viernes, 25 de abril de 2014
miércoles, 19 de marzo de 2014
DÉCADA FNAC
En marzo de 2004, hace la friolera de diez años, entré a trabajar en la librería de la FNAC del Triangle en la Plaça Catalunya de Barcelona. Y podría ser ayer, pero no.
Fueron necesarias dos entrevistas. Por aquella época yo malvivía en un destartalado piso de Horta con un trabajo parcial de mierda y estaba enfadado con el mundo, así que solo podía mejorar: era para mi un lujo, pues. Me había cortado el pelo y acababa de cumplir 24 años. La chica del momento era una punky de cuidado, a la que preñaron poco después; desapareció entre las multitudes de la gran urbe.
En la segunda entrevista, Olga, una de las jefas (VQ en su terminología, nivel 2), me preguntó por el premio Nobel de literatura. No supe qué responder. Creo que me eligieron porque dije que El Padrino era mi libro favorito, una tontería visto a día de hoy. Debieron pensar: este tío es perfecto para Ciencias Humanas. Y allí me encasquetaron, con los freaks.
El primer día me dieron una vuelta por la librería, presentándome. Recuerdo varias imágenes, puede que exageradas o tergiversadas con los años: en el panel central, en medio del charco nada más subir las escaleras mecánicas, Xavi y Jordi C. hablando distraídamente y mirándome de reojo. Pensé: vaya dos chulas de gimnasio (con el tiempo dos con los que más me hice). La gracia de Laura M. y Jose, en Libro de Bolsillo. Y a Albert agachado, con sus gafas escondiéndose, en Idiomas. Éste me ignoró por completo con una cara de asco como de 'I don't give a shit'. Mantengo viva esa imagen. No sé si nunca se lo he dicho.
Una vez te dejan solo en tu sección, tienes unos momentos en los que no puedes más que perderte tras bajar el pie a tierra. Recuerdo esa sensación. Dios, pensé, ¿hay como muchos libros, no? La inmensidad me va a tener muy ocupado.
Fueron necesarias dos entrevistas. Por aquella época yo malvivía en un destartalado piso de Horta con un trabajo parcial de mierda y estaba enfadado con el mundo, así que solo podía mejorar: era para mi un lujo, pues. Me había cortado el pelo y acababa de cumplir 24 años. La chica del momento era una punky de cuidado, a la que preñaron poco después; desapareció entre las multitudes de la gran urbe.
En la segunda entrevista, Olga, una de las jefas (VQ en su terminología, nivel 2), me preguntó por el premio Nobel de literatura. No supe qué responder. Creo que me eligieron porque dije que El Padrino era mi libro favorito, una tontería visto a día de hoy. Debieron pensar: este tío es perfecto para Ciencias Humanas. Y allí me encasquetaron, con los freaks.
El primer día me dieron una vuelta por la librería, presentándome. Recuerdo varias imágenes, puede que exageradas o tergiversadas con los años: en el panel central, en medio del charco nada más subir las escaleras mecánicas, Xavi y Jordi C. hablando distraídamente y mirándome de reojo. Pensé: vaya dos chulas de gimnasio (con el tiempo dos con los que más me hice). La gracia de Laura M. y Jose, en Libro de Bolsillo. Y a Albert agachado, con sus gafas escondiéndose, en Idiomas. Éste me ignoró por completo con una cara de asco como de 'I don't give a shit'. Mantengo viva esa imagen. No sé si nunca se lo he dicho.
Una vez te dejan solo en tu sección, tienes unos momentos en los que no puedes más que perderte tras bajar el pie a tierra. Recuerdo esa sensación. Dios, pensé, ¿hay como muchos libros, no? La inmensidad me va a tener muy ocupado.
Luego fueron dos años y dos meses, tiempo que pasé con bastantes penurias económicas (hablamos de un sueldo que no llegaba a los 800€) y currando como un chino en el ferrocarril colocando libros a granel.
Los principios fueron duros y me costó lo mío adaptarme, ya que yo siempre solía volver los fines de semana a Manresa o salía con mis amigos que me venían a ver a la city. Quiero decir que establecí una serie de relaciones al más alto nivel y fuera de mi núcleo habitual pese a ya no ser un chiquillo: creamos vínculos que todavía hoy perduran, marcando así irremediablemente mi vida.
Es curioso cómo seleccionas qué recordar. O puede que no lo selecciones y ocurra sin más. Había un grupo humano excepcional, si miro atrás. Pienso en Vicky, mi VQ1, estaba en Venezuela cuando entré, un sol. Su ex vivía con ella y estaba en un momento vital bastante extraño. Iván, de El Masnou, todo un pintas. Àlvar, el primero que me vino de cara. Luego llegaron el Albert Repo (aún escrito así en mi agenda telefónica), el trajes, un tío encantador; Elena, que con una bomba de humo desapareció, J. Cuadrado desde Elche; mi compi Cris, una intelectual en toda regla y con la que llegué a congeniar mucho (aun tengo libros suyos, desde aquí aprovecho para decirle que se ponga en contacto conmigo). Y Ester, y Fran. Y Sonia, que también se escondía detrás de sus gafas en Infantil. Todo un punto y aparte.
Los principios fueron duros y me costó lo mío adaptarme, ya que yo siempre solía volver los fines de semana a Manresa o salía con mis amigos que me venían a ver a la city. Quiero decir que establecí una serie de relaciones al más alto nivel y fuera de mi núcleo habitual pese a ya no ser un chiquillo: creamos vínculos que todavía hoy perduran, marcando así irremediablemente mi vida.
Es curioso cómo seleccionas qué recordar. O puede que no lo selecciones y ocurra sin más. Había un grupo humano excepcional, si miro atrás. Pienso en Vicky, mi VQ1, estaba en Venezuela cuando entré, un sol. Su ex vivía con ella y estaba en un momento vital bastante extraño. Iván, de El Masnou, todo un pintas. Àlvar, el primero que me vino de cara. Luego llegaron el Albert Repo (aún escrito así en mi agenda telefónica), el trajes, un tío encantador; Elena, que con una bomba de humo desapareció, J. Cuadrado desde Elche; mi compi Cris, una intelectual en toda regla y con la que llegué a congeniar mucho (aun tengo libros suyos, desde aquí aprovecho para decirle que se ponga en contacto conmigo). Y Ester, y Fran. Y Sonia, que también se escondía detrás de sus gafas en Infantil. Todo un punto y aparte.
En cuanto a la faena en sí, un auténtico truño. Había que apuntar la hora a la que desayunar en el punto de información, en un papel. Tenía el stock en Clásica, justo al lado. Los inventarios, no recuerdo cada cuánto, divertidos los primeros. Idealicé lo guay que era trabajar allí lo justo hasta darme cuenta, puede que al año, de que era la misma mierda que había conocido hasta entonces o incluso peor. Era imposible mantener un piso en la Barcelona del auge inmobiliario con un curro que te explotaba y que, tras pasar el subidón inicial, sólo podía ir a peor tras alguna desconexión dolorosa y una separación entre los estudios superiores pendientes y mi pesada y demasiado definida cabeza por aquel entonces.
FNAC, diez años después. Observo como se dilata el tiempo en un periodo que me pareció eterno al principio, si miro atrás. Alucino si me miro en esta foto que no podría datar pero aprendí tanto que es imposible negar su influencia en mi; leí y descubrí mucho y agradezco lo bien que me trataron toda la gente que conocí durante esos dos años y tres meses. Si me preguntaras por lo bueno, quizá te diría que vivir en el centro de Barcelona y el relacionarme con mis compañeros. Lo malo: que seguía siendo pobre y que todavía necesitaba una salida y/o ser salvado.
Me fui en mayo de 2006 hastiado y con urgencia. Italia estaba al final del túnel. Mallorca me debería guiar hasta el Belpaese, la luz que hiciera brillar la oscuridad.
Bajo poco a Barcelona pero cuando lo hago suelo darme una vuelta por mi antigua sección. Solía pensar que aquel espacio podría ser uno de los que más había caminado en mi vida. La cambiaron al otro lado del charco, resulta curioso; resulta que Infantil está ahora en mi rincón, dónde veo a mi hijo jugando mientras yo suspiro y ojeo las estanterías en busca de alguna vieja señal.
Empezó en marzo de 2004. Este mes celebro diez años de aquello.
Mi década FNAC.
Bajo poco a Barcelona pero cuando lo hago suelo darme una vuelta por mi antigua sección. Solía pensar que aquel espacio podría ser uno de los que más había caminado en mi vida. La cambiaron al otro lado del charco, resulta curioso; resulta que Infantil está ahora en mi rincón, dónde veo a mi hijo jugando mientras yo suspiro y ojeo las estanterías en busca de alguna vieja señal.
Empezó en marzo de 2004. Este mes celebro diez años de aquello.
Mi década FNAC.
lunes, 17 de febrero de 2014
ALL-STAR WEEKEND (LA ENVIDIA)
Envidio a los Estados Unidos. Sí, les envidio.
Mi amigo A. está en Denver este fin de semana (vive en Utah) y le he pedido hoy que, ante la imposibilidad de hacer un Skype, me enviara unas fotos para hacerme una idea del tema y empaparme del rollo yankee en este weekend de NBA que me tocaba trabajar.
Me quedo con la del rito escocés de las masones. Todo es negocio, me dice "aquí cualquier fanatismo tiene cabida". Yo aplaudo eso, me sorprendo y recuerdo las leyendas sobre Armstrong y el otro tío con el que pisaron la luna y el ceremonial del pan y el vino a escondidas.
Aquí en el trabajo, suelto "envidio a los americanos. Mira, mira...", mientras disfrutamos de la presentación de los jugadores con los mejores raperos del país y me escribo con mi compi Keitib. Es el partido del domingo, solo defenderán en el último cuarto. Menudo show. "Esto aquí es impensable", digo, y oigo "aquí nos reiríamos". Acto seguido, con la interpretación de los himnos se abre el espacio para la mofa. Hay como unos generales o soldados o gente de uniforme creyéndoselo mucho. En los últimos años, era la segunda vez que New Orleans acogía el evento tras el Katrina. Repito "qué grandes, qué envidia", y surge una polémica que ya se venía calentando todo el finde. Había ganas de mierdas.
Mi amigo A. está en Denver este fin de semana (vive en Utah) y le he pedido hoy que, ante la imposibilidad de hacer un Skype, me enviara unas fotos para hacerme una idea del tema y empaparme del rollo yankee en este weekend de NBA que me tocaba trabajar.
Me quedo con la del rito escocés de las masones. Todo es negocio, me dice "aquí cualquier fanatismo tiene cabida". Yo aplaudo eso, me sorprendo y recuerdo las leyendas sobre Armstrong y el otro tío con el que pisaron la luna y el ceremonial del pan y el vino a escondidas.
Aquí en el trabajo, suelto "envidio a los americanos. Mira, mira...", mientras disfrutamos de la presentación de los jugadores con los mejores raperos del país y me escribo con mi compi Keitib. Es el partido del domingo, solo defenderán en el último cuarto. Menudo show. "Esto aquí es impensable", digo, y oigo "aquí nos reiríamos". Acto seguido, con la interpretación de los himnos se abre el espacio para la mofa. Hay como unos generales o soldados o gente de uniforme creyéndoselo mucho. En los últimos años, era la segunda vez que New Orleans acogía el evento tras el Katrina. Repito "qué grandes, qué envidia", y surge una polémica que ya se venía calentando todo el finde. Había ganas de mierdas.
Enseño las fotos, un poco en plan paleto "mira, mira, estos yankees son la hostia. Tengo que ir allí".
Soy un fascista. O he perdido mis dotes de orador, no sé. Me explico: consagrar tu vida hacia algo más grande que tu mismo, en una sociedad que aglutine eso, ese sentimiento, esa territorialidad. Ceder parte de tu yo a una estructura que no moleste pero que esté ahí, como un padre... Réplica: ¿Alrededor de una bandera o un territorio, cuando estamos yendo hacia un mundo global sin fronteras? No tiene sentido. Sigo: no es por la bandera ni por el tema patriótico, olvida eso, es por el aglutine que consiguen, por cómo una tierra tan vasta y tan dispar está unida por un ente superior, un padre que vigila que todo funcione. Réplica: ¿cómo Hitler en Alemania? ¿Que te diga lo que hay que hacer? Digo: Hitler ganó unas elecciones (dándome asco ipso facto), qué quieres decir solo digo que haya 'algo' por encima que te provoque cierto orgullo de vez en cuando. Como Jesucristo. Sigue: un tío que prometa cosas, trabajo por ejemplo, en una época de carestía (con otra palabra), fidelizar a quién seguir... eso es fascismo. Digo: ¿como aquí en el treinta y... (pensando la fecha), con la proclamación de la República y un tarao desde África invadiéndonos a las armas? Me bombardean: como un Gran Hermano, así luego cuando les llevan a la guerra y si ponen trabas les tildan de antiamericanos o de no patrióticos, y además hacen hasta campaña y todo. Es una manera de engañar a las masas, de tenerlas controladas. Digo: ¿Gran Hermano? ¿Qué me vas a contar a mi de eso? Háblame del Populismo de América Latina (ya ni me molesto en nombrar a Orwell). No lo digo en ese sentido, no hay nada que pueda justificar una guerra... que luego utilicen eso para promoverla es otra historia. Aguanto "ya no es ni por España ni nada. ¿Qué tengo yo en común con alguien de Solsona, por ejemplo? O los que votan al PP. Me los cargaría, no lo entiendo. Yo siento envidia por la Marea Blanca de Madrid, eso sí que me representaría", y yo digo:
ese es otro tema, te estás yendo. ¿Justificarías la violencia contra los que votan al PP pero no contra los que promueven una guerra basándose en una bandera o en la inviolabilidad del territorio? (haciéndome polvo con la palabra). Sin dejar acabar, prosigue: "... puede que una pequeña élite pudiera saber que hacer con esa información y esa bandera y esa exageración pero las masas no y son más del 80% de la población..." Pienso "y tú, dónde coño te incluyes, joder". Hasta el término Democracia es utilizado a conveniencia, y vuelvo a darme mucho asco por no poder evitar entrar siempre al trapo, incluso si yo ya no soy el que era.
El All-Star acaba sin grandes sobresaltos. Filtrar la gente que nos visite ya es otro tema que tiene que ver más con la casualidad. Gana el MVP un jugón que me encanta, Kyrie Irving, savia nueva para la Liga. Los mates otro jovenzuelo número 1 del draft, John Wall. Y en el aire, cierto ambiente de frialdad y espectáculo deportivo descafeinado. Da la sensación de que el tinglado que montan alrdededor es tan grande que los deportistas apenas llegan a hormigas. El tinglado, como digo, es tan potente que apenas importa. Así son los americanos, los putos yankees. Se creen los amos del mundo.
¡Cómo les envidio!
martes, 11 de febrero de 2014
A LA CUARENTA
Cuarenta días después, como en la Tentación de Cristo pero con el desierto lejos, estrenamos casa.
Este hecho, como punto de inflexión evidente, hace que vaya revisando algunos elementos cronológicos de mi vida.
Casi nueve años de blog. Muchos escritos de 2004 fueron eliminados por vergüenza a ser descubierto fácilmente, lo recuerdo bien. Empezamos en Horta y luego mejor instalados en la calle París; todavía cuando bajo a Barcelona y entro por Diagonal, tiro de Eixample buscando negocios y tiendas que me resulten familiares.
Por miedo a ser invadido también pienso en eliminar mis perfiles de Facebook, Twitter y todas las mierdas que tengo en la nube o lo que sea eso que celebraban estos días del 2.0 diez años después: el que quiera ver al niño que me venga a ver y, el que quiera cultivar las amistades, que se deje de historias digitales. Nada nuevo aunque el 'quijotismo' empiece a ser un anacronismo con riesgo de exclusión social.
A menudo me digo que todo lo que haga Leo lo vería sin reparos. Al volver en el coche entre cavilaciones varias, sentí unas irrefrenables ganas de escribir y, en esta noche de perros tras los desangelados premios Goya aquí en la casa nueva -mientras oigo ronquidos en alguna habitación-, unos días después, me digo: ya no escribo como antes. No solo porque la felicidad no es buena consejera en estos viajes, no, si no porque los cambios en pocos años -años de madurez- hacen que dudes sobre si lo que has conseguido pueda llegar a ser definitivo sin herir a nadie ni salir malparado. Etapas, ciclos, épocas... extraños términos marcados por fechas clave, como la Historia oficial y el devenir de los grandes clubes de fútbol, como les gusta a los periodistas bombardear. No es que sea un invierno demasiado duro pero, cuarenta días y un poquito de mala hierba a rebanar apenas.
Cuarenta días y un par más de regalo justo cuando mi hijo se pone las manos a la cabeza para exteriorizar incredulidad con ese gesto tan inocente y gracioso recién aprendido.
Este hecho, como punto de inflexión evidente, hace que vaya revisando algunos elementos cronológicos de mi vida.
Casi nueve años de blog. Muchos escritos de 2004 fueron eliminados por vergüenza a ser descubierto fácilmente, lo recuerdo bien. Empezamos en Horta y luego mejor instalados en la calle París; todavía cuando bajo a Barcelona y entro por Diagonal, tiro de Eixample buscando negocios y tiendas que me resulten familiares.
Por miedo a ser invadido también pienso en eliminar mis perfiles de Facebook, Twitter y todas las mierdas que tengo en la nube o lo que sea eso que celebraban estos días del 2.0 diez años después: el que quiera ver al niño que me venga a ver y, el que quiera cultivar las amistades, que se deje de historias digitales. Nada nuevo aunque el 'quijotismo' empiece a ser un anacronismo con riesgo de exclusión social.
Esto me pasa cada 'x' tiempo. Es mi reacción contra la excesiva mecanización de nuestro mundo, cosa que nos aleja uno del otro cada día e inexorablemente un poquito más. De cómo cambian las rutinas y las gentes que regentas con los años (en un par de meses también hará diez años de mi entrada en FNAC).
He intentado ver como cinco veces The Tree of Life de Terrence Malick, uno de mis directores favoritos otrora, defensor máximo de la naturaleza _en oposición a lo dicho en el párrafo anterior. Este hecho es sintomático sobre cómo está cambiando mi percepción de la realidad a medida que me hago mayor. No es que ya no sea tan espiritual, si no que ya no estoy para hostias y me lo tendrían que vender mucho mejor, si quieren que me acerque a lo que sea. Con cuarenta segundos tengo más que suficiente para decidir si me interesa. Cuando tienes un hijo, el tiempo 'aprovechable' es menor y te obliga a seleccionar mejor tus pasatiempos (tu tiempo particular, tiempo 'perdido' se entiende). Esto también hace que me plantee si lo mío era pose y, sobre las esferas de lo profundo, qué diablos será lo que me mueve realmente (puede que no sea importante para definir lo que me impulsa cada mañana).
La semana pasada volví al cine después de mucho y disfruté viendo El Lobo de Wall Street. Fui con el primo de Laura, Daniel. Diecisiete años y una educación que ya soñaría yo para mi prole. La envidia del país, me atrevería a decir, y su hermanita otro tanto. Por vergüenza ajena juro que tuve que controlarme para no sonrojarlo demasiado mientras veía drogas, alcohol y mala vida por doquier. Sobre los dos mundos, puede que ya no poseyera las armas claves de ambos.
He intentado ver como cinco veces The Tree of Life de Terrence Malick, uno de mis directores favoritos otrora, defensor máximo de la naturaleza _en oposición a lo dicho en el párrafo anterior. Este hecho es sintomático sobre cómo está cambiando mi percepción de la realidad a medida que me hago mayor. No es que ya no sea tan espiritual, si no que ya no estoy para hostias y me lo tendrían que vender mucho mejor, si quieren que me acerque a lo que sea. Con cuarenta segundos tengo más que suficiente para decidir si me interesa. Cuando tienes un hijo, el tiempo 'aprovechable' es menor y te obliga a seleccionar mejor tus pasatiempos (tu tiempo particular, tiempo 'perdido' se entiende). Esto también hace que me plantee si lo mío era pose y, sobre las esferas de lo profundo, qué diablos será lo que me mueve realmente (puede que no sea importante para definir lo que me impulsa cada mañana).
La semana pasada volví al cine después de mucho y disfruté viendo El Lobo de Wall Street. Fui con el primo de Laura, Daniel. Diecisiete años y una educación que ya soñaría yo para mi prole. La envidia del país, me atrevería a decir, y su hermanita otro tanto. Por vergüenza ajena juro que tuve que controlarme para no sonrojarlo demasiado mientras veía drogas, alcohol y mala vida por doquier. Sobre los dos mundos, puede que ya no poseyera las armas claves de ambos.
A menudo me digo que todo lo que haga Leo lo vería sin reparos. Al volver en el coche entre cavilaciones varias, sentí unas irrefrenables ganas de escribir y, en esta noche de perros tras los desangelados premios Goya aquí en la casa nueva -mientras oigo ronquidos en alguna habitación-, unos días después, me digo: ya no escribo como antes. No solo porque la felicidad no es buena consejera en estos viajes, no, si no porque los cambios en pocos años -años de madurez- hacen que dudes sobre si lo que has conseguido pueda llegar a ser definitivo sin herir a nadie ni salir malparado. Etapas, ciclos, épocas... extraños términos marcados por fechas clave, como la Historia oficial y el devenir de los grandes clubes de fútbol, como les gusta a los periodistas bombardear. No es que sea un invierno demasiado duro pero, cuarenta días y un poquito de mala hierba a rebanar apenas.
Cuarenta días y un par más de regalo justo cuando mi hijo se pone las manos a la cabeza para exteriorizar incredulidad con ese gesto tan inocente y gracioso recién aprendido.
jueves, 6 de febrero de 2014
APERTURA 2: EL FULGOR DEL INDÍGENA ROMÁNTICO (VERSIÓN ACTUAL)
Ese que es aquel, ese viejo conocido, ¿quién dejó de ser?
Cuando oigo su voz le reconozco de vuelta al instante. Mira sin apenas ansia pese a sentirse observado, escudriña el espejo mientras se acicala y le pregunto yo que para qué. La misma voz me responde con otra pregunta "¿sorprendido?", obviando los tiempos en los que le miraba el cogote y odiaba ver los días pasar desde Cuenca... ¡ay de mi!
Descubro unas palabras llenas de entusiasmo que salen de su interior al estilo del libro aquel de Daniel Goleman mientras escucho anonadado y totalmente ensimismado: "¿Puede la felicidad ser un logro tan real que llegue hasta emocionar?"
Puede que antaño fuera un tipo curioso. Hoy sueña con mares de islas remotas y se acuesta tranquilo por las noches, sobre todo cuando al despertar cada mañana encuentra a su flor de loto en el lado derecho de la cama. Ese indígena, asentado entre los suyos como el león domado, es natural de M. y está orgulloso de ello. No es extraño verle con el mentón levantado por el centro, paseando su buena estrella.
Hubo una fase de titubeos pero no duró demasiado. Su carácter, forjado en uno de los barrios más conflictivos de M., lo había preparado para las vicisitudes de la vida adulta y, su compañera -amada ella-, sabía valorarlo como auténtico en un mundo tan deshumanizado. Ya ni siquiera pensaba en su padre, un trauma infantil más que superado (hay que mirar p'alante siendo positivo siempre).
No le temía a sus amigos. Pese a la distancia, sabía que ellos lo entenderían. La gente es buena por naturaleza, pensaba, pues sus amigos no iban a ser menos. Una llamada y los tendría ahí para lo que fuese. Está muy tranquilo y se regodea con ello. Hay algunos reencuentros que le quitan el sueño, por deseados; las ganas de presentar en sociedad a su retoño le pueden, y no ve la hora en que tenga que volver a acunarlo esta misma noche para cantarle las canciones de siempre.
Ese chico, conocido el, es muy fácil de reconocer. No engaña a nadie.
Mira con precisión a su alrededor y descubro un romántico fulgor de lo más arrebatador.
Ese paisano...
¿en qué se ha convertido?
Cuando oigo su voz le reconozco de vuelta al instante. Mira sin apenas ansia pese a sentirse observado, escudriña el espejo mientras se acicala y le pregunto yo que para qué. La misma voz me responde con otra pregunta "¿sorprendido?", obviando los tiempos en los que le miraba el cogote y odiaba ver los días pasar desde Cuenca... ¡ay de mi!
Descubro unas palabras llenas de entusiasmo que salen de su interior al estilo del libro aquel de Daniel Goleman mientras escucho anonadado y totalmente ensimismado: "¿Puede la felicidad ser un logro tan real que llegue hasta emocionar?"
Puede que antaño fuera un tipo curioso. Hoy sueña con mares de islas remotas y se acuesta tranquilo por las noches, sobre todo cuando al despertar cada mañana encuentra a su flor de loto en el lado derecho de la cama. Ese indígena, asentado entre los suyos como el león domado, es natural de M. y está orgulloso de ello. No es extraño verle con el mentón levantado por el centro, paseando su buena estrella.
Hubo una fase de titubeos pero no duró demasiado. Su carácter, forjado en uno de los barrios más conflictivos de M., lo había preparado para las vicisitudes de la vida adulta y, su compañera -amada ella-, sabía valorarlo como auténtico en un mundo tan deshumanizado. Ya ni siquiera pensaba en su padre, un trauma infantil más que superado (hay que mirar p'alante siendo positivo siempre).
No le temía a sus amigos. Pese a la distancia, sabía que ellos lo entenderían. La gente es buena por naturaleza, pensaba, pues sus amigos no iban a ser menos. Una llamada y los tendría ahí para lo que fuese. Está muy tranquilo y se regodea con ello. Hay algunos reencuentros que le quitan el sueño, por deseados; las ganas de presentar en sociedad a su retoño le pueden, y no ve la hora en que tenga que volver a acunarlo esta misma noche para cantarle las canciones de siempre.
Ese chico, conocido el, es muy fácil de reconocer. No engaña a nadie.
Mira con precisión a su alrededor y descubro un romántico fulgor de lo más arrebatador.
Ese paisano...
¿en qué se ha convertido?
martes, 28 de enero de 2014
jueves, 23 de enero de 2014
APERTURA 1: EL SEPULCRO DEL FORASTERO PRERROMÁNTICO (VERSIÓN ANTIGUA)
Ese que no es aquel, ese forastero, ¿quién es?
Cuando oigo su voz no le reconozco. Mira con ansia, escudriña el espejo y le pregunto yo que para qué. La misma voz me responde con una pregunta "¿qué coño haces aquí?", qué sorpresa. Sin drogas y con un excesivo celo desde que le busco el cogote, pienso, "el tiempo está pasando, joder, y el desgraciado sigue mirando pa' Cuenca".
Descubro unas palabras que salen de su interior al estilo del libro tibetano aquél sin yo escuchar y, qué cojones, resulta que todavía sigue aquí. ¿Qué les pasa a sus ojos, que empañan su rapidez mental ahora que le van a hacer fijo en el trabajo, ahora que su hijo está a punto de cumplir dos años y le necesita más que nunca?
Es un tipo curioso. Jamás soñó a la manera prerromántica. El se veía a si mismo con una mochila recorriendo el mundo sin un chavo en los bolsillos, si bien se hizo mayor justo antes de encontrar el amor definitivo. Ese forastero, un extraño entre leones, no pertenecía a ningún lugar desde el momento en el que no lograba reconocerse fácilmente: sus problemas de autoestima, así como su naturaleza esquiva, son legendarios entre las esferas de sus entrañas.
Hubo una fase de prueba poco satisfactoria antes de convertirse en vagabundo de su propia fortuna. Percibió claramente, casi desde el tercer segundo, cierto resquemor que infundía su carácter barriobajero. Se preguntaba si había ido a más con el tiempo y si su mujer no le acabaría enviando a la mierda. Lo curioso es que, debido a ello, se había acabado aislando dentro de su propia burbuja tragicómica y achacaba todos sus males a un trauma infantil no solucionado: todo una experiencia extracorpórea de máximo nivel.
Temía la reacción de sus amigos. La gente es extraña, sus amigos crueles a rabiar. Ese forastero, ese que creó una familia en pleno apogeo -ese que no es aquel-, es un bicho raro de mucho cuidado. Siempre se pregunta las mismas mierdas que le atormentan un día tras otro. El paso del tiempo, el miedo a la soledad... y un largo etcétera que no consigue apaciguar. Las eternas dudas de viejos rencores, junto con reencuentros de pesadilla, no son nada ante el temor no infundado de una vida demasiado espaciada sin ellos, dejando así lugar a equívocos que pueden devenir en tormentas de incendios difíciles de apagar.
Cuando oigo su voz no le reconozco.
Mira estrábicamente con ansia y descubro unas palabras ajenas a sus sueños poco prerrománticos.
Ese forastero...
¿quién diablos es?
martes, 31 de diciembre de 2013
CLAUSURA 2013: LUCA (AÑO I)
Hoy despedimos el 2013.
La clausura, este año, sólo lleva una palabra, un nombre: LUCA, el iluminado.
Pondría el vídeo de la Botella con el 'relaxing cup of café con leche', pero paso. Este año sólo se explica a través del nacimiento de mi primogénito, mi sol, no cabe nada más. Y la gratitud a mi compañera de viaje, mi amor y sostén. Un privilegio ver pasar los días junto a ella.
Adiós dos mil trece, el primer año del resto de mi vida. Del resto de NUESTRAS vidas.
¡Feliz 2014!
La clausura, este año, sólo lleva una palabra, un nombre: LUCA, el iluminado.Pondría el vídeo de la Botella con el 'relaxing cup of café con leche', pero paso. Este año sólo se explica a través del nacimiento de mi primogénito, mi sol, no cabe nada más. Y la gratitud a mi compañera de viaje, mi amor y sostén. Un privilegio ver pasar los días junto a ella.
Adiós dos mil trece, el primer año del resto de mi vida. Del resto de NUESTRAS vidas.
¡Feliz 2014!
viernes, 27 de diciembre de 2013
MI TIERRA QUERIDA
Mi tierra querida -esa mía- que arde tras mis pasos al huir,
con mi alma _que va con ella, presta
despedazada, obligada a elegir país, obligada a sentir.
Mi tierra querida que se despide estos días sin tiempo,
con mi cuerpo, sostén de ingravidez, bastión de penalidades
_mártir principal de un desconocido adiós sin rencores ni lamentos.
Mi tierra querida bañada por ríos de alcohol y tinta,
con mi vergüenza, tan versátil ella, y tan funesta
_añada remota que no es ni tan exigua ni menos sucinta.
Mi tierra querida que se extraña de ella misma en mi ausencia,
_con mi consciencia, tan desmejorada ella, y tan selecta.
Padre mío, escúcheme, sálveme de su esencia,
regrese usted a su tierra querida, esa que no es la mía.
jueves, 19 de diciembre de 2013
HIJO DE PALACIO
Todo hijo de palacio que levante una mano al aire, que nos estamos yendo y no pensamos volver.
En la carretera de doble carril que acostumbro a recorrer con mi flamante utilitario rojo había un coche parado. Acababa de oscurecer pero extrañamente no llevaba las luces. Al rebasarlo me di cuenta de que además era de color negro. No estaba en el arcén. Pensaba... ¿Y si un jodido desgraciado no lo ve y lo embiste por detrás? Quizá tuvo una avería inesperada y no pudo señalizarlo a tiempo. Pensé... joder, sólo tengo un triángulo. Y el puto chaleco reflectante, de entre toda la mierda que hay en el maletero... a saber. Y con este puto frío... ¿iba a correr menos? ¿Iba a estar más atento de lo que ya de por sí se está al volante?
Fui hilando hasta la doctrina Parot. ¿Tengo que preocuparme porque varios condenados estén de nuevo en las calles, excarcelados? ¿He de extremar las precauciones, sobre todo ahora que soy padre? Cunde la alarma social y odio aguantar conversaciones con la cara en las que tirarse de los pelos ha dejado de ser una opción. Y es en este punto en el que recuerdo la sensación que tuve al escuchar por primera vez el 10.000 Days, en 2006; Vicarious, la canción que habría el disco, hablaba un poco sobre toda esta mierda de las breaking news y la cultura del miedo como método de control, o eso interpreté en su momento. De ahí a la canción So Appalled, que baña estas líneas, la conexión que impacienta el poco probable nuevo trabajo de mis añorados Tool.
Mi hijo crecerá en un palacio. Ese mismo coche negro podría transportar gente criada en un barrio como el mío, en un piso de protección oficial. No será hijo del ladrillo ni compartirá litera con su hermano/a. No será parte del hacinamiento selectivo ni del miedo a vivir en una campana de cristal. Y aunque no haya futuro, sabrá de dónde viene. Hacia dónde vaya ya no será cosa mía.
¿He de comprarme un vehículo más grande, de mayor potencia? Observo los primerizos como ojean el catálogo de estos nuevos híbridos, todo terrenos urbanos, y el afán consumista sigue sin atosigarme. La vena guerrera e inconformista que inauguré el día que R. me entregó una cinta de casete con El Espíritu del Vino grabado (piratería, ¿no?) hace que busque los siete errores en la entrevista inaudita a mi viejo aliado Bunbury, de la que extraigo a Kanye West volviendo a la canción que titula este escrito.
Y me digo... todavía no soy tan viejo, joder.
Como todo hijo de palacio.
jueves, 12 de diciembre de 2013
UN FOSAR PARA LOS COCODRILOS DE SLOTH*
Han pasado casi dos meses desde mi última vez;
-Holaaaaa, cómo estááááááis, cuánto tiempooooo.
El frío pasó de ser una amenaza a una realidad, como que los políticos hicieran política y mi buzón de voz estuviera repleto de mensajes del ignorante y chillón padre de mi vida anterior.
Sloth* es como el prisionero olvidado que ansía su vendetta desde la humedad de unos muros oxidados; ha dejado de crecerle la barba y no es tan refinado como Edmundo Dantés, sin embargo es consciente de que los cocodrilos, como el aceite hirviendo, son un recurso muy preciado por estos lares.
Por suerte no soy como mi maldito buzón. Mi amigo el marchese (marqués, en italiano) A. du M. me envió correspondencia al fin. En ella, tras un par de releídas, constaté un par de ideas melancólicas y otras tantas realidades dolorosas. Decía leerme y no entender el por qué de mis preguntas repetidas ('prueba de cambiar las preguntas que pasan por tu cabeza', en italiano), así como añorar a los veri amici (amigos de verdad). Junto con alguna nueva pasión que espero aclarar (¡¿boxeo?!), ese recuerdo alegre con las llamadas de mi padre ('queremos ver al niño') y la faena atronadora de la Casa Nova (como la han bautizado los de aquí) me han tenido de lo más ocupado.
Estoy leyendo 'El Mecanoscrit del Segon Origen', de Manuel de Pedrolo. La Navidad se acerca. Tengo el fosar abandonado pero tengo fe en una próxima adecuación. Es difícil ver el final cuando dependes de los demás para llegar a buen puerto. Laura, en vísperas de su trigésimo segundo aniversario, me decía que hay que reconocer las propias limitaciones, pero cuando veo a mi Príncipe aprender cosas nuevas casi a diario me detengo y congelo sin tiempo a calzarme el habitual doble calcetín. Mi rencor tradicional es mi principal limitación, si bien en este constante bombardeo informativo-comunicativo la memoria no parece querer ser valorada.
No pude resistir la tentación de buscar vuelos a Saint-Laurent du Maroni. Fue en mi santo, dos días antes de la muerte de Mandela. Los más jóvenes -y los tarados como S. R.- apenas tendrían a M. Freeman in mente y, buceando por la red, me partía de risa del esperpento general (en el estadio en que España conquistó su primer Mundial de fútbol). Es como los amigos de Whatsapp, la aplicación de mensajería tan famosa, y los amigos de la vida real: hoy en día estamos tan atados al Big Brother tecnológico-digital que ya no sabemos ni quiénes eran -los auténticos, los del barrio- ni si vale la pena quedar o hay algo que decir que no se haya tecleado antes: esta es la verdadera (y con mayúscula y negrita) Crisis. ¿He oído valores y educación a la una?
En cuanto al fosar, es muy evidente que no soy el jodido súper Mario Bros. y que la paciencia invernal está teniendo extraños frutos. Podría irse todo al carajo de lo bien que va. Justo antes de bajar, pensé en * Sloth, el de Los Goonies (* véase la película y olvídese de los asteriscos), y en mandar traer una manada de putos cocodrilos australianos. Pregunté por ahí si alguien tenía enemigos a condenar a galeras y, los políticos, al igual que Jax Teller (SOA season 6), seguirían ajenos tanto en el mundo terrenal como en el digital -tan en boga y que tanto cuenta, dicen de las redes sociales que todo conectan-, así que pensaré en hacerme mi propia bodega y, si se me gira,
nuestro propio refugio nuclear (independiente, se entiende).**
-Holaaaaa, cómo estááááááis, cuánto tiempooooo.
El frío pasó de ser una amenaza a una realidad, como que los políticos hicieran política y mi buzón de voz estuviera repleto de mensajes del ignorante y chillón padre de mi vida anterior.
Sloth* es como el prisionero olvidado que ansía su vendetta desde la humedad de unos muros oxidados; ha dejado de crecerle la barba y no es tan refinado como Edmundo Dantés, sin embargo es consciente de que los cocodrilos, como el aceite hirviendo, son un recurso muy preciado por estos lares.
Por suerte no soy como mi maldito buzón. Mi amigo el marchese (marqués, en italiano) A. du M. me envió correspondencia al fin. En ella, tras un par de releídas, constaté un par de ideas melancólicas y otras tantas realidades dolorosas. Decía leerme y no entender el por qué de mis preguntas repetidas ('prueba de cambiar las preguntas que pasan por tu cabeza', en italiano), así como añorar a los veri amici (amigos de verdad). Junto con alguna nueva pasión que espero aclarar (¡¿boxeo?!), ese recuerdo alegre con las llamadas de mi padre ('queremos ver al niño') y la faena atronadora de la Casa Nova (como la han bautizado los de aquí) me han tenido de lo más ocupado.
Estoy leyendo 'El Mecanoscrit del Segon Origen', de Manuel de Pedrolo. La Navidad se acerca. Tengo el fosar abandonado pero tengo fe en una próxima adecuación. Es difícil ver el final cuando dependes de los demás para llegar a buen puerto. Laura, en vísperas de su trigésimo segundo aniversario, me decía que hay que reconocer las propias limitaciones, pero cuando veo a mi Príncipe aprender cosas nuevas casi a diario me detengo y congelo sin tiempo a calzarme el habitual doble calcetín. Mi rencor tradicional es mi principal limitación, si bien en este constante bombardeo informativo-comunicativo la memoria no parece querer ser valorada.
No pude resistir la tentación de buscar vuelos a Saint-Laurent du Maroni. Fue en mi santo, dos días antes de la muerte de Mandela. Los más jóvenes -y los tarados como S. R.- apenas tendrían a M. Freeman in mente y, buceando por la red, me partía de risa del esperpento general (en el estadio en que España conquistó su primer Mundial de fútbol). Es como los amigos de Whatsapp, la aplicación de mensajería tan famosa, y los amigos de la vida real: hoy en día estamos tan atados al Big Brother tecnológico-digital que ya no sabemos ni quiénes eran -los auténticos, los del barrio- ni si vale la pena quedar o hay algo que decir que no se haya tecleado antes: esta es la verdadera (y con mayúscula y negrita) Crisis. ¿He oído valores y educación a la una?
En cuanto al fosar, es muy evidente que no soy el jodido súper Mario Bros. y que la paciencia invernal está teniendo extraños frutos. Podría irse todo al carajo de lo bien que va. Justo antes de bajar, pensé en * Sloth, el de Los Goonies (* véase la película y olvídese de los asteriscos), y en mandar traer una manada de putos cocodrilos australianos. Pregunté por ahí si alguien tenía enemigos a condenar a galeras y, los políticos, al igual que Jax Teller (SOA season 6), seguirían ajenos tanto en el mundo terrenal como en el digital -tan en boga y que tanto cuenta, dicen de las redes sociales que todo conectan-, así que pensaré en hacerme mi propia bodega y, si se me gira,
nuestro propio refugio nuclear (independiente, se entiende).**
** Notas: dejar de escuchar hip-hop y la banda sonora de BB. Escribir una entrada sobre la cuestión catalana y el proceso sobiranista independentista.
jueves, 17 de octubre de 2013
LO INEXORABLE
La humanidad está inexorablemente destinada a emigrar al espacio, que es de donde procede.
Me hago viejo inexorablemente y no soy ni una mota de polvo en el océano cósmico.
Mi hijo crece y crece y no hay nada que yo pueda hacer para impedirlo. Es, así mismo, inexorable.
¿Estaré aquí el tiempo suficiente para orientarlo bien? ¿Lograré tener éxito?
Mi pequeño rubiales, ahora que te levantas y me recibes de pie con una sonrisa desde los barrotes de tu cuna, mi amor.
No quiero morir o, en su defecto -ya que es inexorable pese a Punset-, ¿podrían extirparme la conciencia? ¿El pensar?
Te preguntarás por qué vuelvo a estos temas otra vez. Estoy leyendo a Hawking, el de la silla. Mientras paralelamente busco información para escribir una entrada decente sobre la cuestión catalana, no puedo dejar de situarme en esta nada tan poco atractiva. No hay consuelo para nuestra reproducción en cuanto a especie... Es que es tan exiguo... El paso por la vida terrenal... Cuesta asimilarlo.
Sé que cuando me acerque a la muerte volveré a recuperar mis clásicos sobre religión oriental. Buscaré respuestas que ahora no me preocupan demasiado, ya que es evidente que lo inexorable nos persigue y delimita por igual. Querré ir más allá pero antes he de preocuparme por la educación de mi hijo de casi nueve meses y la puta reencarnación podrá siempre esperar en ese invernáculo desconocido.
Esa canción olvidada para poner el punto y final a la segunda mejor serie de la historia de la TV. Si no leí mal, aumentaron sus escuchas un 9.000 % en en una conocida plataforma de streaming, una que paga muy mal. Esa canción para hacer de lo inexorable una apoteosis digna de los mejores fuegos de artificio del mundo. Esa, que hace que no disfrutes Gravity en el cine un martes de VOSE en la sala abandonada al no congeniar con la historia personal del personaje de Sandra Bullock pese a que todo encajaba en mi actual momento espacial; quizá si la hubiera visto en 3D pensaría que el mensaje, con ese momento fetal y el silencio y la epifanía de verte fuera de tu planeta, me habría calado más que no el de profesor con cáncer terminal convertido en capo de un imperio de la droga. Pero no. El auge y caída de un ser humano me importa más (por resumir el cambio radical de un hombre al que sólo aspira a que le respeten).
El cine sigue estando inexorablemente lejos, si bien mi lista de films va bajando poco a poco. ¿Significa eso que ya no tengo nada que decir? ¿Mis preocupaciones sólo versan entre los primeros pasos de mi primogénito y los divertimento de los shows de TV? GTA V aparte, desde luego.
Me pregunto cuándo tendré un horario laboral normal. Con no estar pendiente del teléfono me conformo, si bien el conformismo me ha condenado a una vida que no estoy seguro de haber programado de antemano; todavía hay gente que me dice: 'tío, con tus aptitudes, qué sigues haciendo aquí?', como si mi currículo bastase para ser un jodido don Giovanni de las artes y las ciencias y Wall Street estuviera a mis pies al alzar un dedo. Yo les hablo de la crisis y me quedo tan ancho, pese a la mierda y el tráfico de influencias latente que sigue estando tan en boga.
Es como con el puto tabaco. Las bodas de este año me han matado. No fumo en casa ni tengo las mínimas ganas, pero es llegar al curro y pensar en decaer. Esta es otra batalla pendiente que debo superar. A la Bullock le podría caer otro Oscar: también tendría que tomarme un poco más en serio a la puta Miss agente especial. Sé que estoy destinado a hacer historia.
Van a pasar cosas al respecto. Es tan inexorable como que los políticos hagan política y los ciudadanos la suframos. Como que mi niño se arrastre como un gusano y no haya bolets si no llueve de una puta vez.
Inexorable, hasta donde yo sé, como la muerte.
Inexorable como la caída, cuanto más subas, tan dura y despiadada ella.
Inexorable como el primer santoral de mi hijo, a celebrar mañana sin ninguna filia.
¿Cómo voy a dejar de pensar en lo inexorable?
lunes, 7 de octubre de 2013
HUELLAS
Mi amigo G. me decía el otro día, al vernos tras mucho-demasiado, '¿qué pasa, es que ya no tienes nada que decir y ahora sólo haces listas y mierdas así?', a lo que yo le respondí afirmativamente y sin palabra alguna.
La verdad es que me quedé mudo, como cuando alguien te señala con sorna ese horrible grano que te ha salido en la frente (sí, todavía pasa). Y ayer bajamos al barrio a dar una vuelta con nuestros hijos, a seguir el rastro.
Fue imposible no recordar viejas batallas. He vuelto una infinidad de veces pero pocas con ellos, G. y T., los dos tipos con los que pasé tantos años. Años de aprendizaje forzoso y ciertas penurias, años inolvidables. Nos encontramos a D. C., no era de los nuestros. Diría que era un año mayor entonces y que iba con un grupo patibulario, con sus carismáticos apodos y todo. Dijo: 'quién nos ha visto y quién nos ve, ¿eh?', y era verdad.
Paseamos. Me puse a hablar (hasta llegar a etapas más recientes). Dije: 'mi mejor época fue la del piso. Las palabras fluían y tenían sentido' (compartíamos un piso-local). 'Conectamos', decía G., 'a un nivel espiritual', seguía T. Dudé en asociarlo con las drogas y el alcohol (qué menos). Echaba de menos aquellos ratos y pude notar como G. suspiraba y miraba a un lado y otro buscando sus propios recuerdos ante la nueva realidad a capear.
La jornada transcurrió sin mayores incidentes y T., en su cavilación constante, seguía entre muros. Uno no alcanza a entender cómo diablos sigue admirando a los mismos tíos. Hubo una época que me tildaron de 'payés', de pueblerino. Yo siempre traté de no separar mi ascendencia con las nuevas ciudades que me acogían, pocas y grandes urbes ellas, ya que creía que el sentido de pertenencia a un grupo humano me hacía más fuerte (señalando la 'X' en el mapa). Pronto me di cuenta de nuestra capacidad de adaptación, con T. como guía y punta de lanza, si bien tradicionalmente y en todos los demás ambientes, los que cortaban el bacalao éramos Yo y mi verborrea hilarante.
Confianza. Hoy no sólo es una vaga ilusión en mi memoria. Hay un legado que perpetuar. Un legajo de nuestra historia ante nosotros. Estemos donde estemos, aguante o no el físico, no queda nadie que pueda arrebatarnos esta sensación imperecedera y auténtica. Era el barrio, fue el piso, siguen siendo T. y G. Una mirada, una palabra.
Y ahí seguiremos (dejando huellas)
porque mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!
porque mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!
domingo, 29 de septiembre de 2013
LA ESTACIÓN
La estación cambiante provoca miedo al caminante.
La estación del murmullo, siempre que se sea dueño del propio silencio: qué desidia al acostarse (y qué dolor).
Llega el frío, bueno, quiere llegar. No estoy preparado para seguir anticipándome mientras mi gobierno quiera apoderarse de lo intangible. Yo me apeo en la siguiente parada y recorro el paseo marítimo como antaño.
No había nadie. Ni agobios ni sofocos. El barco acababa de zarpar y, con el, todos los turistas hambrientos de paellas cocinadas a toda prisa y diques mal expuestos en alta mar. Así da gusto, carajo.
Quería hacer nuevas listas, nuevos aportes. Escuchar nueva música. Encajonar la ropa de verano. Me llamaron para trabajar. Tenía entre ceja y ceja The Place Beyond The Pines y en menor medida Cloud Atlas de las hermanas Wachowski. En otra época me hubiera encantado aunque las tres historias no encajaran tan bien. Y casi me cargo al Gosling, que estoy cerca de no soportar su cerúlea cara.
Fue el 23 de septiembre. Tuve que correr hacia el tren. Hubo cuórum. Estábamos los mismos que en Sicilia. Los mismos que nos colamos en los templos y descubrimos otro planeta en aquel volcán. Te voy a extrañar, amigo. Nuestras charlas. Uno nunca sabe que pasa con 15 años de antemano.

No soy melancólico. Hice una foto en el apeadero. Eran las 2:40 de la madrugada. Y miraba... a mi hijo. A mi pequeño príncipe. ¿Fueron diez minutos? ¿Quince? ¿Llegó con la tercera hora? Nos lo pasamos en grande incluso con otros quebraderos de cabeza latentes.
La estación reinante. Sólo para darle un sentido, en serio. Echaba tanto de menos al mar... qué dolor. Reviso los libros que me han acompañado este año y encuentro un sorprendente patrón. ¡Y resulta que estoy con Sciascia en una edición del 80, año de mi nacimiento! El mar tiene el color del vino, cómo solía doler.
La estación puede cambiar, yo seguiré aquí. Entre murmullos.
Dueño de mi propio silencio.
La estación del murmullo, siempre que se sea dueño del propio silencio: qué desidia al acostarse (y qué dolor).
Llega el frío, bueno, quiere llegar. No estoy preparado para seguir anticipándome mientras mi gobierno quiera apoderarse de lo intangible. Yo me apeo en la siguiente parada y recorro el paseo marítimo como antaño.
No había nadie. Ni agobios ni sofocos. El barco acababa de zarpar y, con el, todos los turistas hambrientos de paellas cocinadas a toda prisa y diques mal expuestos en alta mar. Así da gusto, carajo.
Quería hacer nuevas listas, nuevos aportes. Escuchar nueva música. Encajonar la ropa de verano. Me llamaron para trabajar. Tenía entre ceja y ceja The Place Beyond The Pines y en menor medida Cloud Atlas de las hermanas Wachowski. En otra época me hubiera encantado aunque las tres historias no encajaran tan bien. Y casi me cargo al Gosling, que estoy cerca de no soportar su cerúlea cara.
Fue el 23 de septiembre. Tuve que correr hacia el tren. Hubo cuórum. Estábamos los mismos que en Sicilia. Los mismos que nos colamos en los templos y descubrimos otro planeta en aquel volcán. Te voy a extrañar, amigo. Nuestras charlas. Uno nunca sabe que pasa con 15 años de antemano.
No soy melancólico. Hice una foto en el apeadero. Eran las 2:40 de la madrugada. Y miraba... a mi hijo. A mi pequeño príncipe. ¿Fueron diez minutos? ¿Quince? ¿Llegó con la tercera hora? Nos lo pasamos en grande incluso con otros quebraderos de cabeza latentes.
La estación reinante. Sólo para darle un sentido, en serio. Echaba tanto de menos al mar... qué dolor. Reviso los libros que me han acompañado este año y encuentro un sorprendente patrón. ¡Y resulta que estoy con Sciascia en una edición del 80, año de mi nacimiento! El mar tiene el color del vino, cómo solía doler.
La estación puede cambiar, yo seguiré aquí. Entre murmullos.
Dueño de mi propio silencio.
lunes, 9 de septiembre de 2013
LISTAS (III): DIEZ LUGARES PARA EL RECUERDO
Una noche menos, una lista más. E iban ocho —¡Semana Trágica!— por fin (después del ridículo de Madrid 2020 y la gran cadena de la Via Catalana).
Esta vez me adentro en aquellos lugares mágicos que me dejaron huella —aun a sabiendas de que queda mucho por descubrir— aprovechando, de paso, los ajustes que un recorrido sentimental por los recovecos de la memoria provocan gracias a la perspectiva y el alcázar construidos.
Alegría, tristeza, miedo. Muchas veces lo asociamos a sitios concretos o a nuestro tiempo libre. Las vacaciones. ¿Quién no recuerda una playa paradisíaca? ¿Quién no las afronta con la mayor de las ilusiones? No obstante, a veces puedes toparte con algo que te impresione sobre manera de repente (cosa que tiene gran mérito), como por casualidad.
El deseo, objeto de estudio —por incomprensión y desconocimiento— tempranero en este blog, una sensación escurridiza que con los años ha tendido a evaporarse, juega aquí un papel fundamental; junto a la capacidad de emocionar —o su probabilidad— existe el efecto de la compañía —no la solitudine— como acicate para destruir o crear una imagen distorsionada que posiblemente te acompañe el resto de tus días.
AVISO: De todos es sabido que siento cierta predilección por el país transalpino de Leonardo, así que no te sorprendas si hay espaguetis de más en el bufé.
Por orden inverso, de menor a mayor:
10.— LA ALHAMBRA (Granada, España). Una fortaleza que parece sacada de un cuento de hadas. Preciosa, culmen del arte andalusí y del antiguo reino nazarí. Te teletransporta fácilmente. Poesía. Llegué a la ciudad por sorpresa y me fui encantado. Sus tapas y comida también nos encandilaron.
9.— PLAÇA SANT FELIP NERI DE BARCELONA (España). Un rincón de poder. Un espacio en que las paredes de piedra parecen susurrarte al oído. Bombas insurrectas, en nuestra guerra civil, dejaron marcada la iglesia para siempre, y con ella sus muertos y una sensación de extraño sosiego flotando en el aire (por no hablar de que fue un cementerio en época medieval). Visita obligada cada vez que bajo a la city. Refugio.
8.— LA CIUDAD AMURALLADA DE DUBROVNIK (Croacia). De moda otra vez gracias a Game of Thrones, mi recuerdo de la antigua Ragusa gira más en cómo la descubrí volviendo de Zadar y Split en coche: tuve que apearme del mismo súbitamente, anonadado ante tanta belleza; aquella maravilla medieval, la perla del Adriático, hizo que me planteara agenciarme una cota de mallas y todo. Emocionante.
7.— BASTIONE DE SAINT-REMY Y CAGLIARI (Cerdeña, Italia). El bastión en sí, reminiscencia tardía del dominio francés, no es gran cosa. Su ubicación privilegiada, en lo alto de mi ciudad de adopción en 2006-2007, le otorga un cariz de dominio y bienestar propio de las azoteas de los grandes edificios. Cagliari significa paseos y su barrio de Marina y el Zio Franco y el Castello e il Poetto también. Melancolía.
6.— BURG ELTZ. Flanqueado por el río Elzbach, afluente del Mosel, este castillo cercano a Koblenz (Renania-Palatinado, Alemania) fue como una revelación para mi. Frío, niebla y varias referencias mentales desde Sleepy Hollow a Gladiator. Fantasmagórico (ver vídeo de la nada surge el burg), gótico.
5.— SCALA DEI TURCHI. Otro descubrimiento que cambió nuestro humor al otearlo. Está en Realmonte, al sur de Agrigento (Sicilia, Italia). Su pared de tiza blanca le da un toque exótico a este enclave maravilloso, único. Playa especial, espacio de paz y desembarcos ensoñados.
4.— PIAZZA DELL’ANFITEATRO DE LUCCA Y LA TOSCANA (Italia). Otro lugar con una magia y fuerza propias. Construida sobre los restos del teatro del siglo II d.c., su forma ovalada la caracteriza y distingue sobre manera. Llegué borracho y creo que por eso magnifico la influencia que ha tenido su descubrimiento en mi. Sobre la Toscana, que tanto adoro, Firenze y su Duomo destacan, así como sus pueblos renacentistas encaramados en colinas recorridas por carreteras secundarias.
3.— PANTEÓN DE AGRIPPA Y ROMA (Italia). El edificio histórico que más me ha impresionado junto al Colosseo. La ciudad en sí es un jodido museo entero. En cuanto al Pantheon, recuerdo tomarme un refresco sentado en los bares de enfrente mirándolo fijamente. Recuerdo que pude abstraerme por completo y disfrutar de la belleza del templo en todo su esplendor, sintiéndome cercano a Augusto e interiorizando el Imperio como tuvo que ser algún día.
2.— VIGELANDSPARKEN (PARQUE DE VIGELAND, Oslo-Noruega). El parque público más bonito que he visto jamás. Rodeado por estatuas que muestran a la raza humana en todas sus vertientes, está coronado por un monolito hecho de cuerpos entrelazados que hacen pensar en dólmenes y estructuras del tipo prehistórico. Oslo es Vigeland y Munch, pleitesía eterna. Evocador.
1.— MACHU PICCHU Y LAS LÍNEAS DE NAZCA (Perú). La montaña vieja. Grandes secretos incaicos oculta. Pese a verla mil veces en fotos o la TV, el placer que se siente al adentrarse en ella es indescriptible. Y desde lo alto del Huayna ni te cuento. Número uno de este ránquing de calle. Conquistadores, Pizarro. Alucinante.
3.— PANTEÓN DE AGRIPPA Y ROMA (Italia). El edificio histórico que más me ha impresionado junto al Colosseo. La ciudad en sí es un jodido museo entero. En cuanto al Pantheon, recuerdo tomarme un refresco sentado en los bares de enfrente mirándolo fijamente. Recuerdo que pude abstraerme por completo y disfrutar de la belleza del templo en todo su esplendor, sintiéndome cercano a Augusto e interiorizando el Imperio como tuvo que ser algún día.
2.— VIGELANDSPARKEN (PARQUE DE VIGELAND, Oslo-Noruega). El parque público más bonito que he visto jamás. Rodeado por estatuas que muestran a la raza humana en todas sus vertientes, está coronado por un monolito hecho de cuerpos entrelazados que hacen pensar en dólmenes y estructuras del tipo prehistórico. Oslo es Vigeland y Munch, pleitesía eterna. Evocador.
1.— MACHU PICCHU Y LAS LÍNEAS DE NAZCA (Perú). La montaña vieja. Grandes secretos incaicos oculta. Pese a verla mil veces en fotos o la TV, el placer que se siente al adentrarse en ella es indescriptible. Y desde lo alto del Huayna ni te cuento. Número uno de este ránquing de calle. Conquistadores, Pizarro. Alucinante.
En cuanto a las líneas, simplemente espectacular. Hay algo atávico e indescifrable en ellas que me paraliza. Mi vuelo más raro (en avioneta) y peligroso. Misterio puro.
Me dejo muchos lugares y reconozco que ha sido harto difícil crear una lista tan personal y definirla aislando lugares y rincones. ¿Cómo podría olvidarme de Córcega y de Corti (Pepe Botella’s house) y de Calvi? O de las islas en general. Cerdeña, mi isla, o Mallorca (Valldemossa y la superplaya de Es Trenc), mi primer refugio. Ya hablé sobre la insularidad en algún post, sobre cómo identifico ese aspecto en mí.
Soy injusto. Lisboa me encantó. Los barrios del Chiado y Alfama, con la sombra grandilocuente de Fernando Pessoa.
Poco he cruzado el charco. Sicilia merecería un aparte. Vulcano y sus humeantes volcanes y su aire decadente. El otro planeta que es el Etna... y me dejo todo lo romano (Agrigento). Palermo y su mercado de la Vuccirìa en ebullición, como Nápoles y su quartiere spagnolo. Ischia, ya citada. Pompeya… ¿Conoces algún lugar más aterrador?
Soy un enamorado del Mezzogiorno italiano. No puedo negarlo. Me arden las posaderas sólo de pensar en mi próximo viaje hacia mi amado sur.
¿Y qué me dices de pasear borracho de noche por Siena o Venecia? ¿Esconderse por los muros de Carcassonne? *
Brujas, centro Europa y la Costa Brava (Cadaqués, Calella de Palafrugell y las calas del Parc Natural del Cap de Creus, mucho más cercano) y el interior (ancha es Castilla) y norte de España con Santiago y San Sebastián... Son tantos los lugares inolvidables e imperecederos que siento lástima por todo aquello que no podré visitar, así como por todos aquellos momentos vividos que jamás nadie me podrá arrebatar.
Una lista más. Esta, la más personal. ¿Qué opinas? ¿Harías tú una con tus lugares mágicos?
* (diciembre 2007)
Me dejo muchos lugares y reconozco que ha sido harto difícil crear una lista tan personal y definirla aislando lugares y rincones. ¿Cómo podría olvidarme de Córcega y de Corti (Pepe Botella’s house) y de Calvi? O de las islas en general. Cerdeña, mi isla, o Mallorca (Valldemossa y la superplaya de Es Trenc), mi primer refugio. Ya hablé sobre la insularidad en algún post, sobre cómo identifico ese aspecto en mí.
Soy injusto. Lisboa me encantó. Los barrios del Chiado y Alfama, con la sombra grandilocuente de Fernando Pessoa.
Poco he cruzado el charco. Sicilia merecería un aparte. Vulcano y sus humeantes volcanes y su aire decadente. El otro planeta que es el Etna... y me dejo todo lo romano (Agrigento). Palermo y su mercado de la Vuccirìa en ebullición, como Nápoles y su quartiere spagnolo. Ischia, ya citada. Pompeya… ¿Conoces algún lugar más aterrador?
Soy un enamorado del Mezzogiorno italiano. No puedo negarlo. Me arden las posaderas sólo de pensar en mi próximo viaje hacia mi amado sur.
¿Y qué me dices de pasear borracho de noche por Siena o Venecia? ¿Esconderse por los muros de Carcassonne? *
Brujas, centro Europa y la Costa Brava (Cadaqués, Calella de Palafrugell y las calas del Parc Natural del Cap de Creus, mucho más cercano) y el interior (ancha es Castilla) y norte de España con Santiago y San Sebastián... Son tantos los lugares inolvidables e imperecederos que siento lástima por todo aquello que no podré visitar, así como por todos aquellos momentos vividos que jamás nadie me podrá arrebatar.
Una lista más. Esta, la más personal. ¿Qué opinas? ¿Harías tú una con tus lugares mágicos?
* (diciembre 2007)
sábado, 7 de septiembre de 2013
LISTAS (II): TV, ACTORES MEMORABLES (REPARTO)
En mi sexta noche seguida encargo una nueva lista, esta un tanto particular.
Hay muchos más. Personajes como el Lafayette (Nelsan Ellis) de True Blood, el Charlie Runkle (Evan Handler) de Californication, el Tito Pulo (Ray Stevenson) de Roma, el 'Bubbles' (Andre Royo) de The Wire o el Stevie 'corqui' (Steve Little) de De Culo y Cuesta Abajo, se han quedado fuera de este ránquing pero no por ello serán fácilmente olvidables ni dejan de ser menos impresionantes.
Actores de series de televisión, las del nuevo milenio con el cambio promovido por Los Soprano, que me han dejado colpito (impresionado); a cuento de la tendencia que abandona el cine por esta nueva televisión (¡calidad!), y un poco abrumado por la cantidad de shows que sigo anualmente, no he podido obviar algunas actuaciones memorables que pretendo destacar en esta entrada (no siempre en roles protagonistas).
HBO, mecenas y precursora (necesito reengancharme a A Dos Metros Bajo Tierra urgentemente).
Por orden, tras mucho pensarlo:
1.- Tony Sirico como Paulie Gualtieri en Los Soprano. Insuperable. Ese gesto con la mano, tan característico suyo. La leyenda dice que la única condición que le puso a David Chase (creador) para participar en la serie fue que su personaje no se convirtiera en un pentito (rata). A saber por qué.
2.- Ian McShane como Al Swaerengen en Deadwood. Muy impresionado por el porte y la capacidad de intimidación que muestra en esta pequeña joya del Far West más bizarro. Carisma es poco.
3.- Michel K. Williams como Omar Little en The Wire. Gángster que va por libre en la selva de Baltimore. Y encima gay. Papelón.
4.- Kim Coates como Tiggy y Tommy Flanagan como Chibs en Sons of Anarchy. Dos secundarios de lujo del séptimo arte metidos en roles de apoyo en una serie que, Shakespeare mediante, es la nineta dels meus ulls. Personalidad a raudales.
5.- Jeremy Piven como Ari Gold en Entourage (El Séquito). El agente súper desquiciado de la súper estrella atontada y con pocas luces. Lo borda. Ocupa toda la pantalla el solito. Abrumador.
6.- Michael Emerson como Ben Linus en Lost. Es pensar en su cara y sentir cierto repelús. Misterio y un físico peculiar para alargar el argumento de la serie más adictiva de la nueva era (un engaña bobos, vamos).
7.- Peter Dinklage como Tyrion Lannister en Game of Thrones. El puto amo de la serie. Equilibrista en los márgenes y malabares del poder como método de supervivencia pese a su desventaja física (enanismo) y el rechazo general. Ironía e ingenio on y, recuerda: un Lannister siempre paga sus deudas. Maravilloso.
8.- John Slattery como Roger Sterling en Mad Men. De vuelta de todo, uno de esos papeles caídos del cielo para el lucimiento de un actor que parece encajar perfectamente en la atmósfera (alcohólica) de la época. Carisma.
9.- Bob Odenkirk como Saul Goodman en Breaking Bad. LA SERIE, con mayúsculas. Fina, cocida a fuego lento. El abogado del profesor chiflado, otro superviviente desmarchado. Un Ari Gold criminalizado (Better call Saul). Memorable.
10.- Mads Mikkelsen como Hannibal Lecter en Hannibal. Decir que este danés de rostro agrio y facciones gélidas como la puta Escandinavia le da una nueva vuelta de tuerca al personaje del archiconocido doctor psicópata/monstruo/caníbal sería menospreciarlo. Por favor. Simplemente brutal.
Hay muchos más. Personajes como el Lafayette (Nelsan Ellis) de True Blood, el Charlie Runkle (Evan Handler) de Californication, el Tito Pulo (Ray Stevenson) de Roma, el 'Bubbles' (Andre Royo) de The Wire o el Stevie 'corqui' (Steve Little) de De Culo y Cuesta Abajo, se han quedado fuera de este ránquing pero no por ello serán fácilmente olvidables ni dejan de ser menos impresionantes.
¿Qué opinas?
¿A quién me dejo?
Me quedan dos noches...
¿Alguna petición?
Decir que HBO no es la única productora que ha hecho (y hace) televisión de calidad. AMC, FX o NBC, entre otras, contribuyen también a ocupar un lugar privilegiado en la industria del entertainment, tan necesitada de nuevos aires y de una renovación intelectual que ha puesto en peligro el vetusto reinado del cine (y el negocio de Hollywood de rebote).
¿Alguna petición?
Decir que HBO no es la única productora que ha hecho (y hace) televisión de calidad. AMC, FX o NBC, entre otras, contribuyen también a ocupar un lugar privilegiado en la industria del entertainment, tan necesitada de nuevos aires y de una renovación intelectual que ha puesto en peligro el vetusto reinado del cine (y el negocio de Hollywood de rebote).
viernes, 6 de septiembre de 2013
LISTAS (I): DIEZ DISCOS IMPRESCINDIBLES
Ya sé que todavía falta mucho para acabar el año y que no suelo prodigarme en hacer listas como mis amigos A. y X.
Son las noches, que son muchas en cantidad laboral, las que me hacen levitar y evadirme con los pensamientos más dispares.
Viniendo en coche últimamente me motivo sobre manera. Y pensaba... qué cojones. Voy a recopilar los discos que más influencia han tenido en mi vida. He ido retrocediendo desde mi adolescencia, cuando mi hermano escuchaba El Último de la Fila, hasta mis principios con Héroes del Silencio y el momento en que mi viejo amigo R., en el camping, me descubrió una cinta de cassette con El Espíritu del Vino grabado. Y de ahí al siglo XXI.
El resultado es una selección de diez discos que han marcado mi existencia y que, cuando los escucho hoy, siguen teniendo un significado y no pasan de moda ni pierden relevancia.
La música es una compañera de viaje fiel y mutante que no pertenece a ninguna persona en concreto (no define ni caracteriza a nadie) y se alza majestuosa sobre las ruinas de las relaciones perecederas que, como el tiempo, sólo manifiestan la naturaleza volátil de nuestra especie.
1.- Héroes del Silencio -- El Espíritu del Vino (1993). Punto de inflexión en la adolescencia, este disco marcó mi devenir como persona al abrir de par en par las puertas del conocimiento y la consciencia. Máxima influencia.
2.- Tool -- Lateralus (2001). Pongo este disco en segundo lugar pese a ser más tardía su influencia (pero no por ello menos importante). Lo englobo en la época en que compartíamos piso con mis amigos de la Alacena en Manresa, una etapa bañada por el alcohol y los excesos (primeros veinte). Su tuviera que elegir un disco-disco, uno completo y redondo, me quedo con este.
3.- Standstill -- Homónimo (2004). Este disco es 'Barcelona'. Ya vivíamos en la ciudad condal y con este grupo nos sentíamos de lo más identificados. Mi fratello T. siempre decía -y dice- que la conexión que nos une es debida a que podríamos ser nosotros (literalmente). Son como nosotros, y piensan y evolucionan como tal.
4.- Deftones -- White Pony (2000). El nuevo milenio. Recuerdo el momento del cambio con el efecto 2.000 y no sé qué más mierdas apocalípticas típicas oportunistas. Ordeno por importancia, y a este disco, que trata los mismos años que el Lateralus de Tool, le dimos muchas vueltas en el piso de la calle Urgell. Definido por Chino Moreno (cantante) como 'disco-porro'. Lo confirmo.
5.- Piratas -- Fin (De la Primera Parte, 1999). Recopilatorio de esta banda de Vigo tras su 'Manual para los Fieles'. Llenaron el traumático vacío tras la separación de Héroes del Silencio con soltura. En letra hispánica, breve referente del cambio de milenio y los retos de la edad adulta (como decía en mi último post).
6.- The Mars Volta -- De-Loused in the Comatorium (2003). Más de la época del piso. Musicalmente indescifrables y virtuosos. Rock progresivamente delirante en mi cabeza de hombre exiliado y viajero indomable. La primera vez que los oí pensé que su cantante era una fémina (era 'Inertiatic ESP' con su intro de 'Son et Lumiere'). Torrente energético.
7.- A Perfect Circle -- Mer de Noms (2000). Otro de mis primeros veinte (años), época de descubrimiento y ampliación de horizontes. Siempre pensamos que eran unos Tool 'accesibles', menos oscuros. La voz de Maynard James Keenan -el mismo frontman, de hecho- inundando los placeres de la existencia (espiritual y terrenal).
8.- Radiohead -- OK Computer (1997). Uno de los discos que más he escuchado (con bastante posterioridad a su lanzamiento). Sobre todo lo enmarco en los 23 y mi huída hacia adelante, psiquiatras y psicólogos mediante. Horta, mi amigo V. y el duro enfrentamiento cuerpo a cuerpo con la realidad (estudios poco reconfortantes, dinero escaso).
9.- Negramaro -- Mentre Tutto Scorre (2005). Italia. El Belpaese. Nuevos caminos. Los descubrí investigando para organizar mi exilio de 2006, mi segundo blackout. Sus letras, entre brillantemente cutres y evocadoras, suelen trasladarme a mi ideal literario-existencial-vital oxigenado. Alegría.
10.- System of a Down -- Toxicity (2001). Este décimo disco podría orbitar entre la potencia de Chop Suey (la seis) llegando a Amsterdam (qué recuerdo) y la posibilidad de nuevos enfoques como el Mezzanine de Massive Attack o el Vespertine de Björk, así como el más de lo mismo del Songs for the Deaf de Queens of the Stone Age o el adolescente Cryptic Writings de Megadeth o el Dark Side of the Moon de Pink Floyd o el primero de Led Zeppelin o alguno de Metallica y de Muse (el Origin of Symmetry)...
Me refiero a que podría variar, lo dejo abierto.
¿Qué opinas? ¿No crees que hay cierto agujero desde la preadolescencia hasta los veinte?
Como todos, reconozco que en ocasiones me dejé llevar por la música del momento y por la tendencia más heavy de mis amigos, pero yo siempre seguí mi propia evolución. Tras el descubrimiento de HDS, que cambiaría mi vida, tuve claro el camino a seguir. Muchas veces me tildaron de 'raro' y otras tantas me tacharon de outsider, una imagen que cultivé con esmero, si bien nunca me importunó demasiado y no tuve dificultad para salirme por la tangente.
Hoy, a las puertas de 2014, la música ya no es el elemento cultural que antaño nos unía y hacía crecer y evolucionar al mismo tiempo pero no ha perdido ni un ápice su poder; la etapa de absorción de conocimientos se detuvo bruscamente y esperó pacientemente nuevos frentes, entre los cuales la música, como los libros, pasó a ocupar un lugar secundario, más cerca de la frontera mitológico-legendaria que de la rabiosa actualidad, que pasa por hacerse viejos y criar a nuestros hijos mientras convertimos las miradas en melancolía pasajera.
Son las noches, que son muchas en cantidad laboral, las que me hacen levitar y evadirme con los pensamientos más dispares.
Viniendo en coche últimamente me motivo sobre manera. Y pensaba... qué cojones. Voy a recopilar los discos que más influencia han tenido en mi vida. He ido retrocediendo desde mi adolescencia, cuando mi hermano escuchaba El Último de la Fila, hasta mis principios con Héroes del Silencio y el momento en que mi viejo amigo R., en el camping, me descubrió una cinta de cassette con El Espíritu del Vino grabado. Y de ahí al siglo XXI.
El resultado es una selección de diez discos que han marcado mi existencia y que, cuando los escucho hoy, siguen teniendo un significado y no pasan de moda ni pierden relevancia.
La música es una compañera de viaje fiel y mutante que no pertenece a ninguna persona en concreto (no define ni caracteriza a nadie) y se alza majestuosa sobre las ruinas de las relaciones perecederas que, como el tiempo, sólo manifiestan la naturaleza volátil de nuestra especie.
1.- Héroes del Silencio -- El Espíritu del Vino (1993). Punto de inflexión en la adolescencia, este disco marcó mi devenir como persona al abrir de par en par las puertas del conocimiento y la consciencia. Máxima influencia.
2.- Tool -- Lateralus (2001). Pongo este disco en segundo lugar pese a ser más tardía su influencia (pero no por ello menos importante). Lo englobo en la época en que compartíamos piso con mis amigos de la Alacena en Manresa, una etapa bañada por el alcohol y los excesos (primeros veinte). Su tuviera que elegir un disco-disco, uno completo y redondo, me quedo con este.
3.- Standstill -- Homónimo (2004). Este disco es 'Barcelona'. Ya vivíamos en la ciudad condal y con este grupo nos sentíamos de lo más identificados. Mi fratello T. siempre decía -y dice- que la conexión que nos une es debida a que podríamos ser nosotros (literalmente). Son como nosotros, y piensan y evolucionan como tal.
4.- Deftones -- White Pony (2000). El nuevo milenio. Recuerdo el momento del cambio con el efecto 2.000 y no sé qué más mierdas apocalípticas típicas oportunistas. Ordeno por importancia, y a este disco, que trata los mismos años que el Lateralus de Tool, le dimos muchas vueltas en el piso de la calle Urgell. Definido por Chino Moreno (cantante) como 'disco-porro'. Lo confirmo.
5.- Piratas -- Fin (De la Primera Parte, 1999). Recopilatorio de esta banda de Vigo tras su 'Manual para los Fieles'. Llenaron el traumático vacío tras la separación de Héroes del Silencio con soltura. En letra hispánica, breve referente del cambio de milenio y los retos de la edad adulta (como decía en mi último post).
6.- The Mars Volta -- De-Loused in the Comatorium (2003). Más de la época del piso. Musicalmente indescifrables y virtuosos. Rock progresivamente delirante en mi cabeza de hombre exiliado y viajero indomable. La primera vez que los oí pensé que su cantante era una fémina (era 'Inertiatic ESP' con su intro de 'Son et Lumiere'). Torrente energético.
7.- A Perfect Circle -- Mer de Noms (2000). Otro de mis primeros veinte (años), época de descubrimiento y ampliación de horizontes. Siempre pensamos que eran unos Tool 'accesibles', menos oscuros. La voz de Maynard James Keenan -el mismo frontman, de hecho- inundando los placeres de la existencia (espiritual y terrenal).
8.- Radiohead -- OK Computer (1997). Uno de los discos que más he escuchado (con bastante posterioridad a su lanzamiento). Sobre todo lo enmarco en los 23 y mi huída hacia adelante, psiquiatras y psicólogos mediante. Horta, mi amigo V. y el duro enfrentamiento cuerpo a cuerpo con la realidad (estudios poco reconfortantes, dinero escaso).
9.- Negramaro -- Mentre Tutto Scorre (2005). Italia. El Belpaese. Nuevos caminos. Los descubrí investigando para organizar mi exilio de 2006, mi segundo blackout. Sus letras, entre brillantemente cutres y evocadoras, suelen trasladarme a mi ideal literario-existencial-vital oxigenado. Alegría.
10.- System of a Down -- Toxicity (2001). Este décimo disco podría orbitar entre la potencia de Chop Suey (la seis) llegando a Amsterdam (qué recuerdo) y la posibilidad de nuevos enfoques como el Mezzanine de Massive Attack o el Vespertine de Björk, así como el más de lo mismo del Songs for the Deaf de Queens of the Stone Age o el adolescente Cryptic Writings de Megadeth o el Dark Side of the Moon de Pink Floyd o el primero de Led Zeppelin o alguno de Metallica y de Muse (el Origin of Symmetry)...
Me refiero a que podría variar, lo dejo abierto.
¿Qué opinas? ¿No crees que hay cierto agujero desde la preadolescencia hasta los veinte?
Como todos, reconozco que en ocasiones me dejé llevar por la música del momento y por la tendencia más heavy de mis amigos, pero yo siempre seguí mi propia evolución. Tras el descubrimiento de HDS, que cambiaría mi vida, tuve claro el camino a seguir. Muchas veces me tildaron de 'raro' y otras tantas me tacharon de outsider, una imagen que cultivé con esmero, si bien nunca me importunó demasiado y no tuve dificultad para salirme por la tangente.
Hoy, a las puertas de 2014, la música ya no es el elemento cultural que antaño nos unía y hacía crecer y evolucionar al mismo tiempo pero no ha perdido ni un ápice su poder; la etapa de absorción de conocimientos se detuvo bruscamente y esperó pacientemente nuevos frentes, entre los cuales la música, como los libros, pasó a ocupar un lugar secundario, más cerca de la frontera mitológico-legendaria que de la rabiosa actualidad, que pasa por hacerse viejos y criar a nuestros hijos mientras convertimos las miradas en melancolía pasajera.
lunes, 2 de septiembre de 2013
PÚSTULAS EPISTOLARES
Era como si me despidiera del verano.
Estábamos casi todos. Había algo grande en aquello, algo que podríamos llegar a convertir en hábito; los niños, inocentes ellos, correteaban a lo loco como pollos sin cabeza, ajenos a los desafíos de la edad adulta. La montaña, una ladera improductiva de la provincia de L., ofrecía un aspecto desolador y deprimente con sus enormes y pelados bloques de piedra caliza en lo alto. Las nubes -para mi gusto demasiado frecuentes para ser verano todavía- dejaban escapar un aire que, en según que horas, podía llegar a cortarte la cara como un cuchillo bien afilado e impreciso al mismo tiempo.
Estábamos casi todos. Había algo grande en aquello, algo que podríamos llegar a convertir en hábito; los niños, inocentes ellos, correteaban a lo loco como pollos sin cabeza, ajenos a los desafíos de la edad adulta. La montaña, una ladera improductiva de la provincia de L., ofrecía un aspecto desolador y deprimente con sus enormes y pelados bloques de piedra caliza en lo alto. Las nubes -para mi gusto demasiado frecuentes para ser verano todavía- dejaban escapar un aire que, en según que horas, podía llegar a cortarte la cara como un cuchillo bien afilado e impreciso al mismo tiempo.
Lo importante era la ceremonia. Todo el folclore que acompaña la estancia en un reducto semejante, lejos de todo: creo recordar que comimos sobre las seis de la tarde tras empezar la barbacoa antes de las dos del mediodía. Había vino. Había humo. Y sonrisas, aunque no de todos. Cada uno asumía su papel, cuando no había que perseguir a sus respectivos retoños, si bien alguna actitud taciturna daba que pensar y desmitificaba las bondades de la vida de sacrificios y penalidades que supone tener y crear una familia de la nada. No había que precipitarse, no estaba todo perdido.
Era imposible descartar las huellas de dinosaurios de Fumanya y pasar hacia las décadas, quizá siglos, en que aquella falda imponente debió permanecer intacta. Llegué a plantearme mi papel en la historia y la cuestión del legado (aparentemente resuelta). Recordé un par de nombres e intenté retroceder un poco más para tener una visión de conjunto aceptable. Me agregaron en un grupo de esos en que varios pueden inundarte el teléfono de mensajes, y no era la primera vez. No sentí la necesidad de explicar el desapego. Al mirar hacia adelante, vi un par de familias rotas y las eternas inquietudes terrenales martilleando sin parar. Mi diario, el diario de mi primogénito, ¿y si le importaba un carajo? ¿Entendería mi letra? ¿Tenía sentido perder el tiempo en algo tan obsoleto? Por qué... ¿quién cojones iba a leer libros en 2030? En un problema de madurez y olor a tristeza, Luca no tardaría en conocer los placeres bípedos (lo inexorable no perdona).
Las palabras. Antaño podía dominarlas. Ahora son como pústulas en mi piel bronceada y caduca, como las cartas que solía enviar; a veces, cuando evito mirarme en el espejo por las noches, rescato la teoría del manual del buen padre y me digo a mi mismo que sé que puedo hacerlo como el que más (¡cuando ya estoy haciéndolo!). Sé como no tengo que ser para ejercer de lo que la ley y el nacimiento no obliga pero luego soy incapaz de desenmascarar lo obvio mientras, recorriendo aquellos desérticos parajes, miraba al suelo y echaba en falta los instantes que perdimos sin remedio, como una relación epistolar desgastada (despidiéndome secretamente del verano).
Llega un día en el que ya no distingues a tu interlocutor y las dudas, sin un referente claro, vuelven sádicamente a asomarse. Aquello era el fin y pronto la sagrada y párvula inocencia vendría puesta a prueba con más exigencia y menos decoro contemplativo.
Llega un día en el que ya no distingues a tu interlocutor y las dudas, sin un referente claro, vuelven sádicamente a asomarse. Aquello era el fin y pronto la sagrada y párvula inocencia vendría puesta a prueba con más exigencia y menos decoro contemplativo.
El viejo hábito de la melancolía volvía.
domingo, 18 de agosto de 2013
FALSOS DIOSES A HIPNOTIZAR
Es una historia simple.
En verano, en plena ola de calor si es posible, escucho siempre Radio Italia. Anima la espera y rescata la cuerda de mis días soleados que ansían sus ofrendas correspondientes anuales.
Luego, como no, estaba la cuestión de las primeras vacaciones con el niño. No sé cuándo decidimos que mis suegros se venían o si fue consensuado o qué cojones. Debió de pertenecer a mi breve época de humo verde, con sus lagunas correspondientes, o a un momento de dejadez infinita e inconsciente (por si los porros no se agotaban y la lucidez fuese puesta en duda).
La realidad del rosario de relaciones intrafamiliares es igual de extraña aunque no hubiese motivo para alarmarse; a priori, nada hacía sospechar que los dos últimos días me convertirían en un mero espectador, hastiado hasta del mismo hastío. Tal era el motor del anticorporativismo que jamás podré comprender aquello que me trasladó a un mundo hipnótico en el que resoplaba al son de antiguas imágenes y viejos miedos y dioses atávicos, si bien soy consciente de que estoy creando un corporativismo puro sin ningún tipo de referencia anterior.
Me acordé de un día soleado, esplendoroso en su calor matutino, en el que fuimos con Chloe a pasear allá por donde voy a correr, en la campiña bergadana. Hay una masia de turismo rural (el agriturismo vecino al que suelo referirme), una casucha de esas de campo impresionante, y de alquiler suelen celebrar bodas de estas que se llevan ahora que empiezan a las seis de la tarde. Pero era por la mañana, temprano. A las nueve ya pega el sol y curte la piel de los pocos campesinos que me saludan con un ademán ajeno mientras piensan para sus adentros '¡extranjero!'. Había un coche de alta cilindrada en la puerta, fuera un pareja de mediana edad miraba alrededor con desdén y ganas de preguntar a cualquiera. Los reconocí al instante aunque tardé un poco en situarlos. Me había escabullido por una costa lateral en el que mi perrita suele hacer sus cosas, sin cerciorarme de que ya me estaban preguntando algo que parecía urgirles de verdad. Respondí con un exabrupto en plan psicópata, así debí quedar seguramente, como los payeses cuando me miran mal. Agarré a mi Chloe y seguí a lo mío alejándome dando saltos como si pisara brasas, no fuera que algún falso dios me quisiese captar y yo hubiese perdido mis poderes hipnóticos que un día me hicieron famoso.
Eran los padres de un antiguo compañero de colegio con el que tengo un contacto menos que casual. Luego me sentí mal y pensé para mis adentros que esa no era la figura paterna que mi hijo merecía. Y seguí cavilando: ¿cuándo he sido yo un tío familiar? ¿Qué sé yo sobre familias, cuánta familia tengo yo? ¿Debía de ganarme a mis suegros aún?
Tenía que aprender de la nada y rápido.
La vuelta fue dulce y amable y las aguas volvieron a sus cauces. Recordé que había salido ¡cinco! mañanas a correr y que, en una de ellas, hice la foto que subtitula esta entrada. El aroma a mirto y la conciencia mediterránea perenne me sobresaltaron y tuve que pararme un momento. Al cabo de ese par de días encendí el ordenador y la primera canción que sonaba era una de Negramaro que no conocía. El verano aún resoplaba.
È una storia semplice.
lunes, 5 de agosto de 2013
PERCEPCIONES A CARCAJADA LIMPIA
La carcajada. Esa sonrisa extrema y ruidosa que me eleva hacia los cielos del encaje.
Tres grandes momentos distinguí
recientemente:
Primero; al ir a trabajar el último
lunes de julio -último día del mes para mi también-, tarde y con
las prisas para variar. Con el coche a todo trapo, esquivando moscas
al ritmo del último de Queens of the Stone Age. Surcando los
aires -cayendo la noche- poseído por la adrenalina de la velocidad y
sus límites.
Segundo; la serie Hannibal. O
mejor, el actor Mads Mikkelsen y su juego de equilibrios, tan
refinado como terrorífico en este Lecter superior y renovado. He
tenido que controlarme para ver sólo un par de episodios diarios
(para disfrutarlo mejor en el tiempo, se entiende).
Tercero; hoy por ayer domingo en la
piscina de plástico de nuestra terraza. Me fui al tumbarme, pude
percibirlo claramente (un auténtico momento de joya y bienestar).
Era un apoteosis fugaz como el nirvana,
cercano a la ostra desde la que mi Príncipe pavoneaba el
equilibrio.
Esta semana partida de inicio del mes
de agosto, con sus tormentas de tarde frenadas y un sofoco abrumador,
pensaba en esa risotada como el sonido más maravilloso que había
oído jamás. Y eso me creó una ansiedad terrible y amenazadora por
si se apagara y el llanto inundara la habitación sin remedio, ya que
antes de ese derroche -como en el Big Bang- no había nada,
todo era oscuridad.
Todavía no estamos de vacaciones y ya
pasamos de los seis meses y una semana. Lo de las 6 de la mañana no
se lo tendré en cuenta, así como mi absoluta falta de bronceado. El jodido danés. Qué pulcritud, qué saber estar...
Paseando con Chloe por la campiña se me coló en un agriturismo vecino, tan desobediente y acalorada ella. Estaban preparando la cena según su horario y pocos aspavientos excepto por cuatro banderines daneses estratégicamente situados. Pensé: jodidos daneses. Jodidos noruegos. Jodido Mads Mikkelsen...
Paseando con Chloe por la campiña se me coló en un agriturismo vecino, tan desobediente y acalorada ella. Estaban preparando la cena según su horario y pocos aspavientos excepto por cuatro banderines daneses estratégicamente situados. Pensé: jodidos daneses. Jodidos noruegos. Jodido Mads Mikkelsen...
La carcajada. Ese canal directo entre la excelencia de la felicidad y el desarraigo del deseo efímero (por suerte pude percibirlo en toda su amplitud).
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