quejarme más por eso. Asumiré toda mi responsabilidad como nunca he hecho.
Hoy ha sido el detonante final para el ser descreído, desgracia enterrada en un puño, nube que cierra el cielo que empuño.
La soledad ya no es únicamente una opción.

Hoy, esta noche, en mi cama, un último pensamiento me lleva a otro lugar. Me pregunto porqué mi madre seguiría llorando. "Ya queda menos", me digo, mientras me marchito y ni cerrando fuerte los ojos, encuentro jodidas respuestas a tantos malditos "por qués".
Dicen que la vida sigue.
No tengo ni una puta foto suya, pero...
¿a qué es curioso que hoy ya sea martes?


miércoles, 29 de abril de 2009

LA IMAGEN DE LA DISCORDIA


Hoy me he levantado más temprano de lo habitual, sobresaltado por una imagen que no me dejaba respirar.
Sigo sin entender porqué los nervios no me dejan en paz, porqué no se van a otro lugar.
La pregunta más recurrente que me hago esconde un miedo atroz a afrontar la mugrienta realidad. En verdad no sé qué diablos hice para merecer esto, si es que algo así se puede llegar tan siquiera a discutir. ¿Desde cuándo me obligaron a vivir en este asqueroso exilio?
A estas horas, la pandémica duda atañe a la persona que representa al rey de oros, mi despiadado mecenas particular, musa de antaño. ¿Cómo se puede vivir así?
Sé que cualquiera me obligaría a enfrentarme a ello, cualquiera menos yo mismo. No hay nadie al otro lado, nunca lo ha habido. ¿Crees que abandonar el barco serviría para mejorar las cosas?
Podría ir por ahí a crear otro concesionario, en alguna región inhóspita, lejos de la tristeza. Pero esa imagen seguiría persiguiéndome; me he condenado a vivir con una bola en el estómago, justo antes de los 30, y no sé como voy a salir de este maldito entuerto. ¿Cómo voy a aguantar con el mismo traje toda la vida?
Ni el destierro bastaría. Es muy triste descubrir que ya no tengo cojones para irme a ningún lado, y que, sin embargo, no puedo detener el flujo incesante de inquietud que me tortura.
Estoy llegando a un momento clave, pero el desasosiego que me impide dormir por las noches no entiende de esas cosas. No me puedo concentrar en nada demasiado tiempo, cosa que me arrastra hacia el pozo de la ignorancia por los tiempos de los tiempos.
Desearía decirle que lo entiendo, que no hace falta que sigas aquí dentro, que creo que lo mejor es que desaparezcas, por favor. Pero ya hace demasiados años que se mantiene cerca, entre las trincheras del pensamiento -a pocas millas de mi barrio-, y no parece tener intención alguna de irse a ningún lado.
No recuerdo desde cuando soy así. No sé si siempre fue por una chica, por la idea de una chica o por algo mucho más profundo, como digo; en el primer sentido, sé que una vez sufrí mucho, y que, en otra ocasión, me resultó más difícil aún catalogar la especie. Si la vida está hecha para compartirla con otra persona, no sé hasta qué punto poyectaría mis inseguridades en ella. Es como la gota que colma el vaso, el desencadenante que designa a los jueces encargados del proceso. La imagen de la incapacidad contra la experiencia.
Ya sé cómo se nace, pero, ¿es así como se hace?
Siempre he sabido porqué alguien se acercaba a mi. En verdad, no tengo nada más que ofrecer, cosa de lo más injusto para la añada 2008-2009; qué le podría explicar, si a los tres segundos soy como el agua clara y fresca que baja por el riachuelo con el rocío de la mañana. Si sigo resistiéndome de esta manera tan patética, no me imagino porqué alguien podría bordearme tanto tiempo, la verdad.
¿Puede un hijo crecer sin padre?
Una de las cosas que me alegra e ilusiona es la llegada del buen tiempo. Siento cierta responsabilidad asociada a un ligero trance, cosa que no me impediría alcanzar mis propósitos pero. Apenas un pequeño resentimiento y una certera presunción rencorosa, llegado el momento, pero sin tener que llegar a dar explicaciones. No puedo cerrar una puerta si nunca la abrí aunque tuviera las llaves.
No opté por ese camino ante la idea de quedarme solo. Hace mucho que sabía lo que estaba pasando, así que, independientemente, tomé cartas en el asunto. No es que esté solo. Sé que estoy solo.
Todavía echo de menos al mar y sus ofrendas, pero, ¿qué borrachera no purga esta insatisfacción?
¿Que qué voy a hacer? La costumbre dirigirá mis pasos hasta que el fin del verano marque nuevos retos. No lo voy a dejar en manos del destino, aunque pienses que siempre hablo de lo mismo. Voy a vivir al día. Con esa imagen en la mano, día tras día.
Me armaré de valor cada tarde para salir de casa. Seguiré viendo pasar, sin espacio, la botella medio vacía.
Por eso, ahora, en esta fresquita mañana, me he despertado preguntándome varias cosas. Con una jodida imagen que me abandonaba, cayendo por el precipicio, en un fatigoso sueño de lo más revelador. Yo le ofrecía mi mano, pero ella se reía en mi puta cara, prefiriendo caer al vacío.
Los nervios siguen aquí, el médico me recomendó que dejara el café, pero yo no le pienso hacer caso.
Hay que tener tanta fe, que a veces es difícil soportar tamaña falsedad, pero no queda más remedio; ¡qué diablos, tengo que cambiar de representante, pardiez!
Las náuseas de la incertidumbre acaban de sustituir a la dificultad respiratoria, y la jodida bola, en esta preciosa mañana de miércoles primaveral, va a tener que pasar por el aro de la raza blanca.
Me llevo a la imagen de la discordia conmigo.

viernes, 17 de abril de 2009

EL DISCURRIR AUSENTE (TREINTA Y SIETE SEGUNDA PARTE)


Me planto en la ciudad más grande de este país solo y cansado hasta aburrir y desesperar al más pintado (aunque me dispare a quemarropa en la cabeza).
No soy buena compañía para viajar, ya que o voy a remolque o me molesta hasta el más mínimo detalle, así que pensé que era mejor no pensar en eso.
Ya en el tren me divertí de lo lindo al toparme con varios personajes y escuchar sus conversaciones; intentar relacionarme un poco no me iría mal, como disponía entre raíles con los ojos como platos. La capacidad de sorprender, propia de la naturaleza humana, es verdaderamente espeluznante, pero lo mejor era que ni siquiera tenía que intervenir. Ver los toros desde la barrera de vez en cuando es cojonudo. Relaja la mente y dispone libertad absoluta para absorber todo cuanto abarquen los sentidos.
Luego está propiamente lo que te compete a tí. En esas no hay nada mejor que jugar a ser otro; para Hong Kong fui un italiano que estaba recorriendo el país entero, auque mi ropa no ayudara demasiado:
- Mi chiamo Enzo.
- What?
- My name is Enzo. Vincenzo. Vincent. Vincent Vega, you know? I'm from Sicily. I'm just arriving from Amsterdam. Sorry, Hong Kong is chinese yet or british nowadays?
Como no recuerdo las palabras exactas no transcribo más, que me da vergüenza y el inglés no me llega. Di rienda suelta al gran actor que llevo dentro un par de veces más, las justas para soltar el veneno que todo hombre arrastra.
Siempre que puedo utilizo el you know, además con acento yankee made in Hollywood. Culpa de mi madre, que se pasaba los días cocinando con gente como Sylvester Stallone o Paul Newman; cuando murió éste, hace un año creo, hicimos un minuto de silencio de lo más sentido. No entiendo como alguien no puede conocer Pulp Fiction, es algo que no me explico.
Nada más desembarcar, me topé con una argentina con voz y tono de listilla. Me preguntó por El Prado, "yo voy hacia allá, pero no tengo ni idea de cómo", así que fuimos juntos. Desconfío de todo el mundo en general, pero de los argentinos mucho más; parece que te la quieran meter doblada, siempre con el envoltorio más atractivo posible. De todas formas, no tenía mucho que perder ni rumbo fijo, estaba dispuesto a aceptar lo que el destino me ofreciera sin más.
Era de una provincia de Buenos Aires cuyo nombre no puedo acordarme y maldecía a los capitalinos bonaerenses excluyentes. Se quejaba todo el rato. Le dije que no sabía una mierda sobre América Latina, pero insistía una y otra vez:
- ¿No dijiste que sos historiador?
Mierda, olvidé que estaba actuando.
- Sí, pero por aquí intentan que seamos europeos, sabes. Lo único que sé de Argentina es que Maradona es vuestro Dios en rehabilitación dudosa y eterna, Messi su sucesor síndrome y que os saqueamos toda la plata que pudimos con Colón y compañía.
Quería que se largara de una puta vez, pero no pilló la indirecta descaradamente directa. Empezó a hablarme de su vida y milagros, ya con menos aspavientos. Escuchaba sólo frases sueltas (era muy cargante), y cacé perlas como que su sueño desde pequeñita era ir al Prado o que su padre, un desgraciado campesino, saludó una vez a Evita Perón y le enseñó a pintar (?¿).
A juzgar por su equipaje, podría dar fe de su vena pintora y no extrañarme tanto; unos canutos de papiro singulares le sobresalían por todas partes, diríase que tenía un mapa del tesoro para todo. Llevaba las uñas pintadas como girasoles, o eso creí ver, pero ya estábamos cerca del museo entre corrientes de gente y un calor asfixiante que hasta ese instante no había advertido.
Al llegar, vi un cartel que me hizo recordar algo que hizo que me desconcentrara: Francis Bacon. Por un momento pensé en el filósofo. Me excusé burdamente (le espeté que había quedado en el baño de la planta baja con un chico) y salí pitando de su vera. Mientras me íba a toda prisa aún me quedó tiempo para girarme y ver la cara que puso, con sus ojos verdes sobresaliéndose de las órbitas. Menuda una...
Liberado de nuevo, hice el recorrido lentamente, lejos de las pretensiones turísticas: una vez alguien me dijo que ese tío merecería mi atención.
Todos los cuadros estaban protegidos por un maldito vidrio protector que no me dejaba ver el detalle (pretendía encontrar una obsesión en ellos), por lo que empecé a sentirme realmente mal. Puede que no fuera tan pesada después de todo. Empecé a pensar en todo lo bonito que podría ser Argentina: la Pampa, ver un Boca-River en La Bombonera, ir a la fábrica de la Quilmes, conocer al Diego y compartir unas lonchas con Él, etc. La presunta temática del artista torturado no ayudaba a agilizar el vuelo, pero yo seguía avanzando entre arcadas, esperando a que los turistas se fueran, intentando obviar las jodidas cristaleras que reflejaban todo lo que se movía. De pronto, me convertí en el jodido Hombre en Azul. Debí equivocar el trayecto. ¡Hasta llevaba el mismo puto traje!
- Disculpe. Disculpe. ¡Disculpe!
Alguien me estaba propinando golpecitos en mi brazo derecho y empezaba a agarrarme de la camisa, cosa ésta que me hizo aterrizar de golpe y porrazo. Una vigilante del museo me comunicaba amablemente que no podía llevar por el recorrido la maldita botella de agua de dos litros.
- Ningún problema, me la bebo y la tiro en la primera papelera que vea.
Se quedó petrificada. Sólo cuando vas solo por ahí te permites esa clase de licencias, a cambio, eso sí, de asustarte a la más mínima. Entre sobresalto y sobresalto abandoné el recinto; ya había agotado todo lo que tenía que agotar. Estaba exhausto y sudaba como un cerdo, pero no podía volver al hotel puesto que no había reservado ninguno y volvía esa misma noche a casa, así que esperé fuera fumando un cigarrillo tras otro, haciendo fotos de personajes,
a ver si aparecía mi simpática boluda...

lunes, 13 de abril de 2009

VUELTA Y VUELTA


Ha vuelto y nadie se lo ha pedido.

Ha vuelto la tortura tensional a masacrar todo aquello por lo que luché.

Ha vuelto el desastre emocional que una vez pude evitar y que en otra ocasión convivió conmigo en paz armada.

Ha vuelto la tortuga para recordarme que la patata no es regular.

He vuelto a desplomarme sin sentido, cerca del precipicio.

Ha vuelto la tesitura que antaño me governó y que ahora más me atosiga.

Ha vuelto el delirio a hacer de las suyas y a intimidar a pobres justos, que por bandoleros, putas y pecadores se vende.

Ha vuelto la temperatura a bajar en demasía y a permitir sacar a flote aquella maldita debilidad.

He vuelto a derramarme encima lágrimas agónicas, esperando la ocasión perfecta (con alguna ayudita) para volver a la cama y dormir por paciencia o eliminación,
que mañana hará cien años.

He vuelto,
pero no para quedarme.

jueves, 9 de abril de 2009

TREINTA Y SIETE MADRID (PRIMERA PARTE)

19h.
Me hallaba en la gran ciudad marítima, azotado por sus multitudes en sábado; agobiado, profundamente asqueado, sabiéndome mal amigo y oliendo peor agüero, desde luego.

No tenía muchas ganas de ir a ningún lado, pues, y no veía posibilidades reales de moverme hasta el verano, de modo que ya me sentía cansado antes de empezar el viaje.
No pensé mucho en ello porque no era seguro y, llegado el caso, estaba dispuesto a dejarme llevar por las alas de la improvisación. Se trataba de eso, y de dejar las losas del pensamiento libres (o aflojadas) al menos por un día.

Cuatro tíos de verde y dos señoritas se molestaban por mi billete, pero mi barba no era lo suficientemente frondosa como para llamar la atención. Así no íbamos a ningún lado. ¿De dónde iba a sacar yo el ánimo para una razia como esa?

No llevaba equipaje. Siempre me ha molestado cargar con maletas, limitan la capacidad de movimiento sobremanera. Una vez dentro, busqué mi litera en el octavo departamento, pero los números andaban escondidos, agazapados, mientras se me cruzaba un pensamiento tipo Auschwitz; seis camas apiladas, como sardinas envasadas al vacío en previsión. Los pasajeros son plenamente conscientes y por lo tanto permisivos, así que suele reinar la camaradería. En cuanto a los olores ya es otra cosa, situación en la que sólo sirve el 'de tripas corazón', y tal vez rezar para que no te toque un puto apestoso cabrón.

Poco a poco me iba animando: Hong Kong bien vale un visado, uno bello, imberbe y poco utilizado. Pero debía dormir, así que fui directo al grano entre la estupefacción más absoluta y el constante balanceo, para librarme de estúpidas convenciones y otras connotaciones más débiles aún. Después de todo, me esperaba un día duro de cojones y, gracias a la emoción del momento, pude recurrir a la pastilla amarilla que me sumiría silenciosamente en dulces tinieblas, sin ni siquiera quitarme los calcetines.
Había arrasado con el botiquín de sorpresas en apenas veinticuatro horas de capital regia, de modo que para la vuelta sólo disponía de varios teléfonos y un persistente dolor de cabeza. Esta vez me toparía con gentes del norte, hombres recios, hechos y derechos, que glorifican el arte del embuste con absurdas conversaciones cuyo propósito no es otro que el de cumplir como pasatiempo, que como toda palabra que empieza por 'pasa' (aunque deliberadamente de mutuo propio), pasajera deviene:

- Tengo una casa en Villasumil.
- No me digas... ¡¿En Villasumil?!
- Sí, ¿lo conoce?
- Claro hombre, yo soy de ..., el pueblo ...
- ¡De al lado, claro!
- Sí sí, vaya vaya. Esa vieja carretera... ¿Y de qué casa eres?
- De la de Paco. Soy sobrino de ...
- ¡Esther!
- ¡Exacto!
- Vaya vaya, pues yo soy tío segundo de ... ¡Qué cosas!
- ¡Tío segundo de ...! ¡Yo iba a su huerto cada mañana a echarles una mano!
- ¿Su huerto? Ah bueno bueno, no tenían huerto, pero estaba Angelita, la peluquera, que...
- Claro claro...

Y así hasta el infinito, como si fuera una cadena que no tuviera problemas en retroalimentarse. Lo curioso y divertido es que, al entrar en detalles la conversación de dos desconocidos, se descubre al asesino fácilmente (dicen que se coge antes a un mentiroso que a un cojo), pero eso no les inquieta ni molesta lo más mínimo, haya o no espectadores. ¡Demonios! Tengo mi cámara demasiado oxidada...

Dejo escapar un leve gruñido y me retiro a mis austeros aposentos, repasando mentalmente todo lo que había hecho y lo que me había perdido durante la larga jornada dominical, en ese extraño convoy de ida y vuelta, penurias y muerte aparte. Volví a intentar dormirme entre varios episodios, a cada cual más peculiar, pendiente de que no me robaran nada; ¿Cuánto tiempo he estado dormido? Creo que me he dejado algo en algún sitio. ¿Es Hong Kong china o tal vez británica? Pero... ¿Es una ciudad, un protectorado o qué cojones es? ¿Estará llena de luces como esas atiborradas urbes asiáticas? A todo esto... ¿dónde coño está Hong Kong? ¿Es Jackie Chan hongkoniano? Se debe haber roto la crisma rodando o algo, hace mucho que no llega una peli suya...

Era ya muy tarde y Barcelona no quedaría muy lejos. La mirada del revisor decía que el tren estaría dispuesto a despedirse con el reloj de Madrid, mientras yo me sacaba de la chistera un último lingotazo de whisky y la gran ciudad marítima, dormida por sus multitudes domingueras, dejaría así de ser una amenaza,
como en esas diecinueve horas de vaivén por el extraviado bajel (del Ser).

sábado, 21 de marzo de 2009

MAÑANAS OBLIGADAS BAÑADAS CON VINO AGRIO


No acabo de acostumbrarme al hecho de tener que estar aquí, aguantando con la cara para no desfallecer.
Desde el momento en que, al inicio de todo, decides y visualizas unos objetivos, todo deviene en ingratas obligaciones. Y no hay nada peor que atar al ser humano en corto. Volvería al tema de la rapidez en las decisiones, o mejor dicho, al de su lentitud (esa tensa espera hasta que cumples lo acordado o te acercas mínimamente, que viene a ser lo mismo). Habrá días en los que pienses: casi mejor no hacer nada y no sentir ese maldito yugo, joder.
Ves, por ejemplo, ahora estoy en una jodida conferencia. Es el final de una larga cadena que me ha tenido en galeras todo este frío. No me estoy durmiendo, no. Es el precipicio de la salud mental lo que me preocupa, que los mareos no andan lejos. Puedo sentirlo. A estas cosas que normalmente se montan por las mañanas, mi habitual falta de sueño (por llamarlo de alguna manera, ya que insomnio no sería la palabra) puede convertirse en un arma de doble filo; podría dar lo mejor de mí bajo presión, o podría derrumbarme miserablemente como un castillo de naipes. Aderezado con un mal uso del sagrado exilir, noto como mi ser y todo Yo soy como una alma que me abandona… Això no es pot aguantar.
Corro el peligro de que se me vaya la cabeza pues. Y todo por una mierda de obligación que ni siquiera sé si me va a salvar la existencia. Estamos aquí apilados, pasando calor, y al escribir esto mismo, percibo un aumento súbito de mi temperatura corporal, me arde la testa y se me suben los colores sin remedio. Pienso en que es demasiado pronto para abandonar el barco, puede que haya que firmar al final: toca aguantar hasta el último segundo.
Es sólo un ejemplo sobre cómo van las cosas, ¡maldigo el momento en que me apunté a danza clásica! Con el tiempo me he dado cuenta de que no puedo hacer más de dos cosas a la vez. “Cosas” en cuanto a actividades de la vida, ya me entiendes. ¿Respondo, pues, al cánon del típico hombre? Las clases de alemán, danza, aquél cursillo oficial, la guitarra de CEAC y entrenar los lunes, miércoles y viernes. Y claro, trabajar. La solución es montárselo para dejar sentenciadas en invierno todo lo que puedas, que ahora en primavera va a ir a alemán (30 minutos ir y volver 3 días a la semana) Kung Fu, por decir algo concreto. No sé si esto significa que me estoy apalancando, sé que alguien podría llegar a decirlo. ¿Comporta eso, del mismo modo, una menor inquietud con la vejez? ¿Acaso ya no me quiero comer el mundo? ¿Alguna vez quise comérmelo?
No es sedentarismo, de eso puedo dar fe. Es lo falso que es todo, lo falso que resulta todo. ¿Para qué voy a hacer tal curso si después no entraré a trabajar en esa empresa, ya que pondrán al hijo, hermano o primo de alguien? Hoy (y ayer y siempre) todo funciona con enchufe. Odio recurrir a tópicos para apuntalarme, pero es lo que hay. Suena tan vulgar como es en realidad, ¿verdad? És una realidad apabullante de la que no reniego, sólo me hago eco de la mentira diaria que tenemos que soportar. En estas me sobrevienen ciertas náuseas por ser parte de ese puto circo de tres pistas…
Y éste ya lleva hablando una hora sin ton ni son; le da igual que la gente se duerma, que vayan saliendo de clase, ahora entran… con tal de soltar su discurso, que llegada la hora convenida, fijo que se larga escopeteado. Cazzo, acaba de poner cara de “… mierda, no le he enviado un mensaje a María para ver que hacía de comer, espero que hoy toque paella, ¡joder!”. Pero tiene tan interiorizado el rollo que le importa tres cojones lo demás. A una pregunta responde con evasivas, corta y continúa hablando. No le culpo, cada uno se las apaña como puede, pero a eso mismo me refiero. Si abres un poco los ojos, no se aguanta por ningún lado.
Hay unos límites de soportabilidad, y los míos están bajo mínimos. Desgraciadamente, hoy en día toca "mentalizarse" más de lo normal, y eso es una auténtica guadaña.
No pienses tanto, o estás muy depresivo, ¿no?, me dicen mis vecinos de aula. Sigo teniendo la necesidad de mostrarme como el gran voyeur que soy (todo es analizable y no te preocupes, que tendrá su correspondiente palabra o frase), buscando aliados allá por dónde me mueva. Lo que al principio parecía una elección, se ha acabado transformando en una forma de ser y ver el mundo. ¡Ojalá pudiese cambiarlo! Aunque no soy sincero del todo, no conozco otro mundo. Yo no vivo aquí a tiempo parcial, como la mayoría de personas que han manifestado algún "desequilibrio" y se han topado conmigo; camino por esa delgada línea roja a tiempo total. He llegado a tal punto (antes de los 30, y sin querer ser pedante), que la única forma en que podría alcanzar la felicidad sería teniendo una pequeña choza, cerca del mar. Con un pequeño viñedo y una vespa para bajar al pueblo a comprar el pan recién hecho, y montañas de libros y hojas y libretas con sus bolis, lápices y sus plumas respectivas… Fíjate que ni hablo del amor, porque esto es, en sí mismo, un grandísimo acto de amor, solitario y consciente.
Ya estoy preparado para esa vida. Todo lo demás me parece hueco y una pérdida de tiempo lamentable. ¡La palabra "responsabilidad" está más sobrevalorada que Karim Benzema! Pero claro, ese no es el mundo que condivido, así que aquí sigo, desgastándome, teniendo que engañarme día tras día para tener una razón para levantarme cada mañana (compartido por tantos esto), intentando que no se note mucho que en realidad, me he separado del ganado ya casi abiertamente (conscientemente), creando y desarrollando mi inútil currículum, volviendo a perder más tiempo y a preguntarme: ¿Para qué cojones sirve esta mierda? ¿Qué cojones se supone que estoy haciendo aquí?
Joder, levanto la cabeza y no veo nadie conocido a mi alrededor, me he vuelto a equivocar de clase.
Las semanas vuelan (hoy ya es sábado implacable), y yo ni siquiera debería haber estado aquí hoy. ¿Alguien sabe cómo demonios estamos llegando tan pronto a los 30 ya? Haré lo que se supone que debo hacer, como una maldita obligación del carajo, buscando alicientes, aliados, enemigos (créeme, más necesarios que los propios amigos), chicas, canciones y toda la parafernalia; en espera de la vendimia, justo mientras me acostumbro a vivir sin tener que llegar a pensar que puedo desfallecer en cualquier momento,
en cualquier lugar...

sábado, 14 de marzo de 2009

¿Y SI YA NO SUPIERA ANDAR YO SOLO LOS CAMINOS?


¿Y si ya no supiera andar yo solo los caminos?
Me preguntaba -en esta noche de luna llena- dónde habían ido a parar esas ganas de descubrir los misterios del mundo, pero olvidaba que, en sí mismo, ya hay bastante misterio en pensar en el mundo como tal.
En esos casos siempre aparece Fernando Pessoa [ª] para cortar mis ansias expansionistas y hacerme las veces de padre. Si fuera realista (por segunda vez y sin que sirva de precedente), abandonaría cualquier pretexto para exiliarme en mi púlpito local. No está el horno para bollos, que diría la jodida mujer sensata, vecina y vieja compañera de andanzas, querida mía. Si me quedara aquí podría dedicarme mejor a mis guerras de la conciencia, a mis desagravios mentales, pero perdería el miedo a no saber dónde voy a dormir esta noche y la posibilidad tan adrenalítica que supone cualquier riesgo. No sé si la edad desentona o sedentariza, pero eso es lo que dicen todos...¿Y si ya no supiera andar yo solo los caminos?
Me preguntaba -en esta noche de luna llena- cuándo dejé de lado al amor verdadero, aquél que una vez me hizo temblar de placer y dolor y también perder la puta cabeza. Puede que, en realidad, nunca lo tuviera y fuera por mis sueños (fiel reflejo de un mundo vivido, y no de uno por vivir), aquellos que me traicionaban mientras yo trataba de dormir. Pero ya no pienso tanto en esos términos, simplemente dejo la puerta entreabierta y espero que las cosas vuelvan a superarme, para que tú me mires,
y yo pueda derretirme aún.¿Y si ya no supiera andar yo solo los caminos?
Me preguntaba -en esta noche de luna llena- porqué seguía empeñado en complicarme la existencia, si mi camarada repetía que de cuatro que son la vida (tantos como fotos ves aquí), uno ya ha pasado. Frenar y volver para asquearme y descubrir que perdí el derecho a ser feliz desde el primer momento en que me planteé el mero hecho de poder llegar a serlo. Escribir, pensar salir de casa. Actuar, ver salir el sol (por fin), mendigar, quedar al descubierto, repetirme. Así resumo el paso de mis días, semanas, meses y hasta años.¿Y si ya no supiera andar yo solo los caminos?
Me preguntaba -todavía en esta noche de luna llena- cómo es posible que se negara la vía del 'contrato de amor' (qui il sentimento non c'entra per niente, no tiene nada que ver con eso), proyecto fútil (¿senil?),
y qué caminos quedarían despejados para que pudiese andar yo solo, sin temor ni tener que llegar a preguntarme tantas veces el dónde, el cuándo o el porqué (al cómo ya lo desterré tanto tempo fa),
¡no me obliguen a desempolvar mi fusil!

[ª] [EL AMOR ES UNA COMPAÑÍA]

El amor es una compañía.
Ya no sé andar yo solo los caminos
porque ya no puedo andar yo solo.
Un pensamiento visible me hace andar más aprisa
y ver menos, mas gustar más tiempo el verlo todo.
Hasta la ausencia de ella es una cosa que está conmigo.
Y tanto ella me gusta que ya no sé cómo desearla.
Cuando no la veo la imagino, y soy fuerte como los árboles altos,
mas si la veo tiemblo y no sé dónde está lo sentido en su ausencia.
Todo yo soy una fuerza que me abandona.
Toda la realidad me mira como un girasol con su rostro en el centro.

viernes, 6 de marzo de 2009

A OJOS AJENOS *

Conozco a Enzo de la whiskería, es un buen tipo, sincero.
Dice que tiene 29 años, pero no lo parece. Al ir tratándolo, lo que más me llamaba la atención era que no paraba de hablar de él.
Hablaba como una metralleta, al estilo Tarantino, y todo lo llevaba a su terreno. Nunca había visto nada igual, al menos no algo que yo hubiese conocido antes. Me gustó desde el primer momento en que lo vi, desde el primer día. Mientras yo me hacía cruces, el seguía hablando sin parar... ¡ni debajo del agua se callaba!
Más tarde descubrí que era una especie de táctica, siempre a la defensiva, como su modo de resguardarse.
Parece demasiado inquieto para lo que podría llegar a ser. Un tío que reconoce sus incapacidades abiertamente pero que pretende aspirar a dominar el mundo... resulta un poco patético. Creo que por eso bebe tanto; cada vez que lo encuentro aguanta una copa en una mano y en la otra un pitillo de esos de liar, en la barra de algún bar, rodeado por una extraña áurea cubierta de humo. No sé si llamarlo “carisma”, “personalidad” o, simplemente, "farsa". No acabo de estar segura.
Aúna a ese deje decadente medio Nacho Vegas, medio Ray Loriga, una cierta sensación de estar derrotado de antemano, antes de empezar cualquier cosa de las que tenga que llevar a cabo. Creo que le encanta cultivar ese aire misterioso, cuando en verdad no engaña a nadie, es demasiado visceral. No tiene ningún brillo en unos ojos ya de por sí algo estrábicos, inexpresivos. Y no te digo nada sobre su caminar, pesado como una obligación cruel, o peor aún, como si andar fuese una obligación (que te legitima del todo a usar joroba).
No tardé mucho en follármelo. En la cama resultaba tímido al principio, y a la pregunta de si con la luz apagada o encendida, te respondo que con luz tenue. Para la segunda ocasión, compré velas que ayudaron a crear un ambiente propicio y relajado. Me da que le da demasiado al tarro, no sé hasta que punto es bueno esto (almenos no mucho para esas "ocasiones", tú ya me entiendes). En esa misma segunda ocasión, me sorprendí al verle sacar un par de cedés de su mochila; la música para él es imprescindible, me contaba en uno de sus eternos discursos contradictorios (lo curioso es que al final los acaba cuadrando, y si te despistas un momento ya estás perdida) cierta teoría sobre su uso: resulta que había una música para cada momento y cada lugar, pero eso sí, ésta no pertenece a nadie, y sólo respondía ante un sentimiento universal…
No quiero cansarte con detalles, pero también es muy maniático y “ceremonial” (en eso me recuerda un poco a tí); sólo para que te hagas una idea, el otro día, en su casa, le pillé ordenando sus zapatillas en fila y según la estima que les tenga en esa época concreta…
Casi desde el inicio, fue directo conmigo, soltándome el típico rollo que no entiendo como aún os montáis los tíos, sobre la libertad (no, Fromm no), nada de ataduras y demás, pero sonaba más bien a pataleta de niño que otra cosa.
Cumplía, pues, todos los requisitos para enviarle a la mierda al cabo de un mes, ya que podría llegar a ser insoportable, ¿no crees?
Un tío con el síndrome de Peter Pan, rarito, con pánico a comprometerse, sin coche ni casa ni proyecto de ningún tipo, parlanchín como pocos (por citar sólo sus principales características), era como para abrir la tapa después de un par de polvos y tirar de la cadena sin pasar por la casilla de salida. Tu te reirás, pero precisamente eso era lo que le convertía en un ser entrañable y totalmente arrebatador. ¿Cómo podía quedar gente así aún?
Una, como buena Acuario y que tiene algo de María Auxiliadora (como bien sabes), busca y se pregunta e intenta salvar siempre al prójimo (o sea, que soy más tonta que Picio). Hace que (quiera o no) escarbe en mi interior y me enfrente a mis demonios, pero debo decirte que en esta historia él juega a caballo ganador. No tengo ni idea de cómo me ve a mi, pero está claro que el as lo lleva él. Es imposible no ir a remolque con alguien así, no me importa reconocerlo. Trato con un tío que no creo que haya escuchado a nadie más de 5 minutos seguidos en su vida y que parece vivir en otro planeta; de todas maneras, parece haber desarrollado ciertas estrategias para que eso no se note lo más mínimo,
es increíble…
Como no puedo renunciar a todo eso, he decidido seguir y vivir al día, cuando se acabe… pues se acabó. Así tiene que ser, con éste no puedo hacer las mismas cosas que hice con otros (ya descarté cualquier grabado con la doble “E”), ni seguir los mismos pasos. Un tratamiento convencional no funcionaría, sería totalmente inviable, avanzar como pareja y esas cosas…
¿Resignada? Puede ser, pero… ¿qué le voy a hacer? Es superior a mi. Lo único que me molesta es que mis amigas tengan relaciones con cara y ojos, mientras yo, a estas alturas, casi no tengo ni dónde agarrarme… Bueno, sobretodo es la influencia del entorno lo que me ralla, pero claro, que te voy a contar a tí que tú no sepas y no hayas vivido en tus propias carnes...
Ellas me preguntan que para cuándo nos iremos a vivir juntos y cosas del género. Yo respondo con un “ahora estamos muy liados, no es el momento pero todo llegará”, por los dos, engañándome vilmente. Pronto me descubrirán, pero aún no estoy preparada para afrontarlo. Primero tengo que aclarar ideas, aunque procese lentamente y a veces esté demasiado tiempo transitando por callejones sin salida y no vea ningún futuro con él, sé que esto es lo que necesito ahora (y si me engaño un poquito más, me digo que, como mínimo, esto es lo que tengo ahora), lo que quiero hoy. ¿Pan para hoy y hambre para mañana? El tiempo dirá...
Vale, hazme un favor, no seas muy duro conmigo…
Te dejo que voy al cine a ver la última de Clint, que he quedado a las cuatro. Uy, un domingo, y al cine cogiditos de la mano… ¿Es posible que me haya vendido la moto y yo haya caído como una tonta?
Ya te diré si es de los que comen palomitas y eso, je, je, je.
Por lo demás, todo en orden, viento en popa a toda vela.
Sin otro particular, espero noticias tuyas (¿qué pasó con aquél alumno al final, te lo follaste?),
te quiere
Esther.

P. S. : Si te estás preguntando como es, vas a tener que esperar. No tengo ninguna foto en este ordenador, estoy esperando que me pase las suyas (va todo el día con una Réflex en plan pesado). En cuanto lo haga, las cuelgo en el Facebook y me dices qué te parece, aunque miedo me das…


* El destinatario de este mail cometió el error de reenviármelo, inmiscuyéndose (pudiendo provocar un cambio de rumbo), haciéndome acreedor de un poder que puede que no acabe de gustarme demasiado y me esté haciendo pensar ya en ahuecar el ala…

martes, 3 de marzo de 2009

EL FIN DE LOS FINES


He estado mucho tiempo preguntándome el sentido de la vida.
Preguntándome porqué estamos aquí; qué mecanismos regulan el hecho de haber nacido, el hecho de crecer y, en última instancia, el hecho de dejar de respirar (¿el fin de los fines?).
Si no hay que preguntárselo por resultar estúpido u obvio, saber al menos el porqué de la consciencia, eso sí que estaría bien; el sufrimiento de ‘pensar’, el don del conocimiento que unos rechazan (puede que sin darse cuenta), y otros combaten día tras día. Heredado o producto de un contexto más amplio (¿educación?), es la panacea de toda una especie y la piedra angular de todo halo de vida (¿aún es pronto?).
Hasta que nadie demuestre lo contrario, aquí sólo estamos de paso. Reconocer esta gran verdad ha supuesto para diferentes generaciones, a lo largo de la Historia, un enorme peso o una frágil levedad. De terribles dictaduras en el nombre de algún dios al ‘carpe diem’ más disoluto, pero, hasta lo que yo sé, mañana podríamos estar todos muertos. Entre la causalidad y la casualidad apenas hay una ‘u’ corrida, porque nunca sabes cuando puede interrumpirse el ciclo.
¿De qué sirve, pues, una existencia llena de problemas, guerras, rompecabezas y otras veleidades como el amor no correspondido? He llegado a pensar que era debido al aburrimiento. Sí, al aburrimiento de estar vivo, más que a la diversión que provoca el cerrar el libro (de la vida). Debe de ser algo inherente a nuestra condición humana, aunque no por ello deja de ser menos asqueroso. Ya no sé si es que todo vale o si, simplemente, nuestra civilización ha llegado a tal nivel de desarrollo que se dan por sabidos elementos básicos que alguno tacharía de vetustos y hacer que otros corrieran el riesgo de quedarse (que no permanecer) ‘fuera de onda’.
Personalmente, me importa todo una puta mierda. Ver las cosas nunca ha sido de gran ayuda (hoy en día no se valora mucho), pero no por ello voy a dejar de proponer algo al respecto.
Si la verdadera batalla se halla en la mente (para el que quiera) y todo lo demás no depende de uno (grácil como el caminar de una musa, respiro que se agota en un suspiro), abogo por saborear un sorbo y por un ‘back to school’, un regreso a los lugares comunes, sobretodo para con la gente que te importa de verdad; hazles sentir que para ti son especiales, únicos e irrepetibles.
El fin de los fines debería ser cada instante vivido a pulmón fuera de las quejas y lamentos absurdos que la maldita Sociedad de la Información hace llegar a nuestros hogares día sí, día también.
El Ser Individual no puede ser desterrado ni sus gritos ahogados, ya que en él se encuentran las claves de la verdadera naturaleza humana y el devenir de toda una especie.
Sé positivo en general y disfruta de los pequeños placeres de la vida (como diría aquél), pero no porque mañana una ola gigante podría arrasarlo todo, si no porque esos serán los momentos que darán sentido a tu vida (los que recordarás).
Recicla, planta un árbol, ayuda a nuestro herido planeta. Búscate un hobby, pero uno que te guste de verdad; si siempre te apasionó la Historia, es hora de matricularse en la facultad. Duerme mucho (no te olvides de lavarte los dientes antes pero), folla todo lo que puedas (pero aleja la cabeza de ahí, eh?!). Prueba los platos típicos de todos los lugares que visites y sus vinos. Sin crisis no hay gloria. Haz fotos para asegurarte de todo y dejar constancia. Tira tu ordenador a la basura y deshazte del móvil (bueno, esto último lo dejo a elección). Lee. Cómprate una túnica y átale un áspero cordel a la cintura, recita en las plazas. Se me está yendo. Escucha a todo aquél que hable, calla. Aprende a tocar la guitarra, vuelve al gimnasio, que el fútbol ya no es lo que era. Aprovecha y abraza al silencio, no reniegues de la soledad.
En cuanto a mí, ni siquiera sé lo que digo (me repito más que Willy), ni porqué cojones lo publico. Hoy no he intentado darle forma -marginando a mis intentos literarios-, diría que es más bien un chorreo incontrolable el que guía mis dedos a estas horas de la noche. Conozco la teoría y seguiré jugando a ver doble, así que coge lo que puedas, si es que has aguantado hasta aquí.
No creo que deje de preguntarme nunca el verdadero sentido de la vida (al final me compré una moleskine), pero créeme, no voy a quedarme parado mucho más tiempo esperando a ver qué cojones pasa.

sábado, 28 de febrero de 2009

SIEMPRE ES MENOS DE LO QUE PARECE


Siempre es menos de lo que parece.
A poco más de 24 horas del estreno y partiendo de esa premisa -tras un largo silencio concedido por el gran inquisidor-, se dirime la actual disyuntiva que nos ocupa y preocupa.
Noches de luna nueva, pero no hay nada de novedoso en la eterna maldición que supone afrontar los retos de la vida. En verdad diría que nunca he sabido cuando he estado preparado, ni cuando se supone que debo dejar de maldecir obviedades que la edad proclama a los cuatro vientos.
Siempre es menos de lo que parece, sí, pero el impasse que aparece desde el momento en que me veo obligado a tomar una decisión, hasta el preciso instante en que noto que de repente me tiemblan las piernas y una gota de sudor frío cae por mi frente -en la hora de la verdad-, resulta insoportable de cojones. El preludio ya es de por sí jodido; la semana anterior no duermo bien, sueño cosas extrañas que no vienen al caso y que me hacen pensar en graves desequilibrios, pero la sangre y las placas no han arrojado ninguna luz al respecto, por lo que si me quedara con la duda sería para justificar un rayo repentino o un desmayo sin colores claros.
Siempre es menos de lo que parece, desde luego, pero no por ello dejaría de pedir que fuera todo un poco más rápido. En un costoso gasto energético, alargar la agonía produce miedo escénico, aunque como buen pedigüeño, jamás aconsejaría quedar a merced de la mente traicionera. El tiempo estancado hace que la imaginación vuele como un caballo desbocado -mientras todo lo demás deja de tener importancia- y airea sin piedad ninguna los demonios interiores que te atenazan. Si todo fuera más rápido... viviría con los ojos cerrados, y eso tampoco quisiera, si es que esto pudiese elegirse.
Si siempre es menos de lo que parece, ya que al acabar la tarea en cuestión esa es la sensación que permanece e individualizo, ¿a qué viene tamaño escándalo?

P. S. : Piensa en su cara cuando caga o se masturba, y verás cuán pronto regresas a tu refugio...

lunes, 29 de diciembre de 2008

CLAUSURA '08

MOMENTOS 2008

ENERO
Años. Sobre las cuatro y media de la tarde, perdido por el Parque de Vigeland, en Oslo. Sin ruidos ni gente, cual salvaje explorador a dos minutos del centro,
uno de mis mejores momentos de soledad agradecida.

FEBRERO
Primeros rayos de sol vivos. Paseando por la playa en un mar alguerés de ensueño y pequeñez asumida, en mi primer regreso a Cerdeña, con ese català embutido en una botella añeja.

MARZO
Elecciones. Razzmatazz, Barcelona. The Mars Volta, 2h y 40 minutos de éxtasis. Uno de los conciertos más sentidos de mi vida.

ABRIL
Sant Jordi. In rainbows: último renacimiento y la primavera llamando a las puertas de la alegría mientras esperaba el autobús.

MAYO
Alegría, chaqueta ligera. Había vuelto a la ciudad, y recuerdo bien esta pausa entre las lluvias de todo el mes, bajando por la calle Talleres.

JUNIO
75% Verano. Cadaqués era un sueño tan recurrente, que me asustaba que no cumpliera las expectativas. Pero resultó genial, rompiendo la tendencia, y se me escapa una sonrisa si me acuerdo de una bicicleta.

JULIO

Verano total, viajes. Dos momentos imprescindibles: los barrios de Palermo con su miedo (esa sensación tardaré en sacudírmela) y la mejor playa del mundo, la Scala dei Turchi. Ambos en Sicilia, una de las islas que adoro y siento como mías ("el lugar en que la mentira es más fuerte que la verdad", según Joan Queralt).

AGOSTO
Inestabilidad climática y el principio del fin del verano. Otra deuda pendiente, pero no diré que me rondara Portugal en general, aunque me sorprendiera gratamente (tal es el grado de desconocimiento del vecino), ni Lisboa en sí misma (bella sin reparos); Fernando Pessoa, alma de mi alma. En su busca fui y para el último renacimiento disfruté.

SEPTIEMBRE
Depresión. Manresa. Quizá no sea ese momento concreto, pero la hora ya avisa de lo jodidamente mal que me sentó la vuelta al mundo real. Mucho trabajo en todos los sentidos, un agujero negro en sanidad y los primeros síntomas del advenimiento del frío.

OCTUBRE
Últimos rayos de luz. La escapada a la Costa Brava y el reencuentro con el kongen. El apartamento. La noche, el baño de autoestima, viejas -que no anticuadas- palabras.

NOVIEMBRE
Frío, ansiedad. Y de entre el ataque de los pingüinos, el concierto de Standstill en casa; partes de mi cuerpo justo delante, alacenas, silencios y oleadas de pasos adelante en reinas del caos ordenado.

DICIEMBRE
Navidad, clausura con usura y probabilidad de riesgo alto. Santiago y cierra España, caralho. Dinámicas abrumadoras, mucho trabajo otra vez, cumpleaños 5 y 7, recta final. Pero me quedo con esa mañana en compañía del apóstol.

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P. S. : Es triste resumir un año de mi vida en unas pocas fotos que ilustren unos pocos momentos de entre todo lo vivido, pero más triste es aún estar cerca de la tristeza -en la falsedad que me devora-, y sigo sintiendo la necesidad de recordarme; las hazañas institucionales las dejo para que adornen las paredes.
Un toque de humor, que me sigue ahuyentando el muy ruin, es el vídeo del zapatazo; no creo que sea la imagen del año, ya que hay muchas, pero sí que es la que más me ha hecho reír, si no lo pienso mucho y me deslizo entre Obama y la Selección Nacional de Fútbol.

Atento/a a los reflejos de Bush y su cara.
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Es difícil despedir un año. Hacer balance. Unas pinceladas para recordar hacia dónde se puede ir y dónde he estado me purgan casi del todo. He avanzado mucho, pero me sigo negando a considerarlo una suma de experiencias; creo más en los arcanos (la Rueda de la Fortuna se sale) y en los días de lluvia sin frío, en mi lentitud segura, consciente, y en mi desorientación orientada (hacia la gran oscilación, que diría Pessoa), que en el virtualismo de opereta y esa falsedad referida anteriormente. Me sigo negando a llevar guantes, y no quiero volver a sacar el tema del paraguas...
El miedo y otras sensaciones jodidamente interiorizadas y de sobra conocidas se han convertido en quehaceres domésticos de alto nivel; no es queja ni premura ni tampoco travesura. Es, simplemente, pura simbología a pie de césped y hábito controlado también. Lo otro ya no depende de mí, porque como diría Samuel L. en la Jungla III, ni siquiera Dios sabe lo que hace...
El Poema nº8 se encargará del resto.
Feliz año nuevo,
allende los mares,
y con las seis copas para brindar por un futuro mejor.

jueves, 25 de diciembre de 2008

06:19



Hay un hombre delante mía sentado en unas escaleras.
Ha aparecido de la nada. Está tomándose un café de máquina,
uno de esos diarreicos.
Un hombre que lleva una vieja chaqueta marrón y me mira entre sorbo y sorbo.
Alzo el rostro cada poco tiempo para asegurarme de que siga ahí.
Y ahí sigue.
Tiene poco pelo, pero el que peina lo hace hacia detrás, tipo Rodolfo Valentino. Parece que quiere fumarse un pitillo. Uno que, o no tiene filtro, o es un Ducados.
Fuera hace mucho frío. No parece que vaya suficientemente abrigado, a no ser que tenga una petaca escondida.
Vuelve a mirarme. Escribo estas líneas. Se pone la mano en el bolsillo de unos roídos tejanos. Saca algo punzante. ¿Una quilla? No puede ser.
Viene hacia mí, cuatro minutos y veintisiete segundos después de que me percatara de su presencia.
06.23 de la mañana.
Está hablándome...
(...)
Huele a alcohol. Carajillos.
Me he levantado de la silla y he vuelto a sentarme para escribir esta línea ahora mismo. No sé de qué coño me habla. Balbucea.
(...)
Ya está chillando. No pinta bien.
(...)
(...)

07.24
Escribo esta líneas con los brazos doloridos. No sé como, pero me he peleado con él. Ha venido la policía. Me querían llevar a comisaría por segunda vez en un mes. Les he dicho que me faltaba media hora para terminar, que si podían esperar.
El hombre de la chaqueta vieja y los tejanos roídos, Rodolfo, me debe haber confundido con otro. O puede que la tensión ya llevaba siendo insoportable.
Sí que llevaba una navaja,
y en la refriega se la he clavado.
¿Lo he matado yo?
Tengo a un policía detrás mía, le pregunto la verdad sobre mi incipiente coronilla, controla todo lo que hago menos estas últimas líneas (le he dicho que era un informe que tenía que acabar).
Y en veintinueve minutos, en cuanto llegue mi relevo,
me lleva a la puta cárcel.
He pasado de llamar a mi madre esta vez. Ha sido todo muy rápido.
(...)
Sólo puedo añadir que en tantas horas que llevo aquí apenas he llegado a una única conclusión:
o matas, o mueres.Ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones.*
Feliz Navidad.

* extracto de Ojalá, canción de Silvio Rodríguez que puedes escuchar al principio de esta entrada si no lo has hecho mientras leías,
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(tempus fugit)

viernes, 12 de diciembre de 2008

HOY HE SEGUIDO SIN NADIE MÁS QUE CONMIGO


Hoy he seguido sin nadie más que conmigo
al abrigo de cualquier mediador externo.

(en el cielo, la luna llena brilla y llama como un queso cheddar y alguna nube cerquita tipo Batman)

Me he perdido no muy lejos,
aquí dentro_ señalando el tercer ojo,
reflejado entre sucios espejos.

Si los días pasaran podría llegar a ser eterno
pero todo es más grave de lo que parece si no existe, si es que existe
en esta triste soledad encadenada a un mísero teléfono.

No puedo salir, ni siquiera veo la comprada luz de los éforos;
Negra aspiración del Yo que aspiraba a un trato tierno.
No es lo que parece No es lo que parece Nada es lo que parece y menos aquéllo que trajiste.
Toreo los mareos con la poca fuerza mental que me queda,
me digo: no te está pasando a tí, no vaya a desmayarse, duerma, ¡no ceda!

No escucho, estoy bloqueado_ sólo soy Yo y nadie más Yo conmigo y sin mi si me levanto, amarrado, desesperado, alunado.
La vena hinchada de mi frente ataca al ritmo de mi corazón de lado a lado
y de ahí hacia el costado
ladeado;

Coloco las manos entre mi pecho y el estómago para contastar un hecho;
son mis incapacidades que explotan mi ansiedad de Peter Pan,
y eso significa que, bajo desgarro, el diablo interior volvió al tran-tran.

Hoy, a estas horas de la noche, sigo sin nadie más que conmigo.

(a no ser que tenga una enfermedad secreta)

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Y CIERRA ESPAÑA

He aprendido a medir el tiempo en su verdadera expresión.
Cada vez que viajo me doy cuenta de lo memorable/miserable que es la vida.
Soy demasiado joven para morir y demasiado viejo para ser joven.
El peregrino que no descansa nunca ya me advirtió de lo difícil que podría llegar a ser, siempre que no tengas fe, sobretodo si de un plumazo se puede ir todo a la mierda.
Me pregunto de qué sirve crear o ser en esta existencia fugaz del carajo.
Las estadísticas son abrumadoras: nadie lo consigue. La fe es lo que separa una existencia plácida de una atormentada. La fe en "algo".
Hay que creer, que es lo mismo que cerrar los ojos. Aunque sepas que el amor no existe, que es una artimaña imaginada tanto tempo fa, debes "creer". Crear y creer. No mirar atrás, taparte la boca. No escuchar a la puta conciencia, perdonarle la vida a tu almohada. Ya es hora de volver a blandir tu espada al grito de sus y a ellos.
Pero para qué me voy a hipotecar si mañana podría morir. Todo cambia en un segundo. Valoro mi vida justo en el mismo punto en el que soy consciente de su fragilidad, de mi fragilidad. Hay mucha gente ahí fuera. Mucho amor. Querer es creer en poder llegar a tiempo.
Lugares maravillosos que, tras llegar a ellos, te decepcionarán. Y piensas: para qué todo este percal, toda esta energía (mal)gastada, para llegar aquí y ver como se esfuma en un minuto.
Todo por una sensación de un minuto. Te planteas si el riesgo está a la altura de la recompensa; la gloria se desvanece tan velozmente como un montón de arena de la playa que se desliza entre tus dedos. ¿Y si ya sólo nos quedara el mar?
No hay nada peor que el deseo realizado. Ni las palabras ni el intento me acompañan, arma de doble filo; es como estar parado en esa estación siempre tan concurrida.
Creo que por eso me compré una cámara de fotos. Quería sentir la melancolía aún más de cerca, comprobar que era una jodida realidad irrefutable.
Un aliento justo, un acento perspicaz, si la actualidad limita tu arte y tu pensiero.
Hay una vida vivida, una vida por vivir y maneras de vivir.
No existe el tiempo como tal.
Será que habrá que levantarse por la mañana y empezar a vestirse por los pies, pero yo no soy así. Intento desembarazarme de todo con todas mis fuerzas, créeme, pero soy débil y bastante iluso. Puedo llegar a crear vidas paralelas y sentir la eternidad en la palma de mi mano, no lo dudes, eso sí.
Si se acerca la Navidad y sientes un fuerte impulso que te lleva directamente a querer creer, a querer hallar tu espiritualidad ligada a "algo" palpable, es que no tienes suficiente con esa floreciente agresividad.
- Es posible que haya algo de tu pasado que no hayas acabado de digerir.
Desde luego, no acepto NADA de lo que pasó, y no me tires de la lengua, porque del futuro no pienso hablar, no te jode...
Necesitas algo más que la aceptación agresiva del preludio a los putos renos y la música descorazonadora típica de esta época (me niego a llamarla por su nombre).
Rajar es gratis, pero sentirse ultrajado no es mucho mejor.
Viajar es una grandísima estupidez, porque lo único que consigue es hacerte sentirte peor.
Puede que haya aprendido a medir el tiempo en su auténtica y real expresión. He descubierto su verdadero sentido, pero eso no me hace más feliz, no.
Ya me advirtió aquél peregrino.
Me dijo
"Tienes que tener fe, hijo"
Y yo le dije:
Ojalá fuera usted mi padre, compañero...

domingo, 30 de noviembre de 2008

LA HORA VEINTICINCO

He tirado mi vida entera por el retrete;nunca he sido de los que creían que Dios jugaba a los dados.
Anoche el cielo estaba despejado y mostraba una reluciente luna nueva. Con la llegada de las primeras nieves el frío ha retrocedido un poco, y la gente vuelve a salir de marcha. Se acerca Navidad y parece que la crisis queda un tanto aparcada.
Uno de mis grupos preferidos tocaba en la ciudad. Llevaba un par de meses esperándolo; estar presente en un acto sentimental así, en tu propia ciudad, se convierte en todo un privilegio. Sólo un "pero": al día siguiente tenía que bajar a Barcelona a las 7 de la mañana por motivos de trabajo, algo de lo que no podía zafarme como tantas otras veces. Pero estaba de tan buen humor que no me importaba. Iba a darlo todo porque la situación lo merecía, como digo.
Estaba en tratos desde hacía días con una chica. El cortejo seguía después de 3 citas, cosa increíble por novedosa. Esta vez no había destruído el feeling a las primeras de cambio con mis habituales exabruptos de impaciencia. Ella también salía ayer.
Disfruté el concierto como nunca, y hasta en alguna canción se me escuchó por encima del cantante. Son las cosas del acústico y la emoción del momento. Estaba eufórico. Sabía que ella vendría y estaba gozando a pleno pulmón, rodeado de mis amigos del barrio, cantando al unísono. Toda iba a pedir de boca, excepto el paso de los minutos, cosa que seguro me martilleaba silenciosa y laboriosamente. Mientras hacía alguna foto, notaba como el teléfono me quemaba en el bolsillo. Hasta que pasó a vibrar en forma de mensaje: ella acababa de llegar. Yo ya llevaba 3 cervezas encima, que fácilmente al haber perdido el hábito se convierten en 6.
Verla me aceleró el corazón aún más. Me sentía como si fuera de coca hasta las trancas, pero me corté en el saludo. Me avalancé sobre ella, eso sí, pero en forma de inofensivo abrazo y posterior beso en el cuello
_bastante comedido pues. En ese instante aspiré profundamente, empapándome de su perfume mezclado con el olor a noche.
Lo que sigue después es una sucesión de hechos típicos de un desfase nada comedido en un oleaje juerguista de lo más desbocado. Mis amigos se habían ido justo al acabar el concierto, anillo obliga.
Acabamos en casa. Nos cerraron el garito. Aspirábamos los últimos coletazos de la noche cuando suena la alarma de mi celular de repente: hora de irse. Me incorporé velozmente y fui a la cocina a hacer café. Me duché a toda prisa, pero con tiempo para dejar una nota:
- Tengo que dejarte o no voy a llegar. Me gusta cuando duermes y odio madrugar. No tienes porque sentirte mal. Te echaré de menos hoy.*
Intento dormir un poco en el autobús, camino de Barcelona, pero no puedo. Me paro a pensar un minuto. Tengo la cabeza apunto de estallar.
Tenía que llegar antes de las 9 y es necesario un trasbordo que del metro me deje en el lugar acordado. En el metro siento que no puedo respirar. Son 12 putas paradas y me va a dar algo. Pienso en la magnífica noche que he pasado para no decaer y me pregunto dónde ha ido a parar el elemento exultante presente en toda la velada.
El vagón iba lleno. Todos me miran. Pierdo puntos de referencia visuales, empiezo a marearme. No puedo cerrar los ojos, tengo que mantenerme despierto. Siento un gran sofoco, empiezo a sudar.
Joder, qué calor...
He acabado desmayándome. Al despertarme estaba en el suelo de una estación de metro rodeado de gente de amarillo. Eran los putos ambulancieros del SEM (Sistema d'Emergències Mèdiques). Me alarmo al palpar en vano mi pecho buscando una cinta y descubrir que no llevo mi bandolera. Me preguntan chillando si estoy consciente y si sé lo que me ha pasado. Ese no debe estar colegiado. ¿Estás bien? Depende, balbuceo. ¿Qué ha pasado? Te has desmayado. ¿Has tomado drogas? Hace horas que no. No llevas documentación alguna encima, ¿cómo te llamas?
Cómo que no llevo documentación...
Joder, me han robado todo, hasta el jodido tabaco que llevaba en el bolsillo de la chaqueta.
Me han llevado al hospital en medio de un enorme y fastidioso trajín. Escucho palabrería médica familiar a lo lejos, como si una bomba hubiese explotado cerca y me hubiese destrozado el tímpano.
Han acabado por detectarme un tumor maligno en la cabeza, cosa que no me extraña teniendo en cuenta la infinidad de pruebas que me han hecho.
He llamado a mi madre. Se ha puesto a llorar desconsoladamente y luego me he enterado que le ha dado un ataque al corazón.
Ha muerto.
Me han llamado del trabajo, justo cuando estaba lamentándome por todo y me entraba un escalofrío por el contacto estándar con las rugosas sábanas blancas hospitalarias. Sus continuas e inexplicables faltas... Es la gota que colma el vaso... Sentido de la responsabilidad... Queda despedido... me parece oir.
No he dicho ni una palabra, pero tampoco había posibilidad de réplica ni ganas de empezar una diatriba.
Me llega un mensaje. Era ella;
Ha sido 1error,no dbría haber pasado lo dsta noxe.Eres muy special, pero no n ese sentido.Es culpa mia,xo novolverá a pasar.Spero qlo ntiendas.Lo siento.
Almenos ha escrito bien el "lo siento"...
Apago el teléfono y lo dejo caer en el suelo. Oigo el sonido seco y metálico que debe de producir tal acción, no creo haberlo imaginado. Entra una enfermera. Me trae la cena. Pienso que es demasiado temprano para cenar, no serán ni las ocho de la tarde. El menú es patatas con habichuelas, una sopa rancia de sobre y un chusco de pan duro, con una naranja de postre.
Dejo la bandeja tal y como estaba, e intento pensar fríamente en todo lo que me ha pasado hoy. Me sobreviene un fuerte dolor de cabeza. Reconozco que por un momento pienso en el suicidio, pero soy demasiado cobarde para matarme. Se me apaga la luz.
Es inútil. No me he enterado de nada. Me pregunto como es posible, pero sólo un par de veces.
Siento que han tirado mi vida por el retrete -Dios sí juega a los dados-,
y que me quedan 6 meses en este mundo para hacer algo al respecto,
tirar de la maldita cadena y mandarlo todo al carajo de una puta vez...

*extracto de "Te echaré de menos", canción de Los Piratas de su disco "Manual para los fieles" (1997).

Hay que joderse...