miércoles, 2 de junio de 2010

DÍA A DÍA*


'Tienes que superar tus miedos y dejar de dejar espacio para toda esta ridiculez, que parece que lo hagas aposta', le dijo una voz. Luego anotó en un papel todo aquello:

1.- Una inquietante espera que nace un día cerca de los
altares de la memoria y muere en proyectos que se quedan en sombras.

2.- La necesidad de atar cabos sueltos con firmeza y comprobar diariamente que todo empeño acaba cayendo en saco roto, porque ya no tenía ni puta idea de cuál era el punto de partida.

3.- Estar atrapado por el futuro y visualizar el final con demasiada claridad, hasta que alguien se derrumbe y quiera resguardarse un día de lluvia que acabe en tormenta.

4.- Tener los bolsillos rotos y tan vacíos como la suerte prefiera, no hallando nunca el modo de cambiar esa inseguridad que me consume día tras día.

5.- Quejarse, odiar a todo el mundo y amargar a mis seres queridos un día sí y otro también, porque soñar es gratis pero sale caro, aunque ellos no tengan la culpa.

6.- Sufrir un extraño tic nervioso en la base del dedo pulgar, en la parte interior de la mano, cerca de la línea de la vida, síntoma de una enfermedad no manifestada aún.

7.- Dormir de día, cerrar los libros. No sonreír. Llegar a recelar.

Al octavo día, si es que esto valiera para una semana, sólo le vendría a la cabeza una frase: ¿Cómo vivirás, Johnny?*, pero a día de hoy e incomprensiblemente para muchos, en ese momento no tenía sitio para nada más.

'{...} Y verás reflejada tu estupidez en el espejo del cuarto de baño al despertar cuando compruebes que no importó lo que perdiste, si no cuánto tiempo malgastaste en pensarlo {...}'. Aquella puta voz tenía toda la razón del mundo.

miércoles, 26 de mayo de 2010

A CUERPO DE REY MUERTO

REY PUESTO

MARTES

A las 9,34 suena Bandoliers en mi móvil y me despierto. Parece otro grupo de esos de pegote, no le acabo de encontrar el punto. Recuerdo haberme despertado a las 6 y algo y preguntarle a Arbeloa por qué había elegido el 17 en vez del 2 (pobre Pedrito), el muy capullo. No espero a la segunda alarma (la de las 9,41), que psicológicamente está más cerca de las 10 que de las 9. Cojo el ordenador y me tiro un par de pedos camino de la cocina. Hoy acababa el antibiótico y me duele la cabeza desde ayer. Estuve toda la tarde en Barcelona, y eso siempre me cansa, pero siento como un agujero en el pecho. Lo noto al fumar. No lo entiendo: de tres semanas, dos las he pasado con medicación. Qué putada.
Tengo que limpiar. Descargo y cargo la cafetera, me bebo un vaso de agua sin vaso o sea a morro -mi madre insiste en que el agua de buena mañana va bien para cagar-, busco un par de galletas para desayunar. Había comprado unas con chocolate-sabor fresa que una vez eligió ella. Abro la nevera, hay medio melón. Corto unos daditos y oigo que se despierta. Joder, es muy pronto aún.
Enciendo el ordenador, hay que estar al día, pero más que nada me entretengo en el facebook. Me pregunto por qué toda la peña de La Salle se ha puesto de acuerdo esta semana para agregarme, ¿lo habrán hablado? Pero tengo la mosca detrás de la oreja y escribo el No parpadees. Lo acabo en el cagadero. El paracetamol no ayuda, y no me queda Frenadol. Cuando salgo de la ducha ya son las 11,19 (siempre según mi móvil), tengo que ir al Pryca. Hago unos abdominales y pongo una frase de aviso en el facebook: 'hoy no estoy para nadie', y cojo la puerta con una mano mientras utilizo la otra para sostener mis Emporio de 'segunda mano'.
Mejor no te cuento lo que compro, pero me gasto más de 50€ sin bajar del autobús. Debería haber ido al gimnasio. No me encuentro nada bien. Bajando ya estoy pensando en comerme los restos de la paella del domingo y en la posterior siesta. Le hago una foto a mi árbol, será la portada de este escrito. Son las 14,01 cuando vuelvo a mirar el reloj. Y después de la siesta, con todas las ventanas abiertas y el placer de vivir en una zona sin coches ni circulación y apenas ruido, son las 18,38. Vaya palo. Encuentro una paja fácil y sin comerlo ni beberlo me dan las 21,24. Escucho Snoop Dogg por el Spotify, pero buscaba la BSO de Training Day no sé por qué. Me ducho y me pongo una pinza suya en el pelo, voy a tener que pensar en cenar. De Snoopy Doggy llego a un especial de la MTV sobre Metallica por el Youtube, pero me resulta curioso ver a Avril Lavigne cantar Fuel. Va justita. Joder, son las 22,07...
A cuerpo de rey, pienso que es así como vivo y se me repite todo el día (la idea), aunque sea pobre. Le añado el 'muerto' y me hago el gracioso con el 'puesto', pero a estas horas resulta ridículo pensar en la corona. No creo que tarde mucho en volver a la cama, toca la revisión anual de La Roca y ya voy tarde. Seguro que me acabaré sintiendo mejor, aunque al final no haya fregado el piso. Una auténtica guadaña.
Ceno una nectarina, un plátano y me hago una infusión de hierbajos y un cola cao con galletas de esas.
{...} -Yo me identifico más con Arquímedes.
-¿Quién?
-Arquímedes. Fue hecho prisionero por su rey en la antigua Grecia. Como sir Walter Raleigh, el mismo destino...
-Jaime I...
-Hasta alguien tan brillante como usted debería caer en la cuenta de que aquí aparece cierta pauta común.
Alexander... Solschenitzin.
-Sí, me suena... ¿No jugaba al hockey con los malditos Red Wings?
-El mismo {...}
¿No había rastro de ella?
1,33, empiezo a ver borroso.
Buenas noches. Mañana será otro día, no creo que vaya a abdicar hoy.

martes, 25 de mayo de 2010

NO PARPADEES


No parpadees, que te apuñalan.
Creí haber aclarado suficientemente el panorama, pero por lo visto parece que no hay manera.
Odio que lo parezca, pero yo no soy aquél disgraziato cuyo nombre casi ni recordamos.
¿Aprovechado? No me jodas, o mejor aún, no me hagas reír.
¿Qué pasa con el binomio maravilla? ¿Es que tengo que desenfundar mi espada otra vez? Porque no les va a gustar, sabes. ¿De verdad crees que no me he dado cuenta? Me ofendes. Y lo que es peor, ofendes a mi inteligencia.
Si yo digo que el cielo es negro, pues es negro. Ni azul, ni blanco: oscuro total. Tampoco hay nubes con la forma de Son Goku. El cielo es negro como el carbón, por más sol que haga y nos ubique en verano estos días. Negro como mi otro amigo, ese que tiene carta blanca total.
No parpadees, que te arraso a tí y al suelo que pises.
No quiero enfadarme, pero no puedo sacarles la verdad sin hacerlo. Es su modus vivendi, la confrontación directa de los cojones, y ya cansa. No quiero vivir siempre pendiente de una guadaña.
¿Es así como debe evolucionar el trato? ¿Tanto marca una pareja? Si el color de heno vuelve a mirarme así, juro que le salto a la puta yugular a alguien. Y no discuto la amistad en sí eh, que conste.
Hoy me he despertado mal, me duele la azotea, y me siento como un jodido torbellino de una potencia devastadora atroz, así que espero que no me llame nadie, porque no pienso contestar.
Porque si lo hago, antes de que parpadees te extermino a tí y a toda tu raza.
Aviso.

domingo, 23 de mayo de 2010

DORMIR ACOMPAÑADO

No había bebido ni gota de alcohol y el día había sido de lo más extenuante. Tras una copiosa cena, quinientos cigarrillos y un chupito como digestivo, se acercaba la hora de acostarse: empezaba la odisea.
En estos casos, la mente no se relaja y pide ayudas que el cuerpo no debería aceptar (aunque no haya más remedio). Literatura aparte, tampoco es por falta de querencia ni nada parecido, y ni siquiera es debido a una obligación (excepto la laboral) o por forzar una situación que ninguno quisiera. Estás a gusto, empezando a vivir, creando algo guay, entonces... ¿por qué cuesta tanto dormir con otra persona al lado?
Mi amigo Ventura dice que sólo desde la Revolución Industrial dormimos acompañados. Que el hacinamiento del trabajo desenfrenado tuvo la culpa, que lo ha leído en un estudio reciente. Demasiados pocos años pues.
Cualquier gesto, ruido imperceptible, pedo o respiración cambiante, entra directamente (sin filtrar) por la jodida cocotera. Estás más pendiente de eso que de dormirte, y no sabes por qué, pero no puedes cambiarlo. Y podría ser un problema, créeme, incluso si con la otra persona lo hablas todo, o como mínimo crees hacerlo.
Reconozco que tradicionalmente me ha costado dormir en casa ajena. No al nivel de cagar en un cagadero que no fuera el mío, pero casi. Tampoco soy la voz más autorizada en estos temas, ya que a ese nivel, la experiencia no ha sido mi fuerte ni mi verdadera lid.
Es difícil traspasar la frontera de la confianza desde el subsuelo. Desde lo más bajo de nuestra condición humana. Y aceptar esas pequeñas mierdas que te dan puntos para subir de categoría y acercarte a la escala más alta. No hablo de sexo ni de amor, no dudes de que estos dos elementos comen aparte, aunque puede que sobre el amor no esté tan seguro. Es, simplemente, que no estoy acostumbrado.
¿Volvemos al Tiempo y a la necesidad de costumbre, pues? No hace mucho, alguien también me dijo yo nunca encontré mi lugar en esa cama, textualmente. No me gusta la idea, a mi no me va a pasar. En una cosa de dos como esta, vuelven las teorías del Right in Two que antaño tanto discutimos: ¿la vida está hecha para vivirla con otra persona? ¿Qué pasa con la individualidad, pero no la mal entendida o vilipendiada por el término soledad? Suena limitado, pero sólo creo en lo que ven mis estrábicos ojos y en los espacios que voy dejando a un lado y otro de la cama.
Estos días, esas ayudas de las que hablaba un poco más arriba, han sido vías de escape bastante patéticas, pero necesarias. Al menos uno de los dos tenía que relajarse. Pero no voy a volver a recurrir a ellas siempre. Paso.
¿Podría ser un problema? Podría, ciertamente, pero el podría este podrío, es condicional, lo que significa que puede condicionar, pero no ser tan decisivo como Diego Milito anoche. Creo que la culpa de todo la tienen la Revolución Industrial de los cojones y el puto Henry Ford, como decía mi colega. Pero en este fantástico principio, empiezo a tirarme pedos y a pensar que todo es pasajero, como este amanecer desde mis gafas de sol nuevas en la tumbona de su terraza, tan tempranero como bonito y deseable es seguir a la expectativa y disfrutar con ello.

martes, 18 de mayo de 2010

PRISAS


Estos días tengo la sensación de que el Tiempo no tiene tanta prisa como de costumbre.
Una de las cosas que más ocupa a ese Tiempo casi congelado, para otorgarle méritos al hecho alterable y concretando, tiene nombre y apellidos; en cierto modo, es un violento sinvivir, tanto que hasta ha podido llegar a embaucar al mismísimo Juez Supremo (uno que nunca se casa con nadie).
Haber podido llegar a identificar tan excepcional elemento ha traído consigo cierta desazón difícil de controlar. El nervio y los desajustes aparecen cuando pienso en el calendario como tal, y, sobre todo, en lo precisamante maleable y volátil (otro matrimonio inviable). Sí, porque a estas alturas no voy a pensar que soy el ombligo del mundo, desde luego que no. No obstante, para sufragar los gastos ocasionados por el desasosiego habitual y la desconfianza, mi autoestima no ha parado de hacerse preguntas (a un ritmo de casi mil por segundo), y eso que dicen que las prisas no son buenas consejeras.
Si la ansiedad volviera, creo que tendría que pelear duro con este otro parásito que recorre mis venas y gobierna como regente. No es que campe a sus anchas impunemente, pero sí que ha invadido la joya de la corona en una razia a traición, y no piensa en largarse de la misma manera (igual de rápido).
Por poco olvido que no estaba solo; estas segundas placas de pus dan buena fe de mi mala suerte y reabren viejas sospechas, pero no creo que juegue en mi contra (otro elemento que ocupa mi Tiempo), al menos no más allá de las inevitables prisas por permanecer y dejar de soñar despierto.

martes, 11 de mayo de 2010

UN SEGUNDO ATRÁS

Me hallaba yo haciendo footing por la campiña bergadana -en el interior de Catalunya-, esquivando vacas y otros animales inespecíficos que andaban al acecho entre los arbustos y otros tipos de follaje, pensando en mis cosas y disfrutando de uno de mis momentos de libertad inusual. Pero notaba que mis piernas no respondían y que no llegaría muy lejos; me sentía cargado y no entendía el por qué, así que me detuve un instante para hacer una foto que inmortalizase el paisaje que aparecía ante mí, a ver si sacaba algo en claro y de paso relajaba la mente un rato. Siempre es más bonito el que dejas tras de tí, pensaría, pero qué le vamos a hacer, no siempre debería ser así.
Resoplando como un especimen abatido en espera del golpe de gracia, me senté en un pequeño saliente coronado por una singular roca que resultó ser perfectamente adaptable a mis posaderas. Logré calmar mi respiración acelerada con más apuro que pena, y me prometí a mi mismo que, pese a desconocer las cuatro reglas básicas de lo que comúnmente viene tratado como inusual, aprendería a volver por el mismo sendero con fuerzas renovadas y voluntad para encontrar la orientación adecuada, no podía ser tan difícil.

jueves, 22 de abril de 2010

INVERTIR TENDENCIAS TENDENCIOSAS



Son tantas las veces que la desfachatez de un nombre ha importunado y tentado al ánimo que, tras condecorar al perverso azar con la placa dorada, el hecho de poder invertir tendencias se postula con/como una bonita hazaña a tener muy en cuenta.
La capacidad de maniobra, limitada por agentes externos más de lo apetecible y supeditada a cierta salud mental como veíamos*, ve aquí empañado el inmenso poder que poseyó otrora; pese a todo y eligiendo o no (vete tú a saber), la inclinación que esta variable asume no dista mucho de su punto más perpendicular. Digamos que, una vez conquistado el trofeo en buena lid y después de abrir los brazos*, surgen nuevas y apasionantes piezas a codiciar.
Salir victorioso de un combate, en una guerra tan larga y de tanto desgaste como esta, proporciona el aire o el margen necesarios para dejar de obedecer a los primeros miedos. Ahora, una emoción tan abandonada como olvidada inunda palabras y horas a compartir, y se mezcla con la razonable duda sobre la posibilidad de perder algo por el camino. Ojalá fuese algo de peso (soltar lastre), pero me temo que eso no es posible hoy día, y el desafío que resulta le supera con creces: lo verdaderamente complicado empieza ahora.
La sinceridad, celebérrima amiga del perdedor, se convierte en un instrumento fundamental para avanzar o destacar. Como arma de doble filo, ese mismo término puede llegar a provocar un vértigo de la hostia, ya que nunca nadie es franco al cien por cien. Desde el principio de los tiempos hasta el propio desarrollo de la trama en cuestión, existen un millón de sandeces que lo pueden mandar todo al carajo, y esa in/certidumbre es difícilmente regulable: es complicado pensar en confiar en alguien que no sea de tu entorno más cercano. Quizá el tiempo ayude, o puede que éste sólo destape fisuras, cómo saberlo... ¿Se encargará la costumbre, pues? O la mala costumbre, o la poca costumbre. ¿Tal vez la espera de un acontecimiento fatal que provoque más putas pesadillas de mierda? Dicen que el hábito hace al monje, pero... ¿y si éste nunca lo fue por pura vocación? Aunque la mona se vista de seda, mona se queda (y así hasta liquidar el refranero de los cojones).
Hay que coger el momento, como diría mi álter ego favorito. O aprovechar el momento, como plasmó Horacio (lo he buscado en la Wikipedia). Pero... ¿quién puede hacerlo con los ojos cerrados? Será por temor a la caída (de lo dura que solía ser), pero en algún momento hay que soltar amarras e intentar invertir tendencias. En los anales mora la moraleja para invertir en el respeto hacia el otro y hacia tí mismo como principio al que agarrarse (ya en alta mar); en días de vino y rosas como los que vivimos, no me atrevería a visualizar otro panorama, incluso con un bagaje de tal calibre (no va a hacer falta aferrarse al camino mediante un disfrazºº).
Ser cauto no debería impedir vivir ojo avizor y no voy a perder ni un segundo en escuchar a aquellas malditas voces que me siguen atormentando. ¿Por qué no podemos pensar que todo puede salir rodado? Debería constar un susurro enmudecido o un lamento padecido, sólo eso y nada más. Lo que vaya a pasar no se puede controlar, vuelvo a insistir y si es que alguna vez he llegado a controlar algo. ¿Por qué iba a perder otro segundo más en eso? Aunque la velocidad adquirida sea distinta o, digamos, no igual, puedo asegurar que la comprensión sustituye cualquier desequilibrio, y que la empatía de mis manos frías jamás deja de tener fe, amiga mía, puedes creerme (pese a que siga haciendo frío por las noches).
Hubo un tiempo en que las páginas quemaban las yemas de mis dedos y el humo que anegaba la habitación, con el zurrón repleto de milongas, corría raudo y veloz dispuesto a contaminar a propios y extraños. ¿Qué se siente al volver a tener un referente? Sólo confío en que la poca audacia del silencio no lo engorre todo (es aún pronto para marginar a las palabras) y en relajar esos instantes extracorpóreos, porque después de la placa dorada ya sólo queda el paraíso. Un paraíso invertido, bullicioso y algo tendencioso también, pero para nada ingrato ni pesado, de veras lo pienso (si es que eso encaja en alguna puta definición de paraíso).

ºº idea sobre In the Flesh?, la canción de Pink Floyd (The Wall, 1979) que encabeza el texto.

domingo, 4 de abril de 2010

ELEGIR ESTAR PREDISPUESTO

¿Se trata de eso, de pasar a estar predispuesto así sin más, o después de 'x' vivencias, o es sólo por el hecho de aparecer en el lugar adecuado y en el momento justo?
Estar predispuesto... ¿cómo se decide eso? ¿Cuándo eliminas toda tu mierda y te abres a nuevas posibilidades?

Que cómo se hace, si es que se trata de eliminar mierda y es posible hacerlo. Que cómo uno puede llegar a estar seguro sobre estos asuntos. ¿Es necesario un proceso de duelo? ¿Por cuáles niveles de subconsciencia estamos buceando? ¿O es algo completamente consciente? ¿Las chicas maduran antes que los chicos?

Es curioso observar algunas pautas de comportamiento respecto al complicado y maravilloso mundo de las relaciones humanas y sus tonterías varias. La aparición de un determinado ser puede darle portazo a muchas cosas, de eso no hay duda, pero es necesario que pesen amargos posos; teniendo en cuenta el amor como movimiento embriagador devastador, no es descabellado pensar que, aunque sólo pueda mostrarse tres o cuatro veces a lo largo de una vida subjetiva, nos constriña a seguir deseando estar encerrados en banda y provoque cierta confusión al principio (una vez haya decidido 'exhibirse' de nuevo).

La soledad se convierte en un elemento importante en esa ecuación, el miedo será el colofón final a este escrito. ¿Puede el anhelo de compañía ser tan intenso como para hacernos nublar la razón? De acuerdo, sé que la razón no pinta nada en estos temas, pero... ¿acaso es tan jodido estar solo? Yo ya no sé si la sociedad actual, en esta desenfrenada era tecnológica y global, beneficia o perjudica al individuo, pero sí puedo asegurar que el recogimiento interior es casi tan necesario como un buen amigo a nuestro lado, o como el comer si prefieres. No ya como modo de vida o para buscar el imposible de la objetividad, si no más bien para pausar los desatinos de la aceleración cronológica a la que indiscutiblemente estamos sometidos: estilos de vida que conllevan estrés, una mala alimentación, decisiones erróneas que llevan al arrepentimiento... pero, al fin y al cabo y tras mil variables más, no es nada que asuste demasiado a nuestro propio reloj vital (al menos no debería serlo).

Uno tiene que pararse un momento y plantarse y dar un puñetazo encima de la mesa y decir: hasta aquí hemos llegado. No en plan Morgan-Mandela 'soy el amo de mi propio destino', no. Sería un 'vamos a ver, vamos a ver... ¿qué cojones está pasando? ¿Qué puedo hacer al respecto? ¿Es así como quiero vivir? ¿Qué clase de persona soy? ¿Qué clase de persona quiero ser?', y actuar en consecuencia. Tres décadas bastan (por si falla la educación) para abrir los ojos y empezar a dejarse de hostias. Como dice el refrán, la experiencia es un grado. Hay que comenzar a ser prácticos. Esto no tendría que trasladarnos a la sensación de que se nos está pasando el arroz, amigo mío, no va por ahí: este río desemboca directamente en el mar de la capacidad de elección (consensuada con la gente apropiada en su máxima expresión) que, al final de todo y para diferenciarnos del resto de especies del planeta, tiene que estar por encima de toda esa mierda. Al menos respecto a tu propia mierda, que aunque normalmente implique a dos o más entes en una situación irrenunciable o de fuerza mayor, debe ser suficiente para llevarte hacia la puerta de entrada: tú haz tu trabajo y lo demás ya no será cosa tuya, pero ten por seguro que de esta manera no podrás reprocharte nada nunca (daños colaterales aparte).

A partir de ahí y tras conceder un par de días a la confusión y un desayuno que deje en evidencia lo que tú ya sabías pero te negabas a afrontar, ya podremos abrir los brazos y darle la bienvenida a los nuevos retos -Dios mediante y sin esperar nada a cambio-, incluídos los más temidos (dentro del extenso catálogo de los excesos): la soledad y la falta de cariño, respeto y atención*, el miedo a no permanecer y la vacuidad de la vida, los déficits de autoestima y el hecho de confiar en sí y como arte sobre todo, y, como guinda, el descreimiento o la búsqueda de la sinceridad desinteresada y el amor incondicional inicial de la chica de los mil besos.


*El Resplandor, del disco triple de Standstill Adelante Bonaparte, una fábula circular (EP II: B. pasa de querer comerse el mundo a esconderse en una pequeña parcela), marzo de 2010. No obstante, Ayer soñé contigo (EP III: El corazón de B. despierta) y el tercer EP del disco en general, reflejan mejor mis intenciones y este momento.

domingo, 28 de marzo de 2010

MARZO REVERDECE




Una voz tenue y casi susurrada ya le había advertido sobre lo que pasaría, pero él decidió no hacerle caso alguno. Además era invierno total aún, y sus manos seguían sufriéndolo de mala manera. Justo antes del cambio horario, la tragedia se mascaba: no habría vuelta atrás.
Tiraría por la borda veinte años de matrimonio por una sensación que ni siquiera sabía hacia dónde iba, pero ya era demasiado tarde. Buddy, it's too late, repetía su amigo Johnny.
Se miraba constantemente su dedo anular y jugueteaba con el anillo, como si fuera a quitárselo de una vez para siempre. No hay que pensar tanto, deja que todo fluya. ¿Pero quién diablos fue el que dijo eso?
Prefería pensar en lo del pelo para quitarle importancia a un hecho que, se decía a sí mismo, le pasaba a mucha gente. No era especial, simplemente, estas cosas pasan. Ni Johhny ni Elijah ni Harper ni Eloy ni Teddy le servían, y no había más capacidad para el autoengaño ni para saber a ciencia cierta sí lo que había hecho estaría bien, si sería lo correcto. Ya no importaba, ya no le importaba nada un carajo. Se había vendido todo el pescado tras un fin de semana de buceo interior intenso. Había que hacerlo aunque la soledad llamara de nuevo a sus puertas.
Esa situación de bucles y extraños silbidos le había colocado en una tesitura de espera que no recordaba haber pasado nunca. O quizás sí, pero mucho tiempo atrás. Pasó una mañana espléndida con las gafas de sol, el cuero negro y la espada al cinto. Paseando, disfrutando de las sonrisas y el sabor de los zumos de naranja. El arrebato duró muchísimas horas y no estaba muy seguro sobre cuándo irse a casa.
Al día siguiente, al despedirse de su esposa, sintió un alivio esperanzador que trasladaba el dolor a un mundo mejor y abría la veda; discutió con la gracilidad y las ideas claras de la incertidumbre, pero acabó diciéndose a sí mismo que no era necesario, que ya recuperaría su swing llegado el momento. Ahora no dependía de él y viviría por encima de eso,
que de lo que se despedía ayer no era sólo del mes de marzo, la buena suerte y el frío, si no más bien de su fina y larga caballera, pardiez.


Todo empezó el día en que decidió cortarse el pelo.

jueves, 18 de marzo de 2010

A CONDICIÓN HUMANA

De pequeños solíamos imaginar cómo sería el futuro.
También de pequeños nos preguntábamos cómo seríamos en el año 2.000, a los 20 años, o si los coches volarían como en las pelis; para entonces, ¿habrían llegado los extraterrestres?
Yo de mayor quiero ser un caballero cruzado, decía la inocencia propia de mi niñez. Un juego con mucho jugo en el que siempre andábamos mirando hacia arriba y hacia adelante, ideando mundos que un día sin colegio no podía eludir, despertando cerebros que no podían ni sospechar lo que estaba por venir. Era todo tan sencillo que no podía durar demasiado.
Transcurrido todo este tiempo, mientras el Hombre busca maneras de separar su existencia humana del mundo animal y de la Tierra (como diría Hannah Arendt) sin ayuda de El Capitán Trueno, las cosas por el barrio se han ido deteriorando. Por añadidura a semejante condición y en consonancia con la luna, varios estados se han ido sucediendo a toda prisa, sin previo aviso, convirtiéndose en procesos que han originado -y originan, en este continuo que no cesa- conflictos de todo tipo.
A estas alturas en las que solemos repetir que ya no tenemos edad para tonterías como hijos de una experiencia todavía por calcular, nos enfrentamos hoy a todo aquello que ya no sabemos valorar y que tantos sudores está provocando; el abandono al prójimo y la persecución al individuo sellan esta especie de cruel cruzada que amenaza con el exterminio, y eso que los coches todavía no vuelan.
¿Por qué dañarías a lo que más quieres? Es demasiado tarde para replantearse vínculos y no es menester, y si algunos modus vivendi se quejaran o chirriasen por el derecho a la prima notte mal andaríamos, mon amie, así que olvídalo, no va a pasar.
¿Por qué complicarse la vida? De los nuevos retos no me despido, prometo volver (no sin antes avisar): ya no somos unos críos, pero tampoco somos tan mayores. Si reducir los sueños a poco más que escombros significase tirar piedras contra tu propio tejado, aquellos ínfimos niveles de subconsciencia bien se guardarían de enfrentarse a tumba abierta ante enemigo de semejante calado (por agradecido).
¿Qué puedo lamentar, pues, sobre ese nexo? Si los miembros de tu familia no superan los dedos de una mano y además éstos juegan en otras ligas, ese término se convierte en algo poco más que sagrado. Nuestra propia naturaleza, que nos hace poseedores (que no acreedores, ¿o era al revés?) de un poder descomunal que intento desentrañar aquí, no será capaz de interponerse ni de joder la cosecha.
¿Y qué hay de ellas? Desgraciadamente no conozco ningún remedio casero que haga callar ese runrún, así que te pagaré con indiferencia, maldito barquero. Torres más altas han caído, pero no voy a ser yo el que niegue cierta dicha que rechazaba como solista habitual; para el resto, un saludo, y que la ingenuidad reprimida y la acción desorbitada no contamine lo poco que nos queda,
que para ser el futuro ya es mucho.

miércoles, 3 de marzo de 2010

UN MISTERIO TRAS OTRO



*
Era noche cerrada y no había ni una alma en la calle.
Me hallaba yo en una extraña plaza circular investigando la muerte de J. R., preguntando a diestro y siniestro en las diferentes bocacalles iluminadas con un verde tan tenue como triste, sobre todo a los líderes respectivos de la zona en cuestión; éstos gastaban unas pintas de mucho cuidado, en las que el cuero y el negro predominaban por encima de cualquier otro detalle.
La muerte de mi antiguo amigo J. R. había tenido lugar en el Bar T., curiosamente el único antro que había en dicha plaza. Ésta era tipo la Piazza del Amfiteatro de Lucca, en la Toscana, y mis pesquisas e interpelaciones con los diferentes cabecillas y personajes del lugar tenían lugar en los túneles de entrada, en esas bocacalles que decía antes. Uno de ellos, en un momento dado, me espetó en la cara que al volver de la Copa del Mundo, a mi amigo se le giró la olla de repente y acabó por perder la cabeza.
Por lo que se desprende de sus palabras, parece que la fatalidad hizo el resto, y yo decidí dar por concluida mi investigación y zanjar el asunto.
Ni siquiera recordaba su cara o aquellas pequeñas cosas que le hacían especial, y mi padre aparecía demasiado joven como para darle credibilidad a todo aquello. Al despertarme, volvía a arderme la cabeza y su rostro había sido borrado de la foto. Deseaba no haber estado allí, hubiera preferido que fuese un mal sueño, agotando así la posibilidad que un café y un cigarrillo pueden ofrecer de buena mañana.
En tres días -contados con los dedos de sus frías e inertes manos- había exprimido todas las naranjas que me quedaban y ahora ya no sabía que más hacer; la paciencia no es un don, pensaba, y hacia la múltiple personalidad de aquello que se conoce y lo esperable me encaminaba.
No era si no la viva imagen de ella, de modo que, momentáneamente, de sus palmas ya no tan frígidas manaba un dócil sendero a seguir, teniendo en cuenta lo difícil que es completar una vida virtual y depender de ella (que resulta más complicado aún).
Siempre he escapado a eso. No obstante, de las cosas que ni tan siquiera yo había llegado a procesar (por obra y arte de la sustancia tóxica más brutal y los efectos del alcohol barato), constaba un archivo repleto de imágenes, gestos y palabras pronunciadas. Todo bien documentado pese a la fragilidad del instante, y no sé hasta qué punto depende del carácter en cuestión o de aquella maldita y múltiple personalidad que antes mentaba y que ella podría llegar a detestar.
La importancia de toda esta historia me traslada directamente a mi estadio actual, ese en el que uno ya no sabe qué hacer ni qué decir y que te aleja claramente una vez más y por desgracia, de una vida familiar ejemplar.
Mi padre, los gritos ahogados en medio de la noche, Lucca, las gafas encima de una cama que no pude tocar ni oler y apenas morder... y mi amigo muerto. No he tenido cojones de chequear mi teléfono celular. Bajaré el nivel de decibelios y que el miedo no haga cundir el pánico, todo lo demás escapa ya a mi control, querida metro setenta.

para Cristilupis, la creadora de sueños

*Lucca, febrero 2007

"Adelante Bonaparte" (I)


viernes, 26 de febrero de 2010

{...} en realidad no era debido a la extrema timidez ni a nada que comportara vergüenza en sí. Había pensado muchas veces en ello, pero las pocas ocasiones que coincidieron juntos no daban mucho más provecho y ya quisiera él sentir esa anhelada convergencia... Era una cuestión de feeling, como diría Guardiola: simplemente no cuajaban. Eso le colocaba en una tesitura muy desagradable, sobre todo para cuando se agotara el único punto en común que tenían entre sí. Si el río está seco y no llueve, no hay manera humana de seguir conversando; los temas se agotan rápidamente, casi tanto como pretendían agolparse en un primer momento, y los gestos adquieren formas grotescas que deforman tu faz despiadadamente (en un segundo momento). Luego hay señales que es imposible obviar y que marcan todo devenir, por no hablar de las más bien escasas habilidades sociales que le caracterizaban.
No obstante, él no había perdido la ilusión por encontrarla, ya fuera antes o después, y en ese desmesurado optimismo se topaba con su talón de Aquiles particular. No podía remediar el hecho de visualizarse con ella, pobre diablo, y no había día que pasara en que no lamentase la vida que estaba llevando. Eso, desde luego, era olido de inmediato y alzaba una infranqueable barrera entre la desconcertada chica y el miserable desesperado, y así hasta que llegara el alcohol que regase su patente exasperación y el jardín del fin de semana y sus bondades {...}

sábado, 20 de febrero de 2010

NADA

Una larga noche en vela da para mucho pero no es nada si la nada significa nada (esas manos me hablan) tengo y a nada me puedo agarrar.


En una larga noche como esta en la que ya no queda nada de que hablar, es fácil mirar atrás y no ver nada, nada que se pueda remediar.

Nada de lo pensado tiene solución si la noche precede un suave amanecer sin nubes ni nada que me opere más allá; confirmado, ¡no me queda nada!

Me dices que nada de lo vivido fue real aunque no me conozcas. Nado más lejos de la realidad a través del vacío de esta noche oscura, y me digo: no tengo nada que objetar.

Ya no hay nada que perder en este nuevo año y el casillero a cero hace que todos desconfíen, el individuo que sobrevuele las tinieblas no tiene ninguna posibilidad: yo hubiese matado monstruos por tíºº, escuché nada más salir... ¡no me hagas reír!

Una larga noche en vela da para demasiado, no hagas caso, sentencia la almohada de aquí al lado. Qué sabrá ella de la nada, si recibe a sus invitados con una sonrisa y no interrumpe lo cotidiano, sigo pensando.

Nada. No puedo quitarme esta maldita palabra de encima, ha sido una noche muy larga.

Después de un fastidioso paseo por las sombras, dejo en mi cama el disfraz que no huele ni sabe a nada y me levanto; puede que lo lleve conmigo hoy y mañana domingo, nada llamativo espero.

Nada de nada. ¡Debería estar contento por fin!


La Nada.
ºº canción del disco Cuentos chinos para niños del Japón, de Love of Lesbian, lo que no recuerdo el título ni tengo ganas de buscarla...

jueves, 18 de febrero de 2010

ESTA SEMANA TE HABRÁS ACORDADO DE MÍ (UN POQUITO MÁS DE LO NORMAL)


para la artista anteriormente conocida como Amélie

Esta semana te habrás acordado de mí cuando volviste el lunes del trabajo y tuviste que poner una lavadora para el maldito cojín pintado (y ensuciado de mala manera) con los restos del carnaval.

Esta semana te habrás acordado de mí cuando hayas oído a Paulie decir "ahí estamos" en cualquiera de las posibles situaciones que hubiesen requerido ánimo u osadía, o por simple deleite ante lo conseguido (que por nimio, gentilicio obliga).

Esta semana te habrás acordado de mí cuando, probablemente ayer, te diste cuenta de que tenías una toalla sucia de más (de las tres que tienes), por cierto y puede que con una media sonrisa, porque bonita sí que es sí, pero lo que es secar, no seca una mierda.

Esta semana te habrás acordado de mí cuando te sobrevino un sentimiento de culpabilidad al no haberme venido a buscar ni despedirme como según tú o los otros creen que merezco (pese a mis pocos peros y ya que había venido a verte).

Esta semana te habrás acordado de mí seguramente el martes cuando descubriste un platito de paella en el horno al querer hacerte una pizza (lo único comestible que tenías en la nevera).

Esta semana te habrás acordado de mí al navegar por internet buscando reacciones a palabras como reconciliación tras los Goya y Almodóvar.

Esta semana te habrás acordado de mí aunque sin mí al hablar por teléfono y ver que, en realidad, es como si estuviera ahí, y que en esa cotidianedad reside el elixir de un amable porvenir.

Esta semana te habrás acordado de mí cuando te pares a pensar en las ciento setenta y pico fotos que nos hicimos para ver quién es más Narciso y que te tengo que enviar; después de tres años entre todo lo perenne, uno de los cuales inexplicablemente sobrevivido a base de tomatitos con aceite de oliva, orégano y mozzarella por encima, sigo sintiendo el rubor de un vínculo superior.

Esta semana te habrás acordado de mí al mirar la hora una y otra vez en tu celular con la Madonna de Munch (se pronuncia como "k"), esperando el cese del reloj mientras sigues ahí parada y con la brújula estropeada pasando frío, escuchando los coches pasar por tu avenida y preguntándote por el amor, cavilando sobre lo poco útil que resulta el tiempo vivido y el menos sutil que queda por vivir.
Dime, ¿acaso no te has acordado de mí esta semana un poquito más de lo normal?

jueves, 4 de febrero de 2010

THE TAKING OFF

*

Recuerdo que la última vez que cogí un vuelo, hará ya 6 meses, me dije: recuerda el momento en el que tengas que volver a coger un avión. Ese momento ya ha llegado, y es ahora.

Me sudan tanto las manos que podría llenar un vaso entero de agua salada o pintarle a alguien la cara entera si el sudor no fuese incoloro. El despegue es el peor momento: cierras los ojos, apoyas tu agarrotado brazo izquierdo en el asiento delantero haciendo presión y con el derecho hasta te santiguas y todo (eso sí, discretamente). Prueba superada, ya nos podemos desabrochar los cinturones. Mientras pienso en take off como fucking phrasal verb, me da por mirar por la ventana y directamente hacia el ala derecha. Parece de mentira, como hecha de plástico, tipo juguete. Estoy contando los tornillos. Espero que no se rompa en mil pedazos. Una pequeña turbulencia, dejo de escribir, noto con temor cómo la adrenalina me quiere poseer. Me vuelven a sudar las manos.

No debería beber vino antes de subirme a un puto avión, me nubla los sentidos multiplicándolos por mil. Distorsión, reacción. El puto Morini me pone de los nervios, ¿qué clase de enfermedad te postra en una silla de ruedas con 40 años? *
En Noruega está nevando, espero que el aterrizaje no resulte problemático. Espero que el mal tiempo no tumbe al avión. Espero que hayan encendido el botón del pararrayos.

No me he llevado casi nada de lo mío, pero en caso de desastre y si tuviese que buscar un trozo de algo para agarrarme en pleno Mar del Norte, creo que no dejaría mi mochila tirada (aunque se mojase todo). En la maleta sólo llevo ropa, sólo tendría que volver a rehacer mi vestuario, puedo vivir con eso.
Por si no vuelvo y mientras pienso en cómo salvarme, que sepas que siempre intenté superar los obstáculos que me iba encontrando, piano piano, y que disfruté los buenos momentos. De los malos, aprendí a crecer con ellos a mi alrededor, no me quedó más remedio.
Ya casi ni me acuerdo de que cumplía 30 años, pero sí de que mi 'obra' giró entorno a tres claros ejes: el desamor, la soledad y la muerte, si es que no fue invención mía.

Siempre me creí único.
Que mi nombre perdure por los tiempos de los tiempos, que toda esta mierda hubiese servido para algo quisiera, si no es mucho pedir.
Arrivederci.
P. S. : título a propuesta de Maria, 7.02.10 ('todo escrito tiene que tener título').

domingo, 31 de enero de 2010

GRIETAS EN LAS COMISURAS DE MIS LABIOS





Las comisuras de mis labios se agrietan si aprieto fuerte los dientes mientras miro por la ventana como nieva; fuera, el frío recuerda que son treinta las veces que estuve aquí arriba esperando enrolarme en un drakkar sin remero, buscando un remedio para la tos sorbito a sorbito, calada a calada.

Y el humo del vaho de mi halo será testigo de mis horas postreras en este mundo con este dígito, justo cuando deje de preguntarme cuántos años quedarán después,
justo cuando exhale mi último aliento.



30SLO