martes, 19 de abril de 2016

ENEMIGO ESPACIAL HUSMEANDO

El otro día fue el cumpleaños de mi madre.
Lleva veintitantos días alejada del mundo, a resguardo de pérfidas influencias y una realidad obsoleta; yo ya vuelvo a estar como si nada si no fuera por lo agotadas que me resultan las noches. 
Hay tres factores que me han hecho pensar, volver atrás: la película Enemy, la canción de Bowie Space Oddity y las cajas y recuerdos que quedaron en el piso de mi madre.
No suelo regresar al pasado para regodearme. Me gusta volver porque intento encajar las piezas del puzzle que soy; a través de cartas, escritos u objetos de todo tipo, mi personalidad se ha ido formando a lo largo de los años con absoluta sensación de continuidad, como si adquiriera conciencia de necesitar toda esa mierda inútil para más adelante. Lo jodido es que, tantos años después -tanto Diógenes adquirido, pregúntenle a mi mujer-, no tengo respuestas para explicar quién soy; sin embargo, la buena noticia es la claridad con la que vislumbro los acontecimientos de mi pasado. Me he reído con la mierda que sufrí entonces hasta el punto de preguntarme ¿en serio? ¿Eso hice? ¿De veras fui tan gilipollas? y cosas por el estilo. Luego hay cartas que esperan pacientemente ser releídas, misivas que sonrojarían hoy a más de uno... Es mi vida, y me gusta verla a través de la mierda que conservo.
Decía que la peli Enemy me dio que pensar también. Está claro que el director de Prisioneros tiene algo que decir. Y Jake Gyllenhaal, un actor brutal que si no fuera por su constante cara de osito sería uno de los grandes. La jodida araña y los recovecos de la mente... 
Aunque me dejó una sensación agridulce, me pilló desprevenido y me impactó; en términos artísticos, tiene todo lo que le puedo pedir a un film: una dirección brillante (con una fotografía sepia muy atrevida), una historia original e interpretaciones geniales.
El tercer factor que quería destacar, así en este desorden como si reinara el caos este que no anda tan lejos, es la canción de Bowie, pero lo es más Bowie si cabe en general: nunca he explorado su universo, y tenía el disco Space Oddity muerto de risa apartado en alguna esquina. El hecho es que el videoclip de Blackstar, título de su último disco también, junto con el de Lazarus, me tocaron la fibra en su momento; al estar repletos de referencias ocultistas y cierto oscurantismo, era cuestión de tiempo que, aunque ajeno al fenómeno universal del artista, me interesara puntualmente por el genio neoyorquino recientemente fallecido. Y lo hago poco a poco porque, después de todo, reconozco que su música me resulta difícil de digerir. No obstante, la absoluta veneración que mi amigo Albert le profesa -se casó en Las Vegas con su célebre rayo maquillado o lo que sea eso rojo y su peluca-, ayudó a que, en un mix de temazos para las travesías que nos pegamos en coche, no dudara en incluir el tema homónimo del disco que comentaba al principio. Y la sorpresa es que, sin comerlo ni beberlo, ¡mi hijo va y la canta y se sabe la puta letra! Y me la acabo aprendiendo también y resulta que el tío es un náufrago espacial y que podría relacionarse el rollo con su último disco pero no sé si con toda su discografía o su arte en general, y a mi que me hace un tilín que no sé yo...
En esas circunstancias pienso estos días. Todavía me quedan cajas por abrir. Estoy centrado en los #playoffs. Y mi madre estará bien porque amar es querer sentirse vulnerable, si no fuera porque estoy tan agotado que la jodida primavera y todo su circo -después de la nieve de Ensija y sus buitres al acecho- podría irse tranquilamente al carajo mientras intento no caerme.


lunes, 11 de abril de 2016

25 DÍAS DESPUÉS

Veinticinco días después, vuelvo al tajo. Y lo hago con amargura, pero no con la amargura del tipo que os imagináis: sé que voy a descansar más que ahora.
Mi compañera de viaje, a la que debo lealtad y por la que siento auténtica devoción, se está tirando de los pelos en alguna esquina de la casa. Y es porque sabe que esto empieza de verdad.
Hoy fuimos de boda por si acaso, y es gracioso porque me viene el tiburón robot mordedor, con toda su terminología no sé de dónde sacada, y me pregunta la juez si siento algún tipo de coacción; a la hora de tomar la decisión tan importante, se entiende, pero yo no pude no soltar una carcajada aturdida mientras miraba de reojo esos viejos archivos y trataba de no pensar en primeras ediciones de William Shakespeare.
Siento un amor profundo. Los residentes, pobres ellos, pocos incentivos tienen para tirar p'alante con cada día nuevo que se les plante. Son como ese tiburón, que solo se mueve por los desplantes de mi hijo, resortes como los muelles de las colchonetas de las ferias. No tienen un objetivo, solo tienen que ESTAR. Ser y estar, como la jodida gran miseria del ser humano y su puta conciencia...
Veinticinco días después, y ya estoy harto aunque en principio todo esté donde tiene que estar. Lo de SER ya no está en mis manos -que no son las de Curry-, y si la primavera empieza a afectar a la peña pues allá ellos.

domingo, 3 de abril de 2016

UNA HORA TARDE

Esta semana he ido una hora tarde a todos lados. El cambio horario me ha sentado fatal, con una sensación de que voy mal y no remonto ni aunque quiera. No había pensado en ello hasta que Xavi lo soltó ayer volviendo del restaurante, en esa carreterucha tan especial de los Rasos, tras una comida de lo más pantagruélica. Disfruté del día junto a mi amigo, su pareja y mis hermanos y luego el clásico lo estropeó todo.
Estoy leyendo a Raymond Carver, ese punto en que puedo ser productivo y pasar de el ataúd -un microrrelato basado en la muerte de mi compañero A. y la peli Enter the void que publicaré en su momento- a otras cotas; en mi última semana de permiso, siento que la libertad y la presión de querer ser algo y un buen padre al mismo tiempo pueden ser compatibles. 
Esta semana ingresamos en la casa de campo los restos del olvido y, joder, no necesito tantas emociones. No voy a negar que es duro y que hay desencuentros que debilitan, incluso si no sé cambiar la puta hora del coche una semana después y voy una hora tarde a todos lados -con influencias e influjos de miei bimbi.

jueves, 31 de marzo de 2016

LOS CEREZOS DE MARZO

Ya es primavera, fíjate. Los cerezos están en su apogeo y los bichos sobrevuelan la campiña buscando flores nuevas a las que aferrarse.
Va a empezar a hacer calor, aunque es cierto que este año no ha hecho mucho frío. Me cuesta respirar con el calor mortífero del interior catalán, y me temo que este año será aún peor.
Hay otro ser vivo en casa. De momento solo llora. Espero que no piensen en jubilarme. Yo sé que me quieren pero no sé si van a poder con todo; cuando apareció el rubio ni yo misma creí que fuera a crecer tanto. Era una amenaza, ahora nos queremos un montón y de vez en cuando jugamos a perseguirnos.
Ya tengo cinco años. No estoy preoccupata. Son bonitos los cerezos. Tendré que ir con cuidado, es época de alergias y la campiña va a engalanarse, fíjate.

sábado, 19 de marzo de 2016

LOS IDUS DE MARZO

En verdad os digo que si el cielo se cayera como lo está haciendo estos días en el corazón de Europa, yo solo pediría que me dejaran cerrar los ojos rodeado de mi familia en espera del catacrash final.
No tengo miedo, pero no pongo la tele. No quiero saber nada de lo que pase fuera. Estoy ignorando al puto Twitter, apenas entro en internet y, desde luego, no sé qué mierdas es el Periscope. Bastante tengo con dar el callo en casa como para pensar en lo de fuera. Si nos hundimos, pues a la mierda, pueden los conjurados empezar a afilar sus cuchillos.
César pensaba que la República estaba obsoleta y que la única manera de mantener un estado fuerte era aglutinando poderes. Más de dos mil años después, vamos para atrás; volvemos a caer en la misma piedra una y otra vez, así que, como raza, solo nos queda esperar.
Ni los más poderosos pueden salvarse.
En verdad os digo que me importa tres cojones.

domingo, 13 de marzo de 2016

AL CRUZAR

Esta semana nos han vuelto a arrancar de las fauces de la tierra a otro compañero caído en desgracia. Esta semana ha muerto A., mi segurata de tantas noches de guardia: la plaga de nuestro tiempo, el cáncer, se lo ha llevado a la otra orilla apenas cumplidos los sesenta años.

No era un vigilante de seguridad al uso. Venía de Barcelona tras una mala experiencia empresarial y llevaba años agachando la cabeza a causa de ello. Le gustaba el buen comer y sabía de la ars culinaria más de lo normal; era frecuente que intercambiáramos ideas sobre platos y lugares de la city donde encontrar un buen filete o la mejor pasta italiana como esperando ir cualquier día de estos a disfrutar de un banquete.

Amaba Barcelona. Era de Les Corts, uno de los barrios con más solera de la Ciudad Condal. En su fuero interno albergaba la ilusión de volver a recorrer sus calles como habitante de la urbe y no como turista, si bien la realidad era otra al salir de la ronda y ver el letrero de MANRESA con Montserrat al fondo como pétrea frontera incapaz de prometer un invierno cálido y hacerle sentir un poquito partícipe de lo de aquí.

En cuanto a la faena, era demasiado impetuoso -ir a destiempo le acarreó más de un problema: yo siempre lo achaqué a esa desubicación que nunca le abandonó. Algunos lo llamaban sheriff pero yo veía más bien a un De Niro fuera de forma. Evidentemente y aunque muchos no lo vieran, tenía una actitud atípica con respecto a su gremio, y uno no podía dejar de sentir cierta lástima viéndole sufrir en situaciones en las que nadie desearía estar envuelto.

Siempre me preguntaba por Luca. No puedo ni imaginar lo que habrá sufrido su mujer, un encanto de persona, tras más de mes y medio de fulgurante caída. Compartimos otras casualidades, como que su hijo fuera amigo de conocidos pasados míos. Chismorreábamos al respecto y, con cierto deleite, pasábamos las horas entre conexiones y balas perdidas en este ambiente tan ajeno a nuestros propósitos iniciales de vida. 

Le apreciaba. La conmoción ante la noticia de su pérdida ha sido tremenda. Y ya van unas cuantas.

Pero ahora A. ya ha cruzado al otro lado.

Vaya en paz.

viernes, 26 de febrero de 2016

EL PREMIO


Hacía días que sabía que los premios se entregarían en el hall de un hotel del pueblo vecino aquí, en el Berguedà.
Llegó el sábado y fui incapaz de dormir siesta como acostumbro, presa de los nervios. Vendimos al niño y nos vestimos de negro pese a que hacía un sol resplandeciente; Laura se estuvo como media hora arreglándose en el baño, ya mismo como la Preysler, niña le oigo decir al teléfono. Yo solo me cuelgo la cadena de mi abuelo y en vez del anillo de compromiso elijo el gótico que nos compramos al principio en aquella feria medieval, aunque dudo entre camisa o jersey. Me preparo un Martini rápido y busco el DNI por si hay que identificarse para recoger el premio.
Llegamos diez minutos antes de la hora al lugar y hay no más de diez personas. 
Después de unos instantes de duda, una mujer de unos cuarenta años y el pelo teñido de violeta se nos acerca para preguntar quiénes éramos: benvingut i felicitats!, dice con sinceridad. Le digo a Laura de ir a la barra del bar que no aguanto más, será un momento. No puedo no pensar en Menos que Cero, el libro que me estoy leyendo de Easton Ellis, y me siento un poco mal pero si no bebo algo voy a ser incapaz de relajarme. Me tomo otro Martini y volvemos al hall a sentarnos en unos sofás color crema muy cómodos. La sala se ha llenado de gente, cuento unos cincuenta. Un grupo de blues o jazz ameniza la velada mientras la señora de violeta va de un lado a otro con desenfreno, preocupada por que todo salga bien.
No hay gente joven pero claro, yo tampoco lo soy. Las manos empiezan a sudarme y localizo rápido al fotógrafo por si me tiene que enfocar: hoy no estoy para salir en el Hola!. Laura está disfrutando mientras yo no sé cómo ponerme. Noto la mirada tan caída que no sé si alguien lo notará pero por suerte la entrega de premios avanza rápidamente y los camareros empiezan a desplegarse con decisión.
Hay tres chicas jóvenes de entre todo el gentío, no reparan en mi presencia. Supongo que el bombo de mi mujer ejerce de paraguas y yo no dudo en cobijarme en él como cada cinco o diez minutos, buscando restarme trascendencia. Una de ellas lleva un abrigo larguísimo y unas zapatillas plateadas brillantes. Luce un tatuaje de un sol o una estrella explotando en su antebrazo izquierdo, convenientemente arremangado. Su melena rojiza y rizada es tan larga que parece un complemento de su estrafalaria vestimenta. No creo que sepa hablar, se pasea con el mismo aire ausente que un fantasma. La otra chica ojea un libro o folleto en la barra de la recepción del hotel y no mueve ni un pelo. Está como disimulando o esperando a alguien, ya que de vez en cuando levanta el mentón para mirar hacia la calle como esperando una señal.
La tercera chica es una ganadora, nos cruzamos un par de veces pero esquiva el contacto. Es un nervio, no para de moverse de un lado a otro y conoce a todo el mundo y habla con todos. Sale a fumar cada poco. Va vestida medio hippy medio fashion, y no puedo no pensar que no se llevaría fenomenal con mi amiga Maria, la que emigra a Costa Rica.
Los viejos pasan de mi. No soy de su círculo. Muchos se conocen, como en un club de lectura. Me llama la atención un hombre con chaqueta de tweed y jersey de cuello alto con pinta de profesor. Le digo a Laura, mira a Walter White, pero antes de ser Heisenberg, eh. La organizadora insiste en que me encuentre cómodo incluso mirando de reojo a Laura, pero yo ya solo pienso en el cóctel y el alcohol que voy a ingerir.
Subo a por el premio como un robot, mi mujer me graba. Hay aplausos, luego un instante de '¿y éste quién es?' y aparecen los camareros justo a tiempo para traerme mi medicina líquida. Hay entrevista de televisión y radio y yo no he preparado nada. Me dice Laura: ¿por qué no has dicho que iba sobre ovnis?, pero yo solo quería salir del paso intentando que el entrevistador, una mezcla de Jabba el Hutt y Watto, no me aplastara contra el banco que tenía detrás. Me sorprendo insistiendo en les relacions humanes y de ahí no salgo. Después nos movemos un poco por la sala y yo me tambaleo, Walter White viene a mi encuentro y me da la enhorabuena, se la devuelvo aunque no sé qué premio ha ganado y Laura, que parece que está a punto de explotar, me dice ¿por qué no le has hablado? Era tu oportunidad de meterte en el rollo, pero ella no sabe que las opciones que nunca se dan no son.
Finalmente, nos despedimos tras dos agradables horas en el hotel Cal Marçal de Puig-Reig más contentos que unas castañuelas y con la sensación parcial -irreal- de querer desaparecer siendo invencible, lo cual es raro de cojones.

martes, 23 de febrero de 2016

LA BUHARDILLA


esta canción dice exactamente cómo me siento estos días

Si tuviese que apostar, me gustaría que fuera por el 15, uno de mis números. Pero por suerte hace tiempo que dejé de pretender que las cosas pasaran según mi voluntad.
Perdí el control justo cuando mi mente dejó de procesar la vida por el filtro de las drogas y el alcohol. Sin ser nunca un depredador nocturno, sí que me sentí depravado demasiadas ocasiones en las que acabar solo no era una decisión voluntaria, y he estado en todos los rincones de la soledad lo suficente como para saber que no quiero volver a pasar por esa mierda.
Conozco la sensación de desamparo tanto que todavía inunda mi pluma las noches como éstas, en las que mirar el cielo estrellado desde mi atalaya me estremece como si me despedazaran lentamente a trocitos, dando paso a un vértigo tan atronador que tengo que calmarme a mi mismo diciéndome estupideces como es redonda pero no se cae o todo sigue una lógica.
Voy a volver a fumar. Estoy a un paso de comprar whisky del bueno. Vosotros no habéis visto mi refugio, en la buhardilla, como donde Íker habla de nada en su nuevo proyecto New Age (Universo Iker, en radioset), todo un género en sí mismo. Me veo de mayor con mis hijos correteando y yo y mi lámpara de aceite y mi calva y mis plumas y mi papel desgastado con mi montaña de libros y muebles por doquier. Sí, y tanto que me veo, aunque de momento es solo un proyecto..
Me han dado un premio secundario por algo que escribí. Mi compañera de viaje sabe que voy a ir bebido y lo acepta sin más. El miedo hace que busque reedios para deshinibirme y recibir una visión de la realidad trastornada pero efectiva para salir del paso. Lo único que me ha pedido es vale, pero no te pongas muy paposo. Le encanta sentir vergüenza ajena conmigo. Iremos sin el niño, por supuesto.
Creo que voy a apostar por el 15, pero seguro que cae en otro día. Falta un mes, joder. Por suerte hace tiempo que dejé de pretender dormir del tirón.

domingo, 31 de enero de 2016

VUELVO A CUMPLIR

Considerar nuestra mayor angustia como un incidente sin importancia, no sólo en la vida del universo, sino en la de nuestra misma alma, es el principio de la sabiduría. Considerar esto en la misma mitad de esa angustia es la sabiduría entera. En el momento en que sufrimos parece que el dolor humano es infinito. Pero ni el dolor humano es infinito, pues nada humano hay que sea infinito, ni nuestro dolor vale más que el ser un dolor que sentimos nosotros.
Estoy vivo y tengo buena salud. Mi mujer y mis hijos tienen buena salud. Doy gracias por ello, y por amarles y que ellos me amen a mi como si no hubiera un mañana.
Quería recordar esta cita de Fernando Pessoa en este día que ya no es tan especial para mi -puesto que hay otro cumple que copa toda mi atención- como tributo a la mutación pasada del verdadero ser que subyace al tipo de treinta y seis años que teclea esta mierda en este mismo instante.
La filosofía siempre fue la misma (como en Tool y el resto de referentes culturales), ya que siempre supimos que la lucha era jodidamente irreal, algo tan abstracto como las divagaciones dedicadas al tiempo ocioso pertinente sobre el que edificamos nuestro modus vivendi.
Nunca existí.
Hoy doy gracias por ello.
(Sobre esto mío ya encontraré la manera de trampearlo).



jueves, 21 de enero de 2016

POSTAPOCALIPSIS

Los restos de un paisaje urbano postapocalíptico en una carretera abandonada me recuerdan lo efímero que es todo.
Luego intento hacer la vieja campiña como antaño y me cuesta, sufro entre el vaho helado y una baja forma que duele y revienta por igual.
Cuando me conecto a la enormidad de la naturaleza y a la actuación del ser humano no puedo más que sentir una gran humillación que me atormenta por las noches, cuando intento actualizar a Pavese y encontrar mi sitio.
No siento la Fuerza. No siento más que el peso de mis piernas que se quejan por unas jornadas tan largas como innecesarias. Y el olvido... si ella supiera... No hay curación. Y para la culpa, ay, amore, para la culpa... No hay medicina que palie semejante desazón.
He pensado en volver a delinquir. Puede que sea la clave que me permita volver a hilvanar aquellas maniobras locas de antaño. Y por qué no, dormir del tirón un montón de horas.
Los restos de un paisaje postapocalíptico -a una semana de los cumpleaños- nos guiarán.

sábado, 9 de enero de 2016

A PAVESE Y LA MALDICIÓN

Una de las cosas que más me está gustando del aparcado Pavese, recuperado para la causa para empezar bien el año, es su absoluta falta de dialéctica trascendente para con los otros. En su afán interior, demasiado poderoso como para poder vivir tranquilo, es imposible no recordar a nuestro amado Pessoa, adalid de una soledad esfereïdora por antonomasia.
Su historia es tan trágica como la propia naturaleza humana, condenada al fracaso de antemano. En esta línea, los problemas de desamor que tuvo el piamontese, a la postre desencadenante de su triste final, no tienen ningún sentido para estos días de aceleración y perversión social. 
El miedo a quedarse solo ha desaparecido entre las causas del dolor mundano y, en cuanto a rapporti sentimentali, está como de moda escupir las relaciones mal cultivadas así de sopetón. En estos casos siempre la entidad más débil es la perjudicada, viendo traspuesto todo su sistema de valores y obligado a cambiar radicalmente de vida (sovint con una mano delante y otra detrás). Lo jodido es que suele haber hijos de por medio, aunque una voz autorizada me dijo hace poco que nuestra generación no notará los efectos de tamaña variable, y eso me temo.
Es cierto que la sociedad ha cambiado sobremanera y lo que antaño era un modo lógico de relacionarse, basado en unos postulados excesivamente marcados por una mojigatería propia de ambientes cerrados y privados de libertad, es hoy un anacronismo que nada tiene que ver con la velocidad a la que se mueven el mundo y la tecnología. Incluso con suerte pronto apartaremos definitivamente la visión de la mujer esclava equiparando los sueldos y las tareas del hogar. 
El origen de estos males está claro: los nuevos adultos somos unos críos. No hemos necesitado subsistir porque, cuando hemos estado al límite en estos años de carestía, una entidad supra familiar ha ejercido de cojín salvador. Es contradictorio con mi modo de ver el mundo, sin duda, algo que en todo este embrollo reconozco que me atemoriza y alerta por igual: yo quiero formar una familia tradicional. De hecho lo estoy haciendo, solo que no sé dónde me deja eso, si en lo anacrónico de antaño o en lo estúpido de la limitación de recursos que supone una crisis eterna como la actual que lo dificulta todo. A este último respecto, hace poco un vecino de mi barrio que no suele prodigarse me dejó una perla con un he vist a la teva dona, ets molt valent, eh!, dejándome así anonadado y sin respuesta. Luego hueles escletxes que te retrotraen a una maldición atávica que no quieres ni visualizar más de un segundo.
Como suelo decir, la soledad, aparte de un estado de ánimo, es necesaria. Yo lucho por reconquistar mi solitudine sin renunciar al amor de un núcleo vertebrador fuerte. Y ahí se tienden puentes entre mis autores preferidos y mi amigo noruego.
Pavese escribe tanto al desamor que es imposible obviar esa tinta que tanto apuré. Es un exiliado, un expatriado de la libertad y su añorada tierra. Sea como fuere, parece estar contento con su aislamiento y lo mismo me pasa a mi, sobretodo cuando, en esos días en que oyes silbar al viento helado fuera como al acecho de algo más perturbador, enciendo el fuego mientras mi hijo toca la batería y jugamos a escondernos en el castillo y mi compañera de viaje reposa con los pies en alto, no sin antes encerrarnos a cal y canto y pensar un momento en que no hay maldición que tanto pueda pesar.

jueves, 31 de diciembre de 2015

... Y EN CUANTO A ESTE BLOG...

... diez años completos nos contemplan ya. He amenazado tantas veces con dejarlo que mejor paso esta vez. Me gusta dejar constancia, a mi manera, de las cosas que hago. Como si esperara algún tipo de recompensa.
¿Quedará esto para siempre, en los anales? ¿Qué significará, en nuestra historia?
Continuará...

martes, 29 de diciembre de 2015

CLAUSURA 2015: EL SEGUNDO YO

Llegamos a final de año y esto vuelve a acabarse. El año de la consolidación del terror a nivel internacional y de la locura (ISIS, Germanwings).
La lucha entre el tiempo ocioso y el tiempo fuera de mi ha sido la nota predominante en la primera parte del año y, cuando la primavera asomó y mi retoño empezó a volar, el cuerpo dijo basta y tuvieron que pincharme para asegurar un verano italiano a pleno rendimiento. Entre medias hubo el cambio laboral tan sonado que hizo que me destacara por fin entre los murciélagos y las sombras de la noche, no sin antes detonar una bomba relojera que hizo tambalear los cimientos de la parte vieja. La ira ha sido la lamentable protagonista demasiadas veces y esto es algo que he de cambiar.
En verano volví al Sur, y ya sabes cómo me gusta eso. Recuperar cierta normalidad a estos niveles es el reto, sabiendo que jamás aspiraré a recuperar la osadía del dolce far niente de antaño, ¡ni lo pretendo siquiera! La gran noticia es todavía una incógnita. Surgen ideas sobre el segundo advenimiento del que debe completar el círculo, pero menos porque la experiencia es un grado. Imaginar su faz y su personalidad todavía no puedo aunque solo sienta un amor desmesurado que soy incapaz de controlar.
Construyen al ladito nuestro mientras yo lo único que pienso es en preparar un caldero con aceite hirviendo.
Lo que saco de este 2015 que cierro aquí son las ganas de hacer cosas con mi familia al completo. Quiero ver el mundo entero con las ocurrencias de mi primogénito y los primeros aullidos del pequeño bribón que espera entre bambalinas. Mi prole, con mi compañera de viaje, mi amor después de un lustro juntos ya. Y p'alante y hacernos viejos y todo.
Culturalmente, dos nombres: Camilleri y Knausgård. En música hace tiempo que me dejé ir -si bien volvieron dos musas como la Consoli y Florence-, y este año no disfruté en cine ni descubrí nada nuevo en televisión.
Poco más que añadir. De ahora en adelante, no pido nada más que salud para poder despertarme cada día con alegría y ilusión. Y os deseo lo mismo para todos.
Salud y paz. Y que le den a la política.
¡Feliz año nuevo 2016!


lunes, 21 de diciembre de 2015

AGUANTAR AL 'YO' SOCIAL

Es difícil lidiar con el 'yo' social como una oda al dios Jano ahora que está apunto de abrirse una nueva puerta y las dos caras de una misma moneda son tan fáciles de confundir.
Empezaré con un ejemplo sencillo: no puede ser que tildes de enferma mental a una compañera de trabajo, criticándola y discutiendo sus capacidades, para luego hacer bromas con ella, haciéndola partícipe de una conversación banal de grupo.
No me gusta la hipocresía. En mi trabajo hay un tipo que no me habla y tiene buenos motivos para ello. Respeto su silencio -conviviendo con el mismo silencio atronador- sin evitar encenderme por dentro cada día un poco más, deseando explotar para revelarle los verdaderos motivos por los que le destripé en público (no estando él presente). 
Hay una razón de fondo: no puedes decidir cómo tiene que ser la gente. Aunque haya cosas que consideres obvias, he aprendido que tener opinión hoy en día es insoportable. 
Muchas veces me siento como si estuviera en una encrucijada constante, reservando mis verdaderos pensamientos para no aumentar la tensión y esperar que el sentido común acabe imponiéndose en un simple diálogo entre hermanos. El problema es que bullo por dentro, ardo, y se me nota; soy incapaz de dejar salir victorioso al que cree tener la razón sin herramientas para ello, al que falsea y contamina, al que juzga y contempla a otros seres humanos desde arriba por su mera condición o porque es guay reírse con los compis de turno. Lo fuerte es que creo que algún día yo fui así.
Lo peor es que te conviertes en alguien molesto si decides actuar en consecuencia. En un gruñón o un amargado. Y todo por no reírse de las mismas mierdas por las que todos se ríen, por no ir a las cenas donde gente con un sentido del humor deleznable se juntan para jactarse de su puto modus vivendi. Otro ejemplo: De copas, siendo 5 o 6 personas, hace unos años, una chica decía: ... Y te levantas por la mañana con cuidado para no horrorizarte según con quién hayas acabado en la cama... Y lo que tenía que ser un lugar común se convierte en una pesadilla tras, entre carcajadas generales, dirigirse a mi preguntándome: A quién no le ha pasado, verdad? Y yo decir: pues a mi no me ha pasado, yo suelo saber con quién me acuesto, cortando el rollo y la excitación general.
Algunos no saben hacer la con un canuto y creen poseer la verdad universal, otros pueden tildar a ésos mismos de ser 'cortos' o de tener pocas luces; unos por no tener los medios y otros por no saber cómo gestionar esa superioridad intelectual... Resulta jodidamente inaguantable, como los resultados del 20D y lo que vendrá después: un galimatías de mucho cuidado y la imposibilidad de ver las noticias hasta finales de enero.
Alguien dirá: no puedes llevarte bien con todo el mundo y no hay más remedio que relacionarte con todos en el trabajo. Y yo digo, ya, OK, pero hazlo con menos aspavientos, ten un poco de dignidad contigo mismo.
Hay que saber estar, joder. Sé un poco consecuente, no te pongas a dormir con tu enemigo si solo persigue tu mal.
Y yo me pregunto: dónde están los valores?
Por qué se premia la estupidez de la inmediatez, hoy en día?
Por qué no puedo pasar de toda esta mierda, simplemente, y vivir tranquilamente a mi bola, con los míos?
Cada x tiempo me entra una reválida del tipo, algún choque que me recuerda que he tirado demasiado del hilo y que toca apartarse antes de salir mal parado. Por suerte no vuelvo al trabajo hasta el 28, ya pasada Nochebuena, así que no voy a tener problemas para soportar a mi tarado 'yo' social, pero sí que me revienta soportar cada vez menos a mis semejantes y no te diré que me costará dar la puta espalda a todo aquel que venga a por mi.



sábado, 19 de diciembre de 2015

VENTANA AL MAÑANA


Es duro hablar sobre todo aquello que cambió. Y cómo cambió, debo decir.Nunca nos acostumbramos a crecer sin estar demasiado lejos los unos de los otros. A la que empezamos a tener hijos, un halo de desconfianza recorrió nuestros habituales senderos.Llegó la hora de dejar de llorar y asumir que hay que madurar.
A las puertas de la Navidad y el tió, reconozco una ilusión desmesurada puede que ligada al despertar de la Fuerza y ese mundillo mágico que mi progenie tanto disfruta. Sus emociones son tan auténticas que me conmueven profundamente. Hacen que encuentre el verdadero sentido de la vida, que me desviva por sus intereses hasta que respire mi último aliento y que me aparte un poquito de mi mismo, que ya toca.
Es cierto, todo cambió. Llegó la hora de asumirlo. ¡Y qué!

jueves, 10 de diciembre de 2015

EL ADVENIMIENTO

Con algo más de dos semanas de invierno el frío es mortífero de cojones. Odio el frío, com o odio trabajar y saber que no voy a tener todo el día para tumbarme a la bartola.
Eso es lo que más echo de menos: pasar el día sin hacer nada.
Es difícil no tener la sensación de estar perdiéndose algo. Va a épocas, desde luego, pero hay días en que sobrevivir psíquicamente sin sentirte como una mierda cuesta lo suyo.
Ya no sé si es el hecho de trabajar de cara al público o si es el público en sí el origen de mis males sociales: la gente, las personas, tú. Como una auténtica guadaña. 
No sé cómo me convertí en semejante monstruo. Hoy (por ayer 8) cuando me levante montaremos el árbol de Navidad. Habré olvidado toda la mierda que me como y los apósitos habituales para esta época del año. El bailarín de los Warriors, el virtuoso Curry, seguirá jugando contra niños y mis estudios, esos pequeños pinchazos que me atormentan, pasarán a un dulce y consentido segundo plano.
De la escapada a la montaña, tras horas de curvas y una almohada para olvidar, un sincero pensiero: amo a mi familia. Y ese filete... mmmh... a joderse OMS (qué ganas tenía de escribirlo).


viernes, 27 de noviembre de 2015

EL ÚLTIMO BASTIÓN

El último bastión que permanecerá irreductible ante el horror de continuar viendo como nos matamos entre nosotros mismos costará que no esté delimitado por cuatro paredes, únicas bridas a las que aferrarse en estos tiempos de tempestades y tribulaciones varias.
Entonces me dejo bigote y fortalezco mi musculatura como Tom Hardy por si hay que defender el fuerte. Lo mejor es vivir en el campo, dijo en su italiano en desuso mi amigo Le Art. Él, que es francés un tanto apátrida, sabedor de lo que se cuece en la sala de máquinas del país vecino, ni se inmuta. Yo, que asisto asqueado al confronte político de mi tierra y que ansío una respuesta de más allá del cielo, le respondo: como tú y como yo. Luego me envía fotos de unos parajes abandonados, desérticos, en los que el ISIS jamás se atrevería a enviar a uno de sus suicidas (de hecho, en mi calle no llega ni internet). 
Me acordé después de mi amiga Isalen. Me enfadé con ella. Se ha mudado a Barcelona, hace un mes ya. Busco un hueco para pasar un día con ella y hacer lo que solíamos hacer hace ocho años pero claro, ha llovido demasiado. Al final, como siempre, solo pude cabrearme, y todo porque me revienta aceptar que cada uno tiene sus prioridades y que somos hijos de nuestras circunstancias. 
Tardo como una hora en reaccionar por las mañanas. ¿Cuál es nuestra guerra? Me preocupa cómo criar a mi prole. Cómo los voy a enviar a ahí fuera. En el bastión de nuestra casa, en la agradable campiña bergadana, no siento la presión del aislamiento social que me pide el cuerpo. Pienso, muy a menudo además, en que se jodan todos. Es el último bastión que nos queda, nuestro auténtico experimento mientras envejezco y trato de no incomodarme demasiado cuando me visto para ir de caza.

martes, 10 de noviembre de 2015

FÁBULAS RELATIVAS

Al final, lo que de verdad importa es medible solo cuando llegas a casa. La vida se rige por el momento en que abandonas tu 'yo' social y metes la llave en la cerradura.
La ciudad suele recogerse entonces y, con ella, sus atribulados ciudadanos.
Si te encuentras contigo mismo y, en la soledad de una ducha relajante, en el silencio de la nocturnidad de tus cuatro paredes en las que eres tú al cien por cien, actúas como eres en realidad sin costuras ni máscaras de ningún tipo, pues cojonudo. Eso sí... cuánto tiempo podrías aguantar así? Está hecho el ser humano para vivir en soledad? Si excluimos a los sociópatas de la ecuación, la respuesta está clara.
Si llegas a casa después de un día agobiante y nadie te espera, puedes suspirar, respirar profundamente y servirte un escocés apoyando los pies en el cheslong. Ver una buena peli, seguir con tu serie o buscar porno del malo. En cambio si llegas a casa y dos animales que no levantan un palmo del suelo se abalanzan sin compasión sobre ti, tirándote y recordando que tu espalda ya no está para muchos trotes, arrancándote una sonrisa que parece más una mueca de dolor que otra cosa, pues entonces diría que sí, que eso sí que es vida. Qué puedo decir?
Antes no tenía a nadie que se preocupara por mi, ahora tengo a tres personas y un perro que seguro que no solo se preocupan sino que además me quieren y, en parte, dependen de mi y de que yo esté ahí para ellos.
Al final, lo que de verdad importa es la cantidad de besos y abrazos que das al día. Las personas necesitan cariño, todos necesitamos cariño. Somos seres de carne y hueso, las conexiones de nuestro cerebro que llevan el tema de las emociones son las más importantes: tú no respondes igual si al cabo del día no te han dado ni un beso. 
Ser una jodida oveja es tan agotador como impersonal; la vida, qué cojones, era muy triste sin besos ni abrazos, por eso empalago a los míos todo el día. Creo un vínculo que espero alargar en el tiempo, y no solo basado en la sangre o en las compañías. El trabajo, el día a día, tu jodida vida espiritual y la carrera laboral... son apenas las costuras de lo que subyace a la herida de la consciencia de saber que uno está vivo. Porque cuando menos te lo esperes volverás al hoyo y, cuando le veas las orejas al lobo y eches la vista atrás, lo único que querrás saber es si fuiste capaz de amar, y de si lograste ser correspondido en algo tan relativo como el tiempo y el espacio. 

domingo, 8 de noviembre de 2015

TIRA FICHAS

Soy un tira fichas. Recuérdalo.
Yo no gestiono nada. A mi no me llaméis. 
Soy la primera cara. Una 'i' pequeña y nocturna. Preguntar lo básico, responder educadamente.
Tirar fichas. Poner la cara, no la otra mejilla. Aguantar el sueño. Ver series, encerrarme.
Contestar al teléfono. Enviar faxes. Estar despierto, aguantar lo justo.
Aislarme y tirar fichas, una tras otra. Esa es mi faena.
Y aguantar los domingos.
Suerte que tenemos a Florence.