viernes, 16 de octubre de 2009

MUDANZAS FEBRILES

Mañana pienso levantarme sin prisa alguna aunque haya puesto el despertador a las 10,09. A esa hora, lo suficientemente tardía como para forzar un acto antinatural, sonará en mi teléfono aquella canción de At The Drive-In tan ruidosa que suele despertarme. Se repetirá cada cinco minutos hasta que me obligue a saltar de la cama a mi pesar, donde el brazo no alcanza, y vaya directo hacia el baño antes de que nadie lo ocupe. Muy probablemente ya serán las 11 y pensaré que he perdido la mañana, pero me lo voy a intentar tomar con calma. Tengo que dormir, como mínimo, 8 putas horas, si no quiero que los mareos apremien.
Si mi hermano vuelve a casa esta noche, por la mañana desayunaremos juntos y balbuceará su habitual oda a las tres “C”: café, cigarro, cagarro. Es la máxima que repite siempre entre legañas. Mi hermano es un hombre sencillo que gusta de los placeres mundanos, sobretodo ahora que le ha dejado su mujer. Uno, en una situación así, puede reaccionar de mil maneras distintas, y si yo estoy en casa, puedo convertirme en presa fácil de sus alegóricas lecciones. Como buen hermano pequeño, me voy a prestar a ello con curioso ademán y no muy buena cara, ya que no hay día que pase en que tenga que dejar de demostrarle que, uno: mi despertar es peor que el del demonio más cabrón. Dos: hace ya tiempo que calé sus artimañas y mostré mi potencial. Él lo sabe y yo también, pero no se habla de ello. Yo me dejo señalar y así pasan los años. Cosas de familia.
Esperaré a que todos (que apenas suman dos) hayan despejado la casa para ducharme sin molestos golpes en la puerta de por medio. Así haré mis cosas tranquilo y puede que unos abdominales se me antojen. Con toda seguridad, la mañana habrá volado y ya será la hora de comer, pero yo no tendré hambre. Me haré la bolsa y pensaré, qué carajo, me voy a correr un rato y completo el entreno. Si la digestión ha de ser un problema, que lo es, estaré pendiente de la hora a cada segundo. Y si además viene un amigo de visita, todavía más.
Encontraré la paz en mi piso. Tuve que hipotecar mi vida a riesgo de perecer compungido o matar a mi madre en un brote psicótico. Es un principio, también el ejercicio me sentará bien y si me puedo sentar un rato en la taza, no habrá problemas con mi endeble estómago. Con la barra libre, dejaré la bolsa en el lavadero, pues, y cogeré prestada algo de comida de la nevera; total, mi madre ya no sabe por dónde agarrarme y me ha dejado por imposible. Un plátano de Canarias siempre viene bien. Bajaré y subiré hasta llegar a la iglesia, con algo de tiempo para poner en orden el caos de la noche anterior y tumbarme en la butaca negra. Por el camino pensaré que música ponerme en el iPod, para que cuando llegue ya se me hayan pasado las ganas de escuchar nada. A estas horas de la noche aún no tengo ningún candidato.  Ya en la butaca y con los pies encima de la mesa de centro, encenderé un habano y en el humo saborearé mi soledad con el teléfono cerca. Caray, tengo un Acuarius en la nevera. Ahhhh… energía pura. Mierda, suena el teléfono, olvidaba que me había puesto de melodía una canción de lo último de Muse, con lo tranquilo que estaba:
_Ehhhh, qué pasa nen?! Ya estoy por aquí!!
Estupendo, dos días a merced de alguien que no seré yo. Tengo que hacerlo, debo ser normal; debe ser normal reaccionar alegremente ante la dicha. He visto que la gente lo hace, todos lo hacen, y yo también puedo. Ni siquiera sé cómo cojones me pasa este montón de mierda por la cabeza:
_Ese Michele grande!! Mola, mola, ya tengo ganas de verte! Estás entrando en la ciudad?? OK. Espérate en el semáforo que habla, tardo 10 minutos!! Hasta ahora tío!!
Habré olvidado que tenía que comer, por lo que sin duda mentiré a mi amigo, abriendo los brazos a un fin de semana desenfrenado, tan lejos de mi acostumbrada rutina. Corro el peligro bordear el síncope, debería comer algo con cara y ojos. Sin embargo, no suelo ceder tanto, de hecho soy conocido por mi intransigencia, pero estos días se abre una pequeña brecha y necesito toda la ayuda posible. Por algo se empieza, y ya llevo un par desafíos encima. Tendremos tiempo para ivernar, ahora que el frío se acerca y la amenaza se tornará seria de cojones. De todas maneras, puedo asegurarte que poco de lo que sucede a mi alrededor no controlo. Resultado de mis maquinaciones es: de mi terreno parto y a partir de ahí empezaremos a hablar.
Oigo la puerta, es mi hermano. Huele a alcohol, pero no sé cómo me doy cuenta si seguramente yo habré pimplado más que él hoy. Entra en la cocina como un huracán:
_A-co-jjjjjo-nannnn-te el nuevo NBA. Ahora ya no se tira con la redonda, se tira con el cuadrado!!
Y yo, que aquí estoy escribiendo y apurando mi último pitillo, le respondo:
_El PRO sale el 5 de noviembre.
Son las 3.24 de la mañana. Llevaba días sin escribir y pendiente de demasiadas cosas. El análisis del detalle me ha llevado, a punto de escuchar el último podcast de Iker Jiménez despidiendo así la noche, a relatar mi previsión para mañana, dejando de banda por un día mi roída Moleskine y anticipándome, como siempre, a la posibilidad de apostar por el noble arte de la improvisación (habitual y necesario foco alejado del nerviosismo) y el desespero, lejos de lavadoras y malos hábitos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

SEÑORA DESESPERO

Mujeres.
Díselo, ¿qué es lo que te hace olvidar tan rápido y permite crear algo nuevo de la nada?
Olvidar. Puede que sea esa la palabra clave. Querer olvidar. Si se tuviese que omitir un recuerdo que no es tal, ¿cómo cojones se haría eso? No es que hayas sido bueno con ella, ni que esperes gratitud de ningún tipo (descarta un último polvo, no es buena idea). No te conviene saber la verdad, porque de hecho, no hay cuchara (¡ni recuerdo!).
Siempre te sentiste culpable por no quererla, por sus atenuantes y toda su mierda. Y sí, el sexo te mantenía pegado a ella. Le dijiste a un amigo: seguiré ahí hasta que se canse, y eso será lo que me lleve al zurrón. Un vaso de vino y un chusco de pan seco me acompañarán en las frías noches de invierno, pero tú sabías que habría algo más. Siempre hay algo más.
Mujeres.
No recuerdas cuando te convertiste en ese monstruo, pero sí podrías asegurar que ellas te han hecho así. Seguro que ahora comprendes que quisiera olvidar, era demasiado evidente. Nunca diste tu brazo a torcer, y aunque eso no te corroa los domingos por la mañana, sí que es tu puta rémora.
Todos te dejan solo. Me refiero a que si no tienes pareja, hoy en día, te miran raro. No haces lo que se supone que debes hacer. Incluso si te has dejado recientemente, tus amigos se muestran reacios a comentar el hecho de que puede que ella ya se esté follando a otro. Tú intentas mostrar una naturalidad nada natural en tí, qué cojones ibas a hacer, ¿parecer afectado?. Mejor que esté con un oso que le dé abrazos y la mime. En el fondo, vuelves a casa con un par de copas de más, algo tontito; has tenido que recriminar esa actitud en pos de tu amistad, entre tragos y jirones de humo, y no aciertas a saber por qué, ya que no sentías nada por ella ni podrías hacerlo en cien años de vida en común y pedos en la cama.
Un trayecto de 15 minutos se convierte en media hora larga de paseo. Aún hace calor, pese a estar a finales de septiembre, y decides disfrutar del trayecto poco a poco. Abstraído en tus pensamientos, intentando encontrar la raíz de la recaída, se te ocurre que cualquier hijo de puta podría atracarte, lo tendría verdaderamente fácil. Pero en tu puta ciudad de provincias nunca pasa nada, excepto los pensamientos absurdos repetidos como ése.
Mujeres.
Cada nuevo encuentro con una fémina remueve tu mundo y lo pone patas arriba. No es una cuestión de debilidad, ni existe tal guerra, desde luego. Es el principal juego de la vida, el que más bordea al córtex, en el que además todo son idas y venidas. Si pasas y no ofreces algo más importante que tú mismo… no sabes qué cojones seguiría. Sólo crees que ya no ves posibilidad de perder nada por el camino. Ella ya no está, como antes aquella se fue, y hoy ya hay otra. Es por tanto injusto soltar mierda por la boca o disparar al mensajero, porque tú haces lo mismo que ellas: esto es, seguir hacia adelante. Seguir y seguir y que pasen los años; puede que algún día te sometas al yugo del deseo compartido y ansíes dejar de buscar estúpidas respuestas, pero mientras tanto, ves las cosas venir como si ya no tuvieses nada que ganar, dejando a un lado el desespero.
Las apariencias son instrumentos que debes aprender a tocar. Si vives en sociedad no hay otra opción, y a fe que es difícil dominar esos resortes. Todo lo que no dependa de tí te parece improbable y remoto, pero no basta con eso para hallar la tecla adecuada: nadie está preparado para obviar esa mierda. Bueno, nadie excepto aquél eremita del que no recuerdas el nombre. Como esclavo de los ojos, pues, lidiarás con Argos y le brindarás la victoria de tu nueva mecenas, artista inocua, próxima víctima. Es parte de la doble moral que hay implícita en estas líneas: querer o pretender sufrir… para qué, si muy probablemente ya te habrás follado a otra tu también, maldito truhán.
Mujeres.
De ellas se dice que depende la existencia, y no vas a ser tú el que diga lo contrario, dichoso Sansón. Son capaces de querer y olvidar (de querer olvidarte) en unas pocas horas de diferencia, mientras tú seguirías sin duda atónito el cariz de los acontecimientos. Las entiendas o no (inútil discusión), no cometas el error de preguntar cuál es la distancia entre el olvido y el amor, hazme caso, que el reloj sigue corriendo y la realidad no es tal, que de la nada te tropiezas con desespero (ahórrate el pensar que eres especial); anda
, ve y déjaselo claro.

martes, 25 de agosto de 2009

LA CREACIÓN DE UN MONSTRUO


Érase una vez un joven científico que odiaba su trabajo y que tenía el imperativo de permanecer.No se hizo científico por accidente, ya que siempre fue precoz; con cuatro años hizo arder enterita la cabellera de su madre, en un experimento extraño, con fuego y lagartijas de por medio (eso sí fue un accidente).
A los veinte años firmó por una multinacional farmacéutica y ya disponía de su propio espacio para trabajar: un laboratorio un tanto lóbrego en los bajos de una antigua casa de estilo colonial, en la montaña, propiedad de una acaudalada familia de la que renegaba. En ella residía su madre, anciana mujer_parte del mobiliario de la hacienda, así que no tuvo reparos en convertirla en su cuartel general. A resguardo de miradas ajenas, Vincenzo -que era así como se llamaba- se pasaba las noches enteras entre probetas y tubos de ensayo: una tras otra, labores de encargo iban sucediéndose sin pausa, hasta que llegó un día en que finalizó su contrato, y pudo por fin empezar a respirar. Estaba harto de neutralizar los virus masivos que solía lanzar la industria farmacéutica en función de sus necesidades (ese era su cometido habitual, sí); era hora de empezar a amar su trabajo de verdad.
Había acumulado el dinero suficiente como para llevar a cabo su sueño más anhelado: crear al ser perfecto. Tenía los conocimientos, dominaba la técnica y disponía del capital y los medios para llevarlo a cabo. Como buen científico, no veía ningún problema moral ni ético al respecto; se había pasado diez putos años creando fármacos para salvar a la humanidad de la nada (o sea, del pánico), sólo debido a los intereses de unos pocos.

Estuvo ocho años sin salir del laboratorio. Se hizo adecuar su desorganizada torre de marfil para no tener que pensar en nada más que en su objetivo final. Se obcecó tanto como los famosos alquimistas en el pasado o los habitualmente infructuosos buscadores de oro del oeste americano: acabó por perder el norte. Una obsesión que le impidió distinguir entre sueño y vigilia, día tras día, hasta parecer una burlesca caricatura del Jim Carrey-Enigma (que ya es difícil), en el Batman aquél cutre de Val Kilmer.
Finalmente, una noche de agosto, el minúsculo organismo celular que presidía la sala, diana de sus investigaciones (santo de sus devociones), cobró vida propia. El recipiente en el que se hallaba explotó, cayendo al suelo el bicho y empezando a resquebrajarse en lo que parecía una inminente transformación. El laboratorio quedó hecho trizas y Vincenzo, producto de la deflagración, había perdido el conocimiento y yacía en la misma superficie sin heridas de gravedad, muy cerca del jodido mutante. Ambos se despertaron al mismo tiempo; cara a cara y justo al mirarse, con el ente hecho grande y cubierto por una asquerosa capa de mucosidad, Vincenzo soltó un grito ahogado y ensordecedor, como si hubiesen asesinado a la mismísima hija del Don (con él presente) en las escaleras de un teatro.
- Dios mío, ¿pero qué he hecho?_con la Cavalleria Rusticana de fondo.
- Me has hecho a tu imagen y semejanza: yo soy tú.
Vincenzo, con los ojos como platos y en un ataque de locura, corrió al piso de arriba a buscar a su madre. La atmósfera estaba muy cargada y no se veía un carajo. Ella descansaba en su sillón, inerte.
- Mamá... ¡¡Mamá!!
No respondió, pero no tenía tiempo para eso. Buscó casi a tientas en la alacena del salón principal hasta tocar con los dedos el objeto que pretendía encontrar. Bajó rápidamente a los bajos de la choza, a su laboratorio destruído (a lo que quedaba de él), pero el sujeto no estaba allí. Después de un rodeo, lo halló sentado en una roída silla, ojeando un viejo libro de Hemingway mientras se fumaba un cigarrillo.
- Dime. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?_Vincenzo temblaba.
- ¿Recuerdas el principio? ¿El "cómo" empezó todo?
- ¿De qué cojones estás hablando? ¡¡Yo sólo quería crear al jodido ser perfecto!!
- Tú siempre has querido permanecer, no morir, ser eterno. ¿No es eso la perfección del ser? Tu ADN está por todas partes. Estás ante la otra cara del...
Lo que parecía un discurso razonado del clon se vio interrumpido súbitamente por un disparo seco, a quemarropa. Vincenzo, preso de un pánico sin retorno ya totalmente fuera de sí, acababa de matar a la obra de toda una vida, a su intento de Ser perfecto. De pie, aún apuntando al ser caído, empezó a llorar a lágrima viva, totalmente desconsolado. Le invadían un cúmulo de sensaciones y sentimientos que se tornarían en un cóctel fatal: exhausto, se dejó caer sobre la misma silla en la que se había sentado su otra cara y recogió un trozo de cristal de los restos del desastre. A esas alturas, no dudó en utilizarlo para hacerse el hara-kiri y, mientras veía caer sus intestinos por el piso, dedicarle un último pensamiento al monstruoso ser en que se había convertido.

viernes, 14 de agosto de 2009

VELAR CERTEZAS



En plena temporada alta pero con un ojo en el noveno mes, aparecen los primeros problemas de convivencia con la azotea, los tradicionalmente más angustiosos. Aquellos que te obligan a estar en guardia constantemente, y que, en estos días, no pueden permitirte hacerte flaquear (una vez más). Están tus progresos en juego -como la terapia del boss Soprano, aunque él no esté muy seguro-, y evitar que la salud se tambalee, mientras la gripe de los cojones no debería asomarse a esa ecuación pero podría (paranoia mediante).
Es siempre esta temporada propicia, además, para organizar y desdeñar proyectos, idas y venidas, ideas de vida. El dinero entra, desde luego, a pesar de que no debería pesar como lo hace; jamás pensé que la crisis de los telediarios y la prensa pudiese afectarme tan de cerca, pero es un hecho. Está confirmado que dependemos del puto parné y de que no hay nada que hacer al respecto, mas pensar sobre ello lo suficiente como para no cometer errores y avanzar con paso firme; descartado momentáneamente cualquier éxodo, pues, la historia arranca en este mismo punto: conformista, real, y desequilibradamente obstinado (¿obnubilado?).

La muerte de Jarque el pasado fin de semana abrió la caja de los truenos. Un buen central con un presente brillante y un futuro en la Roja, pero eso es lo de menos. La cuestión es que cayó fulminado al suelo mientras hablaba con su novia por teléfono. Teniendo en cuenta todos los atenuantes (deportista de élite, ningún problema cardiovascular conocido, etc.), perspectivas oscuras intimidaban al actual proceso de enclaustramiento hospitalario.Como resultado, las noches se tornan más largas, si cabe, y la posibilidad de madurar propósitos queda congelada, como desmitificada.
En el caso de la famosa Gripe A, más de lo mismo: mueren dos personas de mi edad en el estado español, y ambas sin un cuadro médico jodido (es decir, sin ninguna otra enfermedad). Con el tiempo he aprendido a que estas cosas no me afecten en mi día a día, pero esta vez es diferente: siento con crudeza el dolor a no poder decidir un futuro que avanza con premura y que advierte a mamporrazos de que ya es pasado; sería fácil recurrir al "mañana podrías estar muerto, vive la vida a tope" y mierdas positivistas así, pero nunca es suficiente.
Esta vez el contexto sí que puede llegar a amedrentar (aunque nadie diga la cantidad de gente que muere al año por una simple gripe), tanto que ver el paso de las horas en ese estadio, mientras me tengan aquí en cadenas, resulta mucho más desalentador e imposibilita cualquier tipo de raciocinio que no sea revelado. Y no te creas que no me jode no salirme del rebaño esta vez (y eso que gozo de información de primera mano sin pánico casi asegurado).
A falta de guías a los que seguir y con los mareos y el jinete pálido al acecho, el choque de trenes que se insinúa a un año vista es totalmente desmoralizador: querer abandonar tu barrio por puro instinto, como si una naturaleza nómada hubiese sido una cicatriz primaria, y sin embargo no poder hacerlo. Hay una barrera artificial de lo más sarcástica, como si a un ciego le hubiesen concedido el don de ver más allá.
Cierta insatisfacción, acrecentada por todo esto que escribo, podría ser la causante de un nuevo brote, pendientes únicamente de medir su virulencia y alcances en una última fase. Es difícil aunar objetivos con el suelo que se pisa, llegar a un acuerdo que no te haga parecer frustrado o peor aún, amargado de cojones. No es solamente por lo que piensen, es por lo que yo sé seguro que no se debe asumir; vivir una vida plena es altamente improbable (siempre es menos de lo que parece), pero no se puede seguir por esos senderos velados con tanta frecuencia, si es que quieres sentir que puedes sacar provecho de toda esta mierda. Y el fruto debería ser, sin duda, lo que comúnmente suele denominarse "experiencia".

El problema aparece cuando te paras a mirar tu reloj biológico; sin treguas ni castigos, el año que viene habrá otro Tour (en el que
Contador probablemente vuelva a ganar), tendrás un año más, un pelo menos... y no servirá de mucho haber aprendido la lección. Creo que si sigo así y llego a viejo, podría llegar a ser un sabio anciano y formar parte del Consejo, quien sabe. Mi mecanismo de autotapado, ocultando certezas pese a conocer la verdad, de tan típico y tópico, apesta, puesto que ya no son quejas simples ni desvaríos ni gritos de socorro ni ramalazos peterpanescos; los límites del ser, conocerse a uno mismo y saber hasta dónde puedes llegar y dónde debes frenarte, es el resultado más palpable al otro lado del dilema. Velar certezas... ¿hasta cuando? ¿Acaso espero ser rescatado? Mis sueños recientes hablan de nada, pero me sorprendo mordisqueándome los labios asiduamente, apretando con fuerza el puño cerrado, mirando el calendario...
En plena temporada alta y en medio de esta asfixiante ola de calor, la azotea parece pedir auxilio mientras la vida real exige lo mejor de mí y asusta a maniobras futuras. Saber de qué pie cojeo no me sirve de mucho, ya que escondo mis cartas y otras siguen debajo de la mesa, y me encanta repetirme. Siempre he buscado desconcertar al pequeño público y ahuyentar al grande. Será porque nada ocurre y no consigo cura y no sé cómo cojones acabar este escrito ni cuál era el propósito para dejar de darle vueltas a esta mierda de ciudad sin mar...

sábado, 8 de agosto de 2009

SI MIRO ATRÁS


Si te soy sincero, no sé por qué miro atrás.
Atrás donde hubo algo inexorable pero pasado, a fin de cuentas. ¿Es el recuerdo de una vida que fue, tal vez, o la posibilidad de algo que siempre he pensado que debería ser? Pregunta fuera de lugar, puede que sea el mundo que imagino, uno donde los astros no se quejen más. No es ese tipo de mirada, dame un segundo.
Tampoco es debido a mi situación actual. Nunca lo ha sido. Haga lo que haga no se va, no parece querer irse. Así de simple. Implícitamente, está por todas partes. En el aire que respiro, en los sitios que visito, en los labios que beso y hasta en este mismo lugar, ahora, en este puto teclado. Nadie pidió ser agasajada de semejante manera ni la actual añada lo merece, desde luego. Reconozco la injusticia. Achácalo a mi cabeza, y tírame a las arañas si quieres.
No hay nada que reservar pero, las cifras hablan y los sentimientos se distraen. La idea de una sombra de este calado no implica quedarse atrás, anclado en esa percepción (de altura debo decir). No impide vivir con otra cara, desde otro flanco.

No fue en espera de una vida mejor, pero admito que me vi obligado a caminar mirando para otro lado, aún a sabiendas de lo que había encontrado; de los desaires (¿cuántas veces me apartó de su vera?) hasta el punto de reconocer vagamente una imagen en mis pensamientos, una especie de espectro apaivagado, reactivado después por obra y causa de las nuevas tecnologías, herejías tan implacables como impagables. Encontrar... ¿tan subjetivo y dañino resulta, algo que debería ser jodidamente obvio? Una negación humillante bastaría, si no me diera por enterado mejor.
Por lo demás, el magnánimo juez de turno ya dictó sentencia (las estadísticas no se callan). En realidad ya no diviso nuevas dichas desde mi atalaya de cristal, ni viejos nichos tampoco; siempre supe toda la verdad, e pur si muove, como si cualquiera pudiese decir que "es un desastre con todas las letras impresas, mentecato". Uno a uno desfilan todos esos fotogramas, todas aquellas cosas que me convirtieron en el ser más descreído y honrado de este mundo por igual, y cuando pude decidir de veras (durante el segundo renacimiento), no dudé ni un instante; términos como amor, obsesión y miedo se entremezclan en una orgía de dictámenes que el equilibrio desdeña sin remisión, pero que nunca han dejado seca esta pluma, al igual que un gran colocón. Pese a que en realidad no te atañe y cierre los ojos cada vez, creo que este sería un buen resumen, así que no te preguntes "por qué". O abandona esta tierra quemada a viva voz, que se entere todo el mundo (y yo mismo de paso).
Creo que yo ya sé por qué miro atrás. ¿Es totalmente inadecuada la pregunta inicial, pues? Redefinir los parámetros que me vieron nacer de este modo, hoy en día, alejan y profanan torres y sepulcros que omitir, pero no la vista que de ellos resulta.
¿Y si lo reduzco a un recuerdo, en vez de este fútil intento desarraigado, senil y demasiado espaciado? No es ese tipo de mirada la que dirige mis dedos esta noche, pero tampoco estoy muy seguro, ya que ansío un último intento, dame otro segundo (pasado y futuro se confunden); anoche, desalmadamente borracho en mi esquina solitaria (durante los festejos del gran inquisidor), viéndoles danzar embriagadoramente alrededor de una hoguera, hice una ofrenda para aquello que no tuvo nombre, y pude pasar la noche viendo, sin espacio, la figura de ella. (*)
Han empezado los Juegos Olímpicos.

Hoy era siempre todavía.
Ya hemos llegado.
Si miro atrás, veo.
(*) He pasado toda la noche sin dormir, viendo...
Fernando Pessoa.

martes, 28 de julio de 2009

JUSTO ENFRENTE MÍA

SERIE B
Justo enfrente mía
y después de medio año,
observo mi actual desdén, mi agonía;

Justo enfrente mía
y viajando, craso error,
¿acaso fueron las palabras medicina tardía?
"No es nada de tu incumbencia", dictando cruel sentencia.

Fuera lo que fuese ya se fue;
una sola cara, cara mia, debo dejar pasar.
¿Tan pronto descubriste mi desaire crepuscular?

Justo enfrente mía
se halla mi enferma flor favorita;
ocultar sin desentonar,
jugar a nada si el tiempo se va.

Justo enfrente mía
apareció el verdugo croata;
"no se apure, no hay corbata,
olvídelo y sonría".

Justo enfrente mía,
no supe como acallar las voces de esa jauría,
y aunque debería,
no pienso ceder mi autoría.

lunes, 27 de julio de 2009

SI EL VOLAR CERCARA

SERIE A
Si el volar cercara el espacio que me separa de tí,
poco quedaría si no me dejasen sufrir.

Si el volar cercara y pusiera coto cerrado, lucha aislada,
jamás encontraríamos la respuesta más acertada;

si el volar cercara y acojonara mi halo más profundo,
ten por seguro que si respiro ya es todo un mundo.

Si el volar cercara a las luces de emergencia y la cabina pierde presión,
recuerda que una cerveza tal vez dos,
no garantizan obviar tal sofocón.

Si el volar cercara y escondiera o pospusiera malos aires, agárrate,
tiembla,
y hazme un favor, ¿quieres?
Deja las quejas para la vuelta.



21.09 del 15 de julio, volando y pactando.

miércoles, 24 de junio de 2009

DOS AÑOS DE TOLERANCIA (EN TRAVESÍAS POR DESIERTOS MOVEDIZOS)


La tolerancia es un bien que escasea en nuestra sociedad moderna actual.
Las migraciones masivas del nuevo milenio (y la Era de Acuario) han destapado una cruenta realidad -aquella que pregonaba Fukuyama y no sé porqué recuerdo hoy- basada en el choque de civilizaciones; en vez de hacer un frente común para darle cierto sentido a la palabra "global", la mayoría de habitantes de este planeta han/hemos decidido barrer hacia nuestro propio territorio sin escrúpulos ni lavarse/lavarnos las manos antes. Cualquier novedad es recibida como una amenaza de lo más temida, justo cuando otro término, el tan manido "cambio" (change mejor), no paraba de invadir los salones de nuestras moradas. ¿Qué elegir, pues?
Que con qué nos quedamos (si decidimos obviar burdas demagogias). Demasiada responsabilidad resulta, si ambas vías siguen por los mismos derroteros y no pretenden ni aspiran a contraer matrimonio (por más que nos sigan intentando vender la moto y no podamos huir de la guerra entre realidad y/o ficción).
La reacción primigenia es el pánico. Tenemos miedo. Miedo al otro y a lo desconocido, miedo a cambiar de verdad y sin gastar su única y originaria acepción (que nos acercaría al movimiento), punto de inflexión necesario cada cierto tiempo y para cada época; miedo a que el Real fiche también a Ribéry pese al triplete, miedo a no poder dejar de mirarnos el ombligo y, en una postrera consumición, miedo a morir. Pero basta ya de cháchara. Sin el individuo no hay gracia ni desgracia, ni flechas, ni Croacia. Ser tolerante en un conjunto como el que versionamos es tarea harto difícil, ya que tendemos a enclaustrarnos; a más de uno lo enviaríamos a la puta mierda sin dudarlo ni un instante, ya que no hay nada como el volcar tus insatisfacciones en una espiral de violencia y agresividad. Asomarse a la azotea es un riesgo que se tendría que asumir sin grandes aspavientos. Añádase la crisis económica más grave desde el crack del 29 (del siglo pasado), y nos toparemos con una auténtica bomba de relojería en las calles día tras día.
Ser condescendiente, pues -tanto como paciente o hijo del ser más elocuente-, es una virtud que, al igual que el resto de sus congéneres, Enzo parecía no poseer. Como buen regente en Acuario, el aire no le traía ni buenos recuerdos ni impulsos altruistas de ningún tipo. Era el único error de su carta astral, pero esto no generaba conflicto alguno para su actual mecenas, perdida la musa de antaño, néctar prohibido del árbol de la vida.
Llevaba dos años en el barrio comprándole sus podridas manzanas a Omar, el hombre de la eterna sonrisa. Sobrevolando las moscas -dura es la vuelta-, acusado por sus más íntimos. ¿Que de qué lo acusaban? De ser intransigente, entre otras cosas. Él siempre respondía a la defensiva -incluso yo misma le advertí cierto desespero-, siguiendo los mismos patrones que aquí escribo. "Tenías que haberme visto hace cinco años, aquello sí que era auténtico canguelo", antes de que empezara a moverse (para certificar lo genuino y pregonar con el ejemplo) y no hubiese ni siquera contemplado el mero hecho de regresar.
Es cierto que a cada persona unas cosas le afectan más que otras, y que, de manera inexorable, esto no se manifiesta de la misma forma con respecto a unos u otros; puedes vivir más de diez vidas al mismo tiempo, no hace falta fortuna alguna, y en todas y cada una de ellas ser un ser distinto. Suele divertir, pero no tanto como para transitar por estos desiertos movedizos durante dos malditos años(sin absolutismos de por medio). Si dos de las personas que más le conocían coincidían en su diagnóstico -él se escuda siempre en que jamás le hicieron pruebas y que resultaba superficial y arbitrario, pero yo lo achacaría más al hecho de haber acudido a las personas equivocadas-, pese a sus múltiples intentos por demostrar o parecer lo contrario, es que algo no andaba bien. Si la actual coyuntura, como decía, no le era muy favorable -si seguimos teniendo en cuenta el inconsciente colectivo de Jung como punto de partida- ni halagüeña, y ya no le quedaban recursos para bucear en su interior más de lo necesario sin autolesionarse ni respirar artificialmente, es que se había metido en un buen aprieto. Y vaya uno para decirle nada, que poco le hace falta para hacerse una montaña e imaginarse enfermedades secretas, menudo negocio...
Él seguía pensando que, en realidad, no tenía nada que cortar. No obstante, no hizo falta demasiado para que de una charla informal saliera una profunda disertación animada; una de las cosas que sin ninguna duda podría asegurar de Enzo es que, si invitas tú y le ofreces un cigarrillo tras otro, te cantará hasta el himno italiano como si fuera el mismísimo Gattuso (el obtuso) crecido, pero me temo que de esto ya dije algo y no quiero apestar.

Lo achacaba todo al tedio, arma sedentaria de doble filo. Si no existe el tiempo y no hay posibilidad de rendición en esta vida, es que no tenía intención/interés en salirse del guión establecido; había echado raíces como siempre había temido, pero no fue conmigo ni cerca de mí.
Creo que detestaba esa dualidad que torturaría a cualquiera al irse a dormir por las noches (sin excepción), albergando inalcanzables deseos que le oscurecerían el rictus y le harían castañear los dientes al mediodía y sin previo aviso -para mí, la última vez que yací con él, como si de un muerto en vida se tratase, asquerosamente apático-. Porque cuando uno cree que lleva dos años navegando por tierras baldías y promesas vacías, cediendo cada pulgada de una boca en situación de leve y poco franca sonrisa, pasito a pasito, y no halla recompensa ni amparo en nada palpable, es que debe volver a la casilla de salida urgentemente.
Creo que él lo sabe y quiere ponerle remedio y un pequeño apósito temporal -como sin duda diría-, porque ni la tolerancia ni la más rancia propuesta que tenga que llevar a cuestas le provoca consuelo, estoy segura.
Sobrevalorar la capacidad individual de transportar pedacitos de tolerancia y miedos infundados implica preguntar y preguntarse, quizá lo mismo que volver a ver a un persona que conociste una vez con la que te llevaste realmente bien. Y cito literalmente, "para mí es muy fácil matar al mensajero, criticar sin piedad o llorar a la mala suerte, pero, que yo sepa, todavía nadie ha encontrado aún la piedra filosofal de los cojones".
Ya no creo que San Juan sea el día perfecto para invadir un país,
al menos no el mío, desde luego.

martes, 19 de mayo de 2009

LA MUERTE DE MICHAEL CORLEONE


Hoy la muerte se acercó para comunicarme personalmente que se llevaba a uno de los míos. Le pregunté el por qué, pero no quiso atender a razones. Por un momento pensé que era un sueño, pero por desgracia la realidad no se escabulle tan bien como yo.

Hoy la muerte ha cerrado un capítulo de mi vida que quedaba pendiente, pero no me ha dado la oportunidad de resarcirme, ni de salvarme, por lo que vuelvo a las andadas otra vez; hoy no he ido a trabajar, me han dado dos días de fiesta. Siento un vacío inmenso mientras pienso en un montón de ideas estúpidas para las próximas horas. Sé cómo va a reaccionar la gente, sé que le desterramos, sé que no debería pensar en toda esta mierda.

El día en sí ha sido muy extraño y no pintaba bien; desde que me he enterado, he caminado en un estado ausente, melancólico y lleno de reproches durante toda la jornada. Reproches contra mí mismo. No tenía ganas de verte, duelo obliga, pero mi mente va mucho más allá de estas líneas. Hubiese hablado por los codos, y ya estoy harto de eso; es difícil olvidar u obviar 18 años de existencia, acicalado con un sentimiento de culpa precoz y casi único con respecto al resto de los míos. Cómo mantener la calma cuando no se sabe salir de un entuerto semejante, flotando sobre el mundo de los vivos, cerca del hambre de unos cancerberos nada halagüeños; aunque haya escuchado la misma canción una y otra vez, esta canción que estarás tú escuchando en este mismo instante, aspirando profundamente las cenizas del viejo ser. Recordaba que tenía
En el Nombre del Padre para acabar de rematarlo, y así finiquitar el jodido día de hoy buceando en mi interior, preguntándome una y otra vez un millón de cosas que no tienen respuesta, cosas que le diría para tratar de arreglarlo todo. Pero ese tren ya pasó, y yo, como siempre, llegué 4 minutos tarde a la estación del silencio.

Decir que la muerte no avisa sería apropiado pero escaso; a estas horas de la noche -no espero dormir-, poco me queda ya. Siento que la palabra "dolor" trasluce el verdadero sentimiento de todas estas almas dolientes que concibo. No hice mucho, nunca hice gran cosa. Triste desgana frotando mi teléfono con una sola raya de batería. Una llamada de mi madre más y estallará. Ese fue mi gran error. Sólo pensé en mí, como hoy. Es como si hubiera muerto yo, Giuseppe o hasta Mario. Todos yo. Todos mis "yo". Para los demás -mis cercanos-, no les ofrecí espacio para tratar, y sentencié a todos aquellos que quisieron joderme, como a mi propio padre.

Esta noche, aquí, en mi cama, la estoy pasando buscando respuestas, buscándole a él, recurriendo a antiguos tópicos que permitan alargar y alcanzar una indiferente realidad que puede que algunos llamen "vida". Esta puta indiferente realidad que no deja aire para que el yugo de todo un planeta deje de aplastarme y señalarme con el dedo. No voy a quejarme más por eso. Asumiré toda mi responsabilidad como nunca he hecho.
Hoy ha sido el detonante final para el ser descreído, desgracia enterrada en un puño, nube que cierra el cielo que empuño.
La soledad ya no es únicamente una opción.

Hoy, esta noche, en mi cama, un último pensamiento me lleva a otro lugar. Me pregunto porqué mi madre seguiría llorando. "Ya queda menos", me digo, mientras me marchito y ni cerrando fuerte los ojos, encuentro jodidas respuestas a tantos malditos "por qués".
Dicen que la vida sigue.
No tengo ni una puta foto suya, pero...
¿a qué es curioso que hoy ya sea martes?


miércoles, 29 de abril de 2009

LA IMAGEN DE LA DISCORDIA


Hoy me he levantado más temprano de lo habitual, sobresaltado por una imagen que no me dejaba respirar.
Sigo sin entender porqué los nervios no me dejan en paz, porqué no se van a otro lugar.
La pregunta más recurrente que me hago esconde un miedo atroz a afrontar la mugrienta realidad. En verdad no sé qué diablos hice para merecer esto, si es que algo así se puede llegar tan siquiera a discutir. ¿Desde cuándo me obligaron a vivir en este asqueroso exilio?
A estas horas, la pandémica duda atañe a la persona que representa al rey de oros, mi despiadado mecenas particular, musa de antaño. ¿Cómo se puede vivir así?
Sé que cualquiera me obligaría a enfrentarme a ello, cualquiera menos yo mismo. No hay nadie al otro lado, nunca lo ha habido. ¿Crees que abandonar el barco serviría para mejorar las cosas?
Podría ir por ahí a crear otro concesionario, en alguna región inhóspita, lejos de la tristeza. Pero esa imagen seguiría persiguiéndome; me he condenado a vivir con una bola en el estómago, justo antes de los 30, y no sé como voy a salir de este maldito entuerto. ¿Cómo voy a aguantar con el mismo traje toda la vida?
Ni el destierro bastaría. Es muy triste descubrir que ya no tengo cojones para irme a ningún lado, y que, sin embargo, no puedo detener el flujo incesante de inquietud que me tortura.
Estoy llegando a un momento clave, pero el desasosiego que me impide dormir por las noches no entiende de esas cosas. No me puedo concentrar en nada demasiado tiempo, cosa que me arrastra hacia el pozo de la ignorancia por los tiempos de los tiempos.
Desearía decirle que lo entiendo, que no hace falta que sigas aquí dentro, que creo que lo mejor es que desaparezcas, por favor. Pero ya hace demasiados años que se mantiene cerca, entre las trincheras del pensamiento -a pocas millas de mi barrio-, y no parece tener intención alguna de irse a ningún lado.
No recuerdo desde cuando soy así. No sé si siempre fue por una chica, por la idea de una chica o por algo mucho más profundo, como digo; en el primer sentido, sé que una vez sufrí mucho, y que, en otra ocasión, me resultó más difícil aún catalogar la especie. Si la vida está hecha para compartirla con otra persona, no sé hasta qué punto poyectaría mis inseguridades en ella. Es como la gota que colma el vaso, el desencadenante que designa a los jueces encargados del proceso. La imagen de la incapacidad contra la experiencia.
Ya sé cómo se nace, pero, ¿es así como se hace?
Siempre he sabido porqué alguien se acercaba a mi. En verdad, no tengo nada más que ofrecer, cosa de lo más injusto para la añada 2008-2009; qué le podría explicar, si a los tres segundos soy como el agua clara y fresca que baja por el riachuelo con el rocío de la mañana. Si sigo resistiéndome de esta manera tan patética, no me imagino porqué alguien podría bordearme tanto tiempo, la verdad.
¿Puede un hijo crecer sin padre?
Una de las cosas que me alegra e ilusiona es la llegada del buen tiempo. Siento cierta responsabilidad asociada a un ligero trance, cosa que no me impediría alcanzar mis propósitos pero. Apenas un pequeño resentimiento y una certera presunción rencorosa, llegado el momento, pero sin tener que llegar a dar explicaciones. No puedo cerrar una puerta si nunca la abrí aunque tuviera las llaves.
No opté por ese camino ante la idea de quedarme solo. Hace mucho que sabía lo que estaba pasando, así que, independientemente, tomé cartas en el asunto. No es que esté solo. Sé que estoy solo.
Todavía echo de menos al mar y sus ofrendas, pero, ¿qué borrachera no purga esta insatisfacción?
¿Que qué voy a hacer? La costumbre dirigirá mis pasos hasta que el fin del verano marque nuevos retos. No lo voy a dejar en manos del destino, aunque pienses que siempre hablo de lo mismo. Voy a vivir al día. Con esa imagen en la mano, día tras día.
Me armaré de valor cada tarde para salir de casa. Seguiré viendo pasar, sin espacio, la botella medio vacía.
Por eso, ahora, en esta fresquita mañana, me he despertado preguntándome varias cosas. Con una jodida imagen que me abandonaba, cayendo por el precipicio, en un fatigoso sueño de lo más revelador. Yo le ofrecía mi mano, pero ella se reía en mi puta cara, prefiriendo caer al vacío.
Los nervios siguen aquí, el médico me recomendó que dejara el café, pero yo no le pienso hacer caso.
Hay que tener tanta fe, que a veces es difícil soportar tamaña falsedad, pero no queda más remedio; ¡qué diablos, tengo que cambiar de representante, pardiez!
Las náuseas de la incertidumbre acaban de sustituir a la dificultad respiratoria, y la jodida bola, en esta preciosa mañana de miércoles primaveral, va a tener que pasar por el aro de la raza blanca.
Me llevo a la imagen de la discordia conmigo.

viernes, 17 de abril de 2009

EL DISCURRIR AUSENTE (TREINTA Y SIETE SEGUNDA PARTE)


Me planto en la ciudad más grande de este país solo y cansado hasta aburrir y desesperar al más pintado (aunque me dispare a quemarropa en la cabeza).
No soy buena compañía para viajar, ya que o voy a remolque o me molesta hasta el más mínimo detalle, así que pensé que era mejor no pensar en eso.
Ya en el tren me divertí de lo lindo al toparme con varios personajes y escuchar sus conversaciones; intentar relacionarme un poco no me iría mal, como disponía entre raíles con los ojos como platos. La capacidad de sorprender, propia de la naturaleza humana, es verdaderamente espeluznante, pero lo mejor era que ni siquiera tenía que intervenir. Ver los toros desde la barrera de vez en cuando es cojonudo. Relaja la mente y dispone libertad absoluta para absorber todo cuanto abarquen los sentidos.
Luego está propiamente lo que te compete a tí. En esas no hay nada mejor que jugar a ser otro; para Hong Kong fui un italiano que estaba recorriendo el país entero, auque mi ropa no ayudara demasiado:
- Mi chiamo Enzo.
- What?
- My name is Enzo. Vincenzo. Vincent. Vincent Vega, you know? I'm from Sicily. I'm just arriving from Amsterdam. Sorry, Hong Kong is chinese yet or british nowadays?
Como no recuerdo las palabras exactas no transcribo más, que me da vergüenza y el inglés no me llega. Di rienda suelta al gran actor que llevo dentro un par de veces más, las justas para soltar el veneno que todo hombre arrastra.
Siempre que puedo utilizo el you know, además con acento yankee made in Hollywood. Culpa de mi madre, que se pasaba los días cocinando con gente como Sylvester Stallone o Paul Newman; cuando murió éste, hace un año creo, hicimos un minuto de silencio de lo más sentido. No entiendo como alguien no puede conocer Pulp Fiction, es algo que no me explico.
Nada más desembarcar, me topé con una argentina con voz y tono de listilla. Me preguntó por El Prado, "yo voy hacia allá, pero no tengo ni idea de cómo", así que fuimos juntos. Desconfío de todo el mundo en general, pero de los argentinos mucho más; parece que te la quieran meter doblada, siempre con el envoltorio más atractivo posible. De todas formas, no tenía mucho que perder ni rumbo fijo, estaba dispuesto a aceptar lo que el destino me ofreciera sin más.
Era de una provincia de Buenos Aires cuyo nombre no puedo acordarme y maldecía a los capitalinos bonaerenses excluyentes. Se quejaba todo el rato. Le dije que no sabía una mierda sobre América Latina, pero insistía una y otra vez:
- ¿No dijiste que sos historiador?
Mierda, olvidé que estaba actuando.
- Sí, pero por aquí intentan que seamos europeos, sabes. Lo único que sé de Argentina es que Maradona es vuestro Dios en rehabilitación dudosa y eterna, Messi su sucesor síndrome y que os saqueamos toda la plata que pudimos con Colón y compañía.
Quería que se largara de una puta vez, pero no pilló la indirecta descaradamente directa. Empezó a hablarme de su vida y milagros, ya con menos aspavientos. Escuchaba sólo frases sueltas (era muy cargante), y cacé perlas como que su sueño desde pequeñita era ir al Prado o que su padre, un desgraciado campesino, saludó una vez a Evita Perón y le enseñó a pintar (?¿).
A juzgar por su equipaje, podría dar fe de su vena pintora y no extrañarme tanto; unos canutos de papiro singulares le sobresalían por todas partes, diríase que tenía un mapa del tesoro para todo. Llevaba las uñas pintadas como girasoles, o eso creí ver, pero ya estábamos cerca del museo entre corrientes de gente y un calor asfixiante que hasta ese instante no había advertido.
Al llegar, vi un cartel que me hizo recordar algo que hizo que me desconcentrara: Francis Bacon. Por un momento pensé en el filósofo. Me excusé burdamente (le espeté que había quedado en el baño de la planta baja con un chico) y salí pitando de su vera. Mientras me íba a toda prisa aún me quedó tiempo para girarme y ver la cara que puso, con sus ojos verdes sobresaliéndose de las órbitas. Menuda una...
Liberado de nuevo, hice el recorrido lentamente, lejos de las pretensiones turísticas: una vez alguien me dijo que ese tío merecería mi atención.
Todos los cuadros estaban protegidos por un maldito vidrio protector que no me dejaba ver el detalle (pretendía encontrar una obsesión en ellos), por lo que empecé a sentirme realmente mal. Puede que no fuera tan pesada después de todo. Empecé a pensar en todo lo bonito que podría ser Argentina: la Pampa, ver un Boca-River en La Bombonera, ir a la fábrica de la Quilmes, conocer al Diego y compartir unas lonchas con Él, etc. La presunta temática del artista torturado no ayudaba a agilizar el vuelo, pero yo seguía avanzando entre arcadas, esperando a que los turistas se fueran, intentando obviar las jodidas cristaleras que reflejaban todo lo que se movía. De pronto, me convertí en el jodido Hombre en Azul. Debí equivocar el trayecto. ¡Hasta llevaba el mismo puto traje!
- Disculpe. Disculpe. ¡Disculpe!
Alguien me estaba propinando golpecitos en mi brazo derecho y empezaba a agarrarme de la camisa, cosa ésta que me hizo aterrizar de golpe y porrazo. Una vigilante del museo me comunicaba amablemente que no podía llevar por el recorrido la maldita botella de agua de dos litros.
- Ningún problema, me la bebo y la tiro en la primera papelera que vea.
Se quedó petrificada. Sólo cuando vas solo por ahí te permites esa clase de licencias, a cambio, eso sí, de asustarte a la más mínima. Entre sobresalto y sobresalto abandoné el recinto; ya había agotado todo lo que tenía que agotar. Estaba exhausto y sudaba como un cerdo, pero no podía volver al hotel puesto que no había reservado ninguno y volvía esa misma noche a casa, así que esperé fuera fumando un cigarrillo tras otro, haciendo fotos de personajes,
a ver si aparecía mi simpática boluda...

lunes, 13 de abril de 2009

VUELTA Y VUELTA


Ha vuelto y nadie se lo ha pedido.

Ha vuelto la tortura tensional a masacrar todo aquello por lo que luché.

Ha vuelto el desastre emocional que una vez pude evitar y que en otra ocasión convivió conmigo en paz armada.

Ha vuelto la tortuga para recordarme que la patata no es regular.

He vuelto a desplomarme sin sentido, cerca del precipicio.

Ha vuelto la tesitura que antaño me governó y que ahora más me atosiga.

Ha vuelto el delirio a hacer de las suyas y a intimidar a pobres justos, que por bandoleros, putas y pecadores se vende.

Ha vuelto la temperatura a bajar en demasía y a permitir sacar a flote aquella maldita debilidad.

He vuelto a derramarme encima lágrimas agónicas, esperando la ocasión perfecta (con alguna ayudita) para volver a la cama y dormir por paciencia o eliminación,
que mañana hará cien años.

He vuelto,
pero no para quedarme.

jueves, 9 de abril de 2009

TREINTA Y SIETE MADRID (PRIMERA PARTE)

19h.
Me hallaba en la gran ciudad marítima, azotado por sus multitudes en sábado; agobiado, profundamente asqueado, sabiéndome mal amigo y oliendo peor agüero, desde luego.

No tenía muchas ganas de ir a ningún lado, pues, y no veía posibilidades reales de moverme hasta el verano, de modo que ya me sentía cansado antes de empezar el viaje.
No pensé mucho en ello porque no era seguro y, llegado el caso, estaba dispuesto a dejarme llevar por las alas de la improvisación. Se trataba de eso, y de dejar las losas del pensamiento libres (o aflojadas) al menos por un día.

Cuatro tíos de verde y dos señoritas se molestaban por mi billete, pero mi barba no era lo suficientemente frondosa como para llamar la atención. Así no íbamos a ningún lado. ¿De dónde iba a sacar yo el ánimo para una razia como esa?

No llevaba equipaje. Siempre me ha molestado cargar con maletas, limitan la capacidad de movimiento sobremanera. Una vez dentro, busqué mi litera en el octavo departamento, pero los números andaban escondidos, agazapados, mientras se me cruzaba un pensamiento tipo Auschwitz; seis camas apiladas, como sardinas envasadas al vacío en previsión. Los pasajeros son plenamente conscientes y por lo tanto permisivos, así que suele reinar la camaradería. En cuanto a los olores ya es otra cosa, situación en la que sólo sirve el 'de tripas corazón', y tal vez rezar para que no te toque un puto apestoso cabrón.

Poco a poco me iba animando: Hong Kong bien vale un visado, uno bello, imberbe y poco utilizado. Pero debía dormir, así que fui directo al grano entre la estupefacción más absoluta y el constante balanceo, para librarme de estúpidas convenciones y otras connotaciones más débiles aún. Después de todo, me esperaba un día duro de cojones y, gracias a la emoción del momento, pude recurrir a la pastilla amarilla que me sumiría silenciosamente en dulces tinieblas, sin ni siquiera quitarme los calcetines.
Había arrasado con el botiquín de sorpresas en apenas veinticuatro horas de capital regia, de modo que para la vuelta sólo disponía de varios teléfonos y un persistente dolor de cabeza. Esta vez me toparía con gentes del norte, hombres recios, hechos y derechos, que glorifican el arte del embuste con absurdas conversaciones cuyo propósito no es otro que el de cumplir como pasatiempo, que como toda palabra que empieza por 'pasa' (aunque deliberadamente de mutuo propio), pasajera deviene:

- Tengo una casa en Villasumil.
- No me digas... ¡¿En Villasumil?!
- Sí, ¿lo conoce?
- Claro hombre, yo soy de ..., el pueblo ...
- ¡De al lado, claro!
- Sí sí, vaya vaya. Esa vieja carretera... ¿Y de qué casa eres?
- De la de Paco. Soy sobrino de ...
- ¡Esther!
- ¡Exacto!
- Vaya vaya, pues yo soy tío segundo de ... ¡Qué cosas!
- ¡Tío segundo de ...! ¡Yo iba a su huerto cada mañana a echarles una mano!
- ¿Su huerto? Ah bueno bueno, no tenían huerto, pero estaba Angelita, la peluquera, que...
- Claro claro...

Y así hasta el infinito, como si fuera una cadena que no tuviera problemas en retroalimentarse. Lo curioso y divertido es que, al entrar en detalles la conversación de dos desconocidos, se descubre al asesino fácilmente (dicen que se coge antes a un mentiroso que a un cojo), pero eso no les inquieta ni molesta lo más mínimo, haya o no espectadores. ¡Demonios! Tengo mi cámara demasiado oxidada...

Dejo escapar un leve gruñido y me retiro a mis austeros aposentos, repasando mentalmente todo lo que había hecho y lo que me había perdido durante la larga jornada dominical, en ese extraño convoy de ida y vuelta, penurias y muerte aparte. Volví a intentar dormirme entre varios episodios, a cada cual más peculiar, pendiente de que no me robaran nada; ¿Cuánto tiempo he estado dormido? Creo que me he dejado algo en algún sitio. ¿Es Hong Kong china o tal vez británica? Pero... ¿Es una ciudad, un protectorado o qué cojones es? ¿Estará llena de luces como esas atiborradas urbes asiáticas? A todo esto... ¿dónde coño está Hong Kong? ¿Es Jackie Chan hongkoniano? Se debe haber roto la crisma rodando o algo, hace mucho que no llega una peli suya...

Era ya muy tarde y Barcelona no quedaría muy lejos. La mirada del revisor decía que el tren estaría dispuesto a despedirse con el reloj de Madrid, mientras yo me sacaba de la chistera un último lingotazo de whisky y la gran ciudad marítima, dormida por sus multitudes domingueras, dejaría así de ser una amenaza,
como en esas diecinueve horas de vaivén por el extraviado bajel (del Ser).

sábado, 21 de marzo de 2009

MAÑANAS OBLIGADAS BAÑADAS CON VINO AGRIO


No acabo de acostumbrarme al hecho de tener que estar aquí, aguantando con la cara para no desfallecer.
Desde el momento en que, al inicio de todo, decides y visualizas unos objetivos, todo deviene en ingratas obligaciones. Y no hay nada peor que atar al ser humano en corto. Volvería al tema de la rapidez en las decisiones, o mejor dicho, al de su lentitud (esa tensa espera hasta que cumples lo acordado o te acercas mínimamente, que viene a ser lo mismo). Habrá días en los que pienses: casi mejor no hacer nada y no sentir ese maldito yugo, joder.
Ves, por ejemplo, ahora estoy en una jodida conferencia. Es el final de una larga cadena que me ha tenido en galeras todo este frío. No me estoy durmiendo, no. Es el precipicio de la salud mental lo que me preocupa, que los mareos no andan lejos. Puedo sentirlo. A estas cosas que normalmente se montan por las mañanas, mi habitual falta de sueño (por llamarlo de alguna manera, ya que insomnio no sería la palabra) puede convertirse en un arma de doble filo; podría dar lo mejor de mí bajo presión, o podría derrumbarme miserablemente como un castillo de naipes. Aderezado con un mal uso del sagrado exilir, noto como mi ser y todo Yo soy como una alma que me abandona… Això no es pot aguantar.
Corro el peligro de que se me vaya la cabeza pues. Y todo por una mierda de obligación que ni siquiera sé si me va a salvar la existencia. Estamos aquí apilados, pasando calor, y al escribir esto mismo, percibo un aumento súbito de mi temperatura corporal, me arde la testa y se me suben los colores sin remedio. Pienso en que es demasiado pronto para abandonar el barco, puede que haya que firmar al final: toca aguantar hasta el último segundo.
Es sólo un ejemplo sobre cómo van las cosas, ¡maldigo el momento en que me apunté a danza clásica! Con el tiempo me he dado cuenta de que no puedo hacer más de dos cosas a la vez. “Cosas” en cuanto a actividades de la vida, ya me entiendes. ¿Respondo, pues, al cánon del típico hombre? Las clases de alemán, danza, aquél cursillo oficial, la guitarra de CEAC y entrenar los lunes, miércoles y viernes. Y claro, trabajar. La solución es montárselo para dejar sentenciadas en invierno todo lo que puedas, que ahora en primavera va a ir a alemán (30 minutos ir y volver 3 días a la semana) Kung Fu, por decir algo concreto. No sé si esto significa que me estoy apalancando, sé que alguien podría llegar a decirlo. ¿Comporta eso, del mismo modo, una menor inquietud con la vejez? ¿Acaso ya no me quiero comer el mundo? ¿Alguna vez quise comérmelo?
No es sedentarismo, de eso puedo dar fe. Es lo falso que es todo, lo falso que resulta todo. ¿Para qué voy a hacer tal curso si después no entraré a trabajar en esa empresa, ya que pondrán al hijo, hermano o primo de alguien? Hoy (y ayer y siempre) todo funciona con enchufe. Odio recurrir a tópicos para apuntalarme, pero es lo que hay. Suena tan vulgar como es en realidad, ¿verdad? És una realidad apabullante de la que no reniego, sólo me hago eco de la mentira diaria que tenemos que soportar. En estas me sobrevienen ciertas náuseas por ser parte de ese puto circo de tres pistas…
Y éste ya lleva hablando una hora sin ton ni son; le da igual que la gente se duerma, que vayan saliendo de clase, ahora entran… con tal de soltar su discurso, que llegada la hora convenida, fijo que se larga escopeteado. Cazzo, acaba de poner cara de “… mierda, no le he enviado un mensaje a María para ver que hacía de comer, espero que hoy toque paella, ¡joder!”. Pero tiene tan interiorizado el rollo que le importa tres cojones lo demás. A una pregunta responde con evasivas, corta y continúa hablando. No le culpo, cada uno se las apaña como puede, pero a eso mismo me refiero. Si abres un poco los ojos, no se aguanta por ningún lado.
Hay unos límites de soportabilidad, y los míos están bajo mínimos. Desgraciadamente, hoy en día toca "mentalizarse" más de lo normal, y eso es una auténtica guadaña.
No pienses tanto, o estás muy depresivo, ¿no?, me dicen mis vecinos de aula. Sigo teniendo la necesidad de mostrarme como el gran voyeur que soy (todo es analizable y no te preocupes, que tendrá su correspondiente palabra o frase), buscando aliados allá por dónde me mueva. Lo que al principio parecía una elección, se ha acabado transformando en una forma de ser y ver el mundo. ¡Ojalá pudiese cambiarlo! Aunque no soy sincero del todo, no conozco otro mundo. Yo no vivo aquí a tiempo parcial, como la mayoría de personas que han manifestado algún "desequilibrio" y se han topado conmigo; camino por esa delgada línea roja a tiempo total. He llegado a tal punto (antes de los 30, y sin querer ser pedante), que la única forma en que podría alcanzar la felicidad sería teniendo una pequeña choza, cerca del mar. Con un pequeño viñedo y una vespa para bajar al pueblo a comprar el pan recién hecho, y montañas de libros y hojas y libretas con sus bolis, lápices y sus plumas respectivas… Fíjate que ni hablo del amor, porque esto es, en sí mismo, un grandísimo acto de amor, solitario y consciente.
Ya estoy preparado para esa vida. Todo lo demás me parece hueco y una pérdida de tiempo lamentable. ¡La palabra "responsabilidad" está más sobrevalorada que Karim Benzema! Pero claro, ese no es el mundo que condivido, así que aquí sigo, desgastándome, teniendo que engañarme día tras día para tener una razón para levantarme cada mañana (compartido por tantos esto), intentando que no se note mucho que en realidad, me he separado del ganado ya casi abiertamente (conscientemente), creando y desarrollando mi inútil currículum, volviendo a perder más tiempo y a preguntarme: ¿Para qué cojones sirve esta mierda? ¿Qué cojones se supone que estoy haciendo aquí?
Joder, levanto la cabeza y no veo nadie conocido a mi alrededor, me he vuelto a equivocar de clase.
Las semanas vuelan (hoy ya es sábado implacable), y yo ni siquiera debería haber estado aquí hoy. ¿Alguien sabe cómo demonios estamos llegando tan pronto a los 30 ya? Haré lo que se supone que debo hacer, como una maldita obligación del carajo, buscando alicientes, aliados, enemigos (créeme, más necesarios que los propios amigos), chicas, canciones y toda la parafernalia; en espera de la vendimia, justo mientras me acostumbro a vivir sin tener que llegar a pensar que puedo desfallecer en cualquier momento,
en cualquier lugar...

sábado, 14 de marzo de 2009

¿Y SI YA NO SUPIERA ANDAR YO SOLO LOS CAMINOS?


¿Y si ya no supiera andar yo solo los caminos?
Me preguntaba -en esta noche de luna llena- dónde habían ido a parar esas ganas de descubrir los misterios del mundo, pero olvidaba que, en sí mismo, ya hay bastante misterio en pensar en el mundo como tal.
En esos casos siempre aparece Fernando Pessoa [ª] para cortar mis ansias expansionistas y hacerme las veces de padre. Si fuera realista (por segunda vez y sin que sirva de precedente), abandonaría cualquier pretexto para exiliarme en mi púlpito local. No está el horno para bollos, que diría la jodida mujer sensata, vecina y vieja compañera de andanzas, querida mía. Si me quedara aquí podría dedicarme mejor a mis guerras de la conciencia, a mis desagravios mentales, pero perdería el miedo a no saber dónde voy a dormir esta noche y la posibilidad tan adrenalítica que supone cualquier riesgo. No sé si la edad desentona o sedentariza, pero eso es lo que dicen todos...¿Y si ya no supiera andar yo solo los caminos?
Me preguntaba -en esta noche de luna llena- cuándo dejé de lado al amor verdadero, aquél que una vez me hizo temblar de placer y dolor y también perder la puta cabeza. Puede que, en realidad, nunca lo tuviera y fuera por mis sueños (fiel reflejo de un mundo vivido, y no de uno por vivir), aquellos que me traicionaban mientras yo trataba de dormir. Pero ya no pienso tanto en esos términos, simplemente dejo la puerta entreabierta y espero que las cosas vuelvan a superarme, para que tú me mires,
y yo pueda derretirme aún.¿Y si ya no supiera andar yo solo los caminos?
Me preguntaba -en esta noche de luna llena- porqué seguía empeñado en complicarme la existencia, si mi camarada repetía que de cuatro que son la vida (tantos como fotos ves aquí), uno ya ha pasado. Frenar y volver para asquearme y descubrir que perdí el derecho a ser feliz desde el primer momento en que me planteé el mero hecho de poder llegar a serlo. Escribir, pensar salir de casa. Actuar, ver salir el sol (por fin), mendigar, quedar al descubierto, repetirme. Así resumo el paso de mis días, semanas, meses y hasta años.¿Y si ya no supiera andar yo solo los caminos?
Me preguntaba -todavía en esta noche de luna llena- cómo es posible que se negara la vía del 'contrato de amor' (qui il sentimento non c'entra per niente, no tiene nada que ver con eso), proyecto fútil (¿senil?),
y qué caminos quedarían despejados para que pudiese andar yo solo, sin temor ni tener que llegar a preguntarme tantas veces el dónde, el cuándo o el porqué (al cómo ya lo desterré tanto tempo fa),
¡no me obliguen a desempolvar mi fusil!

[ª] [EL AMOR ES UNA COMPAÑÍA]

El amor es una compañía.
Ya no sé andar yo solo los caminos
porque ya no puedo andar yo solo.
Un pensamiento visible me hace andar más aprisa
y ver menos, mas gustar más tiempo el verlo todo.
Hasta la ausencia de ella es una cosa que está conmigo.
Y tanto ella me gusta que ya no sé cómo desearla.
Cuando no la veo la imagino, y soy fuerte como los árboles altos,
mas si la veo tiemblo y no sé dónde está lo sentido en su ausencia.
Todo yo soy una fuerza que me abandona.
Toda la realidad me mira como un girasol con su rostro en el centro.

viernes, 6 de marzo de 2009

A OJOS AJENOS *

Conozco a Enzo de la whiskería, es un buen tipo, sincero.
Dice que tiene 29 años, pero no lo parece. Al ir tratándolo, lo que más me llamaba la atención era que no paraba de hablar de él.
Hablaba como una metralleta, al estilo Tarantino, y todo lo llevaba a su terreno. Nunca había visto nada igual, al menos no algo que yo hubiese conocido antes. Me gustó desde el primer momento en que lo vi, desde el primer día. Mientras yo me hacía cruces, el seguía hablando sin parar... ¡ni debajo del agua se callaba!
Más tarde descubrí que era una especie de táctica, siempre a la defensiva, como su modo de resguardarse.
Parece demasiado inquieto para lo que podría llegar a ser. Un tío que reconoce sus incapacidades abiertamente pero que pretende aspirar a dominar el mundo... resulta un poco patético. Creo que por eso bebe tanto; cada vez que lo encuentro aguanta una copa en una mano y en la otra un pitillo de esos de liar, en la barra de algún bar, rodeado por una extraña áurea cubierta de humo. No sé si llamarlo “carisma”, “personalidad” o, simplemente, "farsa". No acabo de estar segura.
Aúna a ese deje decadente medio Nacho Vegas, medio Ray Loriga, una cierta sensación de estar derrotado de antemano, antes de empezar cualquier cosa de las que tenga que llevar a cabo. Creo que le encanta cultivar ese aire misterioso, cuando en verdad no engaña a nadie, es demasiado visceral. No tiene ningún brillo en unos ojos ya de por sí algo estrábicos, inexpresivos. Y no te digo nada sobre su caminar, pesado como una obligación cruel, o peor aún, como si andar fuese una obligación (que te legitima del todo a usar joroba).
No tardé mucho en follármelo. En la cama resultaba tímido al principio, y a la pregunta de si con la luz apagada o encendida, te respondo que con luz tenue. Para la segunda ocasión, compré velas que ayudaron a crear un ambiente propicio y relajado. Me da que le da demasiado al tarro, no sé hasta que punto es bueno esto (almenos no mucho para esas "ocasiones", tú ya me entiendes). En esa misma segunda ocasión, me sorprendí al verle sacar un par de cedés de su mochila; la música para él es imprescindible, me contaba en uno de sus eternos discursos contradictorios (lo curioso es que al final los acaba cuadrando, y si te despistas un momento ya estás perdida) cierta teoría sobre su uso: resulta que había una música para cada momento y cada lugar, pero eso sí, ésta no pertenece a nadie, y sólo respondía ante un sentimiento universal…
No quiero cansarte con detalles, pero también es muy maniático y “ceremonial” (en eso me recuerda un poco a tí); sólo para que te hagas una idea, el otro día, en su casa, le pillé ordenando sus zapatillas en fila y según la estima que les tenga en esa época concreta…
Casi desde el inicio, fue directo conmigo, soltándome el típico rollo que no entiendo como aún os montáis los tíos, sobre la libertad (no, Fromm no), nada de ataduras y demás, pero sonaba más bien a pataleta de niño que otra cosa.
Cumplía, pues, todos los requisitos para enviarle a la mierda al cabo de un mes, ya que podría llegar a ser insoportable, ¿no crees?
Un tío con el síndrome de Peter Pan, rarito, con pánico a comprometerse, sin coche ni casa ni proyecto de ningún tipo, parlanchín como pocos (por citar sólo sus principales características), era como para abrir la tapa después de un par de polvos y tirar de la cadena sin pasar por la casilla de salida. Tu te reirás, pero precisamente eso era lo que le convertía en un ser entrañable y totalmente arrebatador. ¿Cómo podía quedar gente así aún?
Una, como buena Acuario y que tiene algo de María Auxiliadora (como bien sabes), busca y se pregunta e intenta salvar siempre al prójimo (o sea, que soy más tonta que Picio). Hace que (quiera o no) escarbe en mi interior y me enfrente a mis demonios, pero debo decirte que en esta historia él juega a caballo ganador. No tengo ni idea de cómo me ve a mi, pero está claro que el as lo lleva él. Es imposible no ir a remolque con alguien así, no me importa reconocerlo. Trato con un tío que no creo que haya escuchado a nadie más de 5 minutos seguidos en su vida y que parece vivir en otro planeta; de todas maneras, parece haber desarrollado ciertas estrategias para que eso no se note lo más mínimo,
es increíble…
Como no puedo renunciar a todo eso, he decidido seguir y vivir al día, cuando se acabe… pues se acabó. Así tiene que ser, con éste no puedo hacer las mismas cosas que hice con otros (ya descarté cualquier grabado con la doble “E”), ni seguir los mismos pasos. Un tratamiento convencional no funcionaría, sería totalmente inviable, avanzar como pareja y esas cosas…
¿Resignada? Puede ser, pero… ¿qué le voy a hacer? Es superior a mi. Lo único que me molesta es que mis amigas tengan relaciones con cara y ojos, mientras yo, a estas alturas, casi no tengo ni dónde agarrarme… Bueno, sobretodo es la influencia del entorno lo que me ralla, pero claro, que te voy a contar a tí que tú no sepas y no hayas vivido en tus propias carnes...
Ellas me preguntan que para cuándo nos iremos a vivir juntos y cosas del género. Yo respondo con un “ahora estamos muy liados, no es el momento pero todo llegará”, por los dos, engañándome vilmente. Pronto me descubrirán, pero aún no estoy preparada para afrontarlo. Primero tengo que aclarar ideas, aunque procese lentamente y a veces esté demasiado tiempo transitando por callejones sin salida y no vea ningún futuro con él, sé que esto es lo que necesito ahora (y si me engaño un poquito más, me digo que, como mínimo, esto es lo que tengo ahora), lo que quiero hoy. ¿Pan para hoy y hambre para mañana? El tiempo dirá...
Vale, hazme un favor, no seas muy duro conmigo…
Te dejo que voy al cine a ver la última de Clint, que he quedado a las cuatro. Uy, un domingo, y al cine cogiditos de la mano… ¿Es posible que me haya vendido la moto y yo haya caído como una tonta?
Ya te diré si es de los que comen palomitas y eso, je, je, je.
Por lo demás, todo en orden, viento en popa a toda vela.
Sin otro particular, espero noticias tuyas (¿qué pasó con aquél alumno al final, te lo follaste?),
te quiere
Esther.

P. S. : Si te estás preguntando como es, vas a tener que esperar. No tengo ninguna foto en este ordenador, estoy esperando que me pase las suyas (va todo el día con una Réflex en plan pesado). En cuanto lo haga, las cuelgo en el Facebook y me dices qué te parece, aunque miedo me das…


* El destinatario de este mail cometió el error de reenviármelo, inmiscuyéndose (pudiendo provocar un cambio de rumbo), haciéndome acreedor de un poder que puede que no acabe de gustarme demasiado y me esté haciendo pensar ya en ahuecar el ala…

martes, 3 de marzo de 2009

EL FIN DE LOS FINES


He estado mucho tiempo preguntándome el sentido de la vida.
Preguntándome porqué estamos aquí; qué mecanismos regulan el hecho de haber nacido, el hecho de crecer y, en última instancia, el hecho de dejar de respirar (¿el fin de los fines?).
Si no hay que preguntárselo por resultar estúpido u obvio, saber al menos el porqué de la consciencia, eso sí que estaría bien; el sufrimiento de ‘pensar’, el don del conocimiento que unos rechazan (puede que sin darse cuenta), y otros combaten día tras día. Heredado o producto de un contexto más amplio (¿educación?), es la panacea de toda una especie y la piedra angular de todo halo de vida (¿aún es pronto?).
Hasta que nadie demuestre lo contrario, aquí sólo estamos de paso. Reconocer esta gran verdad ha supuesto para diferentes generaciones, a lo largo de la Historia, un enorme peso o una frágil levedad. De terribles dictaduras en el nombre de algún dios al ‘carpe diem’ más disoluto, pero, hasta lo que yo sé, mañana podríamos estar todos muertos. Entre la causalidad y la casualidad apenas hay una ‘u’ corrida, porque nunca sabes cuando puede interrumpirse el ciclo.
¿De qué sirve, pues, una existencia llena de problemas, guerras, rompecabezas y otras veleidades como el amor no correspondido? He llegado a pensar que era debido al aburrimiento. Sí, al aburrimiento de estar vivo, más que a la diversión que provoca el cerrar el libro (de la vida). Debe de ser algo inherente a nuestra condición humana, aunque no por ello deja de ser menos asqueroso. Ya no sé si es que todo vale o si, simplemente, nuestra civilización ha llegado a tal nivel de desarrollo que se dan por sabidos elementos básicos que alguno tacharía de vetustos y hacer que otros corrieran el riesgo de quedarse (que no permanecer) ‘fuera de onda’.
Personalmente, me importa todo una puta mierda. Ver las cosas nunca ha sido de gran ayuda (hoy en día no se valora mucho), pero no por ello voy a dejar de proponer algo al respecto.
Si la verdadera batalla se halla en la mente (para el que quiera) y todo lo demás no depende de uno (grácil como el caminar de una musa, respiro que se agota en un suspiro), abogo por saborear un sorbo y por un ‘back to school’, un regreso a los lugares comunes, sobretodo para con la gente que te importa de verdad; hazles sentir que para ti son especiales, únicos e irrepetibles.
El fin de los fines debería ser cada instante vivido a pulmón fuera de las quejas y lamentos absurdos que la maldita Sociedad de la Información hace llegar a nuestros hogares día sí, día también.
El Ser Individual no puede ser desterrado ni sus gritos ahogados, ya que en él se encuentran las claves de la verdadera naturaleza humana y el devenir de toda una especie.
Sé positivo en general y disfruta de los pequeños placeres de la vida (como diría aquél), pero no porque mañana una ola gigante podría arrasarlo todo, si no porque esos serán los momentos que darán sentido a tu vida (los que recordarás).
Recicla, planta un árbol, ayuda a nuestro herido planeta. Búscate un hobby, pero uno que te guste de verdad; si siempre te apasionó la Historia, es hora de matricularse en la facultad. Duerme mucho (no te olvides de lavarte los dientes antes pero), folla todo lo que puedas (pero aleja la cabeza de ahí, eh?!). Prueba los platos típicos de todos los lugares que visites y sus vinos. Sin crisis no hay gloria. Haz fotos para asegurarte de todo y dejar constancia. Tira tu ordenador a la basura y deshazte del móvil (bueno, esto último lo dejo a elección). Lee. Cómprate una túnica y átale un áspero cordel a la cintura, recita en las plazas. Se me está yendo. Escucha a todo aquél que hable, calla. Aprende a tocar la guitarra, vuelve al gimnasio, que el fútbol ya no es lo que era. Aprovecha y abraza al silencio, no reniegues de la soledad.
En cuanto a mí, ni siquiera sé lo que digo (me repito más que Willy), ni porqué cojones lo publico. Hoy no he intentado darle forma -marginando a mis intentos literarios-, diría que es más bien un chorreo incontrolable el que guía mis dedos a estas horas de la noche. Conozco la teoría y seguiré jugando a ver doble, así que coge lo que puedas, si es que has aguantado hasta aquí.
No creo que deje de preguntarme nunca el verdadero sentido de la vida (al final me compré una moleskine), pero créeme, no voy a quedarme parado mucho más tiempo esperando a ver qué cojones pasa.